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En el andén. — capítulo 5

Error tras error.

Draco Malfoy consideraba su vida una cadena de errores, errores que cometía sin apenas ser consciente, de los que se percataba cuando sólo podía arrepentirse.

Se equivocó de bando en una guerra, y se le concedió una segunda oportunidad que él jamás creyó merecer, pero eso no aliviaba la culpa, la acrecentaba, el remordimiento seguía allí, mientras Rose Weasley lloraba entre sus brazos, posiblemente ajena a que fue él quien casi acaba con sus padres.

Inconscientemente la aferraba contra él, la culpa también le embargaba por las lágrimas de la chica, algunos consideraban que no todos eran merecedores de cortesía, y su esposa estaba entre ellos.

Astoria era otro error, considerando que no la amaba, que apenas podía soportarla, si acaso no podía decir que la odiaba, cuando se casó con ella consideraba que no merecía nada mejor, un matrimonio concertado para mantener la pureza de su sangre era castigo suficiente.

Podía haberse negado, pero no lo hizo, lo medito, estuvo a punto, pero Draco se sacrificaba por su familia, esa era otra constante en su vida y no mostraba intención de romperla.

Se había condenado a una existencia infeliz por el bien del apellido Malfoy, pero cuando nació Scorpius, lo único bueno que tenía en la vida, se prometió que su hijo no pasaría por lo mismo que él tuvo que soportar.

Entonces llegaba su último error, tal vez el peor de todos, porque de sobra sabía Draco que Scorpius quería a la chica que él estrechaba entre sus brazos, el hombre deseaba la felicidad de su hijo más allá de su apellido, no importaba si la felicidad se llamaba Weasley. Pero Draco se resistía, porque él también deseaba besarla, quería fundirse en ella y experimentar el perdón que se reflejaba en los ojos de Rose, porque cuando ella le miraba se sentía digno de nuevo, realizado y feliz.

No lograba comprender que tenía ella, que con una mirada le hacía sonreír, ni sabía él si eso que se reflejaba en sus ojos era verdaderamente amor o únicamente una ensoñación de su cerebro, pero Draco lo sentía, lo sentía en su interior como algo innegable, como todo en su vida le provocaba dicha y dolor y todas las constantes de su vida se repetían de nuevo, cometía un error pensando en Rose de aquel modo, pero no iba a caer en él, a pesar de necesitarlo, se sacrificaba por su apellido, por Scorpius.

-Perdóname Rose-Su voz sonó en un susurró quedo, incapaz de seguir viéndola llorar-, no debí dejar que pasara.

Ella negó con la cabeza, sin separarse de él, abrazándole con más fuerza, derramando unas últimas lágrimas, y cómo iba a explicar que no deseaba ser perdonado únicamente por el penoso espectáculo de la cena.

-No fue culpa suya, señor.-Habló ella, con la cabeza hundida en su hombro y la voz queda, entrecortada por las lágrimas.

Draco la apartó de él, obligándola a mirarle, tomándola con suavidad del mentón, necesitaba verlos, aquellos ojos marrones que transmitían paz, aun anegados de lágrimas. Sonreía por inercia, no podía evitar hacerlo, tenía los ojos de su madre, ojos marrones que había detestado y que jamás había imaginado mirar con tanta devoción.

-No llores-Suplicó-, no merece la pena. Nadie en esta casa merece una sola de tus lágrimas, ¿Entendido?-Su voz se tornó involuntariamente sería.

Rose asintió, tratando de serenarse, al tiempo que Draco se aproximaba, lentamente, como si la boca entreabierta de la chica le llamase irremediablemente. Ella no se movía, sabía que no lo haría, como si algo en su interior le dijese que ella también lo deseaba.

Se maldijo internamente, deteniendo sus pasos cuando fue tarde para echarse atrás, sus labios se posaron en la frente de la pelirroja, llenándole de culpa de nuevo, sintió como ella se estremecía entre sus brazos, demoró el gesto apenas unos segundos, apartándose al fin, con delicadeza, casi reticente.

