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De Pasarelas, Modelos y Zapatos — capítulo 1
Prólogo
Contaban por ahí, que ni Adelina ni Azul sonreían de esa manera hace muchos años. Que la sonrisa de Azul era de plástico, y la sonrisa de Adelina solo era sonrisa sincera cuando se trataba de la felicidad de Azul
Ambas mujeres se miraban a los ojos, como quién no puede reconocerse frente a un espejo. Tan diferentes, y tan iguales, las dos damas no se quitaban la mirada en la mesa de ese elegante bar. Ambas esperaban a alguien, y por pura casualidad del destino, se había encontrado en el mismo lugar, a la misma hora.
Azul encendió un cigarrillo, sin dejar a un lado esa elegancia y sensualidad que tanto la caracterizaban ahora. Beau Bleu era la modelo más famosa de ese entonces, y sus ojos reflejaban esa mezcla de inocencia y lujuria que atraía a tantos hombres. Adelina sonrió para sí al recordar que antes de ser Beau Bleu, Azul simplemente había sido Azul, a secas.
Adelina aún recuerda el día en que Azul María Pérez se convirtió en Beau Bleu. Azul…no lo recuerda.
Es una calle estrecha, rodeada de esas casas de ricos que tanto llamaban la atención por sus coloridos tejados y jardines verdes, con flores exóticas y olorosas. El aire tenía un solo aroma, el del dinero. Y mientras Azul despertaba con un bostezo en la casita blanca, al lado de una iglesia; Adelina, quién vivía tres casas a la derecha, despertaba a la misma hora con el ruido escandaloso del despertador de su hermana menor.
La casita blanca al lado de la iglesia, se podía describir en una sola palabra: humilde. Los jardines cubiertos de malas hierbas, las paredes pintadas con aerosol por malandrines nocturnos, un vidrio roto, y una puerta que chirriaba al abrirse. Azul llevaba toda su vida viviendo ahí, y no se quejaba: la casa tenía justo lo que ella quería.
Una cama, una iglesia y suéteres de lana eran las únicas peticiones de la sencilla muchacha. Tenía una larga y esponjada melena castaña, llena de nudos. Usualmente cepillaba su encrespado cabello con un doloroso cepillo que le causaba jalones y lágrimas penosas. Azul tenía los ojos azules, ocultos bajo los lentes de gran grosor que debía usar por la severa ceguera que su abuela materna le había heredado. La piel estaba invadida por unos pequeños puntos rojos, puntos que a Azul nunca le habían importado. El acné, y sus suéteres de lana, sus pantalones sobre los tobillos y sus zapatos rotos nunca habían sido de gran importancia para Azul, ni siquiera su notable sobrepeso era algo que le quitará el sueño y torturara su vida, al contrario de Adelina.
A tres casas a la izquierda, en esas casas de ricos,vivía Adelina, quién diariamente se cepillaba el rubio y arreglado cabello, antes de adornarlo con una diadema de flores. Su hermana Cristina despertaba con la melodiosa voz de su cantante favorita, una tal Miley Cyrus que Adelina no toleraba oír. Cada día insistía a su hermana a cambiar el tono del despertador por cualquier otra canción en el mundo, pero Cristina era una niña de ocho años caprichosa y testaruda, que seguíaconsiderando a Hannah Montana y Miley Cyrus dos personas diferentes, a pesar de que Adelina le había insistido en el hecho de que Hannah y Miley eran la misma persona.
Adelina despertaba diariamente con una sonrisa, mientras tres casas a la derecha, Azul despertaba automáticamente, sin necesidad de alguna melodiosa canción. Apenas despertaba y se vestía con lo primero que veía en su reducido armario. Luego, corría a la habitación de su abuela, donde se aseguraba de que la anciana hubiera tenido una buena noche, y la enfermedad que le mataba las células del cuerpo no le hubiera causado dolor. Azul le entregaba algunas pastillas para aliviar el dolor, y corría a preparar el desayuno.
Mientras tanto, Adelina, desayunaba un vaso de leche dietético, y unas galletas de avena, pues trataba de cuidar su figura para el próximo baile escolar, donde esperaba que finalmente el atractivo Cristóbal la invitara a bailar. La sirvienta de Adelina preparaba huevos y tocino para los demás, mientras que tres casas más lejos, Azul terminaba de servir el desayuno.
Azul entonces, leía la Biblia, cantaba algunos salmos y rezaba una que otra oración, se santiguaba y tomaba su raída mochila, lista para ir a la escuela, caminando. Recogía las botellas de alcohol que su padre se había bebido la noche pasada, y rezaba porque el hombre no hubiera estado tan ebrio como para golpear a su madre…nuevamente.
Adelina, peleaba con su madre, le sacaba la lengua a su hermana, y salía a la calle, esperando que su chofer tuviera listo el auto para ir a la escuela. Entonces, Adelina siempre volteaba a su izquierda, y se encontraba con los ojos azules de esa vecina suya, una tal Azul, que iba a su mismo colegio gracias a una beca y poseía un ligero sobrepeso.
En ese momento, Adelina y Azul se miraban a los ojos, para luego bajar la mirada. Adelina, porque esos ojos azules le parecían bellamente intimidantes. Azul, porque sabía que nunca llegaría estar a la altura de Adelina.
Cada una procedía el día como si nada.