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Historia 60325 — capítulo 2
Capítulo 1:
-Hermione, es hora de levantarse, querida -llamó McGonagall.
Hermione se removió entre sueños y se tapó la cabeza con el cojín. McGonagall reprimió una sonrisa, y se acercó a la ventana. Con delicadeza, corrió las cortinas. Los rayos de sol impactaron directo en el rostro de la joven de dieciséis años que reposaba en la cama.
-Madame Hooch, llegará pronto, Hermione.
-No quiero ir a sus clases, nana -dijo Hermione -. ¿Por qué debo aprender a tejer o a cocinar, si puedo comprar ropa y puedo encargar la comida?
-Hermione, es necesario para ser una buena esposa -dijo McGonagall.
Hermione resopló y frunció el ceño. Buena esposa. Ella ni se quería casa. ¡Por, Dios! Apenas acababa de cumplir los dieciséis años y ya la querían casar.
-¿Y si no me quiero casar? -Preguntó. McGonagall le sonrió con ternura.
-Créeme, Hermione, algún día te querrás casar, te lo prometo.
-Lo dudo -dijo Hermione. McGonagall rodó los ojos.
-Yo, dudo que no te quieras casar, Hermione. Vamos, es sólo que aún no llega el indicado -dijo. Hermione sonrió, burlonamente.
-¿El indicado? Nana, eso no existe -dijo, sonaba muy convencida.
-¿Y tú cómo sabes? -Preguntó, suspicaz. Hermione podía ser muy inteligente, pero McGonagall, también.
-Es ilógico -dijo. McGonagall suspiró, Hermione no creía en nada que no tuviera explicación ni lógica. A veces deseaba que fuera la pequeña de antes, que siempre pedía deseos, y le gustaba escuchar los cuentos de príncipes azules, en corceles blancos.
-Debes dejar de buscarle una explicación lógica a todo, querida.
-¿Por qué?- Preguntó. McGonagall resopló y Hermione le sonrió -Será mejor que me meta a bañar pronto.
-Esa me parece una excelente idea -sonrió McGonagall.
…
-Es que te juro que es totalmente aburrido ser… así. No hay diversión. Ya me cansé, Harry.
Harry miró a su amiga, resignado. No entendía cómo, ser princesa, pudiera ser aburrido. Sí, no era como los cuentos de hadas, pero aún así, no podía ser tan… malo. Aunque Hermione se encargaba de demostrarle lo contrario en cada una de sus pláticas.
Sonrió. De seguro con Sirius no era así. Lo extrañaban, muchos. A pesar de que habían pasado nueve años desde su muerte, seguía presente en sus pensamientos. Aunque también habían pasado nueve años desde que había llegado al castillo. Nueve años de haber conocido a Hermione, y nueve años de estar trabajando para los reyes y la princesa.
-¡Harry! -Exclamó Hermione - Deja de pensar en… Ginny, sí, Ginny y escúchame, ¿quieres?
Harry rodó los ojos y miró a Hermione.
-Para que sepas no pensaba en Ginny -dijo, sin poder evitar que una sonrisa boba en su rostro -. Estaba pensando en Sirius -Los ojos de Hermione oscurecieron debido a la tristeza, Harry le sonrió -, y que desde hace nueve años llegué aquí y te conocí.
Hermione sonrió y arrugó la nariz, cuando Harry le pellizco su mejilla derecha. Harry había sido como un regalo enviado del cielo, le hacía falta un amigo -sin saberlo, porque no sabía qué era eso-, y le llegó de pronto.
-Cuéntame más sobre Ginny, Harry -pidió Hermione, como una niña le pide a su padre que le leyese un cuento. Harry sonrió y tomaron asiento en la banquita.
-Pensé que te disgustaba que hablara o pensara demasiado en ella, Hermione -dijo Harry, bromeando. Porque la verdad, sabía que Hermione era una romántica de lo peor. Hermione bajó su vista, y cubrió sus mejillas poco sonrojadas, con su cabello.
-Jamás me enojará algo que te haga feliz, Harry -aseguró Hermione. Harry sonrió, sabía que lo decía enserio, pero como todo buen hermano postizo, le encantaba hacerla rabiar, pero sólo un poco.
-Pues no parecías muy contenta cuando te contaba sobre Cho -dijo. Hermione arrugó el ceño y frunció los labios.
-Eso es muy diferente, ni siquiera eras realmente feliz -dijo Hermione -. Esa chica nada más no me agrada, y me molesta tener que verla en cada fiesta Real.
Harry suspiró y, antes de que su amiga empezara a decir algo más, empezó a contarle sobre el pasea que la tarde anterior había hecho con Ginny Weasley, su novia.
-Es una chica muy linda y lista, Hermione -dijo Harry, realmente sonaba muy feliz -. Tiene el cabello rojo, al igual que toda su familia. Tiene seis hermanos, es la única chica.
-¿Tantos hermanos? -Preguntó Hermione. En cierta forma, le maravillaba tener una familia tan grande, pero aún así, no podía evitar pensar en el martirio de la pobre Sra. Weasley.
-Sí, Bill es el mayor, está comprometido con Fleur, la hija del contador Delacour -Hermione asintió -, luego sigue Charlie, él vive en Rumania, trabaja domando animales salvajes. Después está Percy, él es… está muy pendiente de su trabajo -dijo Harry, había algo del chico que no le gustaba, pero aún no sabía qué-. Y le siguen los gemelos, Fred y George, ellos tienen una tienda de juguetes en el pueblo. Y va Ron, él es mi mejor amigo, es muy sobreprotector con su hermana, tal vez porque están más unidos, tan sólo se llevan un año.
-¿Tú cuñado, además de sobreprotector es tu mejor amigo? -Rió Hermione, le parecía muy cómico aquello.
