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En el andén. — capítulo 9
Entre serpientes.
Cuando el primer copo de nieve cayó la lechuza parda que descansaba sus alas en uno de los arboles próximos a la imponente mansión, remontó el vuelo tratando de ponerse a cubierto, perdiéndose de vista con un suave y calmo ulular. Al mismo tiempo una niña de aspecto frágil, cruzaba a toda prisa el jardín, tratando de llegar lo más pronto posible a la casa para poder cobijarse.
-¡Josephine, espera!-La dulce voz de una mujer rubia rompió la quietud y la pequeña se detuvo bajo el porche delantero.
Sin que la niña llegase a tocar la puerta, ésta se abrió, dejando paso a un imponente vestíbulo, suntuosamente decorado para la ocasión, una cara alfombra cubría las escaleras y por ellas bajaba Draco Malfoy que amplió su sonrisa al ver a la pequeña castaña de ojos verdes. Abrió los brazos y la chica corrió hacia él.
-¡Tío, Draco!-Exclamó, antes de que el rubio pudiese abrazarla y levantarla en sus brazos.
-¡Feliz Navidad, Josephine!-Saludó el hombre, depositando de nuevo a la niña en el suelo.
Los padres de la feliz criatura aparecieron tras ella, Theodore Nott apartaba la nieve de sus cabellos castaños y Daphne, hermana mayor de Astoria, miraba de forma reprobatoria a su única hija, a pesar de que un brillo divertido ocupaba sus ojos verdes.
Era el momento, Astoria bajó las escaleras, con el porte de la dama de alta alcurnia que deseaba ser, embutida en un vestido excesivamente ceñido y excesivamente brillante, enteramente plateado, parecía emanar luz propia. Astoria sonrió a su hermana, las dos se abrazaron, dando por entendido que la navidad se trataba de eso.
Las hermanas Greengrass, tan parecidas; tan diferentes, a Draco le bastaba con mirar la cara de felicidad que llevaba consigo Theodore Nott para saber quién era el afortunado. Las hermanas charlaban y Nott le dio unas suaves palmaditas en la espalda a su amigo, mientras su sobrina le tiraba de la tela del pantalón, decidida a llamar su atención.
-¡Tío Draco, nieva!-Comentó la niña, parecía emocionada.
-¿De verdad, mocosa?-La voz divertida de Scorpius bajó por las escaleras, y la pequeña Josephine se olvidó de su tío preferido cuando corrió hacia su primo.
-En tu salsa ¿Verdad, Malfoy?-Inquirió Theodore, con expresión burlona- Borra al menos esa cara de asco, no querrás molestar a tus invitados, ¿No?-La sosegada mirada de Nott para su cuñado no logró calmarlo a penas, parecía incluso más nervioso y molesto que cinco minutos atrás.
Si en esos momentos la expresión de Draco Malfoy dejaba translucir el desagrado que aquella fiesta le provocaba, podía estar seguro de que sería una perfecta sonrisa de cordialidad cuando los próximos invitados llegasen, simplemente, no creía necesario fingir delante de sus cuñados. El comprensivo Theodore y la alegre Daphne, tal vez los únicos que le caían verdaderamente bien.
Todos quedaron en el vestíbulo, Theodore hablaba a Malfoy y él se preguntaba dónde estaba ella. Rose Weasley era la única cosa que no podía sacarse de la cabeza, era algo enfermizo, casi no habían coincidido durante el ajetreado día, Draco inmerso en preparativos, Rose ocupando el tiempo con Scorpius.
Necesitaba, como algo vital, hablar con ella, ver su reacción, el colgante en su cuello. Besarla, que se había convertido en una necesidad abrumadora, sentirla cerca, rozar su mano en un descuido para demostrar que estaba allí y la quería. Quería, ahora que había encontrado el valor suficiente, acercarse a ella y verbalizar lo que sentía, como ella había hecho con extremada facilidad.
