← En el andén. · de
En el andén. — capítulo 15
Un futuro adiós
Estaba furioso, sus pasos resonaron en el camino de grava que conducía a la inmensa mansión de los Malfoy, un único pensamiento se repetía en su mente. Iba a matar a ese bastardo.
Lo había mirado a los ojos y no había visto culpa en ellos, sólo esa ladeada sonrisa de superioridad, lo había mirado en la abarrotada estación de tren, y no atisbó ni un triste remordimiento.
Por eso estaba allí, quería comprobar que era cierto lo que le habían revelado, quería asegurarse de que tenía un motivo para darle una paliza.
Golpeó la puerta con fuerza, había atravesado la enorme verja de metal y aguardaba frente a la entrada, volvió a golpear la refinada madera oscura y aguardó con impaciencia a que se dignasen a abrir la puerta.
El pálido rostro de Draco Malfoy asomó tras la puerta, mirando con sorpresa a su inesperada visita, y en ese momento, cuando sus ojos azules se clavaron en los grises de Malfoy lo odió más que nunca y estrelló su puño contra el rostro del rubio que, confundido, se tambaleó con pesadez.
No estuvo seguro de lo que había pasado, ni por qué Ron Weasley había irrumpido en su casa, y le costó asimilar por qué le arrastraba por el pasillo, agarrado por las solapas de su camisa oscura, hasta empotrarlo contra la pared, haciendo temblar los molestos cuadros de sus antepasados.
El rubio fulminó con la mirada al pelirrojo, lo zarandeaba sin piedad, su cabeza golpeaba la pared a merced de las fuertes manos del Gryffindor y trataba de resistirse, agitando brazos y piernas para poder soltarse, pero cuando la luz se encendió en su mente y Draco pudo intuir la respuesta, se quedó quieto, dejó de ofrecer resistencia.
-¿Te has vuelto loco, Weasley?-Preguntó, furioso, con un ligero titubeo- ¿Qué demonios te pasa?
Se dobló por la mitad cuando el puño de Ron golpeó su abdomen y no pudo reprimir un gemido de dolor, los llameantes ojos de Weasley se clavaron en él, con asco.
Ron sostuvo de nuevo a Draco, impidiendo que cayera al suelo, buscando en su mirada una descorazonadora confirmación.
-¡Sabes porque estoy aquí!-Bramó Ron, fuera de sí- ¡Sólo es una niña, asqueroso degenerado!
No encontró fuerza para contradecirle, ni siquiera para replicar, le había insultado y tampoco le había importado, se quedó estático, con el cuerpo en tensión, los ojos de Weasley bizquearon por la furia. Draco lo comprendió entonces, comprendió que no había vuelta atrás y sintió un vacío impropio crecer dentro de él.
No le importó como lo sabía el hombre, ni siquiera lo pensó entonces, apretó los dientes, avanzando el siguiente golpe y volvió a resoplar por el dolor, la sangre caía por su barbilla, desde donde Ron le había partido el labio.
El retrato de su tatarabuelo masculló con molestia, ignorando el grito desesperado de su descendiente, ahora evitaba la mirada del pelirrojo, buscando una defensa, si todavía creía que merecía la pena defenderse.
-Es mayor de edad, Weasley-Contestó, palpando con ansia el bolsillo de su chaqueta, en busca de la varita.
La tenía en la mano, pero otro golpe de Weasley la hizo resbalar, no intentó ir tras ella, trataba de reunir el valor para mirarle a la cara.
-¿Qué es lo que pretendes, Malfoy?-Inquirió, su voz se tornó indignada, la indiferencia del rubio acabó por destrozarle, el modo frío con que hablaba de su hija, de su pequeña Rose, y la imaginaba con el cerdo de Malfoy, sin comprender qué quería el rubio de ella- ¿Es venganza?
¿Venganza? Draco contuvo una risa, jamás lo reconocería, pero de no ser por el desesperante altruismo de Potter estaría en Azkaban, la venganza no entraba en sus planes, se limitaba a olvidar lo sucedido y tratar de ser feliz, pero la mirada de Ronald Weasley le hizo pensar que ya no tendría oportunidad.
