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En el andén. — capítulo 6
El pecado.
Estaba equivocado, se decía, negando así su propia afirmación, negando con la cabeza al tiempo que contemplaba como los dos jóvenes repartían los adornos por el árbol, a lo muggle, después de que Rose hubiese suplicado para que no utilizara la magia durante la tarea, incapaz de negarle nada, Draco aceptó, con una sonrisa complaciente y contemplaba a los dos chicos, con la estrella que coronaba el árbol esperando en sus manos.
Miraba a la chica y el modo en que su hijo le sonreía, y se convencía de que así debían ser las cosas, él no la quería, se decía, otra vez, recordando que el motivo que le había impulsado a traerla allí en navidad: Scorpius, deseaba que fuese feliz junto a Scorpius, nada más.
Pero sabía que no era cierto, estaba lo que deseaba creer y lo que en realidad sabía y sabía que su inconsciente no había incluido a su hijo en la ecuación.
Podía decir que le bastaba con observarla, como hacía en ese momento, se mentía diciendo que no necesitaba nada más que aquellos ojos marrones que ofrecían redención, y que su felicidad contagiosa le regalase una pequeña sonrisa que devolver, sin la falsedad a la que estaba acostumbrado.
El hecho de ir más allá estaba prohibido, se había autoimpuesto esa frontera, temeroso de no poder volver atrás si la cruzaba, tenía la certeza de que si lo hacía una vez, el huracán que era Rose Weasley le atraparía para siempre y era en parte lo que deseaba que ocurriese.
Astoria golpeó con fastidio la revista que ojeaba contra la mesa, sacándole así de sus pensamientos y obligándole a dirigir la mirada hacia su molesta esposa, carga con la que había decidido cargar.
La mujer lanzó una mueca desdeñosa que Draco prefirió ignorar en aquel momento de juvenil algarabía y volvió a centrar su atención en la labor a la que había preferido no sumarse, creyendo que hallaría más placer si se limitaba a contemplar desde la distancia.
Adornos plateados destellaban con sobrenatural candor, cada uno de un modo único y pequeñas hadas de colores batían sus alas, ocupando su lugar en el árbol con remilgada excitación, como si cada una ocupase el lugar de honor, pequeñas velas pendían de las ramas, y las llamas titilaban al compás de las hadas, todo en un orden aparentemente aleatorio, mas perfectamente armonioso.
Únicamente restaba la estrella, único adorno dorado en aquella preciada colección, Draco se puso en pie, acercándose a lugar con el objeto entre sus manos, ceremoniosamente, en un alarde de desacato contra sus viejas costumbres, entregó la estrella a la pelirroja con una sonrisa demandante. Rose cogió el adorno, con gesto tímido y un leve sonrojo en sus mejillas, y Draco no pudo evitar retener la mano de chica entre las suyas, apenas un segundo en el que se permitió caer en la trampa, alejándose después para regresar a su antigua posición, observando.
Rose se estiró lo máximo que pudo, de puntitas trató de alcanzar la cúspide del árbol, incapaz todavía de colocar la estrella en lo alto, escuchaba risas a su espalda, consciente de que Hyperión se divertía con la situación y aunque no lo viese, sentía la sonrisa de Draco, dirigida a ella, con habitual cortesía.
Las rodillas todavía le temblaban, recordando el sutil gesto de Draco, distraído, como si no lo hubiese pretendido, y no podía evitar pensar que tal vez no lo pretendía, segura de que su mente interpretaba el mensaje de un modo incorrecto, no era interés lo que Draco sentía por ella, simple cortesía, se decía, matando así las mariposas en su estómago.
Sintió unos brazos que la aferraban por detrás, levantándola del suelo para que alcanzara la cúspide del abeto, en precario equilibrio colocó la dorada estrella, tratando de sostenerla para que no cayera.
-¡Date prisa!-Suplicó Scorpius, sosteniendo con fuerza a Rose.
Cuando la estrella hubo ocupado su lugar, regia como era, el fulgor dorado brotó de su interior, encantando así el árbol, dotándole de un aura de grandeza y majestuosidad, Rose sonrió maravillada ante tanta belleza mientras Scorpius la depositaba en el suelo de nuevo, resoplando por el esfuerzo y cuando se giró para contemplar a Draco se encontró con la sonrisa que esperaba ver, pero creyó percibir una nota de tristeza en sus ojos plateado, de la extrañamente se contagió.
-0-
Vio como la lechuza se alejaba con rumbo a casa, seguía relatando a sus padres lo bien que lo pasaba con los Malfoy, ahora sin dudar de sus propias palabras cuando acallaba las dudas de su padre respecto a todo aquello, seguía insistiendo en que podía ir a recogerá a cualquier hora, no importaba si era la madrugada después de la Navidad, estaría allí cuando ella lo precisase.