Pero ella no estaba allí y Theodore narraba, con el tono de un padre orgulloso, los progresos de Joshepine en su primer año en Hogwarts y Draco escuchaba con una sonrisa atenta, esperaba, tratando de no parecer ansioso y relajarse, lanzando discretas miradas a la puerta por si volvía a abrirse y dejaba entrar su infierno.
Nott se interrumpió a medía frase, sumamente impactado por algo, Scorpius dejó de juguetear con su prima y desvió la vista, como si un rayo le hubiese atravesado, y el odio pudo reflejarse en los ojos de Astoria cuando Draco frunció el ceño y se volvió, para descubrir el origen de tanta expectación.
Fue como si el tiempo se hubiese detenido, pudo sentir el nudo en la garganta, y un ligero temblor en su mandíbula inferior. Rose Weasley brillaba con luz propia, bajaba cohibida las escaleras y ese vestido negro resaltaba con cuidado su piel aterciopelada, era un contraste perfecto entre el negro y el fuego de su cabello, recogido con sencillez, un solo mechón caía junto a su rostro, como una muestra de ligera rebeldía, las miradas de ambos se encontraron, nada más había a su alrededor y sus ojos se posaron en el cuello de la chica, decorado con la prueba de su amor, brillaba, casi como ella, sus finos labios le sonreían y las piernas de él actuaron casi por inercia, quiso ir junto a ella, tenderle la mano al pie de la escalera, para ya no soltarla después.
Alguien se adelantó y Draco jamás llegó a moverse, le fue imposible al ver el modo en que Scorpius la miraba, se sonreían y era él quien le tendía la mano al pie de la escalinata.
Se limitó a retroceder, golpeado por el mazazo de realidad, algo horrible, algo que no podía detener, le revolvió el estómago cuando vio el modo en que su hijo y Rose se sonreían, el doloroso brillo en los ojos de Scorpius, feliz, terriblemente decidido. De nuevo nadaba en la culpa, el joven Malfoy había tomado una decisión, aquella noche confesaría ante Rose, y Draco la perdería.
-¿Quién es?-Preguntó Nott, esbozando una sonrisa, puesto que los rasgos de la chica eran prácticamente inconfundibles.
-Rose-Se limitó a contestar, todavía se miraban, sin ningún disimulo, incapaces ambos de apartar la vista el uno del otro, hipnotizados-, Rose Weasley-Informó, llanamente y el nombre de ella sonó tan suave como de costumbre.
-¿Weasley?-Se interesó Daphne que también miraba a la muchacha, que ahora se acercaba con Scopius hacia los adultos, las presentaciones eran de rigor-¿Algo que ver con Ron Weasley?
Rose asintió, tendiendo su mano a la señora Nott.
-Es mi padre-Orgullo, lo dijo con orgullo, sabía qué clase de invitados iba a tener esa fiesta, y que la mayor parte de ellos no apreciaría su presencia-Hermione Granger es mi madre-Concluyó, esperando casi con curiosidad la reacción de la mujer.
Daphne le estrechó la mano, sonriendo suavemente, sin más.
-Encantada querida-Saludó la mujer, y Rose se dio cuenta de lo distinta que era a Astoria.
-Rose está pasando las vacaciones con nosotros-Explicó Scorpius, sonriendo a sus tíos-, somos amigos, de Hogwarts.
El joven Malfoy todavía le inquietaban las palabras de su padre en el Callejón Diagon, tras pasar una noche en vela y un día cobarde con ella, sin atreverse siquiera a insinuar sus intenciones, Scorpius había tomado la decisión de intentarlo, enfrentarse al temor del rechazo. Si la amaba, podía responder la extraña duda de su padre, la terrible disyuntiva que Draco Malfoy no osaba plantearse. Si la amaba, Scorpius, podía dejar todo por Rose Weasley.
