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Historia 60487 — capítulo 6

Esa noche, a pesar de todo el cansancio que sentía, Draco no logró pegar ojo. No conseguía olvidar la cara de Pansi cuando él la había rechazado. No había sido una mueca de decepción, sino de odio y rabia furiosa y maligna.

No había sido la pasión lo que había llevado a la chica a querer seducirle, y desde luego, era muy poco probable que se hubiera sentido impulsada por el amor. La verdadera razón de todo aquel espectáculo era tan retorcida que Draco no llegaba a explicársela.

No se lo había dicho a sus padres. Por alguna razón le daba vergüenza hablar de ello. Se sentía humillado y manipulado. Si hubiese sido al revés, si hubiese sido Draco quien se hubiese abalanzado sobre Pansi, le habrían acusado de intentar violarla. Pero había sido al revés, y él no sabía cómo proceder ante eso.

Daba vueltas en la cama, recordando una y otra vez la escena. No la olvidaría jamás por mucho que viviese. La desesperación de Pansi por hacerle suyo…

No pudo aguantarlo más y se levantó, dispuesto a olvidar como fuese. Se vistió y cogió su escoba, escapando de su cuarto por la ventana, como las noches anteriores. Esperaba que sus padres no se diesen cuenta de su ausencia, pero si lo hacían, realmente no le importaba.

Voló a toda velocidad, tratando de agotarse físicamente para poder dormir sin soñar. Hizo quiebros y piruetas. Subió tan alto que casi pudo tocar las nubes y sintió cómo su pecho ardía por la falta de oxígeno y sus miembros tiritaban de frío. Gritó a todo pulmón, seguro de que nadie le oiría.

Cuando quiso darse cuenta de dónde estaba, descubrió que inconscientemente había viajado hacia el este, acercándose al condado Greengrass.

Pensó en Astoria, y sintió deseos de verla y hablar con ella. Iba a poner rumbo hacia el castillo cuando recordó que quizá los Parkinson habían mandado vigilar los límites del condado, para controlar las visitas de los Malfoy. Debía tomar todas las precauciones posibles, así que aterrizó en una zona arbolada y se escondió lo máximo posible antes de desaparecerse.

Logró aparecerse justo en los límites del condado, en mitad de unos arbustos realmente tupidos. Se quedó quieto, escuchando, pero no parecía que nadie le hubiese oido. Montando en su escoba se adentró en la finca, volando a ras del suelo y aprovechando al máximo el relieve del terreno, para evitar ser visto.

Pudo ver la ventana de la habitación de Astoria, en lo alto de la torre de piedra, pero no quiso arriesgarse, y procedió a entrar como siempre, por la puerta situada en la falsa garita.

Al llegar a la habitación de Astoria vio que había dos velas encendidas, que iluminaban tenuemente la habitación. Draco avanzó con cuidado sobre la alfombra, procurando no hacer ruido, y se acercó a la cama.

Astoria yacía con los ojos cerrados, respirando con suavidad, y él sintió una especie de hormigueo en el pecho al pensar que la estaba contemplando dormir sin que ella se diese cuenta.

Pero Astoria no dormía, y abrió los ojos, sonriéndole.

-Buenas noches -le saludó-. Hoy vienes más temprano.

-¿Cómo lo sabes? -preguntó él.

-Bueno, aún no se han apagado las velas, tú no has abierto las cortinas para que pase la luz y… hay un reloj en mi mesilla -respondió. Draco se sonrojó al comprender su estupidez, y sonrió aceptando su derrota-. ¿Por qué has venido? -le preguntó.

-No podía dormir -respondió.

-Tampoco yo. Al tomar la "medicina" por la mañana dormí durante todo el día, y ahora no tengo sueño.

-Y todo porque mi madre necesitaba tomar la medida de tu dedo -masculló Draco-. Ya sabes, para el anillo.

-¿Eso quería? -se sorprendió ella-. Entonces tus padres están decididos a seguir adelante.

-Lo siento mucho.

-No te preocupes -Astoria se incorporó y apoyó la espalda en el cabecero de la cama. Alisó las sábanas con las manos-. De todas formas, esto de dormir por el día y estar despierta por la noche no es tan malo como parece. De noche no me molesta nadie, y puedo hacer lo que quiera… más o menos -se corrigió.

-¿Y no te sientes cansada? -preguntó Draco, sentándose a su lado.

-Cuando me despierto sí, por culpa de la droga. Por eso el primer día me viste tan mareada -explicó-. Luego se me pasa. ¿Sabes? Casi prefiero que se haya adelantado la hora de la toma -confesó-. Así cuando hablo contigo estoy completamente despejada -se sonrojó levemente al decir eso.

Draco le sonrió, de manera cómplice.

