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Historia 60487 — capítulo 14

Las cosas iban muy bien entre Draco y Astoria. Estaban enamorados, pasaban la mayor parte del tiempo juntos, y siempre que se mantuviesen alejados del conde, podían estar tranquilos.

Una semana después de la boda, Draco quiso enseñarle a Astoria la Mansión Malfoy. Se despertaron temprano, se trasladaron mediante aparición hacia la verja principal, y avanzaron por el camino de tierra que dividía los gigantescos jardines que rodeaban el edificio.

-Son realmente hermosos -comentó ella, admirada.

-Los diseñó mi tatarabuelo -dijo él, muy orgulloso.

-¡Los pavos reales son de verdad! -exclamó Astoria, señalando una de las aves blancas que se lucían al sol.

-Te dije que lo eran.

-¡Deja ya de presumir!

-Ni hablar, llevo casi medio mes admirando las paredes de tu magnífico castillo, y ahora tú admirarás las mías -sonrió él.

-¿Por qué diablos me habré casado contigo? -bromeó ella.

-Porque te deslumbré cuando me viste.

-Literalmente -asintió ella-. Estabas justo delante de la ventana.

Draco se rió, le pasó una mano alrededor de la cintura, y la besó.

Los señores Malfoy les estaban esperando frente a las puertas de la mansión. Les saludaron con afabilidad, y decidieron aprovechar la soleada mañana para mostrarle a Astoria los terrenos y los jardines.

Lucius y Draco se adelantaron, conversando entre ellos, y Narcisa cogió a Astoria del brazo y caminó junto a ella. Quería solucionar el mal comienzo que había tenido su relación, y de todas formas, no era mala idea hacerse amiga de la mujer de su hijo.

-Tu aspecto es excelente -comentó. Y era verdad; desde la purga del veneno, Astoria había experimentado una increíble mejoría.

-Me he recuperado muy rápido, aunque aún me canso si permanezco demasiado tiempo de pie -respondió Astoria-. Draco intenta que haga ejercicio todo el tiempo. La verdad es que me ha ayudado muchísimo.

Narcisa vaciló antes de decir:

-Os veo muy bien juntos. Parecéis felices -tanteó, insegura.

-Lo somos -sonrió Astoria. La forma en la que le brillaban los ojos al mirar a Draco revelaba que decía la verdad.

-Me alegro mucho -confesó Narcisa-. He de decir que jamás pensé que túfueses a ser… la persona adecuada para él -se calló durante unos segundos antes de decir-: Admito que yo fui la primera en desear que empeoraras, y cuando oí que ibas a morir me… me alegré -se sonrojó, y agachó la cabeza-. Ahora me avergüenzo de haberlo pensado.

-No tiene importancia -dijo Astoria-. No fuisteis vosotros los que me provocasteis la enfermedad.

-¿Entonces es cierto? ¿Estabas siendo envenenada? -susurró Narcisa. Astoria asintió-. ¡No lo puedo creer! ¿Qué piensas hacer ahora?

-Nada. No tengo pruebas para demostrar lo que ha pasado -dijo la joven-. Pero mi padre ya tiene lo que quería, así que no creo que vuelva a intentar matarme.

-¿Por qué no venís a vivir aquí? -sugirió Narcisa-. Estaríais mucho más seguros. A Lucius no le importará, y él y yo estaremos encantados de que viváis con nosotros.

-Lo siento, pero no puedo hacer eso. Ese castillo es mi hogar; allí ha vivido mi familia desde siempre. Mi padre ha impuesto su voluntad de muchas maneras, pero no me obligará a irme -Narcisa la miró sorprendida. No se esperaba tal arranque de fuerza en alguien con un aspecto tan delicado-. De todas formas, si Draco quiere irse, yo le seguiré -añadió Astoria, algo más tranquila-. Él es mi familia ahora, y no me separaré de él.

Narcisa sonrió al oír eso.

-Le quieres mucho -afirmó. Astoria se sonrojó, y ocultó su sonrisa-. Pero ¿cómo es posible? Apenas os conocéis.

-Draco venía a verme por las noches -confesó Astoria, con timidez.

-¿Cómo dices?

-Al principio sólo quería saber si de verdad estaba enferma o era todo un truco, pero luego debí darle pena, porque siguió viniendo -Astoria miró a lo lejos, recordando-. Supongo que al final debió sentir algo por mí, porque no se apartó de mi lado. Dijo que no me dejaría morir.

-Jamás lo habría imaginado -susurró Narcisa, asombrada-. Le prohibimos visitarte a solas.

-Pues me alegro de que desobedeciera. Yo no habría seguido con vida de no haber sido por él.

-¿Qué quieres decir? ¿Qué pasó? -preguntó Narcisa, llevándola hasta un banco para que pudiera descansar.