Pero, ¿La amaba? Sentimientos como el amor le eran ajenos al joven Malfoy, lo había recibido, pero desconocía que se sentía. Con sólo ver a Rose sonreía, todo era más alegre, hasta alguien como él se tornaba optimista y sabía que ansiaba verla cuando no estaban juntos, pero ¿Eso bastaba? No lo sabía, ni sabía cómo averiguarlo.
-¿Eres su novia?-La pequeña Josephine miraba a la pelirroja con extrañeza, provocando una sonrisa en los adultos.
Los tres Malfoy se apresuraron a negar con la cabeza, Draco había sido incapaz de hablar hasta el momento, seguía observando a la chica, el sonrojo en sus mejillas tras el comentario de su pequeña sobrina. El rostro de la muchacha era adorable y Draco atesoraba cada detalle, inmóvil, plantado junto a Nott.
-Josephine, querida, no digas esas cosas, no es algo apropiado-Astoria la reprendió con una sonrisa y comprensiva voz, pero fulminó a Rose, exhortativa, mientras acariciaba el castaño cabello de la pequeña Nott-Pasemos al salón, mientras esperamos a los demás.
La comitiva se movió, recordando a Draco que no podía quedarse todo el día allí, mirando a Rose, se dispuso a seguirlos, pero poco tiempo tardó en cambiar de parecer y sentarse al pie de la escalera, para Draco Malfoy, la navidad jamás había sido un día feliz.
-Perdona, Scorpius, pero creo que iré al servicio-Se excusó Rose, apenas hubo entrado en la habitación.
-¿Te incomodan?-Preguntó el rubio, curioso, señalando a su familia, instalados en las butacas, frente a la chimenea.
-No-Sonrió-, pero estos zapatos sí. Será sólo un momento-Prometió antes de salir del salón y cerrar la puerta tras de sí, sin que nadie notase su ausencia.
No se volvió a mirarla a pesar de que sus pasos resonaron en el frío vestíbulo, Draco continuaba sentado al pie de la escalera, recostando la cabeza en la labrada barandilla, parecía muy concentrado en sus pensamientos.
Rose lo miró el tiempo que tardó él en notar su presencia, no recordaba haberlo visto tan guapo antes, la elegante túnica de gala, de un profundo negro, parecía hecha a medida, resaltaba su palidez y su rubio y perfecto cabello, había algo melancólico en la expresión de sus ojos, brillantes como la plata y chispearon con una sonrisa, de esas especiales, cuando por fin la vio y ella se atrevió a acercarse, turbando la intimidad de sus recuerdos.
-¿Estás bien?-Preguntó, sentándose junto a él en la escalera.
-Ahora sí-Respondió, acariciando la mejilla de la chica, hasta llegar a la pequeña joya que adornaba su cuello.
-Es preciosa-Rose se sonrojó, recordando la escueta y sincera nota que acompañaba el regalo-, me encanta, pero no deberías haberte molestado, no era necesario algo tan caro.
Draco sonrió, entrelazando su mano con la de ella, gesto que le resulto curioso y lleno de contraste, marcaba las diferencias entre ambos, la mano joven y suave de Rose, acariciaba con ternura la fría mano del hombre.
-Es menos de lo que mereces-Susurró, esbozando una sonrisa torcida ante el rostro colorado de la chica-, además quería asegurarme de que pensabas en mí.
-No te debería ser difícil-Confesó Rose, mirando a su alrededor, tratando de parecer casual-, siempre pienso en ti.
Draco rió, pero miró a la chica con suavidad, no se reía de ella, pero la situación no dejaba de ser confusa, él sabía que no merecía lo que tenía, no la merecía a ella, se consideraba mezquino, lo era si seguía allí a pesar del brillo en los ojos de su hijo, pero le era imposible dejarla, más después de tomar la decisión que les había llevado a aquel momento.
-¿Ah, sí?-Se interesó, sin borrar la sonrisa de su cara, ella le miraba con devoción y el hielo se derretía en sus ojos grises cuando eso ocurría- Creía que yo era el único.