-¡No te atrevas a decir algo así, Weasely!-Exigió, despertando del trance, volvió a tratar de zafarse, volvió a defenderse, ambos hombres forcejeaban como los niños que peleaban en Hogwarts, Ron quería matarle con sus propias manos y Draco trataba de alcanzar su varita que había rodado a varios metros de allí- No tienes la menor idea, y dudo que puedas entenderlo, ¡Cierra la bocay lárgate de mi casa!
Cayó al suelo cuando Ron le soltó y le propinó un nuevo golpe, Draco alargó la mano, en busca de su varita. Bullía de ira, tal vez no merecía otra cosa, pero la sola idea de que Weasley insinuase semejante blasfemia le volvió loco. Ambos se encararon al mismo tiempo, sus varitas alzadas a la vez.
-No puedo entenderlo-Reconoció Ron-, ¡Sedujiste a mi hija! ¡Claro que no lo entiendo!-Apretó la varita en la mano, tanteando a Malfoy, la ira traslucía su indiferente expresión, pero Ron no se amedrentó, siguió allí, insultando al rubio, reprimiéndose lo justo-. No lo niegues, Malfoy, me lo han contado todo, ¡No te atrevas!
El orgullo del rubio tomó el control de la situación y una socarrona sonrisa se iluminó en sus ojos, casi se divirtió al ver la furia crecer en los ojos de Ron.
-No voy a negarlo, Weasley, pero ¿No se te ha ocurrido que podrían haberte mentido?-Avanzó dos pasos, sin temor a la reacción del pelirrojo, orgulloso, ignoraba la sangre que manchaba su camisa, y la marca roja bajo el ojo, pronto sería un hematoma- ¿Se lo has preguntado a Rose? Ella podría tener una opinión diferente sobre lo que ha pasado.
-¡No te atrevas a insinuar algo así!-Exigió Ron, rojo de rabia, su rostro se confundía con su cabello y aventó la varita contra Malfoy que no se detuvo, mirando con fijeza la puerta de madera oscura, indicando la salida a su intruso- Está confundida o… ¡La has embrujado!-Las descabelladas teorías de Ron Weasley detuvieron el andar de Draco, el rubio lo encaró, intercambiaron miradas fulminantes, Malfoy sólo maldijo para sus adentros, sus piernas perdieron el contacto con el suelo y su cuerpo se estrelló contra la puerta, con un fuerte estrepito, incapaz de detener el conjuro de Ron.
-Mierda-Masculló, sobándose la cabeza con pesadez, víctima de la potencia que la ira sumaba a los ataques de Weasley- No… insinúo nada… Lo afirmo.
Podía matarle allí mismo, pero no iba a negarlo, no iba a permitir que nadie dudase de su palabra, no iba a desdecirse de lo que tanto le había costado confesarle a Rose, no le importaba ser vapuleado, o comportarse como un arrogante malnacido, lo era, pero mentiría para salir del paso, de nada valdría.
-¿Qué vas a hacer, Comadreja?-Volvió a levantarse, hacía años que no lo llamaba así, Ron trató de abalanzarse sobre él- ¡Protego!-Ron cayó, estrellado contra el escudo, agitando la cabeza con nerviosismo- ¿Vas a matarme? Sólo porque tu hija me quiere… porque yo la quiero a ella…
Se mordió la lengua, aunque se sorprendió a sí mismo al comprobar que no le costó decirlo, las palabras salieron con fluidez, con naturalidad incontestable, Ron palideció, sin dejar de negar con la cabeza.
-No me mientas, Malfoy-Exigió, tratando de deshacer el escudo del rubio-. Tú no la quieres, te quieres a ti mismo, y ella está confundida, por tu culpa.
Draco deshizo el escudo, abriendo rápidamente la puerta de su casa, respiraba con agitación, estaba nervioso, enfadado, furioso, y la idea de que Astoria tenía relación con la sorprendente visita, acabó por desbordar la paciencia del Slytherin.
-¡Fuera!-Ordenó, señalando el jardín de su casa, el Sol brillaba con timidez, Draco entornó los ojos, sin apartar la vista del pelirrojo- ¡No te atrevas a decir que miento! Nunca mentiría sobre eso, me da igual que no me creas. Quieres un consejo: habla con Rose, si después de eso todavía tienes ganas, dejaré que me golpees cuanto quieras, ¡Fuera!
