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En el andén. — capítulo 11
Hurones
Rose miraba indecisa el paquete naranja que había frente a ella, la idea no le gustaba y buscaba valor para enfrentarse a lo que Lily había preparado.
No había dormido esa noche, incomodada por la tenacidad de Scorpius, feliz por haber dejado atrás las dudas de Draco, ahora, avergonzada por la posible ocurrencia de Lily.
Cuando se levantó por la mañana, agotada, y tras una larga y relajante ducha, Rose bajó al Salón, esperando para encontrar a los Malfloy, desayunando tranquilamente. El salón estaba impoluto, como si jamás hubiese habido fiesta alguna, únicamente quedaban sus regalos sobre la mesa, la esperaban sin abrir.
Los Malfoy llegaron poco después, Draco sonreía sin reparos, como si realmente fuese muy feliz, Astoria andaba cabizbaja, su rostro reflejaba una extraña mueca de soñolencia, su cabellera rubia algo despeinada y su rostro sin rastro de maquillaje. Scorpius los siguió enseguida, parecía optimista y, al fin, desayunaron todos juntos. Astoria no probó bocado, miraba con asco la comida sobre la mesa, padre e hijo parecían verdaderamente hambrientos, comían sonrientes, ninguno hablaba, hasta que Scorpius vio los regalos amontonados sobre la mesa.
-Oh Rosie, nunca nadie había tardado tanto en abrir sus regalos de Navidad-Anunció, mirando a la pelirroja-, después del desayuno sin falta.
Por supuesto enseguida acabaron y Rose se acercó a la mesa, una lechuza trajo "El profeta" diario y Draco se sentó frente a la chimenea, aunque se aseguró de poder ver a la chica desde donde estaba sentado, sonreía, pero no entendía que le hacía tan feliz.
Paquete por paquete hubo descubierto la bufanda de su abuela, el libro de su madre, el perfume importado de Francia de Teddy y Victoire, artículos de broma de tío George, más libros de los Potter… hasta que frente a ella sólo quedó aquel llamativo envoltorio naranja que Lily Luna le había enviado y que la hacía temblar de pavor con tan sólo imaginar que podía contener.
Scorpius la observaba sorprendido ante la cantidad de regalos que hacía su familia, pero el rubio mayor, pudo distinguir el rubor en las mejillas de ella cuando miraba el paquete naranja, ocultó su expresión curiosa tras el periódico, sin advertir la mirada de Astoria sobre él.
-¡Vamos!-La animó el muchacho con una gran sonrisa- Es de tu prima Lily-Recordó, comprobando la tarjeta-, el último.
Su voz sonó entristecida, con el último regalo la sensación navideña se desvanecía súbitamente, aunque el chocolate caliente, las tardes frente a la chimenea y las comidas familiares continuasen, para la mayor parte de la gente el espíritu navideño desaparecía.
En un impulso decidido Rose rasgó el papel, con cuidado y disimulo, pero sólo encontró una caja de cartón sin ningún distintivo, suspiró aliviada, pero volvió a temblar antes de levantar la tapa, tan lentamente que tardó casi un minuto, lo suficiente para poder distinguir qué demonios había dentro.
Lo vio y palideció.
-¿Qué es?-Inquirió Scorpius, frunciendo el ceño al descubrir el contenido del paquete, correteaba- ¿Una rata?
Astoria dio un respingo de repente, a pesar del estado ausente en que se encontraba, la duda de su hijo la hizo reaccionar. Quiso volver a poner la tapa y llevárselo de allí pero Scorpius la levantó del todo y el animal, casi blanco salió de un enérgico salto, quedando a la vista de todos.
Astoria soltó un grito agudo, Draco se levantó de un bote, con el ceño exageradamente fruncido, el animal corría por la mesa, necesitado de espacio después de haber estado en la caja.
-¿Por qué Lily te ha regalado una rata albina?-Inquirió Scorpius, muy confundido, entre risas.
