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A Severus no se le baja — capítulo 1

No se atrevía a levantarse de la silla. No por supuesto, luego de ver aquello que había estado ocurriendo mientras estaba sentado en su despacho. No sabía qué rayos había pasado o cómo había pasado. Lo único que recordaba; era que mientras estaba sentado, había sentido un dolor intenso entre sus piernas y luego. ¡Luego tenía "eso" allí! ¿Por qué tenía eso allí? Porque había... ¿Qué había pasado? Casi no recordaba. Se levantó, le ardía de una forma indescriptible y en verdad, no saldría sino hasta estar curado. No esperaba que sus estudiantes lo miraran y simplemente se rieran de él. Incluso los de su propia casa. No tenía intenciones de quitar puntos a Slytherin; por primera vez en toda su historia como jefe de aquella casa. No iba a comenzar. Aunque de tener que hacerlo, habría sido por las burlas hacia su persona. Porque eso no lo iba a soportar. Ya soportaba el dolor. No el resto. Caminó por todo el despacho; hacia su cama. Suspiró en silencio y se dejó caer con mucho cuidado. Con una sonrisa maliciosa, recordó qué carajo estaba haciendo antes de que eso sucediera. Bien. Había reprendido a los gemelos Weasley que estaban vendiendo artículos de forma ilegal. No supo cómo habían pasado el control de Filch, pero el hecho era que los detuvo. vendían unos curiosos caramelos azules y él, simplemente los guardó en su bolsillo, luego de quitarles cincuenta puntos por aquella osadía. Antes de siquiera poder pensar en algo más, recordó que era hora del almuerzo y Dumbledore esperaba que sus profesores fuesen puntuales. Fue a verlo y mientras, mantenía los caramelos en su bolsillo. El almuerzo fue el mismo de siempre, ninguna novedad "aceptable". Dumbledore y su necia charla, continuaron en la sala de maestros. Mientras charlaban, Dumbledore dejó caer sus gafas. Y bien, él se inclinó para tomarlas. Los caramelos rodaron de su bolsillo y terminaron en el suelo. Albus había tomado uno, antes de que Snape pudiera guardarlos y se lo había llevado a la boca, pese a sus advertencias. Pero no... no terminó de comérselo. O eso creyó, porque de lo contrario... estaría igual que él. Severus se vio obligado a comerse uno y en cuanto lo hizo, no ocurrió nada. Sabían muy bien de hecho. Aunque eran de los gemelos. Regresó a su despacho y se quedó allí, pensando en todos los ensayos que debía corregir. Mientras estaba en ello, en un lapso de dos horas, se sintió mareado. Muy confundido y luego... una enorme presión que no sabía de dónde provenía. Estaba comenzando a aterrarse, cuando miró hacia sus piernas y notó de qué se trataba. Desde ese momento; estaba así.