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En el andén. — capítulo 10

King's Cross

¿Dónde iba? No lo sabía, ni comprendía el miedo que le recorría la columna vertebral poniéndola de pronto en alerta, él la seguía, podía escuchar como la llamaba, desesperado, acorzaba las distancias. Sus pasos se volvían torpes sobre la nieve y el frío empezaba a atenazarla, incapaz de controlarse, paró, y las lágrimas caían sin censura por sus mejillas.

Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, del sueño en el que vivía, de la irrealidad en que se había sumergido y de las personas que a las que podía herir por ello.

Sintió como unos brazos cálidos la rodeaban con firmeza, estrechándola con cuidado, protectores. Rose no se atrevió a mirar a Draco, en mitad del jardín de la inmensa mansión, el señor Malfoy resguardaba a la chica entre sus brazos, temeroso todavía y sin saber que decir, como actuar, incapaz de adivinar la reacción de la muchacha.

-¡Dilo!-Fue una súplica queda, amortiguada sobre el pecho del hombre, ahogada entre lágrimas.- Necesito oírlo.

Buscaba la justificación de lo injustificable, esperando que Draco le diese el motivo para seguir adelante, mas sintió miedo y alzó la vista para mirarlo, tal vez él no quería seguir. El rubio sintió un nudo en la garganta, y pareció titubear cuando la chica le miró, lloraba y él no soportarla verla así, quiso hablar, decirlo, pero la decepción en los ojos de Scorpius se colaba en su memoria y las palabras se le trababan en la garganta.

-Sólo dilo-Insistió la chica, ahora le miraba segura, aunque todavía lloraba-, si es verdad, dímelo.

Draco seguí titubeando, miró a su alrededor, la nieve caía sobre ellos, el cuerpo de la chica temblaba, aterido de frío, al tiempo que las mejillas se le coloreaban por el viento y el rastro de las lágrimas que caían inexorable.

No lo pensó, estaba asustado, sólo giró sobre sus talones, sin rumbo claro, se Desapareció, buscando cobijo y calma, reflexión. Rose se apretó contra él, mareada, no se atrevió a decir una palabra, hasta que sintió sus pies tocar el suelo y una sensación de desvanecimiento que apenas pudo controlar.

La oscuridad lo envolvía todo y Draco sacó rápido su varita, soltando a la pelirroja ligeramente.

-¡Lumos Maxima!

La luz que salió de la varita iluminó el lugar, Draco la dejó en el suelo, y se colocó las manos en los bolsillos, mientras Rose daba vueltas a su alrededor, tratando de vislumbrar donde se encontraban.

-Tenía que salir de allí-Confesó Draco, más para sí mismo que para ella, haciendo resonar sus pasos en la quietud mientras andaba-, lo siento.

La joven observó el techo abovedado, y una vía de tren vacía, tras Draco, sobre una columna de piedra, un cartel señalaba el número Diez, y reconoció la barrera que había cruzado en siete ocasiones, con el corazón palpitante y la emoción renovada.

-¿King's Cross?-Preguntó, incrédula, pasando la vista por la penumbra, a la espera de un tren o miles de viajeros.

Draco se encogió de hombros, quizá aquella pequeña consideración le delataba y miró a la chica, el diamante que engalanaba su collar resplandecía reflejando la luz del sol, casi de forma angelical. El rubio sonrió, sin poder evitar el nervioso aleteó de su corazón cada vez que la miraba.

-Fue lo primero que pensé-Afirmó-, creí que te sentirías cómoda aquí.

Tenía razón, allí, tras esa barrera, sus sentimientos habían permanecido escondidos durante siete largos años, nunca consideraría un error haberlos dejado huir, y creer, aunque fuese una burda ilusión, que él la quería, combatía con todo remordimiento. Por eso se sintió cómoda allí, su esperanza daba los últimos coletazos de vida mientras los ojos grises, profundos y brillantes de Draco la escrutaban con cuidado, hipnotizado.

-¿Lo sabías?-Inquirió, avergonzada, Lily Luna había acertado, y todo era extrañamente evidente- Siempre lo has sabido, ¿Verdad?

