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Historia 60325 — capítulo 1

Prólogo

Un rayo de luz se filtró por la ventana, e impactó directo en su rostro, abrió sus castaños ojos y, después de dar un gran bostezo, se sentó en la cama.

Minerva McGonagall la observaba severa y cariñosamente. Era una señora de unos cuarenta y tantos, y bastante activa. Su castaño cabello estaba amarrado por un alto chongo y un gran moño.

Sus castaños ojos miraron a la niña que seguía sentada en la cama, sonriéndole.

-Unos minutos más, por favor, nana -pidió la pequeña castaña. McGonagall negó con la cabeza.

-Es hora de levantarse, Hermione. Tus padres quieren que les acompañes en el desayuno, antes de partir -dijo. Hermione suspiró y se paró junto a su cama. McGonagall se acercó para ayudarle a desvestirse y, después, la mandó a bañar.

Varios minutos después, Hermione salió. Y, una vez vestida, tomó asiento en la silla, frente a su tocador.

McGonagall le empezó a cepillar, cuidadosamente, el cabello. Les tomaría algo de tiempo debido a lo enmarañado que era. Hermione le sonrió culpablemente, dejando ver la falta de sus dos dientes frontales; todas las mañanas era lo mismo, desde hacía siete años atrás.

-¿Por cuánto tiempo se irán mis padres esta vez, nana? -Preguntó Hermione. McGonagall suspiró y empezó a tejerle una trenza con el cabello.

-No lo sé, querida, será mejor que tu les preguntes -dijo.

-¿Por qué tienen que ir tan lejos? -Preguntó, con el entrecejo fruncido, levemente.

-Tú sabes que tu padre apreciaba mucho a Sirius, Hermione. Quiere devolverle todos los favores que le debe.

-Trayendo a su sobrino y dándole un merecido funeral-dijo.

-Tus padres tienen muchas obligaciones, pequeña; entiende que no es nada fácil ser los reyes de Hogwarts.

Hermione no dijo nada más y bajó a desayunar. Sus padres ya estaban en la mesa, la esperaban, pacientemente.

Ambos le sonrieron a la niña de siete años y empezaron a desayunar.

…

-Te tienes que portar muy bien mientras estamos fuera, Jean -dijo su madre. La pequeña le sonrió y asintió con la cabeza, antes de verla subir al Carruaje Real. Su padre se acercó, le besó la frente y le acarició la mejilla.

-Te quiero mucho, Hermione, cuídate -dijo el Rey Patrick.

-Te extrañaré, padre -sonrió Hermione, tristemente.

Su padre y su nana McGonagall eran los único que la llamaban por su primer nombre, de ahí en fuera la conocían como 'Señorita' -por los empleados-, 'Princesa Jean' -por las personas del pueblo- o 'Jane' -por sus familiares-, igual que su madre.

La pequeña no quiso entrar al castillo, meses atrás hubiera ido con Sirius a pasear pero ahora él ya no estaba. Por lo menos, pensó, llegaría su sobrino y tal vez hicieran migas. Caminó por los jardines, oliendo el pasto y las flores, y agradeció que no hubiese llovido, porque no estaría fuera, a causa del olor a pasto mojado.

Saludó a Madame Sprout que estaba cuidando los rosales y caminó hasta La Fuente. Estaba fuera del castillo, pero cerca. Además, ella sabía un atajo, gracias a Sirius, por lo que no, precisamente, tenía que salir del área.

Le encantaba ir ahí y pedir un deseo, por lo regular, Sirius la acompañaba y le daba una moneda, así ambos pedían un deseo.

Lo extrañaba mucho, e ir a lugares que él mismo le había mostrado, le hacía recordarlo más.

-No deberías estar aquí sola y cerca del castillo, ¿sabes?- Hermione volteó para toparse con un niño más alto que ella, pelirrojo y con miles de pecas- Los reyes pueden venir y-

-Ellos no son malos -dijo Hermione. Aquel niño pelirrojo no le agradaba.

-Como quieres -dijo -, luego no corras con tu madre llorando, eh.

-No hará falta -dijo Hermione. El pelirrojo no dijo nada, se puso de espalada a la fuente, cerró los ojos y arrojó una moneda -¿Qué pediste?

-No se cumplirá si te digo... -Hermione alzó una ceja. El pelirrojo suspiró y le dijo-: Volverte a ver.

-¿Para qué? -Preguntó Hermione, sorprendida.

-Para que me digas que tenía razón y me cuentes qué tan malos son los reyes -dijo. Hermione frunció el entrecejo y los labios, pero no dijo nada más. El pelirrojo le sonrió con autosuficiencia y le tendió la mano.

Hermione tomó las dos monedas que el niño le ofrecía, por no ser descortés. El pelirrojo se fue con las manos en los bolsillos, pateando una piedrita.

La castaña le dio la espalda a la fuente, cerró losojos y arrojó la primera moneda. "*Deseo lograr tener un amigo".*Arrojó la segunda "Deseo poder ver a aquel niño, de nuevo".

Hola, paso rápido porque Ingrid quiere hablar, naa, broma xD Bueno, este es el Prólogo, el 'capítulo' más corto, porque quiero que los demás sean algo largos, o no sé. Es que son bastantes cosas. En éste, no se aclaran muchas cosas, pero en el siguiente ya vendrán más explicaciones, y demás. Espero les haya gustado. Sólo hay una pequeña cosa, tengo otro fic, a la mitade, le quedan 15 capítulo; pero además, está el otro que publicaré... entonces, necesito algo de paciencia, porque no quiero hacer los capítulo al aventón, realmente quiero que quede bien, y les guste :) No creo tardar mucho. Tal vez actualice una vez por semana, y así. Aún no lo he pensado mucho :S Pues, me despido. Gracias por leer. Saludos, se cuidan. Mel