Ron allanó distancia, sin atravesar el quicio de la puerta, no importaba lo que Malfoy dijese, o cuanta convicción brillase en sus ojos, no iba a dejar que se acercase a Rose, sólo quería protegerla, nada más, no importaba si por eso ella tenía que sufrir.
-No voy a hablar con Rose, Malfoy-Masculló, casi con asco-, ni tú tampoco.
Reprimió un escalofrió, y ambos se tantearon como dos perros de presa, sin parpadear siquiera, el rubio chascó la lengua, pero su corazón latía con estrepito y el tono del pelirrojo alteró su precaria calma, entendió la amenaza velada sin necesidad de una autentica insinuación.
-¿Qué es lo que quieres, Weasley?-Lo preguntó por segunda vez ese día, Astoria no le había dado una respuesta, la agradable compañía de Ron lo había impedido, pero la malévola expresión de su esposa fue suficiente respuesta, no podía ser casualidad.
-¿Echas de menos Azkaban, asqueroso mortífago?-Apretó con fuerza los puños, Weasley esperó un golpe que no llegó, el pelirrojo se sorprendió ante la pasiva reacción de Malfoy, que ganó puntos sin mover un dedo, terriblemente furioso y deseoso de golpearle y devolvérsela- Olvídate de ella, Malfoy-Ordenó, señalando al rubio con un dedo amenazador-. Si le escribes, lo sabré, si la vas a ver, lo sabré… ¿Tengo que recordarte que Harry Potter es su tío?-Sonrió ante la contrita expresión del Slytherin- Seguro que tú solo puedes imaginar qué pasará si no cumples.
Salió por la puerta, se había quitado un gran peso de encima, llevaba años queriendo golpear a Malfoy, lo había visto verdaderamente tranquilizador. El rubio se había quedado inmóvil, sin dejar de mirar la figura del fornido Ron Weasley alejarse, mientras un frío miedo corría por su columna, no hubiese pensado que podría jugar sucio.
-¡Weasley!-Lo llamó, iracundo, atento hasta que el aludido paró en seco, sin volverse- Es tu hija, vas a hacerla sufrir-Advirtió, sopesando la opción de ignorar la amenaza-, hagas lo que hagas conmigo.
Había pasado dos meses en Azkaban, fue suficiente, pocas experiencias había conocido peores, Draco no quería regresar allí, pero perder a Rose ofrecía la misma desesperanza que la cárcel de los magos, trataba de averiguar que era peor, y se estremecía al descubrir que tal vez prefería ir a Azkaban por ser un mortífago que hacer creer a Rose que se había olvidado de ella, porque eso era lo que Weasley quería, que cortase el contacto sin una despedida, hacerle creer que había jugado con ella, de nuevo pensó en Astoria.
-No me importa, Malfoy-Contestó, con indiferencia, reemprendiendo la marcha a lo largo del jardín-, con el tiempo te olvidará y me lo agradecerá.
Lo perdió de vista, y la idea de que, tal vez, Ron estaba en lo cierto, acabó por derrumbar a Draco que se recostó abatido y dolorido contra la puerta.
-¡Kossy!-Llamó, pasados escasos minutos de infructífera reflexión- ¡Trae esencia de Díctamo! ¡Y tinta y pergamino!
-0-
-¿Te gustó mi regalo, Rose?-Lily apenas podía contener la risa, el pequeño hurón permanecía sobre el regazo de su prima y ella lo acariciaba, su mirada melancólica permanecía clavada en la ventana, ignorando por completo a Lily.
Sólo asintió con la cabeza, la pequeña de los Potter se cruzó de brazos, estaba molesta por algún motivo, y las ganas de zarandear a su prima hasta hacerla reaccionar fueron apenas incontenibles.
-No estás confundida ¿Verdad?-Preguntó, con un deje de preocupación en la voz- No te gusta Scorpius, ¿No?
Negó con la cabeza, fijando sus ojos marrones en Lily, que desvió la mirada de forma premeditada, cerciorándose de que la puerta del compartimento estuviese cerrada y no hubiese curiosos cerca.