Rieron, Draco nunca dejaría de ser un ególatra, pensaba únicamente en sí mismo, y daría todo su oro de Gringotts por poder hacer lo mismo ahora, pensar en él y Rose Weasley y olvidar el mundo, marcharse y olvidar la desagradable velada que les esperaba.
Rose había ansiado ese instante durante todo el largo día, estar con él, agradecerle el regalo y comprobar en sus ojos que lo escrito era cierto, la miraba con intensidad, sus ojos grises parecían ver a través de ella, mientras podía embriagarse con su aroma y sentir que no había nada más en el mundo.
Por primera vez fue Draco quien allanó las distancias y besó a Rose. Era un hombre parco en palabras, le costaba decir "te quiero", e incapaz de hablar, en ocasiones como aquella, prefería demostrarlo. Aquel beso demostraba sinceridad y devoción, la misma necesidad melancólica que brillaba en sus ojos y un desea intangible, demasiado profundo y asfixiante para ser ignorado.
Por primera vez no sintió culpa, ni remordimiento, por primera vez se permitió pensar en su felicidad y en nada más que la chica entre sus brazos y profundizó el beso sin temor, libre.
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Todos reían, pero ella no comprendía la gracia de un hombre alto y moreno, que le habían presentado como Blaise Zabini, el hombre se había mostrado cordial en atenciones a los anfitriones, pero había algo de rencor en sus ojos oscuros, más si miraba a Draco.
Él tampoco reía, se limitaba a sonreír sin siquiera prestar atención a lo que se decía. Estaban alejados, Rose estaba a la derecha de Scorpius, al borde de la mesa, frente a Josephine, Draco presidía la mesa, en el extremo opuesto.
Se lanzaban miradas cómplices de vez en cuando, miradas que Draco casi lamentaba, pues Scorpius miraba a la chica y sonreía, encantado. Él y Theodore comentaban en amena charla, el modo en que sus antiguos compañeros habían llegado a convertirse en frívolas copias de sus progenitores, peores si era posible, nada les hacía mejores.
-Nada nos excluye de esa afirmación, Nott-La reflexión de Malfoy quedó acallada por la risotada de Pansy, sentada junto a Zabini, tenían unos hijos preciosos, aunque igual de cretinos.
-Bueno, se podría decir que hemos aprendido la lección-Nott hizo una mueca desdeñosa.
-A un alto precio-Confirmó el rubio, pasando su mano por el antebrazo izquierdo, donde la difuminada marca todavía podía verse.
-Consuélate pensando en que nosotros estamos cuerdos, pero ellos son felices-Theo sonrió y Draco dejó escapar una risa apagada, clavando su vista en Rose, le brillaban los ojos, ella también era feliz, y Draco pensó que dejar de preocuparse y vivir, no debía ser tan mala opción.
Cenaron el suculento pavo que los elfos habían preparado con tanto espero, recordaban sus tiempos en Hogwarts, como cada año, las mismas anécdotas provocaban las mismas risas hipócritas y las venenosas serpientes se lanzaban los puñales por la espalda.
-Soy feliz-Aseguró Draco, con tan poco convencimiento que Nott no pudo evitar reír-¡Soy el perfecto anfitrión! ¿Qué más se puede pedir?-Dejó vagar su vista por la mesa, Zabini recordaba su paso por el club de las eminencias y pudo escuchar la tímida voz de Rose, asegurando que su tío también estuvo allí. Por un momento pensó como los Potter estaban en una mesa como aquella, comiendo un pavo como el suyo, pero sus historias carecían de banalidad, su paso por Hogwarts había sido terriblemente diferente.