-Es un hurón-Corrigió el padre, llegando al lugar con indescifrable expresión, Rose estaba tan roja por la vergüenza que no se percató de la carta que acompañaba al animal y que Draco tomó- "Lo he mantenido seguro en la caja con un hechizo, ahora es tu responsabilidad cuidarlo. Llámale Draco y seguro que él se sentirá halagado. Lily"-Lo leyó en voz alta, Rose estaba más colorada que su propio pelo y clavó la vista en el suelo, incapaz de mirar a Draco a la cara- ¿Pero qué demonios…?-Masculló, ofendido.
-¡Saca ese bicho de mi casa!-Bramó Astoria, aterrada, en la puerta del salón-¡Kossy, maldito elfo, saca a ese bicho de aquí!
Como si hubiese intuido el peligro el animal se detuvo, prestando atención a lo que había a su alrededor, miró a Rose, como si demandase protección y la chica acarició suavemente el lomo del roedor cuando se acercó.
Scorpius reía, el bicho le parecía muy mono, y tenía la sensación de no comprender nada, porque el sentido de la expresión avergonzada de Rose o el tono casi iracundo con que su padre fulminaba al pobre hurón se le escapaban.
Draco siempre había sabido que Rose traería el pasado de vuelta, era algo inevitable el hecho en que la culpa le abrumaría siempre, pero jamás pensó que también traería aquel bochornoso paseo por los pantalones de Crabbe. Como aquel día en que fue un hurón como el que ahora Rose protegía entre sus brazos, sintió una profunda y arrolladora vergüenza.
-¡Potter tenía que ser!-Masculló, molesto, mientras el elfo trataba de quitarle el animal a Rose, cumpliendo las fulminantes ordenes de Astoria.
El salón era un caos, Scorpius reía, Astoria gritaba, el animal se retorcía entre los brazos de su dueña involuntaria y Draco no tenía valor para hacer nada, por una vez estaba de acuerdo con Astoria, quería ver fuera al animal, era bochornoso.
-Madre, ya basta, sólo es un hurón-La defendió Scorpius-, no puede rechazar un regalo.
Astoria salió espantada de la sala, toda su soñolencia olvidada en el camino, y el elfo se retiró a una orden del joven Malfoy.
-Lo… lo siento-Susurró Rose, asustada por el posible enfado de Draco.
Hizo un aspaviento con los brazos, mientras su posible tocayo animal se refugiaba entre los brazos de la pelirroja, el rubio chascó la lengua, transformarse en hurón empezaba a ser una idea tentadora.
-¿Le ponemos Draco?-Scorpius no dejaba de reír, en cierto modo disfrutaba de la adorable cara de Rose cuando se sonrojaba, muy a menudo desde que estaba en su casa.
-No-Negó Rose, alzando la vista, muy azorada-, eso sería de mal gusto.
El rojo pasó a blanco cuando comprobó lo que acababa de decir, Draco dio un ligero respingo y la miró con una ceja levantada.
-Yo quería decir que… -Hablaba atropelladamente, nerviosa-, teniendo en cuenta…
-Ni siquiera Scorpius lo sabe-Murmuró el rubio, miraba con desconfianza a la criatura pálida que trepaba sobre el hombro de Rose, y que no reparaba en otra cosa, cómodo con la pelirroja, Draco sonrió, desconcertado-, ¿Potter se divierte mucho viendo como os reís de mí?
Nadie se reía de Draco Malfoy, después de la guerra lo más cortés hubieses sido que Potter olvidase las insignificantes chiquilladas, como había hecho él.
-¿Alguien me va a explicar que me estoy perdiendo?-Scorpius sentía una terrible curiosidad, confundido, miró a su padre de modo interrogativo.
Tras una breve discusión el propio Draco accedió a relatar lo que sucedió cuando una pelea con Potter acabó con él transformado en hurón a manos del profesor Moody, ahorro detalles como el hecho de que Moody era un mortífago, avergonzado por las carcajadas de su hijo, muy enfadado con Rose y Albus porque lo sabían y nunca se lo habían explicado.
-En casa todavía se refieren a usted como hurón botador-Rose soltó una risita tímida, usando el distante tono de respeto de nuevo, ambos se miraron un segundo, reconociendo lo artificial que había sonado la frase, más al recordar la noche pasada.
