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Historia 59813 — capítulo 6

-Te escucho, Draco.- Astoria no sabía si temer o estar contenta, pero de lo que estaba segura de de que se moría de ganas por saber qué era lo que el rubio tenía que decirle. Durante todo el tiempo que había apsado de compras había estado pensando en él y en su hijo, por primera vez en bastante tiempo, y se dio cuenta de que era lo único que tenía en el mundo, y que si quería ser feliz tendría que acallar esa voz que salía de su interior reclamando que aramase una rabieta para conseguir que su esposo dejase de verse con aquella furcia.

-A ver, para empezar, quiero que me escuches atentamente y que no hablarás hasta que yo no haya terminado de hablar, ¿entendido?

-Sí...

-Bien, sabes que tú y yo a penas nos conocíamos cuando nos casamos, verdaderamente a mí no me hacía demasiada gracia tener que hacerlo, pero bueno, no podía doblegarme a la voluntad de mi padre. Siempre me pareciste malcriada y estúpida y seguía pensando eso hasta que esta mañana, sin venir a cuento te has presentado en mi habitación de esa manera después de haber tenido la bornca que hemos tenido. Bien, quiero que sepas que te doy la oportunidad de cambiar, de estar juntos, tú yo yo Scorpius, nadie más, para intentar ser felices, pero a cambio de ello tú a partir de ahora, debes jurar que seras una buena esposa y madre y debes demostrarme que verdaderamente has madurado, a cambio de ello yo me comprometo a intentar hacerte lo más feliz que pueda y cambiar aquello que no te gusta, ¿qué te parece?

-Draco... yo... no veo que tú tengas que cambiar nada, eres maravilloso así, no me esperaba que me comprendieses así, ni mucho menos que me dieses una oportunidad tan pronto, me siento alagada, y te juro que a partir de ahora voy a ser mejor esposa y madre, lo prometo, no quiero más peleas, no quiero más malos ratos, ahora sólo quiero poder estar junto a tí, y que seamos felices, sin nadie más. Sé que not e agradan mis amigas, por ello no voy a volver a invitarlas, además ahora supongo que me odiarán...

-Como quieras, lo de tus amigas es decisión tuya, yo no voy a poner objeciones...

-Estoy cansada, voy a ver a Scorpius y a acostarme un rato.

-Como quieras.

De camino a la habitación de su hijo, la mente de Astoria estuvo sopesando las distintas posibilodades. Sí, era cierto que ya no tenía amigas, pero le daba igual, al fin y al cabo estaban con ella por ser rica, nada más y, ahora que había decidido cambiar no pensaba pedir perdón, bueno, eso y que su orgullo se lo impedía.

Hacía varios días que no lo veía, en realidad hasta entonces el niño no había sido más que el motivo por el cual su perfecto tipo de había deformado un poco.

Al ver que estaba dormido no quiso despertarle y se fue hacia la habitación, en realidad, había ido a comprar, pero también a desahogarse con Carlos, el dependiente de la tienda de ropa de mujer. No había comprado nada allí porque consideraba que le sobraba ropa, pero hablar con aquel hombre siempre la animaba, porque le dijese lo que le dijese siempre se ponía de su parte y reforzaba su opinión haciéndola sentir muy segura de sí misma.

Estaba tan agotada que en cuanto se tumbó en la cama se durmió.

Al cabo de un rato unos movimientos la despertaron.

Por el olfato pudo percibir que era Draco, que, viendo que estaba destapada, la arropó con las mantas de la cama, intentando no despertarla, ella se hizo la dormida, para ver qué hacía, en ese momento se sintió afortunada de tener un hombre como él a su lado, insluso pensó que no era digna de tener a alguien así, y daba gracias por la oportunidad que se le había dado de cambair, esta vez no pensaba desaprovecharla. Ya había defraudado a sus padres y a sus amigas, y no pensaba cometer con Draco el mismo error por tercera vez.

Escuchó el sonido de la puerta cerándose, y pensó que Draco ya no estaría allí, por eso abrió los ojos, todavía se sentía perezosa y por eso se quedó en el calor de su cama un rato más. Hasta que una lechuza la hizo levantarse.

Cogió la carta con cuidado, se quedó páida al ver quién era el que le escribía...