El malestar volvió al recordar la guerra, los muertos, Goyle estaba allí, resultaba casi hiriente verle sólo, sin Crabbe, no había vuelto a ser el mismo, ni lo sería jamás, pero el resto, había decidido seguir ajeno a los hechos, vivir al margen, simplemente vivir. Y Draco se había cansado de hacerlo, tal vez la súbita aparición de una joven pelirroja tenía la culpa de su cambio, tenía que darle las gracias.
-Seguro que Pansy encuentra algo que recriminarte, nada es perfecto para ella-Nott se llevó un trozó de pavo a la boca, exquisito, mientras el rubio se dedicaba a remover la comida en el plato, había perdido el apetito.
Se acercó al oído de Nott y con actitud burlona, confesó:
-Lo único bueno de Astoria es que no es Pansy-Nott rió, se atragantó con el bocado que trataba de engullir y empezó a toser, todas las miradas se volvieron hacia ellos, Malfoy se limitó a sonreír mientras le acercaba un vaso de agua a Theodore.
-No cambiaras nunca, Malfoy-Pareció indignarse, una vez recuperado, pasando la vista por la mesa, se reían de él.
-Estoy en ello-Susurró el rubio, mirando a Nott con un brillo involuntario y el castaño frunció el ceño, tratando de comprender, aunque en seguida asintió, curioso.
En el otro extremo del salón la pequeña pelirroja se sentía terriblemente incómoda, no le gustaba el modo en que la miraban, la mezcla de sorpresa e indignación se reflejaba en sus rostros al descubrir la identidad de la arrebatadora joven, porque todos, sin excepción, reconocían lo deslumbrante que estaba, y ahora, como si su presencia les ofendiese, se limitaban a fingir que no estaba allí.
Una mujer morena le lanzaba miradas desdeñosas, sentada junto al tal Zabini, parecía molesta por algo y sus ojos claros examinaban el lugar con malicia, la sonrisa condescendiente aparecía en sus labios cuando miraba a Astoria.
El ejército de elfos que servía la cena apareció raudo para retirar los platos, Rose le tendió el suyo a una elfina enclenque y de expresión alicaída, esbozó una sonrisa para calmar la turbada expresión de la sirvienta que se alejó rauda.
-¡Una cena excelente!-Una mujer de cabello castaño, distinta al resto, felicitó a los Malfoy, levantando su copa con orgullo.
-Gracias, Millicent-Aquella aguda voz, molesta, no transmitía simpatía, apenas fingida cordialidad y la expresión de Astoria mudó cuando sus ojos se posaron en la solitaria mujer.
-Millicent tiene toda la razón-Se unió Pansy, haciendo un exagerado gesto con la mano-, os superáis cada vez, este año incluso tenemos leones-Un coro de risas la siguieron y Rose se limitó a rodar los ojos, con el mismo desdén con que la morena hablaba.
Scorpius fulminó con la mirada a Pansy, y Rose le tomó del brazo, pidiendo calma, en el otro extremo de la mesa, Draco llamó la atención de la morena y observó con pesar el gesto de la pelirroja, no se había atrevido hasta entonces a aceptar que hacían buena pareja.
-Pansy, deberías aceptar que los tiempos cambian-La voz del rubio sonó superficial y la morena lo miró con atención, alzando una ceja, con actitud incrédula-, el hecho de que Albus Potter sea miembro de Slytherin es prueba suficiente, tal vez debemos… expandir nuestras fronteras-Dijo lo último con medida, calculando las palabras correctas.
Los murmullos cesaron y todos le prestaron atención a él, recostado en el respaldo de su asiento, con gesto despreocupado y una sonrisa de medio lado. Por primera vez el príncipe de Slytherin se sintió en el lugar que le correspondía, recuperando la autoridad que un día poseyó, quizá podía hacer algo útil con ella. Los tiempos cambiaban, pero nadie había destronado a Draco Malfoy.
-Parece mentira que un día te oiríamos decir eso, Malfoy-Murmuró Zabini, estupefacto, Draco sólo sonrió más.
