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En el andén. — capítulo 23
Estrellas y valses.
En la antigua mansión de los Malfoy, en el ala oeste, cubierta de polvo y estancias vacías, había una sala de música, una habitación oscura que nada diferente tenía a las demás, salvo el piano.
En tiempos de Abraxas Malfoy se habían dado suntuosos festejos en aquel salón, un espació que debió estar lleno de vida, cargado de luz que bajaba de la araña que todavía decoraba el techo y se esparcía entre las risas de los invitados, aunque ahora, cuando Draco lo miraba en la penumbra, no le parecía más que un reflejo de la decadencia que le rodeaba.
De un manotazo apartó la cortina que opacaba la oscuridad y un rayo de luz solar atravesó la habitación hasta posarse sobre el piano negro y de cola, lo único en aquel lugar que relucía. Se sentó en la banqueta, sus manos acariciaban las teclas sin producir sonido alguno, una melodía antigua regresó a su memoria, su madre la tocaba a veces, cuando él era pequeño y su padre no estaba en casa, entonces Narcisa hacía música para calmar los miedos del pequeño Draco.
Era un vals lo que tocaba, música muggle, no recordaba quién lo había compuesto, tan sólo la serenidad que transmitían sus notas en las noches más frías de la Mansión Malfoy. Draco intentó tocarlo, lo hacía cuando el aislamiento de la biblioteca ya no era refugio suficiente y abstraerse para alejar a su mente de allí. No era buen pianista y aquello que salía del piano, ligeramente desafinado, nada tenía que ver con la mágica música que Narcisa podía conjurar sin necesidad de varita alguna. Mas, a Draco le bastaba aquella desvirtuada imitación para serenar su encarcelado espíritu.
Theodore Nott le había prometido que no habría más demora, su caso había sido expuesto frente al Wizengamot y la decisión se suponía inminente. Astoria estaba furiosa y parecía cada instante más desesperada, le amenazaba, se insinuaba con descaro cuando creía que sólo así podría convencerle para que olvidase el feo asunto del divorcio, apelaba a su buen nombre, al honor de su familia, a todo argumento que pudiese surtir efecto en su todavía marido.
Pero Draco sólo sonreía con tranquilidad, nada de lo que Astoria pudiese decir le importaba lo más mínimo, ni siquiera las veces que se plantaba frente a él, con una sonrisa coqueta en los labios y le miraba con intensidad, entre furiosa y divertida.
-¿Lo ves, Draco?-Decía, y se contoneaba para mostrar sus virtudes con natural gracia- Son cosas con las que tu pelirroja no podría ni siquiera soñar.
Su voz, en aquellas ocasiones sonaba aterciopelada, y Draco la miraba con furia, apretaba los puños e impostaba una sonrisa.
-Por fortuna-Replicaba, imitando el tono, en apariencia juguetón, de su esposa-. ¿No te das cuenta? Por eso la quiero.
Intercambiaban miradas homicidas cargadas de ansiedad, Draco sonreía, Astoria le desencajaba la mandíbula y abandonaba la estancia bramando desesperadas amenazas que Draco desoía con somera indiferencia, los gritos de ella retumbaban contra las paredes de la solitaria mansión, mientras la mujer todavía recorría los pasillos.
Sus encontronazos se habían convertido en rutina y Draco rehuía de ellos, se escondía allí, en el ala oeste que Astoria jamás pisaba, buscaba el piano y se perdía en sus recuerdos, noches de invierno y cálidos besos en los labios, en la punta de la nariz… cosas que jamás había creído añorar sin las que no podía vivir.
Quedaba ese vals, el vals de Narcisa que tan mal tocaba él, lo único que le daba calor en su frío en invierno y, como cuando era niño, disipaba sus miedos.
Se lo había ordenado a Kossy, no ser molestado, y el elfo siempre había cumplido hasta que Draco sintió ese "crack" a su espalda y se volvió bruscamente, haciendo patinar la nota que sonó más desafinada que el resto.
-Amo Draco, amo Draco, Kossy ha desobedecido al amo Draco-Hizo ademán de lanzarse contra la pared, su cuerpecito temblaba y el rubio fue capaz de detenerlo al fin, con un firme y sonoro "Para" que resonó en las paredes-, era un emergencia, el señor Theodore Nott le espera en la biblioteca, le dijo a Kossy que era muy urgente, amo Draco, y Kossy…
-¿Nott?-Preguntó mientras se ponía en pie, olvidando de súbito que había sido interrumpido de la peor manera.
