← Historia 60325 · de
Historia 60325 — capítulo 3
Capítulo dos:
Llegando al Castillo, su primer pensamiento fue para su cama. De verdad estaba muy cansada y, también, quería quitarse el antojo de los panes.
Sabía que en cualquier momento podía pedir que le trajeran el pan que quisiera, pero, de sobra, sabía que no serían los mismos, ya que, para su mala suerte, el Chef Flitwick, era el que hacía los panes, y sabía que no eran los mismos.
Aunque tampoco se quejaba, el Chef cocinaba delicioso.
Se fue a su cuarto a penas llegó, despidiéndose de todos.
Al acostarse, después de haberse puesto el pijama y haberse trenzado el cabello, pensó en los muchachos pelirrojos que habían saludado a Madame Rosmerta, llevando los panes.
Por alguna extraña razón, el tono de cabello se le hacía, vagamente, familiar. Pero, por más que intentaba recordar, no podía.
Pensando en el anaranjado cabello de los gemelos, se quedó dormida.
…
Al otro día se había topado con una salida improvisada. Su madre tenía ganas de desayunar la comida de Madame Rosmerta, así que el Rey la complació y fueron a desayunar, Harry iba a ir con ellos, pero luego alegó que tenía algunos asuntos que atender.
Hermione sabía de sobra que esos asuntos tenían nombre apellido y cabello anaranjado, pero no dijo nada, ella no era nadie para impedir la felicidad de su hermano.
Varias miradas siguieron el Carruaje, curiosas. No era muy común ver a los Reyes y a la Princesa fuera del castillo tan seguido.
Hermione casi no salía del Castillo, prefería quedarse en él. Le gustaba eso de que casi nadie la pudiera reconocer al instante. Si no fuera por el tipo de ropa que llevaba o los acompañantes con los que iba, podría pasar desapercibida.
Suponía que nadie le podría ver su marca de nacimiento. Con el que fácilmente podrían reconocerla. Pero, de igual forma, dudaba que alguien le revisara el lado izquierdo de su espalda.
Siguió a sus padres hasta dentro del restaurante, y pudo apreciar la cara de sorpresa que Madame Rosmerta, no pudo esconder.
Casi todas las demás personas, tampoco pudieron evitar estar mirándolos a cada rato.
No entendía por qué llamaban tanto la atención, después de todo, tan sólo eran personas normales, que, en ocasiones, portaban coronas y que vivía en una casa algo más grande que la de cualquiera en el pueblo.
A veces pensaba que, tal vez, llevaban algo lo bastante llamativo para llamar la atención del pueblo entero, pero se daba cuenta, que, con tan sólo ver el Carruaje, sabían quiénes iban en él.
Los meseros de Madame Rosmerta se apresuraron a llevar el desayuno que les correspondía.
En lo que estaba su desayuno listo, se dedicó a admirar el local que tanto le fascinaba.
Lo cierto era que no tenía algo que realmente llamara la atención, pero su ambiente era bastante acogedor.
Había mesas por todo el lugar, la cocina estaba detrás del mostrador en donde un muchacho de cabello castaño claro, casi rubio, atendía. Aunque parecía algo torpe, pero también buena gente.
Algunos cuadros, a los cuales la Princesa no le encontraba forma, adornaban la amarilla pared.
Un olor demasiado familiar la volvió a la realidad. Ante ella estaba su desayuno y los panes que el día anterior los gemelos pelirrojos se habían encargado de llevar.
Quiso tomar uno de inmediato, pero la mano de su madre se lo impidió.
-No es bueno tanto pan, Jean -Hermione quiso preguntar cuántas otras veces había comido pan, para que se lo impidieran ahora -. Lo hago por tu salud, hija, díselo, Patrick.
-No lo hará daño una pieza de pan, Jean -dijo el Rey, Hermione le sonrió, pero la Reina le dedicó una mirada llena de reproche. La Princesa no quería que sus padres tuvieran problemas por su culpa, así que alejó su mano de la canastilla y le sonrió, de nuevo,al Rey.
-No hay problema -dijo Hermione. De pronto parecía como si el buen humor de su madre hubiera vuelto.
La castaña reprimió sus ganas de llorar, la verdad se le antojaba mucha la pieza, pero no haría un escándalo por eso. Tampoco le parecía justo que su madre la tratase así y, la verdad, ser una Princesa, ya le estaba cansando.
…
-¿Crees que mamá se dé cuenta si tomo una pieza de pan? -Preguntó.
McGonagall y ella estaban en la cocina. Hermione la estaba acompañando, mientras su nana revisaba que la cena fuera tal y como la reina les había pedido.
-No lo creo, ahora está con tu la Duquesa esperando la cena, cariño -sonrió McGonagall. Hermione le sonrió aún más, se acercó a la canastilla y tomó una de las tantas piezas.