-¿Y no te aburres cuando estás sola? -preguntó. Astoria le reveló su secreto sacando un libro de debajo de la almohada-. ¿De dónde lo has sacado? No tienes estanterías en tu cuarto.

Astoria se rió.

-Mira debajo de la cama -dijo. Draco se agachó y descubrió una gran cantidad de libros ocultos debajo de la cama-. Cuando mi padre comenzó a darme la droga, no me di cuenta, pues la disimulaba con la comida y la bebida. Pero más tarde, cuando comencé a enfermar, comprendí lo que pretendía hacer conmigo -dijo ella, repentinamente seria-. Yo estaba muy débil, pero aún conservaba mi varita, así que pude esconder algunas cosas: mis libros de texto, pergaminos, plumas, tinta… esperaba poder mandar un mensaje pidiendo ayuda, pero entonces mi padre me descubrió, me quitó la varita, y aumentó las dosis de la droga -Astoria miró a Draco, dudando sobre cómo seguir-. No sé si lo sabes, pero no es tan fácil dejar de tomarla.

-Lo sé, he estado investigando -respondió él, igualmente serio-. También sé que el veneno se acumula en tu cuerpo.

Astoria suspiró con tristeza.

-Kali me trajo todos los libros que pudo conseguir de la biblioteca, a espaldas de mi padre -siguió diciendo-. Pero ya los he leído todos. De hecho, es la quinta vez que me leo este -dijo, refiriéndose al que tenía en la mano. Draco frunció el ceño y se agachó para ver mejor debajo de la cama.

-¿Cuentos infantiles? -se rió, sacando un libro de brillantes colores-. ¿Lees cuentos infantiles?

Astoria se sonrojó violentamente.

-No te rías -protestó-. Si tú estuvieras tan aburrido como yo, leerías cualquier cosa.

-Pero ¿Cuentos infantiles?

-Leo muy deprisa -se defendió ella-. Algunos libros no me duran ni tres días.

Pero Draco siguió riéndose, para despecho de ella.

-¡Cállate! Yo también me reiría de ti si pudiera -dijo ella, enfadada-. ¿Por qué no podías dormir?

Draco se puso serio de repente, y dejando el libro de cuentos en su sitio, volvió a sentarse sobre la cama.

-Hoy recibí una nota de Pansi invitándome a comer con ella -explicó, con voz grave-. Mi madre dijo que debía hacerlo, para guardar las formas, y yo fui -Astoria encogió las piernas y se abrazó las rodillas, mirándole con atención-. Se portó de forma tan estúpida como siempre, pero…

-¿Qué ha pasado, Draco? -preguntó ella, con suavidad. Estaba tan seria, y le miraba tan fijamente, que sin darse cuenta, él se lo contó todo.

Habló durante mucho tiempo, no sólo de lo que había pasado, sino también de cómo se sentía él al respecto, y de lo que pensaba. Nunca había sido tan sincero con nadie, pero según hablaba, se sentía más relajado y en paz consigo mismo.

Astoria le escuchó en silencio, sin interrumpirle en ningún momento. No dio muestras de querer reírse de él, y de hecho, parecía que de verdad le importaba lo que él le decía.

Cuando Draco dejó de hablar, ambos se quedaron en silencio, y por primera vez, él se fijó en el cambio que había experimentado la chica.

Se había arreglado más de lo que se esperaba en una persona que iba a dormir. Su camisón de tirantes era mucho más favorecedor que los anteriores que él había visto, y su pelo parecía brillar bajo la mortecina luz de las velas. Draco ser preguntó si lo habría hecho a propósito, para que él lo viera, y sintió de nuevo el extraño hormigueo dentro de él.

Astoria se había quedado pensativa.

-Creo que ya sé lo que quería -dijo al fin.

-Espera que lo adivina ¿Pasar un buen rato a mi costa? -preguntó él, con ironía.

-Mira que eres bruto, Draco ¿No ves que quería asegurar su futuro matrimonio contigo?

-¿De qué estás hablando?

-Piénsalo, no es tan difícil -dijo ella, cruzándose de piernas bajo las mantas-. Hay rumores que dicen que no moriré después de nuestra boda, así que lo que primero quería era aclarar es si los rumores son verdad o no.

-De eso ya me di cuenta -gruñó él-. ¿Y el arrebato de ninfomanía?

-Imagina por un momento que yo muero -dijo Astoria-. Tú heredarías todos mis bienes, los que heredé de mi madre, que mi padre no puede reclamar, y el título de conde, que él te cedería a su muerte, o antes. De repente serías un conde rico y viudo -resumió ella-. Pero eso no asegura que te vayas a casar con Pansi.

-Mi madre me aseguró que no debería hacerlo -confirmó Draco.

-Y estoy segura de que Pansi prevé esa posibilidad.

