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A Severus no se le baja — capítulo 6
Severus después de aquella clase, no había querido salir de su despacho. Había estado teniendo sueños "bastante lúcidos", sobre sus estudiantes. La única que parecía no entrar en ellos de vez en cuando, era Pansy Parkinson. Diablos que Hermione Granger y Ginny Weasley aparecían en la mitad de ellos. Lo admitía. Tenía delirios con sus cabellos. Los imaginaba sobre su cuerpo. Sobre su pecho desnudo y bueno, imaginaba un trío. ¡Debía dejar de pensar en eso! Pero los sueños eran demás de lúcidos y no podía controlarse. Dormía boca abajo, para no tener que mirarse los efectos de sus pensamientos. Malditos gemelos, tenían que morir por el ardor que le hacían pasar. Cada que pensaba en ellas y en las miles de cosas que podía hacer, aquello dolía horrores. Prefería quedarse acostado, nunca moverse y jamás salir de su despacho. Además que aquellos sueños le hacían compañía. Bizarros, imposibles, pero que le hacían una compañía que en cuanto se acostumbraba al dolor, resultaba ser agradable. Y bueno, era hombre. ¿Por qué no pensar que ambas chicas eran hermosas, dulces y con un sentido del humor, bastante apreciable? Bueno, tampoco era ciego ni estúpido. Hermione era inteligente y la chica Weasley, tenía una gracia propia de ella misma, que la hacía sobresalir de esos orangutanes que tenía por hermanos. Y ninguno se salvaban Todos les causaban lástima. Se recostó boca arriba, con los ojos cerrados y una sonrisa pequeña entre sus labios. Hermione era bastante buena en lo que hacía. Dentro de sus sueños, por supuesto. Respiró agitadamente, imaginándose el reducido espacio de su cama y aquellas dos jovencitas en medio de ella. Simplemente era difícil de sobrellevar. Además de que, bueno, ellas ya no eran niñas. Por supuesto que no. Y agradecía en cierta forma que las mujeres maduraran primero que los hombres. En compromisos y demás cosas. Inspiró fuertemente cuando otro "ya ustedes saben qué", bueno, orgasmo, cruzó su cuerpo. ¡Enserio que esos gemelos eran peligrosos cuando querían! Y se preguntaban para qué habían inventado aquel artilugio. Tenía pensamientos sucios que respondían sus preguntas. Preocupante. Aparte de que se imaginaba a miles de estudiantes, consumiendo dichos caramelos y entonces, solo entonces, la población mágica aumentaría como conejos. ¡Pero nadie parecía sufrir con ello! Solo él. Eso sí lo ponía nervioso. Había tenido el sueño sexual más bizarro que jamás había visto, pero dentro ¡sí que lo había disfrutado! Negó con la cabeza, al despertar violentamente. Se había quedado dormido imaginándoselo. Debía dejar de hacer eso o al menos, dejar de tener aquellos sueños en público. Si era a la hora de acostarse, pues no podía hacer nada. Pero si transmitía sus pensamientos al mirar a Ginny y a Hermione, pues estaba en problemas. Respiró pesadamente y miró hacia abajo, apartando las sábanas de su cuerpo. Había tenido varios accidentes sí, pero al menos no los había tenido dentro de los cuerpos de sus "musas". O como las tuvieran que llamar en esos casos. ¡Estaba condenado! No volvería a impartirles clase. Las vetaría de aquella materia y así no tendría que verlas. Solo si se cruzaba con ellas en pasillos y otras instancias. Por allí podía inventarse algo y nada sucedería. Pero estando en dos horas de clase, era más complicado. Le pediría a Albus que las vetara de su materia. ¡No! Tenía que oír la chillona voz de Minerva. ¿¡Qué iba a hacer!?