-¿Harry está en el Castillo? -Hacia un buen rato que no lo veía, tenía ganas de charlar con él.
-Me ha mandado a decir que llegará para la cena, seguro no tarda… ha ido con Ginny -informó. Hermione asintió -¿Te da mucha curiosidad?
-¿El qué? -Preguntó Hermione.
-No lo sé, cada vez que menciono a Ginny te pones pensativa. ¿En qué piensas? -Preguntó McGonagall.
-¿Cómo será vivir como Ginny? -McGonagall le sonrió - Es que… supongo que debe ser diferente, ¿no? Ellos no tendrán tantas reglas como las que mi madre me pone.
-Tú, ya los has visto, Hermione.
-Pero… no es lo mismo, nana -replicó Hermione -. Sólo siento curiosidad, eso es todo.
-Yo lo veo como todos los días, Hermione, y créeme, no hay nada fuera de lo común -dijo una voz detrás de ellas.
Hermione volteó a mirar a Harry. Frunció el ceño,McGonagall desvió la vista, disimulando una sonrisa, siempre que Hermione sacaba ese tema a colación, Harry y la Princesa tenían una pequeña discusión.
-Para ti no será nada fuera de lo común, Harry, pero para mí sí -dijo Hermione -. Tu sabes perfectamente cómo es mi vida, te darás cuenta que es completamente diferente.
-Hermione, yo sé que no querrás vivir como ellos, cuando te des cuenta de qué tan complicada es su vida.
-Estás mal, Potter -declaró Hermione. Harry resopló y miró a McGonagall, pidiéndole ayuda. La nana sólo se encogió de hombros. Ambos sabían qué tan terca era la Princesa.
-Será mejor que se vayan a sentar, la cena estará servida en cualquier momento, y no creo que a tu madre le agrade saber que has estado en la cocina -interrumpió McGonagall.
Ambos salieron, obedeciéndola y se encaminaron hasta la sala, en donde saludaron a la Duquesa Narcissa.
A Hermione no le simpatizaba mucho la familia Malfoy, pero era una de las más ricas, por lo tanto, era una de las familias que más se juntaban con los Reyes.
La Princesa sabía que los Duques no eran buenas personas, sin embargo, también sabía que su hijo, Draco, era algo diferente a ellos, aunque se encargara de ocultarlo.
-¿Draco no ha venido? -Preguntó Hermione, tomando asiento junto a su madre.
Harry se había retirado para ayudar al Rey, quien lo había mandado llamar.
-No debe de tardar, querida -contestó la Duquesa -. Está afuera con tu padre… y con el joven Potter.
Los Duques no llamaban a Harry por su nombre, la Princesa sabía que lo sentían inferior a ellos, pero aún así no le faltaban al respeto, por no contradecir a los Reyes de Hogwarts.
-La cena ya está lista, su majestad -informó McGonagall.
La Duquesa, la Reina y la Princesa se levantaron de sus asientos y acudieron al comedor. El Rey, el Duque, su hijo y Harry ya estaban ahí, esperándolas.
Después de tomar asiento se dedicaron a cenar. De vez en cuando las señoras comentaban alguna que otra cosa, al igual que los señores.
Draco, Harry y Hermione sabían que les estaba prohibido hablar en la mesa, por lo tanto, se dedicaron a cenar, algo aprisa, para poder salir a platicar, adecuadamente.
No pasó mucho tiempo antes de que pudieran salir al jardín. Draco y Hermione se adelantaron, mientras que Harry iba a revisar algo con el Rey.
-¿Qué hay de nuevo, Princesa? -Sonrió Draco, Hermione rodó los ojos.
-Me llamo Hermione… o Jean, como prefieras, pero no Princesa, por favor -pidió.
-¡Ay! No tienes que ser tan cruel, Jean -sonrió Draco -. ¿Qué no ves que hieres mis sentimientos?
Hermione rió pero no le contestó. Draco era uno de los muchos que le llamaban por su segundo nombre, según el rubio, ambos eran igual de bonitos, pero que, aún así, prefería llamarle Jean.
Hermione sabía perfectamente que sólo era para no tener problemas con sus padres, pero aún así, no lo obligaría.
Harry se acercó a ellos y les sonrió. Hermione le regresó el gesto, pero Draco apenas hiso una mueca.
Ambos no tenían una relación precisamente de amistad. Hermione pensaba que si no fuera por ella, no se hablarían y, al contrarío, se faltarían al respeto.
Ambos tenían personalidades tan diferentes, que, en vez de caerse bien, chocaban. Lo que hacía que sólo se pudieran aguantar por su castaña amiga.
-Mi madre me ha prohibido comer pan, ¿acaso no es muy injusto eso? -Dijo Hermione, mirando a Draco. Harry rodó los ojos, pero Draco le sonrió.