Pudo ver la mueca de Malfoy a pesar de la oscuridad que lo envolvía, trató de adivinar lo que pensaba, pero no distinguía su completa expresión y sus ojos grises se habían desviado al fin, huidizos.

Draco sabía a qué se refería, aunque nunca había sido lo suficiente arrogante para ello, no había podido pasar desapercibido el modo en que ella le había mirado, cientos de veces, no podía recordar cuanto tiempo había pasado desde que esos ojos marrones se habían clavado en su retina, para acabar en su corazón, pero podía jurar que algo había pasado en ese andén, extraño, prohibido y sincero.

-Sabes que traté de evitarlo-Recordó sus inútiles intentos por mantenerse alejado de ella y las noches en vela, convenciéndose a sí mismo de ser un cabrón desconsiderado, por pensar en Rose Weasley de un modo románticamente inapropiado-, pero no puedo.

-¡Pues no lo hagas!-Rose rompió la distancia que se habían impuesto y se situó frente a él, clavando la vista en los ojos de Draco, serena- No tienes que hacerlo ¿Acaso no es cierta la nota que me enviaste? ¿Mentías?

Draco negó enérgicamente con la cabeza, no podía dejar que creyese semejante cosa de él, a pesar de que sería lo más fácil para todos, la parte de él que había tomado las riendas, la inconsciencia tal vez, quería quedarse junto a Rose a pesar de la catastrófica velada en que se había convertido aquella navidad.

-Es mi hijo-Lo dijo como algo difícil de aceptar, algo imposible que ninguno de los dos asimilaba-, no puedo hacerle algo así a mi hijo.

La chica bajó la mirada, dándole la espalda a Malfoy, miró a su alrededor, aquella estación que había cobrado un simbolismo extraño casi sin pretensión, Draco estaba tras ella y las palabras salieron solas de la boca de la chica.

-¿Tienes idea de cuánto hace que siento esto por ti?-Una sonrisa nostálgica acudió a sus labios y las mejillas se le encendieron, pero no retrocedió- Siempre, desde que te vi, en el andén nueve y trescuartos-Tomó aire nerviosamente, pero no dispuesta a parar-, tenía once años, Draco, y mis padres me habían hablado muy mal de ti, pero eso nunca importó, a veces pensaba en ti, me preguntaba si eso que decían era verdad, pero no pensé que el año próximos no volvería a pasar igual-Sólo entonces se atrevió a mirar la expresión confundida del hombre, clavada en el suelo, las piernas le temblaron un poco-, pero volvió a pasar, siempre, cada vez que te veía. Todavía me pasa, me estremezco con sólo una mirada, eso no va a cambiar-Draco supo que era sincera, todo era la verdad y no pudo evitar un gesto nervioso y un paso en falso, que no llegó a dar-. Tiene tus mismos ojos, pero jamás he sentido nada parecido a lo que me invade cuando tú me miras.

Rose se quedó callada. De pronto, Draco alzó la vista, como si hubiese sido un llamamiento a que lo hiciera y se percató de la nerviosa reacción de la chica. Ella quería a Scorpius, lo quería como se quería a un amigo, un miembro de su familia, lo quería como quería a Hugo, pero el amor romántico, ese sentimiento enfermizo, abrumador y embriagante, ese que impedía, en ocasiones, respirar con normalidad, ese siempre había sido para Draco.

-Rose… -Empezó con torpeza, apenas había avanzado dos pasos, sus cabellos rubios casi refulgían por a la mortecina luz de la varita y se detuvo de nuevo, mirando con cuidado a la chica- ¿Por qué?

Certera pregunta que dejó estática a la joven, no esperaba que eso importase, no a él en ese momento, pero Draco le sostuvo la mirada y aguardó un tiempo, a la espera de que ella contestase, dijese que podía tener él para merecer el amor incondicional de la pequeña Weasley, la respuesta estaba clara: nada.