-¡Lo sabía!-Afirmó, poniéndose en pie de forma enérgica- ¿Cómo se te ocurre, Rose? ¡Tiene la edad de tu padre! ¡Está casado! Y… ¡Maldita sea, su hijo está enamorado de ti!-Parecía incrédula, sus pasos, nerviosos habían iniciado un ir y venir, interrumpido a trompicones por el traqueteo del tren-. Vamos a ver, Rose, ¿Tú sabes en que lio te has metido? ¡Si tus padres se enteran…!
-¡Me da igual!-Reaccionó al fin, alzando la voz sobre la de su enervante prima- Todo lo que has dicho me da igual, Lily… Tu no lo entiendes, él…
-¿Qué?-No pudo evitar reírse, era algo tan descabellado que debía resultar divertido- ¿Dejará a su mujer por ti? Sería un chollo, es un hombre muy rico, darías el golpe de tu vida, primita.
Rose frunció el ceño, mordiéndose el labio inferior, anonadada por el desparpajo de su sonrisa, se había despedido de Draco Malfoy y por un instante, a pesar de todo, sintió ganas de reír.
-Su dinero no tiene que ver, Lils-Replicó, con un leve sonrojo, acariciando con cuidado el lomo su blanco animal.
Lily Luna sonrió con gesto socarrón, avanzando un par de trémulos pasos.
-Te has acostado con él-Para horror de Rose, no fue una pregunta, y el rubor de sus mejillas aumento cuando desvió la vista de su prima, anonadada.
-¡¿Qué dices?!-Se exaltó, sus ojos desorbitados evitaban a su prima, la menor de las dos, hacía verdaderos esfuerzos para no reír, la pequeña Rose era demasiado obvia.
-No digas que no, salta a la vista-La risa ahogada que acompañó a tan impertinente comentario quiso pasar desapercibida a oídos de Rose, que fingió no haberlo oído-, se nota a la legua. Tú cara de ida lo dice por ti, parece mentira que sólo yo me dé cuenta.
A Rose le brillaban los ojos, sus mejillas estaban graciosamente sonrojadas, y, teniendo en cuenta las penetrantes miradas que ambos habían intercambiado y que no habían pasado desapercibidas a ojos de Lily, su prima estaba metida en un grave problema.
-¿Lo hiciste?
Roja por la vergüenza, tanto que casi no hacía falta preguntar, Rose asintió débilmente, se quedó quieta e impasible ante la exagerada reacción de su prima, cuyo grito traspasó las paredes del compartimento, y Lily, entre anonadada y exaltada se sentó junto a su prima, tratando de adivinar que debía preguntar primero.
-¿Cómo fue?-Una morbosa curiosidad acabó por ganar la partida, no podía evitar disfrutar de la azorada mirada de Rose, la chica se cubría la cara con las manos, excesivamente avergonzada.
-No pienso hablar del tema contigo, Lily Luna-Aquel tono molesto, heredado de su madre, contrastó con la sonrisa tonta que lucía y Lily alzó los brazos, rendida-. ¿Cómo se te ocurre preguntar algo así?
-Perdona, perdona-La disculpa de la pequeña Potter, prácticamente entre carcajadas, desconcertó a Rose, se dividía entre aceptar sus excusas o estrangularla sin piedad, pero la chica no había terminado-, pero me preguntaba cómo sería, entiendo que es un hombre atractivo, pero podría ser tu padre, aunque eso es imposible por razones obvias, ¿Estaba su esposa en casa?-Lily había vuelto a empezar con su histérico ir y venir, hablaba más para sí que para Rose, y gesticulaba nerviosamente, dando descabelladas opiniones sobre la moral del Señor Draco Malfoy- Además, ¿Crees que tus padres lo permitirán?
Rose negó con la cabeza, el paisaje cambiaba fuera del tren, la señora del carrito pasó junto a su compartimento, ambas jóvenes la dejaron marchar sin comprar nada, con la vista la una en la otra.
-¡Claro que no!-Aceptó al fin, consciente de que eso siempre sería imposible y que si algún día llegaban a enterarse, ella tendría que escoger, tuvo miedo al tener la elección tan clara- No pienso alejarme de él por eso, o lo aceptan o yo… pienso irme con él.
Era triste adelantar acontecimientos, pero Lily vio la sinceridad y la determinación en los ojos de su prima, no pudo evitar chascar la lengua y abrazarla con suavidad, en un arrebato de fraternal afecto.
