Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← En el andén. · de

En el andén. — capítulo 8

Todo lo que importa.

Lo primero que sintió Rose Weasley fue su culo contra el suelo y el cuerpo de Draco Malfoy sobre el suyo, chilló otra vez, provocando que varias miradas se posaran sobre ellos cuando el rubio logró incorporarse, frotándose el polvo de su negro abrigo y tendiendo la mano a la chica para ayudarla a ponerse en pie.

-¡Por Merlín! ¿Dónde os habías metido?-Fue la insidiosa voz de Astoria la primera en llegar a sus oídos, recordando a la chiquilla que les esperaban.

Miró a su alrededor, para descubrirse en la puerta de Flourish and Blotts, cogió la mano que Draco la ofrecía y se incorporó, preguntándose si lograría acostumbrarse alguna vez a Aparecerse.

Draco sostuvo con calidez su mano, apenas un segundo más de lo requerido, todavía abrumado por la confesión de la chica, y consciente de que no había respondido como debería. Se encogió de hombros, ignorando las miradas curiosas de su mujer y su hijo, que sonreía a su amiga. Los remordimientos pudieron con Draco, consideró la posibilidad de hablar con su hijo, francamente, asegurarse de cuán interesado estaba él en Rose Weasley, apartarse de en medio sólo si su hijo la quería de verdad.

-¿Os importa ir a Madame Malkin, mientras Scorpius me acompaña a resolver unos asuntos en Gringotts?-Sugirió Draco, mirando a las dos mujeres que le miraron con el ceño fruncido.

Ambas accedieron de mala gana, alejándose calle abajo para entrar en la sastrería, mientras Draco arrastraba a Scorpius por la direccióncontraria, hacia el banco de los magos.

Una opresión le invadió el pecho cuando se encontraron a solas, Draco sospechaba que le haría daño y podía convencerse que podía seguir adelante si lograba ser frío de nuevo, como era antes, como había sido siempre.

-Scorpius, ¿Te gusta Rose Weasley?-Sabía la respuesta, había formulado antes esa pregunta, y deseaba que la respuesta fuese distinta, que el chico hubiese cambiado de opinión.

-¿A qué viene eso?-Preguntó el chico, avergonzado-Sabes que sí.

Draco tomó aire, bruscamente, dirigiendo una mirada preocupada a su hijo, que le escrutaba confuso, como si no comprendiese el problema.

-Tal vez…-Draco apretó las mandíbulas, pensando de un modo totalmente egoísta,clamaba por apartar a Scorpius de la chica-, ella no sea adecuada para ti.

Lo dijo, lo dijo y se arrepintió, ella tampoco era adecuada para él, Rose era perfectamente inapropiada para ambos, pero Draco podía consentir la relación de Scorpius, no debía negarle algo que para él era imposible, por más que se quisieran, que ella lo hubiese dicho, de un modo tan natural que era imposible dudarlo, como si quererle fuese tan obvio como respirar.

Draco no estaba acostumbrado al amor, su vida llena de constantes no tenía el amor como una de ellas, se basaba en conjeturas, trataba de arriesgar, se sentía fuera de lugar, apartado de su habitual indiferencia, difícil de asimilar.

-¿Qué…que quieres decir?-Preguntó Scorpius, confuso, miraba a su padre con extrañeza,mientras el hombre refrenaba su paso, mirando los escaparates de las tiendas, fingiendo estar distraído.

Draco le miró con sus severos ojos grises, y Scorpius compuso una mueca disgustada, miró a su padre con súbita decepción y Draco detuvo sus pasos, sorprendido.

-¿Te ha convencido?-Preguntó, su mirada recelosa recorrió a su padre con un brillo peligroso que Draco reconoció como propio, alterado por la pulcritud de un chico que había heredado todas sus virtudes sin rastro de sus infinitos defectos, merecedor de una amor que también se había tornado imposible para él.-Madre te ha convencido de que Rose no es digna de nuestra casa.

Draco se apresuró a negar, recostando una mano en el hombro de su hijo, conciliador.

-No es eso-Aseguró, pasando la vista por el Callejón, cerca de las puertas de Gringotts-, pero si yo lo considerase así, ¿Estarías dispuesto a oponerte a mi decisión? ¿Renunciaras a todo por ella, si fuese necesario?

"Yo sí", Draco lo pensó con amargura, aguardando con temor la respuesta de su hijo, deseaba escuchar un no salir de los finos labios del chico, un no que sonase a autorización para poder hacerlo él. Draco no tenía nada que perder, salvo el amor de su hijo, precario y voluble como la sólida fortuna, fuente de tantos gustos como problemas.