-¡Qué sentido del humor tiene tu prima!-Scorpius no recordaba haberlo pasado mejor en su vida, el animal corría por el salón, Rose lo seguía con la mirada, todavía había un cierto rubor en sus mejillas-Definitivamente se va a llamar Draco-El afectado y la pelirroja negaron con la cabeza, enérgicamente.
-Considérate afortunado si logro que Astoria no lo aplaste con una escoba-Advirtió seriamente el hombre.
Rose rió, dudaba que Astoria supiese donde encontrar una escoba. Se puso en pie de un bote, como empujada por un resorte, los dos Malfoy presentes se volvieron hacia ella, sorprendidos.
-¡Voy a matar a Lily!-Salió corriendo del salón, no sin antes recoger al animalillo que se dejó arropar entre los brazos de la pelirroja sin reparos.
Ninguno de los dos dijo nada mientras la vio alejarse, Scorpius había dejado de reír y miraba con seriedad a su padre mientras se pasaba la mano por el rubio cabello, parecía repentinamente nervioso y Draco sintió una punzada de temor respecto a lo que su hijo quería decirle.
-¿Viste lo que pasó ayer?-Preguntó, nervioso- En la fiesta le dije a Rose que…
-Lo sé-Allanó el adulto, sin entonación en la voz.
-¿Crees que tengo alguna oportunidad?-Scorpius parecía enfrascado en sus propios pensamientos, hablaba, pero no miraba a su padre mientras lo hacía- No dio esa impresión ayer, lo sé, pero después fui a hablar con ella-Pareció recordar algo amargo, Draco le escuchaba, muy serio-, dijo que me quería como quería a Albus o… o su hermano.
-Lo siento Scorpius, pero si ella no…
El chico esbozó una sonrisa torcida.
-Espera, espera… -Lo detuvo el joven, emocionado ante la actitud sorprendida de su padre-, hay más. Le dije entonces que no pensaba darme por vencido, y que lograría hacerla cambiar de opinión-Parecía muy orgulloso consigo mismo, Draco sintió un escalofrío correr por su espina dorsal, alarmado por la tenacidad de su hijo-, hice bien, ¿verdad? ¡Un Malfoy nunca se da por vencido!-Draco asintió, siempre le había inculcado a esa lección a su hijo, debía luchar por lo que quería, no rendirse ante las dificultades, pero jamás pensó que podría volverse en su contra-, sé que tú habrías actuado de igual modo.
Draco titubeó, de nuevo sintió esa punzada de remordimiento en el pecho, asintió con la cabeza, él habría hecho lo mismo, insistir hasta ganar a la chica, porque la chica siempre caía al final. Eso le turbó ligeramente, todavía la inseguridad de que Scorpius albergase cualquier posibilidad de arrebatarle a Rose le atormentaba. Era un maldito egoísta, Ella no era algo suyo, no le pertenecía a él, de algún modo, como un vendaval, había aparecido, y del mismo modo podía marcharse cuando comprendiese en que aguas estaba nadando, dejarle sólo y sin esperanza de nuevo, con sólo pensarlo, el cobarde hurón sentía miedo, pero el dragón luchaba por la chica, hasta que fuese suya de verdad.
-Scorpius-Su voz firme y decidida rompió el momentáneo silencio, de un modo repentino, procedente de algún lugar recóndito de su voluntad-, quizá no debas actuar como yo lo hubiese hecho.
Los ojos de su hijo se toparon con los suyos, iceberg contra desatada tormenta, Scorpius frunció el ceño, igual que su padre, se miraban del mismo modo irritado, Scorpius lo entendió, casi al instante y se enfadó más.
-¿Crees que no puedo lograrlo?-Preguntó, sin comprender porque tenía esa conversación con su padre, pero hubiese esperado su consejo y no el mensaje clasista y desalentador oculto bajo sus palabras- ¿O que no debó intentarlo?
-No te quiere, Scorpius-Contestó, clavando la vista en el joven, indiferente, su tono de voz calmado bien podía ser el de un padre preocupado.
El joven de los Malfoy, desprevenido por la seguridad en las palabras de su padre se quedó helado un instante, sin comprender que había dicho ni porque lo había dicho.