-Me he vuelto loca seguro, primita, pero puedes contar conmigo, es evidente que le quieres de verdad, ¿Tiene que bastarme?
Rose asintió y la pequeña Potter sonrió ampliamente, aceptando el desvarío de su querida Rose como si fuese lo más natural del mundo, ¿Acaso el amor no lo era?
-0-
El pequeño elfo de los Malfoy no pudo evitar un respingo al observar el lamentable aspecto de su amo. Draco se sobaba la cabeza, la sangre le caía sin control por el labio y el ojo derecho parecía más hinchado que segundos antes.
Sostuvo con fuerza lo que le había pedido y le entregó la díctamo con ese temblor acostumbrado en él.
-¿Se encuentra bien el amo Draco?-Preguntó, dejando el rollo de pergamino y la tinta negra sobre el primer escalón, donde Draco seguía sentado.
-Sí-Masculló el hombre, con indiferencia y una peligrosa frialdad en la mirada-. Vete Kossy, gracias.
El elfo asintió, y contuvo las ganas de preguntar qué había pasado, lo miró preocupado antes de girar sobre sus talones y desaparecer.
-¡Astoria!-Draco seguía furioso, se apuntaba con su propia varita mientras abría el tarro de poción, con dificultad*-¡Tergeo!-*Musitó, y antes de que su esposa bajase las escaleras, con gesto triunfal, su camisa volvía a estar impoluta.
La mujer no pudo evitar lamentarse al ver la atractiva cara de Draco, llena de cardenales y manchada de sangre, pero no podía evitar disfrutar de la situación, había escuchado el escándalo que había organizado la Comadreja, no hubiese esperado menos.
-Sinceramente-Empezó Draco, untándose el labio con esa milagrosa poción-, no te creía capaz, siempre pensé que protegerías tu buen nombre ante todo, pero… ¿Contárselo a Weasely? Demasiado riesgo, ¿No crees?
Se miraron de frente, la ira en los ojos de su marido no la acobardó, sentía esa confianza de quien se sabía victorioso, y el rubio no le pareció más que alguien acorralado, derrotado, sonrió.
-Oh, Draco, de algún modo tenía que hacértelo entender y no estaba en posición de ganar, ¿Verdad? Tú habrías hecho lo mismo.
Se puso en pie de un enérgico salto, la herida de su labio se había cerrado por completo y el dolor se desvaneció cuando pudo esbozar una sonrisa ladeada, con la altivez de siempre, ignoró la mirada triunfal de Astoria, recogiendo con delicadeza la tinta y el pergamino que Kossy le había traído, y que se planteaba utilizar.
-No rías tan pronto, cielo-El consejo de Draco fue frío como el hielo, Astoria sintió un escalofrío ante aquellas venenosas palabras disfrazadas con un tono aterciopelado, claramente peligroso-, no hemos terminado.
Le encantaría que fuese a Azkaban, lo veía en sus ojos, bullía en deseos de hacerse la víctima, de tomar el control, para desgracia de Draco, Astoria tenía iniciativa, y estaba empezando a usarla, para arrebatarle una fortuna que empezaba a aborrecer y a la que, de no tener orgullo, no le resultaría difícil renunciar.
Seguía furioso, y frustrado, le dolía la cabeza y se alejó de allí, en busca del refugió en que se había convertido la biblioteca, se sentó sobre su escritorio y sus ojos grises se posaron en el pergamino, todavía lo pensaba, siempre había sido un cobarde, y su escasa razón le repetía que ese era el peor momento para decidir ser valiente y honesto en algo, su corazón, despierto después de mucho tiempo, no estaba de acuerdo, e iba ganando la partida.
Holaaaaaa!!!!!!
Siento el retraso de verdad, os prometo que voy a volver a actualizar este fic los viernes sin falta, ahora he terminado los exámenes, y tendré tiempo, espero, jajaja
Nos vemos en los comentarios, espero que os haya gustado el cap
Besos
Aivlis Malfoy!
PD: Por si hay por aquí alguna loca de los Dramiones como yo, estreno long-fic de ellos, a las que no, no os preocupéis que no va a entorpecer la publicación de esta historia…