Pero Scorpius le importaba de verdad, se había jurado que no pagaría el destino que le había tocado a él y que le liberaría, en la medida de lo posible, del apellido que le había tocado llevar.

-¿Qué?-Fue lo único que pudo articular el chico, confuso y sorprendido por la chispa que brillaba en los ojos de su padre- No entiendo…

Draco sonrió, miraba con paternal cuidado al chico que, incómodo, pasaba la vista por las pocas personas que recorrían el callejón.

-Es fácil hijo, sólo responde, no te voy a obligar a escoger-Aseguró, volviendo a emprender la macha calle arriba.

-No lo sé, tal vez-Contestó, dubitativo-, a decir verdad no estoy seguro de que ella sienta lo mismo por mí.-Concluyó, había un matiz de pesar en su voz que obligó a Draco a maldecirse a sí mismo en voz baja, mirando a su hijo con el mismo pesar con que le devolvía la mirada.

¿Era tan evidente? Lo era, y paradójicamente desafortunado, si Draco amaba a Rose no podía estar con ella, Scorpius podía, la quería pero Rose había escogido amar a otro Malfoy, Draco sólo podía preguntarse el porqué.

-¿No estás seguro?-Se sorprendió Draco, clavando su vista en el muchacho-¿Crees que ella…?-Hizo ademán de preguntar, pero el chico se adelantó con un soplido, mirando con curiosidad un escaparate, detrás del cual unos duendes atendían a uno ricos visitantes, el duende le mostraba un caro anillo a la mujer, que sonreía complacida.

Draco sonrió al verlo, y una descabellada idea cruzó su cabeza, cuando Scorpius hizo ademán de seguir adelante en busca del banco.

-Scorpius…-Lo llamó, para detenerlo-, tal vez debas averiguarlo-Aconsejó, como si se le hubiese concedido un indulto-, ve con ella, yo puedo ocuparme solo, no tardaré.

El chico asintió y sonrió a su padre, corriendo calle abajo por donde habían venido los dos y Draco acalló la punzada de culpabilidad en su pecho mientras sonreía al entrar a la tienda, donde todos le miraron recelosos al reconocerle.

-0-

-Estate quieta pequeña-Aconsejó la anciana mujer, pasando la cinta métrica alrededor de las caderas de Rose, ante la atenta y desconfiada mirada de Astoria Malfoy.

La chica tomó aire, luchando por no huir de allí y perder de vista a la odiosa mujer, mientras embutía su cuerpo en aquel horrendo vestido de un extraño color amarillento que no favorecería a nadie, pero que Astoria había encontrado ideal para ella.

La rubia sonrió con malicia y se perdió entre los percheros, evaluando caros y soberbios vestidos, dejando a Rose sola y confusa, con la mujer, que fruncía el ceño al mirarla, disgustada.

-Hija, no me importa que diga tu madre, este vestido es horrible-Dijo la mujer, cuando lo hubo dado por imposible.

La pelirroja abrió los ojos desmesuradamente, fulminando con su mirada marrón a la pobre anciana.

-¡No es mi madre!-Corrigió enseguida, ofendida por el error-Y no pienso llevar esta ropa.

Madame Malkin asintió, y se lamentó por el error cuando se alejó entre los percheros pidiendo paciencia a Rose, que dejó escapar un mohín de desesperación.

Ahora sí se quedó sola y confusa, mirándose al espejo con horror, mientras reflexionaba sobre lo sucedido. Todo le decía que se había precipitado, esperaba, tontamente, que Draco le declarase su amor como ella había hecho, pero Rose no se engañaba del todo, una pequeña parte de su cerebro aún consciente, le aseguraba que Draco no la podía querer, no era más que una niña, ingenua y tonta y si Draco no quería a su esposa, podía encontrar miles de mujeres, dignas de él, maduras y ricas, con apellidos respetables. Rose se decía que nada de eso tenía sentido, él era sincero, lo veía en sus ojos, no se trataba de su esperanzada imaginación y quería creerle incapaz de jugar con ella.

Unas risas llegaron a su espalda y sacaron a Rose de sus pensamientos, distinguió la rubia cabeza de Scorpius a sus espaldas y se sonrojó, avergonzada por haber sido descubierta con el atuendo más horrible de la tienda.

-¿Por qué te has vestido con una cortina vieja y desteñida?-Preguntó el chico, entre risas, provocando el enfado de la pequeña pelirroja que se giró a encararlo-Es horrible.

-Pues tu madre cree que es perfecto para mí-Afirmó ella, cruzándose de brazos, frente al chico.

