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Historia 60487 — capítulo 15

Los regalos de boda comenzaron a llegar con retraso. Como todo el mundo había dado por hecha la muerte de Astoria, no se habían molestado en encargar presentes para agasajar a la pareja; pero como ahora era obvio que ella se había recuperado, todos se habían dado prisa en reparar su error.

Las lechuzas y los elfos domésticos se agolpaban a la hora de traer paquetes y devolver tarjetas de agradecimiento.

Astoria ya no sabía qué hacer ante tal cantidad de jarrones, joyas, vestidos y flores. Algunos de los regalos provenían de los antiguos compañeros de colegio de Draco, y podría decirse que eran de mal gusto, mientras que otros simplemente eran horrorosos. Sin embargo, ella se esforzaba por responder a cada remitente, tratando de mostrarse agradecida por el detalle.

Una mañana en la que recibieron una auténtica avalancha de paquetes, Draco la arrastró hasta el jardín.

-Se acabó -dijo él-. Por mí pueden llegar todas las lechuzas que quieran, no pienso responder a ninguna más.

-¡Draco! Es nuestro deber responder…

-No, no lo es. Y aunque lo fuese, estoy hasta las narices de los regalos y las felicitaciones. La mayoría de ellos son auténticas basuras, y no creo que esa gente se alegre de verdad por nosotros.

-Algunos sí lo hacen.

-¡Me da igual! Además -Draco cambió por completo su tono de voz-, aún no hemos tenido tiempo de estar a solas.

-No nos ha molestado nadie en toda la mañana -protestó ella, fingiendo que no sabía de qué hablaba. Él la abrazó por la cintura, atrayéndola hacia su cuerpo.

-No lo creo -murmuró, besándola. Ella le pasó los brazos alrededor del cuello, y durante unos minutos disfrutaron de su mutua compañía sin que nadie les molestase.

-Lo echaba de menos -suspiró Astoria. Draco se rió, aunque luego se fijó en la pequeña figura que se acercaba hasta ellos.

-Kali desea hablar contigo -dijo. La elfina cargaba con un enorme cesto lleno a rebosar de brillantes manzanas verdes.

-La señorita Astoria ha recibido este regalo -anunció la elfina, muy sonriente.

-¿Sólo te la envían a ti? ¿Acaso tienes un admirador secreto? -se burló Draco.

-No digas tonterías. Será de alguna amiga del colegio; todas saben que adoro las manzanas -sonrió Astoria, cogiendo una-. Y a Kali también le apasionan -añadió, haciéndole un gesto a la elfina para que ella también comiera-. ¿Tú no quieres?

-No me gustan.

-Mejor, así habrá más para mí -bromeó ella. Caminaron juntos mientras ella le daba vueltas a la fruta con las manos, para limpiarla.

-He estado pensando en que podríamos hacer un viaje -comentó Draco-. También es una especie de tradición, y me apetece mucho más que abrir regalos y responder lechuzas.

-¿Y adónde iríamos?

-¿Qué te parece una playa paradisíaca en algún lugar cálido y soleado?

-¿Y si vamos a Nepal?

-¿Nepal? ¿Qué se te ha perdido en Nepal?

-Sería algo diferente -sonrió ella-. ¿Nunca has deseado viajar por la emoción de la aventura? Subir montañas, atravesar junglas, ver las auroras boreales, llegar hasta lugares remotos…

-¿Hablas de hacer todo eso andando?

-¿Dónde está tu sentido de la aventura? -se burló ella-. ¿No vendrías conmigo? -preguntó, haciendo pucheros.

-Te seguiría a cualquier parte -aseguró él-. Pero ¿Nepal?

Astoria soltó una carcajada.

-Bueno, allí no hay manzanas -dijo, de forma juguetona, acercándose a él. Se llevó la fruta a los labios-. ¿De verdad no quieres un poco?

Él le sostuvo la mirada, pensando a toda prisa en cómo seguir con el juego, pero de repente abrió los ojos como platos y le dio un manotazo a la manzana, tirándola al suelo.

-¡Draco!

-¡No la comas! -gritó-. ¡Mira! -señaló detrás de ella, hacia la elfina Kali, que yacía en el suelo, desvanecida.

-¡Kali! -Astoria corrió junto a su elfina y la cogió en brazos. La manzana a medio comer rodó por el suelo, y por la boca de la elfina salió espuma blanca-. ¡La han envenenado!

Draco se hizo cargo de la situación.

-¡A la casa de Slughorn, rápido!

Horas después, Draco trató de asimilar lo que había pasado.

Él jamás habría movido un dedo para acudir en la ayuda de un elfo doméstico, y le habría importado más bien poco lo que les ocurriera; pero Kali era diferente.

Kali era importante para Astoria. Había cuidado de ella, y se había preocupado por ella, y Draco estaba convencido de que su esposa sufriría enormemente si a la elfina le llegase a pasar algo. Así que cuando vio a Kali bajo los efectos del veneno, no se lo pensó dos veces, y se apareció con las dos frente a la casa de su antiguo profesor.