-¿Quieres decir que…? -Draco se detuvo-. No termino de entenderlo -confesó.

-Me apuesto lo que sea a que pretendía quedarse embarazada de ti -dijo Astoria, mirándole a la cara. Draco se puso blanco, y se echó para atrás.

-¡No es posible!

-Piénsalo. Tú y yo nos casaremos en unos pocos días, y se supone que yo moriré poco después -dijo-. O bien pensaba darte la noticia después de nuestra boda o después de mi supuesta muerte. Imagina lo que la gente diría si supiera que dejaste embarazada a la hija de los Parkinson antes de casarte conmigo.

-Tendría que casarme con ella para mantener las apariencias -dedujo Draco, asombrado. Entonces se enfadó-. ¿Pero cómo se le pudo ocurrir una idea tan rastrera? -preguntó-. ¿Y cómo se te ha ocurrido a ti?

Astoria se sonrojó.

-Mi padre quería que mi hermana hiciese eso, porque según él era demasiado mayor para conseguir esposo -explicó, un poco avergonzada-. Cuando ella se fugó, pensó que yo también podría hacerlo, pero luego cambió de parecer y decidió usarme como cebo. Debió pensar que no era lo suficientemente seductora -dijo, sonriendo como si se estuviera excusando.

Draco la miró de arriba abajo. Ella tenía razón al decir que no era seductora. Desde luego, no actuaba como tal, y Draco no se la imaginaba haciendo lo que había hecho Pansi esa tarde.

No, Astoria era demasiado tímida, demasiado sincera y demasiado buena. Pansi, en su lugar, le habría recibido con sugerentes transparencias, o peor aún, desnuda, y habría hecho lo imposible por seducirle.

A pesar de todo, había algo en Astoria que despertaba ternura, y Draco se sentía cómodo a su lado.

-No quiero saber qué habría dicho mi madre si hubiese sabido lo que ha pasado -sonrió Draco, sin sentirse tan avergonzado como horas antes-. Ahora comprendo por qué siempre me decía que no debía verme con Pansi a solas. ¡Y pensar que yo pensaba que era para que yo no me aprovechase de ella!

Astoria se rió.

-Ya ves, los hombres no sois los únicos que os aprovecháis de la debilidad humana -bromeó-. Y debes tener en cuanta que para muchas eres un plato apetecible -se burló, dirigiéndole una mirada que podría calificarse de pícara.

-¿En serio? -preguntó él, fingiendo ingenuidad. Entonces se le ocurrió tomarle el pelo-. ¿Y tú qué? ¿Me habrías seducido para intentar convertirte en la señora Malfoy? -se burló. Astoria se rió, pero apartó la mirada de él, incapaz de mirarle a los ojos. Se había puesto roja.

-No lo sé -confesó avergonzada-. Nunca me he visto capaz de hacer algo así. Creo que se notaría lo que estoy tratando de hacer ¡Y no sabría por dónde empezar!

-Bueno, eso nunca se sabe. Habría quien se aprovecharía de la situación -se rió él-. Después de todo ¿Cuántas chicas en camisón te reciban en la intimidad de su habitación a altas horas de la noche?

Astoria se mordió un labio, muerta de vergüenza. Pero entonces clavó en él sus impactantes ojos claros.

-¿Tú lo harías? -preguntó, con voz suave-. Si me insinuase ante ti ¿Te dejarías llevar?

Draco no supo qué contestar. Se le había quedado la boca seca, y sentía un fuerte hormigueo, mucho más abajo que en otras ocasione. Se estaba poniendo nervioso ¿Qué habría hecho si hubiese sido Astoria, en lugar de Pansi, la que le hubiese intentado seducir? Sintió una ola de calor, y apartó la vista de ella, para que no se le notase lo que estaba pensando.

Astoria tampoco le miraba, y se sentía sorprendida por su propio atrevimiento. No se imaginaba qué habría hecho si él le hubiese respondido afirmativamente, pero se le aceleraba el pulso de pensarlo.

Sintiéndose muy incómoda, buscó una salid para esa situación.

-Draco, me gustaría… necesito que me hagas un favor -dijo, en voz baja.

-¿Cuál?

-Mañana… es el aniversario de la muerte de mi madre. Necesito que me ayudes a salir de mi habitación. Me gustaría llevarle flores, y no me atrevo a andar sola. Hace demasiado tiempo que no hago ejercicio, y no sé si podré hacerlo.

-Creía que no podías salir de tu casa.

-Su tumba está en los terrenos del castillo, hasta allí sí puedo ir.

-¿Y Kali?

-La necesito para disimular mi ausencia. Podría dar la casualidad de que mi padre venga a verme, y ella le entretendría hasta que regresemos.

Draco no podía negarse a ello.

-De acuerdo, cuenta conmigo.