Scorpius la evaluó, con el ceño fruncido como hacía Madame Malkin, hasta que estalló en carcajadas desconsideradas.

-Es muy retorcida-La excusó, dando un par de palmaditas en la espalda de la chica, con una sonrisa encantadora, para enmendar su error-, da gracias a que yo haya salido a mi padre.

Rose asintió, sin rastro de la enmascarada ironía que quería denotar la afirmación del chico, Scorpius no era como su padre y ella lo sabía.

-Supongo que eso me ha de tranquilizar-Preguntó, lanzando una mirada asesina a su amigo, para tratar de obligarle a para de reír.

-Rosie, sabía que estabas guapa con cualquier cosa que llevases, pero, creo que ese vestido es la excepción-Scorpius ocultó su cumplido en una broma, Rose se quedó quieta por un instante, desconcertada, los ojos del chico brillaban con picardía y ella tardó en decidir que se trataba de una broma.

Prefirió creerlo así porque otra opción no tenía cabida en su cerebro y el sentido del humor del chico era capaz de cosas peores, lo golpeó con suavidad en el brazo y se regodeó en su propia desgracia, rezando para que el padre del chico no la viese así vestida.

Madame Malkin reapareció, con una pila de ropa en la mano y cargando su varita mágica en la otra, sonreía con afabilidad y miraba a los dos chicos, curiosa.

-La señora Malfoy ya ha escogido su vestido, tú puedes probarte estos, te sentaran mucho mejor-Entregó la ropa a Rose que asintió agradecida y dirigió su mirada a Scorpius-. ¿Necesitas una túnica de gala, querido?-Scorpius asintió, esbozando una educada sonrisa- Ven conmigo, pues.

El chico obedeció, despidiéndose de su amiga con un gesto de cabeza, antes de desaparecer, susurró entre dientes:

-Quédate con el que menos le guste a mi madre.

Rose sonrió y volvió de vuelta al probador, cogiendo sin entusiasmo el primero de los vestidos, jamás había mostrado demasiado interés por las compras, prefería Flourish and Blotts, sabía preferencia que le había inculcado su madre, y donde esperaba a que su hermano regresara de la tienda de Quidditch, pero a la tienda de la encantadora Madame Malkin sólo acudía para comprar las túnicas de la escuela, cuando se hacía necesario.

Se embutió en un vestido negro, atrevido a pesar de su sencillez, algo ajustado alcuerpo, de la clase de vestido que Rose Weasley jamás se pondría, con un adorno bordado en plata sobre el escote en forma de uve. La chica palideció al contemplarse en el espejo, no sabía que opinión tener de sí misma, quiso consultar a Madame Malkin cuando abrió la cortina y se chocó de bruces con él.

La miró y Rose no necesitó consultar a nadie, los ojos de Draco vagaron por su cuerpo mientras su boca se curvaba en una mueca de sorpresa y expectación, hasta que logró recomponerse.

-Estás preciosa-Balbució, con un hilo de voz apenas audible, provocando el sonrojo de la chica que sonrió agradecida.

Rose Weasley se movía por impulsos y en ese instante el impulso de preguntarle si la quería sólo se acallaba por el de besarle de nuevo y Draco debió tener la misma sensación porque avanzó un paso hacia ella, olvidando el hecho de que Astoria podía aparecer en cualquier instante detrás de una pesada montaña de ropa.

-¡Rose Weasley!-Ambos se sobresaltaron, la familiar voz que oyeron en la puerta no era lo que ninguno de los dos esperaba, y se separaron como si se repelieran entre sí-Ven a abrazar a tu tía.

El cabello pelirrojo de tía Ginny fue lo primero que vio, cuando tuvo el valor suficiente de asomar la cabeza sobre el hombro de Draco, asustada, temerosa de que hubiesen visto la escasa distancia que la separaba de Draco, Rose palideció mientras corría a abrazar a su tía, flanqueada por su marido y la suspicaz mirada de Lily.

-¡Tío Harry!-Saludó la chica, cuando fue a abrazar al hombre de gafas y ojos verdes, que fulminó con la mirada al rubio que contemplaba la escena desconcertado.

-¿Qué haces así vestida?-Preguntó el hombre, señalando el vestido de la chica, demasiado largo, arrastraba por el suelo.-Estás muy guapa.

-Hay una fiesta en casa del señor Malfoy, mañana-Aclaró, mirando a Lily como si pidiese auxilio.

-Ah, hola Malfoy-Saludó secamente Potter, recordando que el rubio también estaba allí.

-Potter-Draco contestó de igual modo, incómodo y desconcertado, iba a besarla y Potter, salido de la nada, podría haberlo descubierto.