En el fondo sabían que la razón por la que ambos se llevaban tan bien era porque se entendían.
Draco también vivía como Hermione, encerrado en el mundo de sus padres. Y Hermione sabía que también ya le estaba cansando ese mundo.
A veces deseaba que Harry la comprendiera, pero otras no, ya que eso significaría que sufriría igual que ella, y, para ser sinceros, no quería que nadie pasara por eso.
-Eso pasa -dijo Draco -, pero tampoco es algo que podamos evitar, aunque sabes que podemos conseguirlo con tan sólo ir a las cocinas y, encargarnos de que nuestras madres no nos cojan -sonrió.
-He comido una pieza mientras tu madre y la mía platicaban en la sala -comentó -. ¿No estás cansado, tu también? -Preguntó, mirando a Harry de reojo.
-Claro que sí, pero no es algo que pueda comentar a los cuatro vientos, Jean -dijo -. No te debes preocupar tanto -Harry lo miró, al igual que Hermione -, seguro que nos acostumbraremos… tal y como nuestros padres.
Los tres chicos suspiraron.
Harry recordó la primera vez que Hermione se encargó de mostrarle que todo eso de ser la Princesa, ya no le estaba gustando tanto.
El moreno ya tenía ahí seis años, ambos -Harry y Hermione - tenían los trece años, cumplidos.
En uno de sus habituales paseos al pueblo, a escondidas, claro vio que Hermione estaba bastante maravillada y pensativa.
Sabía que era algo normal, dado a que la castaña casi no cómo era vivir como la gente del pueblo. Todasu vida había estado en un castillo siendo Princesa, así que era bastante comprensible.
Harry quiso tomarse el asunto con humor, pero jamás se imaginó lo que le contestaría Hermione.
-¿Acaso, su majestad, la Princesa Jean, ya se cansó de ser Princesa de Hogwarts? -Preguntó Harry, con sorna. Iban pasando cerca de una florería, que hiso que Hermione frunciera la nariz, a causa del olor.
-Su majestad, mis calzones, Potter -exclamó Hermione -. Quiero ser normal... quiero vivir como tú.
-No sé si debo ofenderme o no -murmuró Harry. Hermione sonrió.
-No debes -dijo -. Sería maravilloso poder hacer lo que quieras cuando quieras.
-No siempre puedes hacer lo que te plazca, Hermione -La castaña suspiró.
-Pero -dijo -por lo menos tendrán más libertad que la que yo tengo, ¿no crees?
Harry quiso negárselo todo para que no se sintiera tan mal, pero se limitó a encogerse de hombros, para no mentirle a su amiga… o no del todo.
-¿Por favor?
- Harry regresó a la realidad, al escuchar a su amiga.
Hermione miraba a Draco y, claramente, le estaba pidiendo algo. Y, a juzgar a la cara del rubio, supo que no estaba nada convencido.
-No, Jean, definitivamente estás loca -dijo.
-¿Por qué? -Preguntó Hermione, para nada ofendida.
-Pues… no lo sé, te habrás caído y -
-¡Draco! -Exclamó Hermione. El rubio sonrió.
-No, Jean, enserio que no -dijo. Hermione hizo un puchero y miró a Harry.
-¿Tu qué dices? -Preguntó. Harry frunció el ceño, confundido.
-Quiere vivir una vida normal -explicó Draco. Harry la miró como si le pasara algo malo -. Ya podemos confirmar que la Princesa está loca.
Harry se lo pensó mucho. Miró la expresión resignada de Hermione y leyó el deseo de ser sólo alguien más, aunque fuera por una vez, nada más.
Luego miró a Draco. A pesar de que rechazaba la idea de Hermione, él sabía que el hijo de los Duques, en el fondo, también deseaba vivir una vida normal.
Leyó la misma cantidad de ganas en los ojos de ambos y suspiró.
-Está bien, está bien…
Ambos, Draco y Hermione, levantaron la vista para verlo, bastante sorprendidos.
Draco disimuló una sonrisa, pero no dijo nada.
Hermione se paró de la banquita en donde estaba sentada junto con Draco, y abrazó a Harry, sonriendo como nunca.
-Aunque sé que me arrepentiré -dijo.
-Lo dudo -sonrió Hermione.
Pero, en el fondo, Harry no estaba tan seguro de la decisión que había tomado.
Tan sólo esperaba que Hermione se la pasara lo suficientemente bien para que el otro tanto del brillo de sus ojos, que había perdido algunos años atrás, regresara.
Paso rápido debería estar terminando tarea, Draco se metió al Fic :S xD
Es que simplemente lo amo <3 xD Al igual que a Ron y a Voldemort, pero Ron es el #1 :D
Amm, ok... espero les haya gustado :D Amm, ya empieza todo :) En el próximo capítulo saldrá Ronnie <3
Saludos, y gracias por los comentarios :D Mel