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Historia 61190 — capítulo 2
Abrió los ojos otra vez, en medio de una fría noche. Los recuerdos del suceso, no dejaban de atormentarlo. Inspiró varias veces seguidas, para intentar sofocar las náuseas terribles que sentía. Quería vomitar, sentía ese sabor áspero en su boca. El sabor de lo que recién había cenado. Ladeó la cabeza. Nympha...como se llamara, estaba sentada muy cerca. Dormida. Necesitaba llamar su atención.
Hizo todo lo que pudo. Hablar no era su fuerte, sobretodo porque le faltaba un poco de la mandíbula y bien, su garganta. ¿Qué quedaba de ella? Nada. Llamar su atención iba a costar, dormía muy profundo. Miró a su alrededor y notó una especie de bolígrafo y un recetario.
Tomó el bolígrafo y apuntó como pudo. No tenía buena vista en la noche y mucho menos; con tantas pociones que había tomado. Con todos esos "remedios curativos de dudosa procedencia" que le habían hecho ingerir pero que en verdad; no le hacían sentir los cambios.
El bolígrafo golpeó la frente de la mujer a un lado de él; quien despertó sobresaltada. Miró en todas direcciones. Él trataba de decirle algo. Le hacía señales con sus manos; que no podía comprender. ¿Se suponía que debía aprender a hablar sordo mudo? Es que él estaba sordo mudo. No. Cómo odiaba tener que cuidarlo como si se tratara de un niño.
Pronto haría las necesidades fisiológicas, por él. Ladeó la cabeza y buscó un papel donde pudiera apuntar lo que sentía y padecía. Encendió la luz de la lámpara en la cómoda y con una inspiración suave, miró lo que sus temblorosas manos estaban escribiendo.
¿Podrías ayudarme a llegar hasta el baño? No me siento muy bien y necesito..
.
No necesitó decir más. Se levantó con mucha cautela y simplemente se acercó a la cama, estirándole uno de sus brazos para que pudiera tomarlo. Apoyarse en él. Con una inspiración lo suficientemente fuerte, Severus trató de contener las náuseas que iban y venian, detrás de todo pensamiento que tenía. Hasta cabezear algo; lo mareaba en sumo grado. Desistió de recordar algo de sí mismo; cuando sintió el retorcijón más fuerte jamás sentido, en su estómago.
Nymphadora lo acompañó hasta el baño. No iba a mirar lo que hacía, así que pensó en dejarlo solo. Colocó su mano sobre el lavabo y luego, la de Snape. Que se sostuviera allí. Parecía una especie de anciana. Y por ello; no entendía por qué no le molestaba o incluso se quejaba de tener que pedirle ayuda.
Lo escuchó vomitar un par de veces, antes de ayudarle a salir del baño. Se imaginó que no tener bien adherida la mandíbula y tener la garganta casi desecha, hacía que todo doliese más de lo que ya parecía. Ladeó la cabeza hacia la cama, en busca del recetario. Quizá si buscaba alguna poción para ayudar a alivianar ese dolor.
"¿Por qué yo tengo que lidiar con él?" "Con el hombre menos agradecido y más molesto de todo el universo" "Por supuesto. "Cuida de Snape" "
— Con el tiempo, esa sensación se te quitará. Snape. Es debido al veneno. Como tomas veneno para contrarrestarlo, tiene sus efectos colaterales.— Ella suspiraba, sobándose el cuello. Estaba adolorida de tanto dormir sentada y él se preguntaba; por qué estaba allí. No recordaba nada. ¿Era su novia? ¿Su esposa? Incluso su hija. ¿Su madre acaso?
Permaneció sentada por unos minutos y luego de ello, se levantó y paseó por la habitación. Abrió las cortinas a un lado de él y miró el anochecer tardío, por el verano. La luna apenas comenzaba a surcar el cielo raso y subir por una gran cantidad de edificios.
— ¿Veneno? Perdone, pero por más familiar que le debo parecer...no recuerdo dónde nos conocimos.
— ¿Estás bromeando? ¿No es así, Snape? Esta es una de tus tontas bromas.
¿Por qué iba a bromear con algo tan serio como eso? Negó con la cabeza y ella se echó a reír.
Claro.
— No estoy bromeando, señorita. No sé de qué me habla.— Le dijo, con una expresión de seriedad. Además que explicarle; le hacía perder tiempo y le ardía en la mandíbula. De muchas formas.
— Bromeas. ¿Cómo puedes decir que no me conoces, si me ves y te da un infarto? Tú me odias. Siempre me has odiado y el caso es que yo siento lo mismo por ti. Estoy aquí porque me obligan y porque eres "muy importante y bla bla". Solo eres un infeliz que sobrevivió por suerte.
— No sé qué te he hecho, pero creo no tienes el derecho para dirigirte a mí de esa forma. Yo no te obligo a que cuides de mí. Si quieres puedes irte. No para estarte durmiendo en la silla.
— Ya quisiera, pero no se me está permitido. Y para tú información; has hecho más de lo que "hacer" describe. has herido, manipulado, vejado. Has maquinado todo; con tal de lograr lo que quieres.
Qué bajo concepto de él; tenía ella. ¿En verdad era tan malo, que era descrito como el peor demonio jamás visto? Tenía que recordar. Pensar. Pero todo lo veía en grises y blancos. Ni siquiera sabía por qué se llamaba Severus Snape.
Estaba en el lado desfavorable del asunto. Todos parecían conocerlo; menos él. Él no se conocía en lo más mínimo.
La mujer suspiró cansinamente y él se preguntó, quién la había escogido para que lo cuidara. Si tanto lo odiaba, pues podía irse. Él no ataba a nadie. Menos a una mujer que ni siquiera conocía.
— Pues me alegra que me conozca, porque yo no recuerdo ni la mitad de lo que se me acusa. Inocente hasta que yyo pueda recordar lo contrario.
Ella rió y se sentó nuevamente, en la silla que había estado ocupando. Se sirvió un poco de agua en un pequeño vaso y suspiró, mirando el fondo del mismo.
— Como no recordar. Todos recuerdan quién es Severus Snape y el mismo Severus; no recuerda quién cojones es. Cómo no. ¿Cómo no odiar a semejante personaje? ¿No? — le dijo en lo que pareció una especie de reproche. De todas formas, él no sabía de lo que hablaba. Así que, era claro, que le sonaba a palabras vacías y carentes de fundamento.— Es mejor que permanezcas callado, porque ya con todo lo que has dicho y hecho; me basta y sobra. Es más, que no recuerdes, si es que lo haces, es una ventaja.
Así la habría herido; que ella simplemente le deseaba lo peor. No lo comprendía. Pero hacer esfuerzo para pensar...era muy doloroso y poco productivo, más que para obtener una jaqueca y pedir uno de esas pociones sanadoras que tan poco efecto estaban causando.
¿De qué otras cosas se tenía que hacer responsable? ¿De la muerte de un niño? ¿De la pobreza o la desesperanza humana? Quizá de haber embarazado a alguna mujer o de haber cometido un crimen. No sabía nada. Estaba en blancos y grises.
Bueno. Espero que les guste. Dedicado especialmente a mi querida amiga: Celeste Nobilis y su cumpleaños. Saludos y besos a todos. Gracias por leer.