-Si quieres lo repito para que lo grabes-Zabini chascó la lengua y Astoria dejó escapar un grito ofendido, Malfoy acababa de pecar, pero seguía ligeramente intranquilo.
Tomaron el postre en silencio, Malfoy sonreía y Rose le lanzó una mirada divertida, el hombre se comió con gusto la sabrosa tarta y parecía de mejor humor, mas, el apacible silencio no duró, Astoria trató de disculparse con sus invitados y los agraviados protestaron, el rubio no les prestó atención, ni a ellos, ni la mirada de reproche de su esposa.
-Ya veo tus extenuantes esfuerzos por cambiar-Susurró Nott entre bocado y bocado-, impresionantes.
Se sonrieron y Malfoy es puso en pie, para proclamar un brindis, sentía ganas de ser irreverente.
-Gracias a todos por venir como cada año, es un honor teneros en casa, celebro que hayáis disfrutado todos de la cena, pero antes de pasar a los regalos y el baile… -Miró elocuentemente a su sobrina que balanceaba las piernas en el aire- toca el brindis, así que… ¡Por los leones… y las segundas oportunidades!-Rose se sonrojó y Draco la miró con intensidad mientras alzaba su copa, ella hizo lo propio y todos se pusieron en pie, entrechocando sus copas con el mismo gesto desconcertado.
Una suave música inundó la estancia y los elfos se apresuraron a retirar la mesa y ordenar el salón, Josephine corrió hasta su madre, impaciente por recibir sus regalos. Draco acarició la cabeza de la niña un segundo, hasta que Astoria lo agarró de la mano y se lo llevó a rastras hasta el centro del salón, obligándole a abrir el baile con ojos llameantes.
-¿Has bebido?-Preguntó, haciendo reír a Draco.
Negó con la cabeza, ambos sonreían encantados, pero Malfoy apretaba con brusquedad la mano de su mujer en la suya. Él también era un hipócrita, y lo odiaba, el problema era que odiaba todo lo que él era.
-¿Qué te hace pensar eso?-Inquirió con una ceja sarcásticamente alzada, y haciendo un gesto con la cabeza a Scorpius, que se levantó e invitó a Rose a bailar.
-Tú deplorable comportamiento-El chillido susurrado de Astoria taladró los oídos de Malfoy que, sin embargo, no se molestó-, era necesario estropear la velada, ofendiste a los Zabini.
-¡Oh, vaya!-Se limitó a contestar él, con fingida inocencia-¿Cómo no me di cuenta?
Theodore tomó la mano de Daphne y juntos se dirigieron acompañaron a las dos parejas, Rose y Scorpius, bailaban con algo de torpeza, la pelirroja no tenía experiencia y el rubio estaba en exceso nervioso, sabía que ese era el momento.
-Rose… -Empezó, obligando a la chica a despegar la vista del suelo, para controlar el movimiento de sus pies- lo siento si no te lo pasas bien… no ha sido una fiesta muy afortunada.
Rose sonrió, sosteniéndose del hombro del chico para no tropezar con la falda del vestido y los pies de él.
-Me he divertido mucho-Aseguró, y su sonrisa resultó sincera, tanto que Scorpius olvidó su preocupación y miró a la chica-. Tu padre no aprecia mucho a sus amigos, ¿Verdad?-Inquirió, provocando la risa del muchacho.
-No son sus amigos, está fiesta se celebra por tradición, aunque creo que ya no tiene sentido-Musitó, haciendo girar a Rose con gracilidad-, pero este año ha sido la más divertida en que he estado-Sus ojos grises escrutaron los de ella, sólo sonreía, y el corazón del chico latía desbocado, se mordió el labio-, y eso es porque estás tú.
-No digas tonterías, Hyperión-Exigió la chica, de nuevo interpretó el cumplido como una broma, otra cosa era impensable y Rose no podía ni siquiera imaginarlo.