De nuevo se sintió culpable, y sobó con remordimiento la bola que llevaba en el bolsillo del abrigo, lo acababa de comprar, era inapropiado y lo sabía, tal vez no debía dárselo, pero veía a Rose y un centenar de cosas, cosas que consideraba importantes, le decían que debía dejar de ser un maldito cobarde y arriesgarse por ella, seguro de que era lo que ella esperaba que él hiciese, aún a riesgo de Scorpius, porque Draco tenía la sensación de que ella haría lo mismo si fuese necesario. Renunciaría por él, y no podía permitirlo.

-Voy a buscar a Scorpius.-Aclaró, aunque la feliz familia no parecía escuchar, Rose abrazaba a James y Lily observaba al rubio con gesto curioso.

-¿Scorpius está aquí?-Inquirió con alegría Albus, corriendo tras Malfoy en busca de su amigo.

Cuando Lily abrazó a su prima no pudo evitar una mueca de complicidad algo alarmante.

-¿Hemos venido en mal momento?-Preguntó con una sonrisa elocuente, Rose palideció aún más- Me prometiste que te portarías bien.

-No sé de qué me hablas-Fingió desconcertarse, sin demasiado acierto, de sobra acostumbrada a la actitud de su prima.

Lily Luna Potter tenía una corazonada, algo que su suspicaz mente acababa de confirmar, y que sospechó cuando los vio juntos en King's Cross, podía adivinar que había algo entre ellos, y eso la alarmaba sobremanera. Draco Malfoy no era una buena persona, eso era lo que decía constantemente su padre, Draco Malfoy había sido mortífago, Draco Malfoy estaba en el bando contrario, Draco Malfoy odiaba a los sangre sucias, odiaba a su padre, la prima de Rose no alcanzaba a comprender que había de diferente en Draco Malfoy ahora, porque se mostraba tan solicito con la joven Weasley. Lily podía aceptar que las guerras cambiaban a las personas, pero no entendía el hecho concreto que había transformado a Draco Malfoy, porque hasta su padre decía que había mejorado, todo lo que él podía mejorar.

-Si lo sabes prima-Insistió, susurrando a su prima en el oído-, tienes un lío con el señor Malfoy.

Rose dio un respingo, desviando la vista hacía sus tíos, los Potter curioseaban unas túnicas de Hogwarts y James miraba a la nada, de pie entre sus padres. Rose enrojeció violentamente y volvió a mirar a Lily que reía entre dientes.

-No es lo que piensas.-Balbució, asustada mientras arrastraba a su prima lo más lejos posible que sus tíos.

-Si lo es-Aseguró Lily, con un gesto de la mano para quitarle importancia-, pero tranquila no importa, esto no sale de aquí, simplemente ten cuidado, no dejes que ese hombre te haga daño, ¿Prometido?

Rose asintió, confusa cuando Lily se limitó a guiñarle un ojo y encaminarse con sus padres, Madame Malkin apareció,seguida de los Malfoy, Scorpius charlaba con Albus, entre risas y Astoria se quedó congelada un instante cuando vio a la pelirroja, todavía embutida en aquel precioso vestido negro que había aceptado quedarse, al que la mujer tuvo que arreglar el bajo y que la pelirroja compró sin dudar apenas.

-¿Nos lo podrá enviar todo por lechuza para mañana?-Preguntó Draco, sacando un puñado de galeones que entregó a la anciana.

-Por supuesto señor Malfoy no se preocupe, mañana por la mañana los recibirá.-Aceptó la mujer, guardando las prendas adquiridas por los Malfoy y que debían ser arregladas.

Rose se despidió de su familia, con la misma efusividad con que los había saludado, intercambiando miradas cómplices con Lily, que lanzó una mirada significativa a Draco, el rubio, todavía violento por la presencia de su acérrimo enemigo se despidió escuetamente, apenas con un gesto de la cabeza y se retiró del lugar, seguido de Astoria que ignoró a los Potter, como si fuesen indignos de todo saludo.

Anochecía y el frío empezaba a ser más intenso, Astoria se desapareció rápido, sin dar tiempo a su hijo a que acabase de decir adiós a Albus, lo arrastró y ambos abandonaron el Callejón Diagon sin decir una palabra.

Draco resopló, ofreciendo su brazo a la chica, Rose lo apretó con fuerza, cada vez le gustaba menos Aparecerse, la única ventaja era hacerlo con Draco.

-¿No podemos hacerlo como la otra vez?-Preguntó ella, mirando a Draco con súplica en sus ojos marrones, el rubio sonrió y tardó apenas dos segundos en rodear a Rose con sus brazos y girar sobre sí mismo.