-¿Cómo lo sabes?-Preguntó, en busca de recobrar la esperanza perdida-, ¿Cómo estás tan seguro?
Draco alzó la vista, no dijo nada, y se abstuvo de esbozar una sonrisa amarga, las cosas no debían ser así, bien él lo sabía, pero no podía cambiarlas porque no quería que fuesen de otra manera, de todos modos, estaba acostumbrado a la culpa, la prefería al dolor y al altruismo.
-Lo sé y eso basta-Zanjó, con la mirada clavada en su hijo, decepcionado y furioso a partes iguales.
En apenas dos segundos, Scorpius se puso rojo de indignación, la ira corría por sus venas y miraba a su padre como si no le hubiese visto nunca.
-El otro día, en el Callejón Diagón, creí que estabas de mi lado-Bramó colérico-, ¿Qué era todo eso de dejarlo todo por ella y arriesgarse y comprobar si me quería?-Hizo una pausa, apenas para tomar aire- ¡Era comedia! Vienes ahora con esas, no quieres que esté con ella, no te gustaría que formara parte de esta familia.
El chico, furioso, no comprendía la ironía de su error, no alcanzaba a comprender que él si quería a Rose en la familia, la quería en esa casa, la quería… con él.
-Scorpius hijo-Trató de sonar tranquilo, sinceramente preocupado por la conducta exaltada del muchacho, no quería herirle, aunque ya era tarde para eso-, es un consejo, es por tu bien, claro que quiero a Rose en casa, sería genial que formase parte de esta familia- Sonrió casi sin pretenderlo, de un modo suave y tranquilo-,pero eso jamás pasará, ella no siente nada por ti, eso no va a cambiar.
Su voz sonó segura, haciendo acopio de toda su convicción, mordiéndose el labio al tiempo que Scorpius fruncía el ceño y se ponía aún más rojo.
-Pues haré que cambie-Masculló con decisión, mirando a Draco de un modo intenso, rebelde-, con o sin tu ayuda.
-0-
La pluma acabó estampada en el tintero con violencia cuando Rose hubo acabado de escribir, exaltada, furiosa con Lily por el inconmensurable bochorno que le había hecho pasar.
Releyó con histerismo el enorme pergamino que había escrito, con su prolija y fina letra, lleno de amenazas y calumnias contra su pequeña prima.
Estaba segura de que estrangularía a Rose en cuanto la viese, se la imaginaba ya, con su inocente sonrisa y sus suspicaces ojos verdes, y una de esos comentarios directos y sin tapujos en sus labios, dispuesto para salir en cuanto se cruzase con ella.
Enrolló el pergamino, el pequeño hurón la observaba con aparente gesto curioso, hecho un ovillo sobre el escritorio, no tenía idea de lo que iba a hacer con el animal, lo acarició con dulzura haciendo que se estirase, relajado, le pareció adorable y sonrió alegremente,sus padres nunca dejarían que se lo quedara y Lily había pretendido reírse de ella y no regalarle una mascota, pero a ella, el pequeño animalillo blanco le resulto increíblemente tierno.
Resopló frustrada, todavía no había pasado el mediodía y ya se había metido en un grave problema, ínfimo si se tenían en cuanta de los demás. Rose no había pensado en Scorpius, no había pensado en Draco, en lo resbaladizo que era el suelo que pisaba. Iba a perder un amigo, ¿Merecía la pena?
Se hizo lo preguntó a sí misma como un reproche, pero apenas tuvo tiempo a reflexionar, unos apresurados golpes llamaron a su puerta, insistentes cuando tardó apenas unos segundos en ponerse en pie, sobresaltado, el hurón, saltó sobre su hombro, casi con altivez.
Cuando abrió, Draco la miraba con gesto azorado, ella lo miró un instante, alterada, intuyendo algo malo en su mirada, el relajado animal miró con desconfianza al hombre que le devolvió la mirada casi con despreció, y la chica si hizo a un lado, dejando pasar a Draco, y cerrando la puerta tras de sí, demasiado ocupados el uno en el otro, ninguno atinó a fijarse en la maliciosa mirada de Astoria, que contempló la escena asomando por el recodo.