Astoria se lo contó todo, hasta el más mínimo detalle. Habló de la muerte de su madre,del veneno, de su larga enfermedad, y cómo Draco y Slughorn habían logrado curarla.

A medida que hablaba, se dio cuenta de la magnitud de todo lo que había ocurrido. Nunca antes se había detenido a pensar en ello, pero lejos de enorgullecerse, se mostró más humilde que nunca. Su falta absoluta de rencor sorprendió a Narcisa.

-Y después de todo esto ¿no piensas denunciar a tu padre?

-Es mi padre. Es el único que tengo -Astoria suspiró-. Supongo que tarde o temprano encontrará el castigo por lo que hizo.

El paseo se alargó hasta la hora de comer, y los cuatro se reunieron en una mesa preparada para la ocasión junto al invernadero.

Lucius les entretuvo contando anécdotas que Narcisa y Draco conocían de sobra, pero que Astoria escuchó con total atención, halagando su vanidad. Eso le hizo ganar muchos puntos a su favor a la vista del selectivo señor Malfoy.

Narcisa, quien ya tenía hecha una idea acerca de la joven, se limitaba a mirar a Astoria y a Draco, fijándose en su lenguaje corporal.

Draco estaba pendiente de cada movimiento de Astoria, y la miraba con adoración. Procuraba que ella se sintiese a gusto, y se mostraba ocurrente y gracioso, para hacerla sonreír. Narcisa nunca había visto a su hijo tan alegre y espontáneo, y se alegraba de ver ese cambio. Ya iba siendo hora de que Draco se comportase como un chico de su edad, y de que cometiese las mismas tonterías que cualquier enamorado.

Astoria, cuando no escuchaba con la boca abierta a Lucius, se desvivía por Draco. Parecía que toda su voluntad giraba alrededor de él, y que nada la hacía más feliz que estar a su lado. Sus ojos relucían cada vez que sus miradas coincidían, y se sonrojaba a menudo, sobre todo si se cogían de las manos.

Por primera vez en mucho tiempo, Narcisa pudo respirar tranquila. Ya no tenía nada que temer. Su hijo iba a ser feliz.

-No puedo creer que planeásemos casarle con Pansi -dijo Narcisa, una vez que la joven pareja regresó al castillo Greengrass. Era de noche, y Lucius y ella se habían retirado a sus aposentos-. Estuvimos a punto de amargarle la vida para siempre.

-Dábamos por echo que se gustaban -repuso Lucius-. ¿Cómo podíamos saber que Draco no la soportaba si no lo decía? -miró a su esposa-. ¿Y bien? ¿Qué piensas de Astoria?

-Es una buena chica. Es modesta y humilde, pero parece muy valiente. Me gusta mucho -admitió-. Y quiere a Draco. Está enamorada de él, y eso es muy importante. No tratará de hacerle daño.

-Draco no ha parado de hablar de ella -sonrió Lucius, mientas se cambiaba de ropa-. Astoria esto, Astoria lo otro… se preocupa mucho por ella.

-Le ha salvado la vida -añadió Narcisa-. Al parecer, era verdad que estaba siendo envenenada, y Slughorn y él lograron curarla.

-¿Lo del veneno era cierto? Espera ¿Qué tiene que ver Slughorn con todo esto?

Narcisa repitió todo lo que le había contado Astoria.

-Así que nos desobedeció conscientemente -gruñó Lucius.

-Lo hizo por una buena causa -le tranquilizó ella-. Y logró salvar una vida.

-Aun así, me molesta que nos mintiera de esa forma. Espero que esa chica le haga madurar. Parece mucho más sensata que él ¿crees que serán felices?

-Son jóvenes, y están enamorados -Narcisa se encogió de hombros-. No creo que les resulte muy difícil.

-Ella me cae bien, sabe escuchar.

-Di más bien que ha sabido estimular tu orgullo -se rió ella-. Te ha escuchado sin parpadear toda la tarde, y se ha reído de tus historias, aunque no tuviesen gracia.

-Entonces es muy lista, y lo prefiero -dijo él, tratando de rescatar lo que quedaba de su orgullo herido-. Draco no aguantaría a su lado a una mujer estúpida.

-Creo que Draco sabía muy bien lo que estaba haciendo. Y nosotros hemos estado muy ciegos.

-Pero después de todo, la jugada nos ha salido bien ¿no?

-¡Lucius!

-¡Es verdad! Draco está casado con una condesa, nos hemos librado de los Parkinson y además, hemos ganado una nuera que es la encarnación de la perfección.

-¿No vas a cambiar nunca? -preguntó ella, medio enfadada, medio riendo.

-Procuro hacerlo a cada momento, querida -sonrió él.

hola¡¡¡ siento el retraso, no he tenido tiempo ni de respirar¡¡¡ prometo que el siguiente capi se pone entretenido de verdad¡¡¡