Pero Rose no lo precisaba, ni lo precisaría, de sobra lo sabía. Vivía en una nube de felicidad e incertidumbre que iba más allá de su propia imaginación, sabía que lo ocurrido la noche anterior había sido real, inconsciente a lo que eso significaba, no podía sino dejarse llevar por los acontecimientos, deseosa de averiguar lo que ocupaba la mente de Draco cuando la miraba.
Miraba por la ventana con aire distraído, cuando vio una lechuza completamente blanca, volando hacia ella, se apartó para dejarla pasar y cuando el animal se posó en el alfeizar, Rose la reconoció como la lechuza de su prima, recogió el sobre rojo como los que siempre usaba Lily Luna y acarició la cabeza de Hedwig, bautizado así por el parecido con la lechuza que había tenido tío Harry y que había caído en combate.
El animal remontó el vuelo, veloz, perdiéndose pronto de vista y la pelirroja contempló con curiosidad el sobre, abriéndolo con rapidez, no esperaba que ella le escribiese, tenía un mal presentimiento.
El escueto mensaje paralizó a Rose, como si un Totalus la hubiese golpeado y se sonrojó violentamente por la vergüenza y por la indignación.
"Me confundí de Malfoy, pero ahora apuesto mi saeta de fuego por Draco."
Rose se estremeció, sin necesidad de pensar a que se refería Lily con tan breve declaración, no estaba segura que la indignaba más, la seguridad con que Lily proclamaba su respuesta, pues no solía hablar en vano de su preciada escoba, a no ser que lo tuviese muy claro, o el modo en que había logrado averiguarlo, pues a nadie consideraría a Draco como una posibilidad.
No había olvidado aquellas conversación en la Sala Común de Hogwarts en que la perspicacia de la pequeña Potter falló apostando por el Malfoy equivocado, pero Rose sabía que Lily no se iba a rendir y que, como ella misma habíapronosticado, se acabaría enterando, pero el modo en que lo había logrado intrigaba a la pelirroja que tomo pluma y pergamino y escribió, sin temer ya que ella lo supiese o no, una escueta pregunta.
"¿Cómo lo sabes?"
Tuvo que esperar a que su lechuza regresara para enviar el mensaje a Lily, el animal protestó, batiendo sus pardas alas con energía, hasta que exhausta obedeció a su dueña y partió con rumbo a casa de los Potter.
Rose necesitaba saberlo, pues empezaba a pensar que lo que ella creía su más inconfesable secreto fuese algo de dominio público, como si todos pudiesen leer a sus sentimientos en su cara, convencida de que se reían a sus espaldas por eso.
Mientras esperaba que la carta de Lily regresara con una respuesta, bajó al salón, en busca de Scorpius y lo encontró preparando un tablero de ajedrez mágico sobre la mesa, de elegantes figuras verdes y rojas.
-¿Juegas?-Preguntó, sacando su varita.
La chica asintió y se sentó frente al rubio, jugando ella con las rojas, Scorpius empezaba.
-A mi madre no le gustas nada.-Comentó el chico, cuando ya había movido su primer peón.
-Lo sé.-Rose habló indiferente, consciente que la opinión de Astoria respecto a ella no debía importarle en absoluto.
-Pero parece que mi padre te tolera, creí que sería él quien daría más problemas, pero se mostró conforme con tu visita cuando se lo propuse.-La sonrisa de Rose se ensanchó en sus labios y Scorpius le devolvió el gesto con complicidad.
La partida siguió, como en cada cosa que hacían el orgullo de los Malfoy estaba en juego, así que Scorpius planeaba con cuidado su movimientos y Rose, que había heredado la intuición de su padre para el ajedrez, tenía las de ganar.
-¿Qué opinión tienes de ellos?-Quiso saber el muchacho, algo preocupado, moviendo su alfil para protegerlo de la reina de Rose.-No te preocupes, puedes ser sincera.
Rose alzó la vista del tablero, encontrándose con la cálida sonrisa de su amigo y torció el gesto, tratando de discernir que debía decir y que no.
-A mí tampoco me gusta tu madre.-Titubeó.-Es demasiado estirada y apenas me considera como a una igual.-Se calló, el chico asintió con la cabeza, dándole la razón.-Y tu padre…bueno, apenas le conozco, pero ha sido muy amable conmigo.-Aseguró ella, bajando la cabeza de nuevo, moviendo la reina contra la torre del chico, que bufó con fastidió.
-Diría, si no supiese que es imposible, que le caes bien.-Opinó, poniendo a cubierto su precario caballo.