-Será mejor que duermas.-Comentó, con pesadez.-Necesitamos un árbol de Navidad, y mañana iremos a buscarlo.-Informó, alejándose hacia la puerta, sintiendo la necesidad de salir de allí corriendo, la cobardía tampoco le era ajena.

-Buenas noches señor Malfoy.-Se despidió la chica, en un susurro, mientras él cerraba la puerta tras de sí.

-0-

Lo sintió, su aliento mezclado con el suyo, su cuerpo tan cercano que la obligaba a fundirse con él, sus labios, suaves, tocando su piel, apenas un instante, haciendo que se estremeciera, logrando que, durante los escasos segundos en que creyó que iba a besarla, pensase que aquello que ella consideraba imposible no lo era en realidad.

Lo vivió todo de un modo tan extraño que creyó que iba a desbordarla, hasta pensar que no resistiría el impulso de ser ella quien rompiera la distancia de sus bocas, mas se quedó paralizada, incapaz de hacer lo que su corazón le pedía, temblando, mientras las últimas lágrimas caían, ya sin sentido alguno.

La determinación la invadió de nuevo, junto con la sonrisa que se formó en sus labios, cerró los ojos, todavía sintiendo el tacto de los labios de Draco en su frente, como si lo que había intuido fuese real, y cabía la mera posibilidad de que Draco Malfoy la quisiera.

Confusa al mismo tiempo, se acurrucó bajo las sabanas, las ansias de descubrir se apoderaban de nuevo de ella, seguía cavilando en su cabeza y mientras la llama de esperanza que siempre había albergado, casi extinta, cobraba fulgor, Rose Weasley soñaba, soñaba como de costumbre con la voz de aquel hombre, suave en su oído, susurrando que la quería.

-0-

Trastabilló tontamente con una raíz que se elevaba del suelo, Scorpius la sostuvo para que no cayera y ambos continuaron caminando, siguiendo a Draco que iba en cabeza, examinando abetos con ojo crítico.

La pequeña jamás hubiese imaginado que esa era una de las costumbres de los Malfoy, ni siquiera ella escogía el árbol que quería de aquel modo, su padre lo compraba en una tienda muggle, ella y Hugo lo decoraban, su madre hacía galletas y sus tíos y sus primos traían el postre para la cena de noche buena.

Kossy, el elfo, caminaba con presteza delante de Draco, abriendo el camino y guiando al trío, Astoria se había negado a ir con ellos, según Scorpius jamás les acompañaba.

-¿Y ese?-Sugirió Scorpius, señalando un cochambrosos abeto, incapaz de seguir subiendo la pesada cuesta.

Rose rió, sin dejar de negar con la cabeza, Draco lanzó una mirada de falsa indignación a su hijo que trató de recomponerse.

-¡Vamos Hyperión, no seas vago!-Protestó la chiquilla-Necesitáis un árbol a la altura del apellido.-Bromeó.

Ambos hombres esbozaron sendas muecas desdeñosas, ninguno contra Rose, entendió que la grandeza del apellido no les hacía sentir cómodos a ninguno de los dos, o al menos ya no.

Continuaron caminando, pero al exigente ojo de Draco ningún árbol le parecía adecuado, uno era demasiado grande, el otro demasiado pequeño, aquel estaba torcido, el otro pinchaba demasiado… la mañana se les escapaba con velocidad pero se divertían, Rose hablaba con Scorpius, le contaba historias sobra la tradicional fiesta de Navidad de los Malfoy, sorprendida, pues desconocía que había una fiesta de Navidad, asustada, se sintió abrumada de repente.

-¿Qué fiesta de Navidad?-Inquirió, tomando a su amigo del hombro, con sobresalto.

-Cada año celebramos una cena de Navidad, para nuestros amigos más cercanos.-Aclaró Draco con una media sonrisa, divertido ante el apuro de Rose.-Nada intimidante, no temas.

Scorpius rió, Rose se sonrojó, adelantándose hasta legar a la altura de Draco, con gesto interrogante, haciéndole sonreír.