-Sí, amo Draco, Theodore Nott quiere verle.
-Gracias, Kossy-Sonrió el hombre precipitándose hacia la salida-, por favor-Recapacitó, al comprender algo importante-, asegúrate de que alguien afina el piano, y busca un vals entre las viejas partituras de mi madre, ¿De acuerdo?
-Como ordene, amo Draco.
No esperó a ver como el elfo se desaparecía frente a él, recorrió el ala oeste hasta llegar a las escaleras en forma de i griega, las subió por el otro lado, el ala este era más soleada, más acogedora y accesible, al final de largo pasillo estaba la biblioteca, en la que entró precipitadamente.
-¿Nott?-El castaño, su amigo, estaba allí, junto a Kingsley Shacklebolt, ministro de magia, y una Astoria muy disgustada- Buenas tardes, señor ministro.
-Buenas tardes, señor Malfoy-Kingsley tomó asiento en el butacón de Draco, pero el rubio no dijo nada, y se sentó junto a Nott, en una de las sillas del otro lado del escritorio, Astoria seguía de pie junto a la puerta, con los brazos cruzados-, ¿Imagina por qué estamos aquí?
-Desde luego-Draco apenas podía contener sus ansias, su corazón se aceleraba y sus manos, sobre su regazo, jugueteaban con nerviosismo al comprender cuantas cosas dependían de ese momento.
Nott carraspeó y entregó un pergamino a su amigo, el reproche persistía en sus ojos y Draco sabía que Daphne tenía algo que ver.
-La demanda de divorcio que presentamos ha sido aprobada-Anunció Nott, en el fondo, orgulloso de sí mismo-. Sólo hay que firmar.
Nott mismo conjuro tinta y una pluma que entregó a su amigo con un gesto rimbombante.
-No pienso firmar-Anunció Astoria, en sus trece.
-Señora Malfoy, no tiene otra opción-Kingsley se recostó en la butaca, sin perder de vista a Draco-, el Wizengamot ha dictado sentencia, es irrevocable, ya tuvo oportunidad de impedirlo durante la vista, ¿Lo recuerda?-La mujer asintió, Kingsley le tendió la pluma cuando Draco hubo terminado- Su familia, señora, es más que acomodada, se podría decir que equiparable a los Malfoy, además, el señor Nott nos ha dado pruebas de la poca capacidad que tiene usted para administrar sus bienes-Draco sonrió mientras Astoria leía el pergamino y se disponía a firmar-, por lo tanto no se considera al señor Malfoy responsable de su manutención ni de sus bienes, el señor Malfoy no tiene ninguna obligación económica sobre usted, y la casa, como bien sabrá, pertenece a la familia de su ya ex esposo, usted tendrá que abandonarla, le recuerdo que los acuerdos mágicos son vinculantes y que si quiere un beneficio económico y por ello los incumple, la pena es Azkaban, ¿Alguna duda?
-¿Mi hijo?-Musitó Astoria, humillada.
-Su hijo, es mayor de edad y ha decidido seguir con su padre-Kingsley se puso en pie y estrechó la mano de Draco y de Theo y se acercó a Astoria, pálida, para besar su mano-.Nott, no olvide presentar la documentación en el ministerio-Exigió, mientras sellaba el pergamino con lacra morada con un gesto de varita y se apresuraba a la red flu-. Tengan buen día.
El ministro desapareció entre las llamas, tan repentino como había llegado y Draco, feliz como no lo había sido jamás, se apresuró a abrazar a Nott, en un gesto totalmente impropio de él.
-No tan rápido-Astoria seguía allí, de pie, pálida y con la mandíbula de desencajada-. Esto no acaba aquí, reclamaré lo que es mío, Draco, y lo tendré.
El rubio se encaró a su esposa y la miró de hito en hito, sin poder contener una carcajada que escapó de sus labios.
-Escucha, Astoria Greengrass, se acabó lo de Malfoy, se acabaron tu honor, tu nombre y tu reputación. Si algo he aprendido es que sin apellido no hay nada, no puedes, entonces, reclamar nada-Malfoy juntó las manos a la espalda en actitud burlona-. Pero inténtalo, y lo harás más divertido.
-Te odio, Malfoy-Aseguró, antes de salir de la biblioteca humillada por última vez.