-Soy una mala persona, Rose-La voz queda de Draco retumbó en la quietud del lugar, y el hombre se dio la vuelta para evitar la mirada entristecida de la chica, acobardado.

-No es cierto-Ella le contradijo, rodeándole con lentitud, para poder encararle de nuevo.

-Claro que lo es-Sonrió con amargura, y la sangre de la chica se congelo-, si fuese buena persona no te haría esto, nunca hubiese dejado que pasara.

Cargó con su propia debilidad, y no se atrevió a ver como esa frase rompía el corazón de la joven. Ella retrocedió, apenas un paso, aturdida por la frialdad de su voz, y casi pudo escuchar cómo se formaba la grieta en su interior.

-¡Dijiste que me querías!-Chilló, el eco retumbó contra las paredes y Rose se sobresaltó a sí misma-, querías estar conmigo. ¡No voy a dejar que te acobardes!-La mueca de dolor apareció en los labios de Draco, tenía razón, ella siempre acertaba, tenía miedo, demasiado para enfrentarse a su propia sangre por un amor imposible, asustado de su propio temor- Quédate conmigo-No fue una súplica, Rose lo miraba a los ojos, ya no lloraba y parecía fuerte y tranquila de nuevo, Draco asintió, casi por inercia-, si me quieres, quédate conmigo, de otro modo, no sólo Scorpius sufrirá-La voz se le quebró y ambos pensaron en simple y puro egoísmo, cuando estaban juntos y el mundo dejaba de importar, y la alternativa era tentadora, cuando Rose tendió su mano con delicadeza, hacia Draco.

La destrozaría si la dejaba, ella lo sabía, ahora que había probado la miel de los labios de aquel hombre, no sabría cómo dejar de hacerlo, ahora que sabía que ocurría cuando sus manos se rozaban, ya no podría pasar sin esa sacudida eléctrica que anunciaba dicha y deseo. Amor. Draco, por su parte, necesitaba a Rose para sentirse lleno y perdonado, recordarse que seguía vivo con un propósito, algo que tenía y que se le olvidaba cuando ella no estaba, por eso aceptó la mano de la chica, por eso la estrechó entre sus brazos, la abrazó con fuerza, se disculpó, de cientos de formas distintas, a una velocidad atropellada. Pero el "te quiero", se atragantó en su garganta, indigno de decirlo.

-¿Te arrepientes?-Preguntó, casi con naturalidad, pasados escasos segundos, mientras el rubio acariciaba su espalda, delicadamente.

-Nunca-Fue algo sincero, no existía nada más auténtico en su vida, al margen de esos escasos segundos con la pelirroja, sólo dificultades cuando ella no estaba, pero aun así, creía que no era bueno para ella-, sólo me preocupo por ti-Confesó, casi en su oído-, no sales ganando conmigo, aunque supongo que eso ya te lo han explicado.

-¿Qué?-Fingió no entender cuando se separó de Draco, Rose obviaba hechos que sabía inolvidables, una guerra y un error, un tema que era difícil de tratar y en el que no solía pensar.

El rubio tenía una última baza, su fuerza de voluntad siempre había sido débil, necesitaba que Rose se fuese por ella misma, que ella tomase una decisión que él no quería, ni podía tomar. Con sumo cuidado se quitó los plateados gemelos, y remangó con parsimonia la manga de su perfecta túnica de gala, mostro su pálido antebrazo, y la difuminada marca que lo adornaba macabramente.

Para la mayor parte del mundo a eso se reducía su existencia, sin importar que hubiese sido perdonado por sus faltas, sólo quedaba el mortífago que fue obligado a ser, le perdonaron por eso, pero el sentía la culpa muy nítida, no había hecho nada para negarse, sólo tuvo miedo y trató de cumplir órdenes.

Esperó el respingo de sorpresa, hasta Astoria lo dio en su día, y tardó años en explicarle a su hijo que quería decir la marca, pero la chica no se movió, sólo miró el brazo con curiosidad y su mano viajo casi con cuidado hasta donde estaba la marca. Su dedo delineó la serpiente, con tanta suavidad que Draco sintió un escalofrío, algo profundo que le hizo temblar y dejar escapar un suspiro.