-Bueno, yo lo conocí y él me presentó a su hermana… tendríamos unos trece años, casi catorce.
-En ese entonces veías a Ginny como una hermana, ¿recuerdas? -Hermione sonrió, al igual que Harry.
-Cómo me arrepiento de no haberme dado cuenta antes -confesó -, todo el tiempo que perdimos.
-No fue tu culpa… tal vez de tus lentes -Harry la miró sin entender, y Hermione soltó una pequeña risita, la verdad no le gustaba mucho su risa, así que cada vez que podía, evitaba reír -. Estás ciego, Harry James Potter.
El pelinegro rodó los ojos y pasó un brazo por los hombros de Hermione. Él quería que su amiga fuera feliz… y no lo era. Tan sólo contaba con él, McGonagall y su padre para todo. Ya que su madre no era muy maternal y con las otras personas, Hermione no se llevaba tanto.
-Encontrarás a alguien que te haga sentir lo que yo siento por Ginny -aseguró. Hermione suspiró cansinamente.
-McGonagall me lo dijo en la mañana, y ahora tú… de verdad que están locos. ¿No entienden que yo no puedo enamorarme? Si es que eso existe, claro.
Harry la miró, examinándola. La tomó de la mano y la guió hacia donde ya tenían mucho de no ir juntos, porque él si iba. Sólo Hermione había dejado de frecuentar La Fuente, al mismo tiempo que la magia desapareció de su cabeza.
-¿Qué hacemos aquí, Harry? -Preguntó.
El cielo ya estaba anaranjado, rojo, moradoy azul, gracias al atardecer. Pronto sería la hora de merendar, así que tenían poco tiempo.
No le respondió a Hermione.
Empezó a buscar dentro de los bolsillos de su pantalón algunas monedas, y no las encontró hasta unos segundos de él. Le tendió a Hermione una, y él se quedó con otra.
-No pienso pedir un deseo, Potter -advirtió Hermione.
-¿Por qué no? -Preguntó. Hermione rodó los ojos, ya había dado su explicación muchas veces, y jamás había cambiado, así que evitó contestarle a Harry - Eres una amargada. Yo sí lo haré -sonrió.
Se puso de espaldas a La Fuente y arrojó la moneda, deseando la felicidad de su amiga.
…
Los Reyes eran personas respetadas en Hogwarts, en especial el Rey Patrick, que tenía un gran corazón, era noble y respetuoso. En cambio, Jean Granger era terca, orgullosa y no muy respetable.
Hermione había sacado un poco de ambos, pero en especial, de su padre.
Con él llevaba una muy buena relación, hablaban casi de todo, y compartían todo el tiempo que podían. Con su madre era todo lo contrario. En ella, sentía que no podía confiar mucho, su relación era algo distante y pocas veces pasaban tiempo a solas.
La princesa ya estaba acostumbrada a su familia y la espontaneidad. Por eso no le sorprendió mucho que su madre escogiera salir a merendar.
Adoraba el pueblo, pero no le gustaba ir y que todos la mirasen como si de algo raro se tratara. Sí, era una princesa, pero no por eso, dejaba de ser una persona común y corriente. Así que no entendía por qué tanto asombro.
El Carruaje Real los condujo hasta el restaurante más elegante de Hogwarts. Les abrieron las puertas, les corrieron las sillas, les tomaron la orden con tranquilidad y felicidad.
Esperaron su comida, pacientemente, aunque a Hermione no le gustó que su comida llegara antes que la de los demás, pero no dijo nada.
Harry estaba alado de ella, comiendo tranquilamente. Iba a empezar a comer cuando dos muchachos pelirrojos entraron al restaurante, con algo de relajo. La reina los miró escandalizada, pero no mencionó nada.
-Venimos a dejar tu encargo, Rosmerta -escuchó decir a uno de ellos. Ambos eran idénticos y como ni los conocía, no había forma de identificarlos.
-Gracias, chicos -sonrió Rosmerta -. ¿Podrían ponerlo en la cocina, por favor?
-Claro -asintieron los dos al unísono, guiñándole un ojo a la guapa mujer.
Ambos entraron, minutos después, con dos cajas llenas de diferentes panes. Hermione se lamió los labios, gustosa. El olor era grandioso, y con el hambre que tenía se antojaba más.
Pronto recordó que su merienda la estaba esperando, así que dejó de ver a los gemelos y se dedicó a disfrutar de su comida. Madame Rosmerta era una gran cocinera, la mejor de todo Hogwarts, sin duda alguna.
-Come más aprisa, Jean -apuró su madre -, te has quedado en tu mundo, será mejor que termines o nos iremos sin que meriendes bien.
-Lo siento, madre -se disculpó -. Estaba pensando en algo más.
Nadie dijo nada más y, hasta que todos hubieron terminado de cenar, salieron del lugar, no sin antes agradecer a Madame Rosmerta por su rica comida.
A Hermione le seguía el antojo de darle, por lo menos, una mordisca a alguno de los panes que los dos muchachos habían traído. Claro que seguía aguantándose las ganas, ya que ni siquiera sabía de dónde eran, ni nada.
…
Hola, bueno... así, más o menos, serán los capítulos,se forman dependiendo de lo que pasará, así que aún no sé exáctamente qué tan largos serán, pero no creo que sean cortos.
Paso rápido, porque no debería estar aquí, ya que tengo que tener dos días de reposo y eso... pero bueno, me sentí mejor y se me quitó el mareo, así que pasé rápido, ya está casi listo el próximo capítulo, en cuanto pueda lo termino, lo edito, y lo publico xD
Muchas gracias a los que agregaron el Fic a favoritos, a los que lo están leyendo, y a los que comentaron, se aprecia ;)
Mel