-No te apures querida, el sentimiento es mutuo-Draco respiró aliviado al fin y se dejó caer en la butaca mientras invitaba a Nott a una copa para celebrar tan necesario comienzo.
-Soy el mejor-Reconoció el castaño, después de horas de largos trámites burocráticos, favores personales y mentiras necesarias.
Draco alzó su copa para brindar, el destino le regalaba un nuevo son, un ritmo nuevo y afinado, el mismo vals de su madre, ahora podría marcar sus pasos.
-0-
-Andrómeda-La profesora Sinistra, sombría como la noche estrellada que todos los alumnos observaban, señalaba un punto en el cielo, que los alumnos seguían torpemente-, ¿Quién puede decirme el origen mítico de Andrómeda?
La mano de Rose Weasley se alzó por inercia y la mujer suspiró antes de dirigirse a la pelirroja.
-¡Cómo su madre!-Masculló entre dientes, al tiempo que la pelirroja aclaraba su garganta antes de responder.
-Andrómeda era hija de los reyes de Etiopia-Empezó la muchacha, su suave voz resonaba en la quietud de la noche-, Casiopea y Cefeo, que la entregaron a un monstruo marino enviado por Poseidón, para que la devorase. Afortunadamente, Perseo, acudió a salvarla y se la llevó para casarse con ella.
La profesora Sinistra asintió con la cabeza y premió a Rose con cinco puntos para Gryffindor, como de costumbre, Albus y Scorpius se sonreían, aunque el rubio percibía un resquemor en los ojos de Potter y cierta añoranza en Rose, que suspiraba pesadamente mientras se retiraba al fondo de la clase, entre las sombras de la Torre de Astronomía.
La pelirroja tenía la vista fija en el firmamento, le cambiaría el lugar a Andrómeda sin problema alguno, las estrellas y sus caprichosas formaciones, irradiaban paz en mitad de la negrura, eran inofensivas, Rose, entre ellas, se sentía calmada como no podía estarlo cuando se encerraba en su cuarto, con la sensación que producía la mirada de Draco todavía presente en su interior.
Paseaba sus vidriosos ojos por el firmamento, la charla de la mujer ya no era más que un murmullo, se detenía con cuidado en cada constelación, la estudiaba, como era habitual en ella, buscaba la justificación, el fallo de toda la historia, la realidad que nadie le quería explicar: Andrómeda, Casiopea, Canis Major, Orión… Draco.
Draco, en el cielo, en Las Tres Escobas, en cada fibra de su ser, en sus constantes pensamientos. Temía sacarlo por fin de allí y comprender que no había nada más, aunque sabía de sobra que había una Rose Weasley, escondida en algún rincón, que no necesitaba a Draco para poder vivir. Con el tiempo, como su madre había dicho, podría olvidarle e incluso ser feliz, aunque ni siquiera esa Rose Weasley estaba segura de querer pasar página, como si algo en el fondo de su ser, la convenciese de que no todo había terminado. Rose rió, la esperanza empezaba a parecerle algo estúpido.
-¡Señorita Weasley!-La enjuta profesora carraspeó con fuerza y Rose bajo la vista, desde Draco, hasta los ojos oscuros como la noche de la mujer- ¿A estas alturas de curso no es capaz de distinguir Hércules de Draco?
Dirigió la vista al punto luminoso que concentra las miradas de la clase, Scorpius la miró un instante, con una complicidad que la hizo estremecer y sus mejillas se tiñeron de rojo al escuchar como Sinistra retiraba esos cinco punto que ella se había esforzado en ganar.
Se había prometido, cientos de veces, que nada de eso afectaría al ritmo de sus clases, seguiría siendo la brillante Weasley y la sombra de su magnífica madre, para todo.
-Señorita Finnigan, dígame, ¿Hércules?
Pero era imposible, su mente la traicionaba, su corazón ya no estaba allí, vivía para encontrar una solución y no escuchaba ni una sola de las temblorosas palabras que la joven Finnigan, una chica bajita y morena, de Hufflepuff, se apresuraba a repetir, calcadas de su raído libro de texto.
-¡Merlín!-Mascullaba Sinistra, mientras aprobaba la respuesta con un leve gesto-, ¿Alguien de verdad se toma esta clase en serio? ¡Se acabó! Podéis marcharos. ¡Repasad la lección!
Todos se apresuraron por las aparatosas escaleras de torre de Astronomía, aunque Rose se entretuvo en doblar con parsimonia su mapa astronómico mientras se concedía unos minutos a solas.