-Mi tío te salvó-Susurró, sin dejar de acariciar el brazo de Draco, su piel fría se estremecía y Rose no se detenía, como si una simple caricia pudiese borrar todo rastro de lo que un día ardió e infundió miedo-, testificó a tu favor ¿No es cierto?

Draco asintió, tampoco iba a irse por eso, debió haber supuesto quea Rose no le afectaría ver la Marca Tenebrosa, era digna hija de sus padres, los únicos tan inconscientes como para no temer a Voldemort, Rose era valiente, Rose estaba con él y para eso se requería valor.

Sin aguantar más, la tomó por la cintura, convencido y derrotado otra vez, la besó, acallando así el ardor que aquellas suaves caricias habían encendido en el hombre, casi como si Rose hubiese buscado aquel resultado, ansiosa porque él la besara de nuevo. Le rodeó el cuello con los brazos, y sus manos se hundieron en aquel pelo sedoso y rubio, peinado con dedicación. Buscaron refugió el uno en el otro, sus lenguas danzaban al compás de un ritmo inexistente, se buscaban, ansiosas, casi cuando los dos jadeaban.

No se separaron, no lo hicieron mientras las manos de Draco acariciaban con lentitud la espalda de Rose, perfilando con esmero su columna vertebral, Rose se estremecía, suspiraba contra la boca del rubio que ahoga sus susurros con más besos, y sus labios se rozaban de nuevo, ávidos, como si se echasen de menos tras demasiado tiempo separados.

-Debemos volver -Anunció Draco, reticente y apenas separando su boca de la pelirroja-, algún muggle debe vigilar este lugar y tengo la casa llena de invitados-La amargura se dejó notar al decir lo último y Rose rió suavemente, colocando con esmero los gemelos plateados en su lugar.

Rose asintió con pesar, debían volver a la realidad, habían perdido la noción del tiempo, podrían haber pasado dos horas y hubiesen parecido diez segundos.

Draco recogió su varita del suelo y abrazó a Rose que palideció al saber lo que venía, pero que le besó una última vez antes de desvanecerse en la oscuridad y dejar de nuevo en la más absoluta calma la estación de King's Cross.

-0-

Estaba cansado de los juegos de Josephine y reconocía que se había portado como un estúpido desconsiderado, todo a su alrededor seguía como si nada hubiese ocurrido, ninguno de los presentes se había percatado de lo sucedido, y sólo Pansy había mostrado interés por la súbita desaparición de la "leona", Scorpius la disculpó, afirmando que la cena no le había sentado del todo bien y se sentó en un sillón vacío, fingiendo indiferencia y con un nudo en torno a las entrañas.

No había sido delicado, apenas se había molestado en comportarse con naturalidad, y no pensó que iba a asustarla de ese modo. Rose siempre había sido arrojada, una chica valerosa, pero se había sorprendido al escuchar la confesión del joven, casi como si fuese algo muy malo. Pensó que no había usado el tono indicado, jamás se le habían dado especialmente bien las chicas, era lo único que no había heredado de su padre, parecía casi consternado por la situación y resolvió hablar con ella y disculparse de ser necesario.

Josephine continuaba danzando con alegría frente a él, relataba al mismo tiempo el maravilloso regalo que recibió el año pasado de su tío Draco, y las quejas insistentes sobre un estúpido Gryffindor de su curso: estúpido y pobretón, según la pequeña. Scorpius sólo sonrió a medias y miró con desagrado a su madre, que intercambiaba miradas amenazadoras con Pansy, todavía se guardaban rencor, aunque Scorpius sabía que Draco tenía algo que ver, jamás se había atrevido a preguntar.

Los Nott, los Goyle y Millicent Bulltrude, mantenían una interesante charla, pero nadie le prestaba atención a él, sentado allí, entornaba los ojos con cansancio y se planteaba si ir en busca de Rose o dejarlo para un mañana más tranquilo.