Slughorn también tardó en reaccionar cuando entraron en su casa y Draco prácticamente le obligó a curar a la elfina. Obviamente, el profesor tampoco se había visto jamás en una situación similar.

El problema se solucionó con un bezóar y una poción de sueño, y mientras Kali se quedaba dormida en brazos de Astoria, Draco envió un patronus mensajero para avisar a su padre.

-Muchacho ¿Qué ha pasado? -preguntó Slughorn, aún desconcertado.

-Alguien le ha regalado a Astoria un cesto de manzanas envenenadas. Kali se comió una y…

-¿Querían envenenar a Astoria? Pero ¿Quién?

-No lo sé. Pero sabían que funcionaría, al parecer, todo el mundo sabe que Astoria adora comer manzanas.

En ese momento, un brillo verdoso en la habitación de al lado indicó que alguien había utilizado los polvos Flu para entrar en la casa. Segundos después, Lucius Malfoy se reunió con ellos.

-¿Astoria está bien? ¿Habéis conseguido salvarla? -fue lo primero que preguntó. El hecho de que se hubiese dado tanta prisa para interesarse por el estado de Astoria indicaba que se tomaba muy en serio la seguridad de la joven.

-Ella está bien, padre. Fue la elfina la que se envenenó -explicó Draco.

-¿Su elfina? ¿Todo esto ha sido por una elfina? -preguntó Lucius, con desdén. Frunció su aristocrática nariz de forma despectiva.

-Las manzanas eran para Astoria. Si Kali no hubiese comido una, sería Astoria la que estuviese en peligro de muerte ahora mismo -respondió Draco, un poco enfadado. Una parte de él le recordó que no debía armar tanto alboroto por una elfina, pero ¡Qué diablos! Era de Kali de la que estaban hablando.

-Señor Malfoy, es un asunto muy grave. Es muy posible que la elfina le haya salvado la vida a la chica -intervino Slughorn, de forma prudente. Se sentía intimidado por Lucius.

-¿Lucius? -Astoria había acudido al escuchar sus voces. La expresión del señor Malfoy cambió por completo al verla, y acudió junto a ella.

-¿Cómo estás? He oído lo que ha pasado con las manzanas.

-Yo estoy bien, no llegué a probar ninguna -Astoria estaba muy pálida, pero mantenía la compostura-. Draco se dio cuenta a tiempo de lo que pasaba.

-Te doy mi palabra de que no pararé hasta encontrar a quien está detrás de esto -dijo él, con vehemencia.

-Muchísimas gracias, Lucius, pero no es necesario que te tomes tantas molestias.

-Al contrario. En cuanto se sepa que sigues con vida, volverán a intentarlo -Lucius le cogió de las manos-. Ahora eres parte de la familia, y tu bienestar y tu seguridad es la prioridad de todos. No dejaremos que te hagan daño de nuevo.

Astoria se sintió conmovida ante esto, y Draco pensó que jamás podría agradecer ese gesto de su padre. Había olvidado que Lucius tenía muy arraigado el sentido del deber para con su familia, y si Astoria estaba en peligro, no pararía hasta encontrar al culpable y castigarlo como era debido. De hecho, ni Narcisa ni Draco se quedarían de brazos cruzados ante esa situación.

-Sería de utilidad saber qué clase de veneno han usado -comentó Slughorn-. Podría servir para encontrar al culpable. Si pudiera analizar la pulpa de las manzanas…

-Se las enviaré tan pronto como pueda -le aseguró Draco.

-Escuchadme bien -les advirtió Lucius a los jóvenes-. A partir de ahora deberéis tener el máximo cuidado posible. Procurad no salir del castillo Greengrass, y vigilad todo lo que coméis y bebéis.

-Kali cataba toda nuestra comida -dijo Astoria.

-Entonces deberéis sustituirla por otro elfo. No probéis nada sin aseguraros de que no es peligroso. Lo mismo os digo con cualquier objeto que no hayáis visto antes en vuestras habitaciones.

-¡Pero eso es imposible! -protestó Draco-. No paran de llegar regalos de boda.

-Entonces destruidlos o metedlos todos en un sótano. Cualquier cosa podría contener una maldición oculta o algún dardo venenoso.

-Sería una buena idea que llevasen un bezoar a mano -sugirió Slughorn-. Podría salvarles la vida.

-Es una buena idea -reconoció Lucius-. Ahora debéis regresar al castillo. La elfina permanecerá aquí hasta que se haya recuperado -concedió-. No debéis mostraros nerviosos, y tenéis que actuar como si nada hubiese pasado. El envenenador no debe sospechar que habéis descubierto la trampa, así que simplemente fingid que no habéis visto las manzanas. Quizá eso nos de unos días más de margen.

Lucius hablaba con la experiencia de un antiguo mortífago. Él había hecho muchos trabajos sucios a lo largo de su vida, y sabía cómo actuaban los sicarios. Afortunadamente, también sabía cómo defenderse de ellos.

Así que Draco y Astoria se vieron obligados a regresar a aquel castillo que comenzaba a convertirse en su cárcel. No querían demostrarlo, pero estaban asustados. ¿Y si la próxima vez no podían evitar la desgracia?