-Rosie-Dio un respingo, y Scorpius soltó una agradable risita que hizo sonreír a Rose, Scorpius no era Draco, y Scorpius la prefería a ella.
-No me mires así, Hyperión. Lily me lo ha explicado todo-Recalcó la última palabra con intención y el chico sonrió al tiempo que un amago de sonrojo se encendía en sus mejillas.
-¿Te habló bien de mí?-Inquirió, recostándose contra la barandilla de la torre, de espaldas al vacío y con la vista fija en Rose, ella asintió y el rubio se apresuró a continuar- Entonces me lo tienes que contar.
Rose negó con la cabeza y sus ojos centellearon con temor un instante el gesto de su amigo, serio y preocupado, idéntico al de Lily, la obligó a apartar la vista, comprendiendo que su desazón era tan obvia que contagiaba a quienes quería.
-Prometiste que lo harías-Insistió el joven-. Rose, estoy preocupado por ti, ¿Te crees que no me fijo? Hace semanas que te comportas de un modo extraño, tienes un aspecto horrible, Rosie, es obvio que algo malo pasa. Si es ese chico misterioso…
-¡Sí!-Admitió, únicamente para hacerle callar, aunque tuviese que enfrentar la mirada reprobatoria que él sin querer le lanzaba- ¿Contento? Es sólo que, me equivoqué, creí que él me quería a mí.
Las palabras salieron solas de sus labios y Scorpius avanzó un paso, sosteniendo cariñosamente los hombros de su amiga.
-¿No te quiere?-Los ojos grises del chico centellearon con algo similar a la furia, tan Malfoy- ¿Te engañó?
La pelirroja bajó la vista, incapaz de mantener su mirada, aquellos ojos bondadosos de Scorpius, tan iguales y a la vez tan distintos, parecían dispuestos a defenderla delante quién fuese necesario y Rose sintió miedo de perder a su mejor amigo otra vez.
-No-Admitió, alzando la vista con cuidado para mirar al chico y tratar de calmar su furiosa expresión-, no técnicamente. No lo hizo, pero… digamos que, simplemente, no podía ser, ¿De acuerdo?
Rose no lo pudo evitar, no pudo imaginar a Draco como ahora era Scorpius, con la misma edad, en aquel mismo lugar, sus ojos brillando a la luz de las estrellas, cuando Scorpius la abrazó, para calmar sus lágrimas fugitivas, ella imaginó la misma escena protagonizada por un Draco joven y despreocupado que allí mismo abrazaba que se parecía a ella, mas era castaña, era su madre, y sin quererlo, más lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
-¿Quieres contármelo?-Inquirió el muchacho, acariciando de modo consolador la cabellera pelirroja de la chica.
-Ya es tarde para eso, Hyperión-Musitó, contra el hombro de él, concentrada en su voz para olvidar la imagen que la perseguía-, nunca tuvo mala intención, es sólo que… no sé, supongo que creyó que yo era igual que ella, pero no lo soy, ¿Verdad?
Su llanto se volvió insistente, casi incontrolado y Scorpius, que no comprendía, la aferró más fuerte contra él, tratando de calmarla, los sollozos de Rose era lo único que llegaba a sus oídos en aquella noche cerrada, sin luna.
-¿A quién? ¿De quién hablas?
-De… -Se contuvo a tiempo, acalló el deseo de desahogarse frente a Scorpius en un hipido nervioso, confesarle la verdad, precisamente a él, aliviaría el dolor, pero le perdería, y no era capaz de volver a pasar lo mismo- De la mujer a la que ama en realidad-Acabó por decir, en un susurro inaudible.
-¿Quieres decir…?-El consejo que su padre, siempre sabio, le había dado en Las Tres Escobas, volvió de pronto a su cabeza "Te lo digo por experiencia propia, Scorpius, si de verdad ella te interesa, no la dejes creer que lo haces porque te recuerda a Rose".
La mirada desvaída en sus ojos, melancólicos como los de Rose le llamó la atención ese día y despertó una idea ridícula en su cabeza, una estupidez que por fuerza tenía que ser imposible.
-¿Quieres decir qué está enamorado de otra y salía contigo porque le recuerdas a ella?-Formuló de nuevo la pregunta y comprendió al fin el consejo de su padre, lo que le había hecho a Lily todo el tiempo que había tardado en darse cuenta de la chica perfecta que ella era.