A Rose le dolieron las palabras del chico, y se encogió de modo imperceptible contra la silla, no entendía que había de imposible y miró a Scorpius interrogativamente, sin poder evitar preguntar.
-¿Por qué es imposible, Hyperión?
El rubio sonrió, con suficiencia, lamentando la pérdida de su reina.
-Ya sabes cómo fue, lo tienes todo: eres Weasley y Granger, mestiza, familia de traidores a la sangre, sobrina de Potter, nuestros padres se odian…nadie dijo que fuéramos a tenerlo fácil.-El chico sonrió, dando a entender que él no compartía su opinión y Rose asintió con pesadez, ingenuamente ignorando la leve insinuación de Scorpius.
Todo lo que él decía era cierto, y ella cada vez se convencía más de que la cortesía de Draco no era más que eso, simple cortesía que debía rendir a todo invitado, porque ante todo un Malfoy era un ejemplo intachable de comportamiento aristocrático.
Rose se distrajo, la partida ya no le parecía tan interesante y el chico remontó enseguida, situando su caballo en jaque contra el rey rojo.
-¡Jaque!-Se jactó.-¿No te estarás dejando ganar?
La pelirroja, algo alicaída, negó con la cabeza, y trató de volver su atención al juego, recordando que se sentía orgullosa de ser lo que era, no podía entender a quienes creían que no era digna de ser bruja, mucho menos después de lo ocurrido, y trataba de no culpar a Draco por ser uno de ellos.
Rose no movió su rey, ni mató el caballo de Scorpius, dejó que él la matará para terminar con la partida, este dio un saltó, pletórico de felicidad, como cada vez que ganaba en algo y la chica sonrió divertida ante la actitud del chico, se puso en pie, dándole unas palmaditas de felicitación, con alegría.
-¡La próxima vez será, Rosie!-Se burló el chico reflejando en su rostro una mueca de orgullo.
-Te pediré la revancha pronto.-Se quejó la otra, caminando hacia la puerta del salón, sin esperar a que él la siguiera.
Rose salió al jardín, necesitada de aire fresco, recorriendo con cuidado los laberinticos terrenos que rodeaban la mansión Malfoy, rodeando la casa, temerosa de que si se alejaba se podría perder.
Caminó con paso lento, súbitamente aterida de frío, pensó en regresar por su abrigo, pero escuchó un ruido, acabó de bordear la casa y lo vio. Sentado en el borde de una enorme fuente de piedra, en cuya cúspide una especie de ninfa se postraba con devoción y pleitesía a los pies de un esbelto y aristocrático mago, cuyas facciones le resultaban familiares.
Draco estaba de espaldas a ella, arrebujado en un abrigo negro, deslizando la mano por el interior del agua, formando olas, trazando dibujos imaginarios. De nuevo la mente de Rose vagó descontrolada, tratando de imaginar la sensación que provocaban las manos aquellas manos recorriendo así su piel y aunque trató de alejarlo, no pudo, las piernas le temblaban, era uno de esos momentos en los que sabía que no bastaba con mirarlo y en los que tomaba la determinación de alejarse de él, como si intuyese que no estaba bien sentir lo que sentía.
Si se retiraba ahora él jamás sabría que había estado allí y no pasaría nada, retrocedió, segura de que Draco estaba tan inmerso en sus pensamientos que no se percataría de nada.
-Es mi bisabuelo.-Musitó, señalando la estatua de la fuente.-Quédate aquí, Rose.
Sintió un escalofrío, mientras, sin reticencias, sus piernas obedecían la orden dada y se acercaban al hombre que permanecía con la cabeza agachada y la mano derecha jugando con el agua.
Se preguntó cómo supo que se trataba de ella, cómo la había visto siquiera, pero no dijo nada cuando se sentó junto a él en el borde de la fuente. Su petición le había parecido una súplica y el corazón le latía nervioso, de anticipación.
-Es horrible ¿Verdad?-Opinó, dirigiendo su mirada hacia la estatua.
Rose asintió, intuyendo el molesto significado de la obra, y esperó a que el hombre tomase de nuevo la palabra.
-Es horrible el modo en el que el tiempo te recuerda que una vez fuiste así.-Afirmó en un susurró, sintiendo la libertad y la confianza necesarias para hablar.-Me refiero a que yo, una vez, quise ser como ese hombre, consideré inferior a la gente como tú. Ahora estas aquí y te debo una disculpa.
La pelirroja le miró largo rato, clavando sus ojos marrones en los de él, asintió, sin contradecirle, como si entendiera que era eso lo que necesitaba oír.
-¿Se refiere a mi padre o a mi madre?-Indagó, sabedora de que el pasado estaba de por medio.