Yo, ¿Estoy invitada?-Quiso saber, con un punto de inquietud en su voz.

-¡Por supuesto!-Aclaró Draco, mirando a Scorpius por encima del hombro de la chica, inquieto.

-Pero, pensé que mi presencia incomodaría a sus invitados…-Murmuró, comprendiendo al fin las reticencias de Astoria.-Y que tal vez no…

Scorpius abrió mucho los ojos, molesto ante semejante insinuación, Draco apretó los labios, sintiendo algo parecido a la ira, una indignación casi incontenible.

-¡No digas bobadas, Weasley!-La reprendió, secamente, sin querer en realidad tomarlo con la joven, que se encogió asustada ante el tono enfadado de Draco.-¡Claro que te quiero aquí!

Un escalofrío recorrió su espina dorsal, al tiempo que sus miradas entraban en contacto y Draco no encontraba modo alguno de negar lo que sin pretenderlo había dicho. El corazón de la pelirroja se aceleró descontroladamente, sin poder evitar entender lo que deseaba en las vehementes palabras de Draco.

Se dejaba llevar, no cabía otra posibilidad, veía lo que quería ver, imaginaba cosas, negó con la cabeza, recordándose que él no sentía nada por ella, que era imposible que lo hiciera, se recordaba que no eran más que los coletazos de esperanza de una niña tonta y enamorada.

Desvió la vista con cuidado, incapaz de aguantar los ojos plateados que se clavaban en ella, como si pudiese discernir lo que sentía, temerosa de que él pudiera saberlo.

Scorpius lanzó una mirada de molestia a su padre, clavando los ojos en él, mientras ella se alejaba tras el elfo.

-No le hables así-Murmuró el chico, defendiendo a su amiga-, ella no tiene la culpa.-Aclaró el muchacho, recordando con intención a su madre.

-Lo sé.-Confirmó el hombre, aceptando que no debía dejarse llevar.

-¡Este!-Señaló la chica, llamando la atención de los dos hombres, que miraron el pequeño abeto que ella señalaba.

Era algo más alto que Draco, tupido, de un color verde oscuro intenso, recto y de ancho tronco. Los dos asintieron a un tiempo, contemplando el bonito pino, y a la bonita chica que se lo mostraba, sin que ninguno pudiera evitar sonreír, ni conmoverse ante la escena.

Con un gesto, Draco animó al elfo y tras un par de hechizos se llevaron el abeto, levitando, hasta regresar a la Mansión Malfoy.

Cuando hubieron regresado, Astoria rezongaba en el sofá, se quejaba ante la tardanza de su familia y aun protestó cuando la hojarasca del abeto cayó sobre la cara alfombra del salón, donde depositaron el árbol, en un rincón, cerca de la chimenea.

Rose la ignoró cuando se sentó a la mesa, hambrienta y la rubia mujer no se atrevió a decir nada, aunque miraba a Rose con desagrado, Scorpius habló a su oído.

-Ayer, cuando tú te fuiste me mandaron arriba, discutieron, mi padre te defendió, parecía muy cabreado.-Explicó, con una sonrisa.

Rose asintió, con una sonrisa, imperceptible en el rostro, mirando de reojo a Draco con incansable devoción, sintió como él le devolvía la mirada y ambos se sonrieron con extraña complicidad. Sintiendo ambos una corriente que les recorría, confirmando al hombre rubio lo que ya empezaba a ser desgraciadamente innegable.

A pesar de que fuese un error, Draco la quería.

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Bueno lo cierto es que este cap es más corto de lo habitual, pero espero que os guste, es bastante revelador, no???? Además os he incluido el punto de vista de Draco. jajajaja

Lo cierto es que quería actualizar antes porque en una semana no voy a poder actualizar, me voy de viaje y hasta el martes que viene no vuelvo, me va a ser imposible actualizar hasta entonces, será lo primero que haga en cuanto vuelva, lo prometo, jajajajaja

nos vemos en los comentarios

Besos

Aivlis Malfoy