Rose lo abrazó con más fuerza, como si la pregunta le causase pavor y asintió contra su hombro, preocupada por el rumbo que podía tomaba la conversación.
-Dime, Rosie, ¿Él te lo dijo?-Preguntó, separándola con suavidad de sí para poder ver sus ojos- ¿Te dijo que no te quería?
Esperó, dejó que ella secara sus constantes lágrimas y aguardó a que serenara el ritmo de su respiración, la miró mientras tanto, las ojeras bajo sus ojos, esa mirada alicaída que añoraba algo, o a alguien.
-No-Lo había pensado cientos de veces, Draco nunca había negado quererla, pero su mirada, sus gestos nerviosos, sus apresuradas palabras… todo lo decía por él, así lo había entendido, porque no conocía otra posibilidad-, pero ella es tan perfecta, Hyperión, yo no soy más que un sucedáneo barato… -Lo dijo más para ella que para el joven Malfoy que escuchaba mientras un nuevo espasmo de ira recorría su espalda.
-¡No digas tonterías, Weasley!-Exigió, mirando a la chica de frente, tratando de poner orden en sus ideas-. Eres fantástica, pero no lo ves, no te valoras como te mereces, porque te comparan con tu madre y la ves inalcanzable, te infravaloras. Sé de lo que hablo, mi padre es Draco Malfoy, si no puedo ser como él, por qué voy a destacar, pero… ¡Por Merlín! ¿Qué estúpido no vería lo maravillosa que tú, por ti misma, eres?
Rose se sonrojó ante tal acalorado debate y miró a Scorpius por el rabillo del ojo. El rubio se metió las manos en los bolsillos y miró la noche estrellada, Rose sonrió suavemente cuando la brisa golpeó su rostro. Scorpius la quería, siempre lo haría, como a una amiga. Era su mejor amiga, le había costado entender que no sería nada más, pero el amor era otra cosa, lo sabía ahora que de verdad lo sentía, el amor tenía que ver con la corriente que agitaba su cuerpo cuando veía los ojos verdes de Lily, y ella reía y su risa bastaba, el amor tenía que ver con el dolor que sentía en la mejilla izquierda, allí donde Albus le había golpeado al saberlo…
-Eres más paciente que él-Habló Rose, pasados escasos segundos.
-¿Qué?-El rubio manoseaba su viejo telescopio de bolsillo mientras escuchaba el rumor lejano de los grillos.
-Tu padre, eres más paciente, en eso destacas-Se acercó a la barandilla-, y mejor jugador de ajedrez, pero no le digas que yo lo he dicho.
Scorpius chascó la lengua, agudizó la vista de nuevo y el telescopio resbaló de su mano al ver clara y serena, frente a él, esa mirada añorante de Rose, que decía tanto sin decir nada. Ya no lo creyó una casualidad-. Además, sé que te considera mucho mejor jugador de Quidditch.
El rubio sintió un pequeño mareo y se agachó lentamente, tanto que la sensación de vacío aumentó y tuvo que sostenerse a la barandilla para poder alcanzar el aparato.
-Rose, estas navidades, congeniaste mucho con él, ¿Verdad?-Preguntó, mirándola a los ojos cuando logró ponerse en pie.
Apartó la vista, muy rápido, tanto que Scorpius se encontró encarado con una melena pelirroja, se apresuró a girar, le temblaba la mandíbula rehuía sus ojos, azorada apretaba los puños, discutía consigo misma, Scorpius se lo había visto hacer antes, sabía que Rose buscaba la mejor respuesta que le podía ofrecer.
-Apenas hablamos un par de veces-Musitó, su voz quebrada, triste, delataba la mentira-, siempre de ti, estaba muy orgulloso de…
-No es verdad-Ella lo miró tras tomar aire con necesidad, lo encaró y vio sus ojos grises, asustados, como si de antemano temieran la respuesta. Rose vio como el mundo se caía a su alrededor, vio todo desvanecerse, llevándose su último apoyo con él-, congeniasteis, os veía hablar en el salón, frente a la chimenea, siempre juntos, vuestras risas atravesaban las puertas de la biblioteca. Os mirabais en las cenas, y jamás había visto reír a mi padre durante tanto tiempo, no parecía el mismo, y tú brillabas, Rose…
-¡Calla!-Exigió, dispuesta a mentir, la voz de Scorpius se volvió tensa mientras hablaba y un rictus furioso empañó sus facciones.