-¿Ocurre algo?-Titubeó la pelirroja, acostumbrada a lo que solía ocurrir tras esa expresión del hombre.
Draco negó con la cabeza, sus pasos, después de que Scorpius abandonase el salón con tan lapidaria advertencia, le habían llevado hasta allí, no estaba seguro de lo que pretendía, pero sabía que necesitaba verla para hallar la calma.
Solos en aquel lugar, Draco la besó por toda respuesta, con un ansía demandante que inquietó aún más a Rose, correspondió el beso del rubio, el hurón saltó del hombro de la chica, con un gruñido molesto al ver su territorio amenazado, aterrizó sobre la cama, donde se acurrucó, el hombre enredó los dedos en los alborotados cabellos de la pelirroja, sus cuerpos demasiado juntos, Rose suspiró contra la boca de Draco, casi se dejó caer sobre la cama, arrastrándole a él por el camino.
El hurón bajó al suelo, miraba a Draco como si desease hincarle el diente en cuanto tuviese ocasión, el rubio lo fulminó con la mirada y el pobre animal se hizo un ovillo bajo la silla.
Apoyado en su costado, Draco permaneció tumbado, miraba a Rose con intensidad al tiempo que acariciaba su cálida mejilla, podía sentir el acelerado latido de su corazón, el rubio se sintió vagamente tranquilizado, aunque había un punto de temor aun brillando en su mirada.
La mano del rubio se movió con lentitud, las yemas de sus dedos perfilaron el rostro de Rose, acariciaron casi con devoción sus finos labios, podía sentir el estremecimiento de la pelirroja por el contacto, ella cerró los ojos, respiraba con agitación y la mano de Draco continuó con su recorrido, descendió con delicadeza por su cuello, mientras sus labios buscaban ansiosos los de ella.
Con un solo dedo recorrió el torso de la chica, hasta posarse en su cintura, con tanta delicadeza que casi no la tocaba, con el cuidado de propio de un objeto demasiado valioso y preciado que debía protegerse. Mas era algo muy tangible para Rose, sentía la caricia del rubio ardiente contra su piel, podía imaginar cómo dejaba huella mientras la besaba, gimió cuando su boca se vio libre para hacerlo, los finos labios de Draco seguían el camino trazado por su mano, hasta posarse con admiración en el cuello de la chica.
-Rose- La chica respiraba con agitación, la voz de Draco sonó ronca, apenas en un susurro-, sigue conmigo ¿Vale? Cuando las cosas se pongan feas, quédate conmigo.
Apenas pudo respirar afirmativamente, los labios de Draco atraparon de nuevo los suyos de nuevo, liberados al fin del remordimiento, sólo junto a ella podía convencerse de que no había hecho nada malo, en ningún momento había mentido a su hijo.
La abrazó por la cintura con una sonrisa en los labios, Rose se acurrucó contra el pecho de él, las mejillas sonrosadas, podía sentir el corazón de Draco, tranquilo y relajado latir casi con alegría, su calor la reconfortaba del invierno y aquel inconfundible aroma a menta se colaba por sus fosas nasales, casi afrodisiaco, Draco besó su frente una última vez, pero no se movió de donde estaba, no dejó de abrazarla, acallaba su deseo, dormía al dragón ansioso y apasionado de su interior, aquel que domina los impulsos, las decisiones precipitadas, el odio, el rencor… el orgullo. Se dejó acunar al fin entre los brazos de Rose, demandaba protección, como hacía el hurón que seguía escondido bajo la silla.
Holaaa a todos!!!!!!
Espero que os haya gustado el cap, es bastante revelador no creeis, al menos respecto a Scorpius y la loca de Astoria, en el próximo capítulo el pequeño Malfoy empezará a "cortejar" a Rose.
Bueno, la verdad es que no soy muy buena con… esas escenitas de pareja pero me empleo a fondo, os prometo que sacaré lo mejor que hay en mí cuando pase lo que tenga que pasar, ya me entendéis…
Bueno besos y hasta muy pronto
Aivlis Malfoy