Los dos giraban con distraída torpeza por el salón, Astoria los miraba con desaprobación mientras seguía bailando con Draco, él no se atrevíaa mirar y tenía la vista perdida cerca del suelo.
-No son tonterías, Rosie-Se defendió el joven, temiendo por la reacción de ella-, no he tenido que aguantar sus repetitivas y tediosas conversaciones. Además, hace tiempo que… tú-Iba a pasarse de directo, pero no conseguía encontrar otro modo de afrontar las cosas y los ojos marrones de Rose, clavados en él, le impedían pensar- me gustas.
Rose tropezó y ambos pararon de bailar, se mordió el labio inferior y se separó bruscamente del chico, negando con la cabeza. Era una broma, se decía, tenía que ser una broma, Scorpius asintió con la cabeza, confirmando que se trataba de una aplastante realidad y sus ojos grises brillaban con una mueca esperanzada. Rose sintió lástima y remordimiento por primera vez, jamás lo hubiese adivinado, nunca habría sospechado de los sentimientos de del joven Malfoy y se sintió terriblemente mal por no poder corresponderle, eran amigos, siempre serían sólo amigos, pero ella amaba a su padre, el Malfoy equivocado y por primera vez pensó que su relación con Draco jamás acabaría bien. Sintió más dolor, por ella y por Scorpius, no sabía cómo rechazar a Scorpius sin perder su preciada amistad.
-Yo… -Empezó Rose, Draco se detuvo, apartando a Astoria de sí, retirándose de a poco, sin perder detalle de la respuesta de la chica, un nudo se instaló en su garganta y contuvo la respiración, dividido: una parte deseaba que Scorpius fuese feliz y que ella estuviese con alguien libre para corresponderla, pero su parte más vil y mezquina, anhelaba a la pelirroja, quería escuchar como rechazaba a su hijo, por él-, lo siento, Scorpius-No supo que decir y aunque no tenía justificación alguna que ofrecer, trató de sonreír y al mirar al chico-, pero yo…
Sus ojos buscaron a Draco, la miraba impasible, casi expectante y Rose sintió un abrumador nudo en la garganta, algo desagradable que le oprimía el pecho y le impedía respirar. Los intensos ojos de Draco bajaron hasta el suelo, rompiendo el contacto visual, su pecho se encogió, y la certeza de que iba a perderla le taladró la cabeza, dolorosa.
Rose le amaba, a él, sólo a él y nada iba a cambiar eso, no podía luchar contra algo tan evidente, algo contra lo que no quería luchar, quería dejarse vencer y estar con Draco, obviar la mirada expectante de Scorpius que intuía el mal final pero esperaba oírlo.
La pelirroja no se sintió capaz, giró sobre sus pasos, impidiendo que cualquiera de los presentes viese la lágrima que corría por su mejilla. Sin saber que hacer corrió, aleándose de las dos miradas idénticas, clavadas sobre ella, asustada e incómoda.
Scorpius balbució algo que ella no escuchó, resopló decepcionado y se pasó la mano por los rubios cabellos, sin aceptar del todo el mazazo que acababa de recibir. Draco por su parte de despegó de la pared y su piernas respondieron por sí solas, se abrió paso por el salón, casi como un autómata, y acabó por correr tras Rose, terriblemente azorado, incapaz de verla llorar, y con un nudo todavía aprisionando su garganta, ahora que lo sabía, podía percatarse de que Scorpius era la mejor elección, joven y buena persona, todo lo que él jamás sería.
Dejó a las serpientes en el salón, bebiendo y riendo, sin dar excusa por su precipitada marcha y no se molestó en disimular prisa que sentía, Draco corría tras su segunda oportunidad.
Holaaaaa!!!!!! Siento mucho el retraso, uff, pero ahora que han empezado las clases de nuevo sólo podré actualizar los fines de semana, os prometo regularidad, xd
Espero que el cap haya sido de vuestro agrado. Nos vemos en los coments
Besos
Aivlis Malfoy