-Después de eso, nada-Admitió y empezó a pasear de arriba abajo mientras en voz alta aclaraba sus ideas-. Tú estás destrozada, él está hundido, no es casualidad, ¿Verdad?-Rió sin pretenderlo cuando volvió a mirar a Rose- ¿Cómo no me di cuenta antes?
-Hyperión, por favor, no digas más ton…-Rose trató de decir algo, trató de contradecirle, de buscar alguna justificación, los pasos de él, cada vez más nerviosos resonaban en el suelo y ella seguía destrozada, necesitaba un amigo, más lágrimas empezaron a brotar sin control.
-No son tonterías, ¿Verdad que no?-Suavizó la expresión al verla llorar, y se acercó con cuidado hasta quedar a medio metro de distancia- Mi padre, siempre fue mi padre. ¡Soy imbécil! ¡Un jodido imbécil!
Se dio la vuelta de golpe, de repente, deseaba salir de allí y regresar a su Sala Común. Se había dejado engañar como un tonto, todas esas veces que creía que ella le miraba y sonreía, cada vez que la veía radiante por las mañanas y desvelada por las noches, la alegría de visitar la mansión, todo lo que creía que él provocaba, ahora lo veía, todo era por su padre.
Rose lo tomó del brazo y lo obligó a frenar sus pasos, él obedeció, casi por inercia, sintió una sacudida, como una bofetada, de tratarse de cualquier otra persona, él lo habría entendido.
-Scorpius, lo siento mucho, yo… no quería que te enterases así-Susurró ella, acariciando cariñosamente su brazo para llamar su atención.
-No, tú no querías que me enterase-Se la quitó de encima con un gesto brusco y ofendido, sin poder creerlo siquiera. Delante de sus propias narices, todo había sido mentira, y una especie de odio empezó a correrle por todo el cuerpo cuando comprendió que de verdad había pasado, cuando todas esas imágenes de ellos dos, cómplices en algún salón, cobraban juntas sentido-. ¿Mi padre? ¡Mi padre! Es mi padre, ¿Estás enferma?
-¡Le quiero!-Replicó ella, fuera de sí, saltando como un resorte ante la provocación del chico, para algunas cosas, un Malfoy, siempre sería un Malfoy- No entiendo por qué eso tiene que estar mal, no entiendo por qué él no puede simplemente olvidarla y…
¿Quererte?-Todavía llevaba el telescopio en la mano, pero se estrelló contra el suelo cuando le lo lanzó furiosamente en una reacción desaforada que no fue capaz de contener- Lo gracioso, Rose, es que él te quiere. No lo entiendo, así que no me lo pidas, no puedo, de haber sabido que era por ti… Todo ahora tiene sentido… deberías haber dejado que se explicara…
Un consejo, el último que iba a darle a ella, su voz fría y seca, no denotaba ninguna emoción, y Rose alargó la mano para retenerle una vez más, pero él ya se había precipitado por la puerta, desapareciendo en la negrura que había más allá del quicio de la puerta.
-Oh, lo olvidaba-Asomó la cabeza, las lágrimas de la chica, en el fondo, como la mirada de su padre, le destrozaban el corazón-, va a divorciarse de mi madre… Por ti.
Escasos segundos después el sonido de sus pasos se había extinguido al fin y Rose se dejaba caer sobre el frío suelo de piedra, acurrucada en rincón mientras lloraba.
Todo era confuso, Scorpius se había ido y ya no tenía puerta en que llamar, ni sabía a quién acudir en busca de consuelo, Lily siempre la ayudaría, pero la familia era la familia, y Rose ya no los podía ver del mismo modo.
Y sin embargo, aunque ya nada quedaba a su alrededor pues ya todo se había derrumbado, frente a ella, en una de esas estrellas que brillaba en el cielo, quedaba la esperanza, siempre la esperanza, como en las palabras de Scorpius, que dolido, furioso e incrédulo, había dicho que él, igual que ella, había visto su alrededor temblar hasta desaparecer, quería cambiar, dejar a Astoria, Scorpius lo había dicho: él la quería.
Holaaaa!!!! Mirad quién ha vuelto!!!!
De verdad que lo siento, pero la Semana Santa, en lugar de ayudar, me ha estropeado los planes y los horarios, además he tenido exámenes tas semana… Volvemos a los sábados, espero que siguais todos por aquí…
Bueno besos y espero que os guste el cap
Aivlis Malfoy