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Historia 61190 — capítulo 1
Nunca creyó que la muerte se sintiera tan suave. Su cuerpo dejó de sentirse frío y húmedo. Comenzando a sentir así, la paz absoluta. Recorrerlo, llenarlo de una sensación que no podía describir. Sentía bajo sus manos y bajo sus pies, algo blando que no podía identificar. Algo parecido a seda. O quizá enloquecía. En realidad no sabía por qué seguía sintiendo, recordando que estaba por morir. Que su tiempo se había acabado. Era lo único que tenía en mente. El resto, solo era...nada.
Una vez más, su mente era un completo caos. Los pensamientos vagos, se aglomeraban en su memoria y causaban desagradables espasmos de dolor. Quería quejarse, gemir, pero no podía sentir su garganta. Algo le impedía hablar. Una sensación sofocante.
Como si miles de brasas quemaran su piel, sin detenerse. Una y otra vez.
Y bien, fuera lo que fuera que le causaba aquella sensación, aquella comezón y aquel ardor, no evitaba que pudiera darse cuenta de que no estaba precisamente como un cadáver. De que podía respirar y que ya había abandonado aquel lugar, donde lo habían dejado. Lo supuso por lo blando y suave, que podía sentir cobijar su cuerpo.
¿Por qué había sobrevivido? Era como si toda su vida, sus recuerdos y lo que sabía de sí, hubiesen sido totalmente borrados de la faz de sus pensamientos. De nada le habría servido saber por qué estaba vivo, si en realidad ni siquiera podía recordar por qué estaba muerto en primer lugar
Solo podía recordar una enorme serpiente, que se arrastraba en el frío suelo de aquel lugar sucio y viejo. Su lengua se asemejaba a una larga serpentina, que descontrolada, bailaba en los aires. Sin parar. Sus colmillos, finos pero duros... clavándose sin piedad, rasgando la piel y ligamentos que encontrara en su cuello. Sus finos huesos no soportaban tal presión y pronto cedieron como paredes de fina paja. Pudo escuchar su crujir y luego, vino la sangre. Torrentes de sangre escarlata, cayendo como un río sin cauce. Aquel triste pecado que había cometido, fuera cual fuera, ¿era capaz de semejante castigo?
Supuso que nunca lo sabría.
Despertó entonces, de golpe. Cuando estuviera reviviendo aquel recuerdo tan ¿doloroso? Ni siquiera podía recordar algo sin sentir náuseas o mareos incontrolables. Tenía una fuerte jaqueca y se sentía como si hubiese sido pisoteado por enormes animales. Además, con un profundo temor que crecia en su interior como un enorme dragón enfurecido.
Miró a su alrededor. Su cabeza estaba sobre una almohada y el sol del atardecer golpeaba con la ventana y las blancas cortinas, acercando la luz hasta la cama en la que estaba. Tendido boca abajo. Había rastros de saliva y sangre en aquella blanda almohada y sus manos estaban ya blancas. Parecía que se debía a que había hecho esfuerzo al apoyarse en ella.
Se pasó una mano por el rostro, para despertarse. Al alzar su cabeza, una terrible jaqueca emergió súbitamente y soltó un quejido, que terminó en un gruñido.
"Eso bastó para decirle con certeza, que estaba vivo."
— Estabas soñando— escuchó a su lado izquierdo y lentamente, con toda la fuerza que pudo ser capaz de "reciclar", se dio la vuelta.
Una mujer lo miraba desde una silla y sus facciones le hacían sentir que estaba cansada. Que estaba enfadada. Una mujer con el cabello tan rosado como un caramelo y en ese momento, caía en montones desordenados. Enmarañados, que le hacían pensar en infinitas telarañas. Entrelazadas entre sí por una delgada red. Un delgado hilo.
— ¿Soñando?
— No sé como lo hiciste. Terminaste tendido boca abajo. Supuse que estabas soñando.
Sí. Tenía un sueño terrible. Una sensación desagradable. Un nudo en su garganta que no le permitía respirar. Despegó los labios. Aún sentía en su paladar, ese sabor metálico y ligeramente saldado. Reconocía aquella sensación. Había estado tragándola desde que recordaba.
El sabor de la sangre. Su sangre.
— Estoy vivo.— hablaba de algo obvio, pero hasta aquel entonces... no sabía los motivos de su repentina separación del delgado velo de la "muerte"
— Sí, Snape. Lo estás. Es muy obvio.
— ¿Cómo es que...?
— ¿Que haz sobrevivido? Es una gran pregunta, pero tiene una respuesta más corta de lo que te imaginas. Tienes muchas vidas Snape. Muchas vidas, suertes y conocidos que pueden salvarte pese a que les des la espalda y actúes como un maldito bastardo; la mitad del tiempo.
Sentía que ella sabía de lo que hablaba y que él; se había perdido de muchas cosas durante su "casi" muerte.
Estaba triste y no comprendía el motivo. Deprimido. Como si algo en su interior se hubiese roto y sintiera los estragos de sus pedazos. Miró a la mujer a su lado.
Ella suspiró cansinamente y se frotó los párpados con dos dedos. ¿Cuánto tiempo podía llevar allí sentada? Se preguntó él, con ligero desasociego. Todo era tan nuevo. Tan brillante y lleno de luces, y colores.
— Cuando soñabas, comenzaste a <murmurar cosas>. No se entendía nada en particular. Solo salen gruñidos de tu garganta. Y es probable, que no sirva por un tiempo. Sangrabas un poco y como tu mandíbula aún está rota, te babeas.
Sintió temor de descubrir, qué habría pasado con el resto de él si esa serpiente hubiese continuado con su ataque. Le habría molido todo los huesos que hubiese podido, hasta hacerlos polvo.
— ¿Puedes empujarte hacia el otro lado?— preguntó con una voz suave, casi un murmullo. Con dejadéz— Es mejor que estés tendido boca arriba, que en esa postura en la que estás.
¿Era ella su enfermera? ¿Quién era esa mujer, que se dirigía a él con tanta propiedad? ¿Que no hacía preguntas y conocía la historia, y sus más ínfimos detalles?
Tantos secretos que descubrir y tan pocas energías. Solo sabía que era "Severus Snape". El resto, aún era confuso para su memoria.
Yo no sé, qué tiene este capítulo. Estaba redactando mi informe de proyecto (el cuál debo espaciar y justificar) y se ha quedado la hoja así. Bien es un fan fic curioso; que no voy a develar. Espero les guste y me dejen sus críticas. Un regalo de cumpleaños muy especial. Saludos para todos los lectores. Nos estaremos viendo muy pronto. Suerte y cariños.