Draco sonrió con tristeza, lamentando lo que estaba a punto de decir.
-Ambos.-Aclaró, fingiendo recordar algo.-Pero sobretodo fue tu tío.
La chica asintió, abrazándose el cuerpo con los brazos, recordando el frío que hacía allí, Draco lo notó, sintió el temblor de la chica, achacable al clima y con gesto decidido se quitó el abrigo, colocándolo sobre los hombros de la joven pelirroja, que sonrió entre agradecida y emocionada.
Draco lo pensó un instante, deseoso por saber si todo tenía fundamento o no era más que una sensación que le hacía perder el tiempo y sentir temor.
-Voy a preguntarte algo y quiero que seas sincera conmigo, ¿De acuerdo?-Necesitaba saber si estaba haciendo lo correcto, Rose asintió.-¿Tú sientes algo por Scorpius?
Se permitió creer que era otro modo de preguntarlo, de saber si era a él a quien ella miraba de aquel modo, capaz de recordarle que no era un inútil redomado.
La pelirroja abrió la boca, sorprendida en un principio, cohibida después, aterrada, dudaba que era lo que él quería saber. La verdad, se dijo, como si lo que Lily decía fuese cierto y hasta Draco lo supiese, incapaz ya de callar aquello que todos sabían.
-No.-Aseguró, dubitativa, tal vez eso desilusionaba al hombre, pero él no hizo nada, no mudo su expresión.-Sólo es mi amigo, nada más. ¿Es que usted pensó…?
Draco negó con la cabeza, convencido de que ella decía la verdad, ahora sabiendo que ni él podía ya negarlo y que no había nada que le impidiera hacer lo que tanto ansiaba.
Rose le miraba, confusa, extrañada, incluso algo asustada y Draco comprendió que lo cobarde no era huir como había hecho la noche anterior, lo cobarde era caer en la trampa, perder el contacto con su cerebro, sin estar dispuesto a medir antes las consecuencias, olvidarse de Scorpius…lo cobarde era besar a Rose, y permitirse el riesgo de un sufrimiento que no podría soportar, únicamente porque deseaba ceder a lo que consideraba sus bajos instintos.
Rose esperaba, inmóvil, a que él hiciese algo, se recordó que no iba a suceder nada, valiente como era, sabía que había un único modo de demostrárselo, sabía que para poder seguir adelante, al margen de Draco Malfoy, cuando ya no quedaba esperanza, lo único que debía suceder era que él la rechazase, sabiendo que al menos podría resolver el enigma que le quitaba el sueño desde hacía varios años.
Cuando Draco se inclinó hacia delante, con sombría lentitud, Rose allanó las distancias, incapaz de soportar un minuto más lo que se había convertido en una tortura duradera.
Le besó, lo hizo con la poca timidez que le quedaba y aguardó con temor y espanto a que la apartara de él, tanto que no se percató de que le devolvía el beso, rodeándola con sus brazos.
Era suave, dulce, todo lo que él había deseado imaginar, pero no había podido esperar, sentía como la chica se estremecía entre sus brazos, sosteniéndola con firmeza, olvidando que había algo más a su alrededor, como había deseado, el dolor desaparecía, las obligaciones iban tras él, el pasado se tornaba difuso, y sólo quedaban ellos dos.
Menta, tan puramente Malfoy, imbuía todos sus sentidos, la embargaba, y aunque su curiosidad se acallaba al desvelar por fin el sabor de su boca, ella quería más, lo quería a él.
El corazón le latía con tanta fuerza que creyó que iba a morir, incluso pensó que había dejado de latir en algún momento. No le hubiese importado morir entonces, hubiese sido feliz, inmensamente feliz, estaba equivocada, y sus esperanzas volvían a nacer, Rose se aferraba al cuello de Draco, reteniéndole, como si pudiese desvanecerse entonces o fuese un sueño del que iba a despertar.
Pero era real, él estaba allí, acariciaba con suavidad la mejilla de la chica y, tras separarse apenas un instante y apenas un milímetro, profundizó el beso, cayendo del todo en su error y feliz por ello, sus lenguas se encontraron, ávidas, como si lo hubiesen estado esperando mucho tiempo, Rose supo cómo era el paraíso en ese instante y Draco recordaba lo dulce que era pecar, mientras el pecado duraba, porque las tristes consecuencias, no tenían valor ni fundamento entonces.
Holaaaaa
después de una larga ausencia ahí va, jajaja
espero que os haya gustado y por fin teneis un beso entre estos dos, lo que todos esperabais, supongo
nos vemos en los comentarios y actualizaré pronto
besos
Aivlis Malfoy