Esta vez ella se quedó quieta, se aferró al cuello de Draco mientras la oscuridad les arrastraba y pensó si era cierto que debía tener cuidado, pensó en las palabras de Lily, mientras estaba entre sus brazos tenía la certeza de que él no podría hacerle daño, pero duraba poco y entonces tenía miedo, miedo de ser rechazada en cualquier momento, y se aferraba más fuerte contra él, únicamente para no pensar en eso.

Se posaron limpiamente en el suelo, el rubio la soltó con cuidado y dejó que subiera a su habitación, Draco Malfoy entró en la casa, buscó a Astoria y se aseguró de que ella no supiese que rumbo tomaba la lechuza que estaba a punto de enviar.

-0-

Rose se acomodó sobre su cama, agotada por el intensó día, un cúmulo de emociones se agolpaban en su cabeza, todavía podía revivir la sensación de los labios de Draco sobre los suyos, el bochornoso encuentro con Lily y cada una de las aceradas miradas que le había lanzado Astoria durante la cena, pero a ella apenas le importaba la mujer, todavía expectante por el comportamiento de Draco, asustada todavía por haberle dicho lo que sentía, de un modo tan precipitado, consciente de que era cuestión de tiempo de que él la rechazara, consciente de que era imposible otra cosa.

Se dejó caer sobre la almohada, agotada, sus ojos se cerraron casi alinstante y antes de quedarse dormida creyó escuchar unos repiqueteos contra el cristal. Lo ignoró, se dio la vuelta en la cama y cerró de nuevo los ojos, convencida de que había sido sólo su imaginación.

Pero los abrió bruscamente cuando se tornaron insistentes y taladraron la cabeza de la chica que dirigió la vista a la ventana donde una lechuza negra pedía permiso para entrar.

Rose la miró extrañada, acercándose para dejar entrar al animal que se posó con elegancia sobre el escritorio, alargando la pata en la que colgaba una cajita envuelta en papel verde y plata y una carta escrita con fina caligrafía.

Rose la tomó entre sus manos antes de que el animal volase, y supo de quien era el paquete antes de abrirlo y leer la carta. Reconoció la letra y el pulso se aceleró con impaciencia, sus manos desgarraron el sobre blancos sin contención, ansiosa por leer lo que tenía que decir.

"Querida Rose:

Hoy me he comportado como un estúpido, pero espero que me disculpes, lo he estado pensando todo el día, hay cosas que nosotros no podemos controlar y supongo que esta es una de ellas, no puedo huir de ti y creo que tampoco quiero.

Espero que sepas lo que haces porque esto va a ser difícil y yo no estoy acostumbrado a correr riesgos.

Abre el paquete y lo comprenderás.

Draco Malfoy"

Rose releyó la carta con cuidado, admirando cada una de las palabras redactadas, hasta la pulcra firma que cerraba el mensaje, escueto y cuidado, ambos sabían a que jugaban, ambos hablaban de lo mismo y ninguno iba a huir. Rose tomó el paquete con sumo cuidado, todavía el corazón acelerado pues comprendía lo que Draco quería decir, y era capaz de leer entre sus palabras aquellas tan difíciles de pronunciar, escurridizas palabras que ella había logrado decir en un momento tal vez inoportuno, pero cargadas de verdad y amor.

Apartó el papel verde para encontrar una cajita cuadrada, de terciopelo rojo que abrió con manos temblorosas mientras se mordía el labio inferior.

Era un colgante, en forma de delicada rosa, cuyos pétalos se habrían tímidamente, dorados los unos, plateados los otros, enmarcaban una pequeña y brillante piedra, refulgente a pesar de su transparencia, piedra que Rose no tuvo el valor de identificar, piedra que destellaba con alegría cuando la chica tuvo el valor y la maña para colocarse la joya en el cuello.

Una nota quedaba en la caja, pequeña y cuadrada, que Rose todavía se aprestó a coger, las manos temblaban y una lágrima cayó de su ojo cuando pudo leer el contenido, una lágrima feliz y viva como la propia Rose que por fin se sintió correspondida, más feliz de lo que jamás había estado únicamente por dos simples palabras, escritas con la inconfundible caligrafía de Draco Malfoy, dos simples palabras escritas en la pequeña nota entre las manos de Rose:

"Te quiero."


Holaaa a todos, que tal???

bueno debo decir que no acaba de gustarme este cap, espero que a vosotros si!!!

Nos vemos en los comentarios...

muchos besos

Aivlis Malfoy