Bufó exasperado y se levantó del sillón, ignorando la mirada interrogativo de sus tíos y la llamada de atención de su madre y se disponía a salir de la sala cuando la puerta se abrió y Draco entró, con una luminosa sonrisa y un porte elegante y recto, mejor de cómo había salido, hasta ese momento, el pequeño Malfoy no se había percatado de la ausencia de su padre, pero se limitó a mirarlo confuso durante unos segundos.

-¿Quién quiere abrir los regalos?-Preguntó, haciendo saltar a Josephine de la alegría que olvido sus enemigos Gryffindor y corrió en busca de su tío, casi con devoción.

-¿De… debería ir por Rose?-Scorpius miró interrogativo a su padre, Draco sólo asintió, disimulando el gesto grave que se instaló en sus ojos al alzar en brazos a la niña, ella le sonrió con adoración y la llevó hasta el árbol, pidiendo que escogiera el que quería abrir primero.

Scorpius no dudó en salir del Salón, animado por el apoyo de su padre, subió las escaleras con presteza, hasta llegar frente a la puerta de Rose y llamar con cuidado, nervioso.

Rose no tardó en abrir, lucía una cálida sonrisa que mantuvo cuando vio allí a Scorpius.

-Buenas noches-Saludó el chico, sin saber bien que decir-, ¿Qué tal? Creo que debo disculparme por mi comportamiento antes.

Rose sonrió, invitando al joven a entrar, pero él declinó la oferta, sin pretender albergar alguna esperanza y tratando de parecer tranquilo y calmado, mirando a Rose con los ojos brillantes.

-No te preocupes, sé que nunca fuiste muy delicado-Comentó, tratando de relajar el ambiente, sonriendo.

-¿Te asusté?-Inquirió, preocupado- Esa no era mi intención, lo que pasa es que no sabía cómo hacer para que te dieses cuenta de que me gustas, fui un tonto, escogí el peor momento y el peor lugar.

-Está bien, Hyperión-Aceptó la chica, apoyando la mano en el hombro de su amigo, con una sonrisa tranquilizadora y cordial.

-¿Entonces?-Insistió el muchacho, ahora dispuesto a llegar al final de la cuestión.

Rose suspiró con pesadez, recordando la conversación con Draco, el modo en que había abierto su corazón y abrazó a Scorpius con ternura, reconfortándolo, sabía que pasaba cuando se quería a quien no se podía tener, ella le quería y no podía hacerle mal, pero tenía que rechazar al joven, aunque fuese algo doloroso.

-Sabes de sobra que te quiero, Scorpius-Dijo sin que le temblara la voz-, te quiero como quiero a Albus, y a Hugo. Siempre hemos sido como hermanos…

El rubio suspiró con pesar, mirando a su amiga a los ojos que brillaban como si fuese a llorar de nuevo.

-¿Hermanos?-Repitió, casi aborreciendo la palabra, hasta que Rose asintió, con pesar, aterrada por perder a su amigo-, ¡Cómo quieras, Rosie!

Scorpius acabó por sonreír y la chica se sobresaltó notablemente, sin comprender, si él había aprendido algo de su familia, era conseguir lo que se proponía, un Malfoy no se rendía fácilmente. Si ella no le quería en ese momento, no significaba que no pudiese cambiar de opinión, podía lograrlo, se decía, con algo de arrojo y confianza en sí mismo, miró a Rose con desenfado y se dio la vuelta en el pasillo.

-Las vacaciones son largas, "hermanita"-Scorpius se dio la vuelta y bajó con presteza rumbo a la fiesta, iba a excusar a Rose, que ya llevaba puesto el pijama y se había quedado en la puerta de su cuarto, entre sorprendida, conmocionada y fuertemente turbada.


Holaaaa

Buenas noches, jajaja es un poco tarde la verdad, bueno un nuevo cap recién salido del horno, espero que recién hecho sea de vuestro agrado…

Ya aviso que la cosa se va a poner movidita en los próximos capítulos, xd

Bueno os espero en los comentarios

Besos y gracias por leer

Aivlis Malfoy