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¡Mi matrimonio es un maldito infierno! — capítulo 6

Rose sonrió, al entrar en la casa de los Malfoy. Tenía que tener, la mejor disposición o de lo contrario, todo iría de mal en peor. Miró a su alrededor. Solo había estado una vez dentro de ese lugar. Cuando Scorpius le había pedido matrimonio y se lo había comunicado a sus padres. De resto, solo había estado de paso. En la puerta. Inspiró y se dejó caer en el sofá. Había sido un viaje muy largo. Sonrió nuevamente, al mirar a Draco. Pasaba de largo, con muchos pergaminos en manos. Astoria carraspeó y el hombre se detuvo, sorprendido. — Mi amor, tenemos visita hoy. ¿Has visto ya? — ¿Quién?— se dio la vuelta para mirar y suspiró al notar que se trataba de la esposa de su hijo. Rose Weasley. ¿Y su hijo? ¿Qué venía ella a hacer en un lugar como ese? Nada... solamente intentar compenetrarse adecuadamente, con la familia de su pareja. ¿Qué había de malo en eso? Nada que Astoria pudiera ver. Los viejos tiempos de las élites clasistas, de los racismos, ya habían pasado de largo. — Pues bienvenida— le dijo luego de escuchar su conversación acerca de las facilidades que traía, el conocerse. Sin decir nada más, pasó de largo y Astoria respiró pacientemente, imaginándose a sí misma con una cuerda. Atándolo. ¿Por qué tenía que ser tan asocial? — Bueno querida, te mostraré una habitación. Descuida. Ni el sr. Lucius ni la sra. Bellatrix, pasan muy seguido por aquí. Bellatrix. Eso no era nada bueno para ella. Guardó silencio. Astoria sonrió ante su expresión y negó con la cabeza, mientras colocaba una mano tras su espalda y la acompañaba a subir las escaleras, sosteniendo una de sus valijas. — Bellatrix solo aparece, cuando Narcisa está aquí. Y eso ocurre muy pocas veces. Solo en festividades. Aunque no sabría decirte si sabe que Scorpius está casado. Creo que Draco se ahorra esos detalles. Ya sabía por qué nunca le pedía que pasaran unas navidades, en su casa. Siempre en casa de los Weasley. Lo comprendía. Bellatrix era una mujer detestable. Se miró a sí misma, en el espejo de la cómoda. Era una habitación enorme y supuso que de estar su esposo, podrúa compartirla con él. Ladeó la cabeza y descubrió que el baño estaba dentro de la habitación y que era muy hermoso. Con porcelana fina y acabados de oro. Sí perdían el tiempo y el dinero. — Sí, mucha ornamentación en un solo lugar. De todas formas, espero que te sientas a gusto. Sobretodo, durante estas vacaciones. Asintió con una sonrisa, mientras Astoria comenzaba a cerrar la puerta. Con una sonrisa suave, dijo las últimas palabras. — La cena es a las ocho. Pasó todo ese tiempo, ordenando sus pertenencias. Con una mirada rápida, se dio cuenta de que tenía más espacio del que prendas había traído. Pues estaba bien, siempre y cuando, no tuviera que mostrar qué ropa había traído. No tenía que usar ropa elegante para las comidas ¿O sí? Esperaba que no. Scorpius no se lo había dicho. El tiempo continuó y se aproximó la hora de cenar en ambas casas. Rose había bajado, lo más elegante que había podido. Sorprendió a su propio suegro, que la miraba en silencio. Se había recogido el cabello y tenía un vestido negro y brillante. — Draco, se te va a caer la boca. — Pensaba que... olvídalo. — ¿Que era menos de eso que ves ahora? Vaya que tus prejuicios te persiguen. — Bueno. Dirías lo mismo si... olvídalo— dijo obligándose a interrumpirse, cuando Rose caminaba hasta sentarse al final de la mesa.  — Ven, Rose querida. Siéntate más cerca. Nosotros no comemos personas. Rose asintió levantándose y caminando hasta una silla junto a Astoria. La mujer miró la cena, mientras una elfina la colocaba en la mesa, con la ayuda de su magia. — Gracias. La cena permanecía muy silenciosa y Rose, extrañaba el ambiente familiar en su casa. Antes de que pudiera continuar pensando, Draco se dirigía a ella. — ¿Qué haces para sobrevivir, Weasley? — Es la esposa de tu hijo, ya no tiene ese apellido. — Trabajo en el ministerio, ayudando a papá. — Claro, Ronald Weasley.