Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Yo Lord Voldemort, siento amor · de

Yo Lord Voldemort, siento amor — capítulo 2

Los primeros rayos de luz me despertaron, adormecido me senté en la cama, entreabrí los ojos con pesadez, la ventana estaba abierta y junto a ella estaba la pequeña Nami, con la misma mirada infantil de siempre, de un salto se acerco a mi.

-Buenos días, Voldy- me saludo, besando mi frente- parece que ya estas mejor.

Me toque la frente sorprendido, ella se rió divertida.

-¿Nunca te han besado la frente?- me pregunto tímidamente.

Claro que no me habían besado en la frente, en que estaba pensando esta niña, todos salen corriendo al verme, menos Belatrix, esa se me pega como un perro faldero.

-Pues entonces soy la primera- dijo Nami ilusionada, dando saltos por la habitación.

-¿Eso te alegra?- dije incrédulo.

-Claro, quien no- me dijo como si fuera obvio.

Había muchas personas que no querían darme un beso, ni verme; pero esta niña era diferente.

-Ahora vuelvo, te voy a traer tu desayuno, no te muevas- me dijo saliendo rápidamente de la habitación.

Observe la habitación, sin ella era silenciosa; estaba pintada de un color celeste, dándole un toque infantil y a la vez elegante, había un escritorio enfrente de la enorme ventana y un pequeño armario en la esquina.

La puerta se abrió de golpe, Nami entro con un bandeja llena de comida, demasiada diría yo.

-Ya e vuelto- dijo poniendo la bandeja encima mió, entre mis piernas.

-No pensaras que me voy a comer todo esto- dije un poco horrorizado, con esto se podría alimentar a 20 ballenas azules.

-No, la mitad es para mi- me dijo y comenzó a comer con las manos- sabes me distes un buen susto al verte medio muerto en mitad del bosque- yo deje la comida de lado y la mire- pesas como una ballena- ¿Cómo que una ballena?

-Cállate Nami o seré obligado a torturarte- le amenace, pero ella solo se rió- deja de reír niña.

-No soy una niña, además tú eres un bobalicón - dijo burlonamente.

¿Me ha llamado bobalicón? ¡Esta niña quiere morir!

-Repítelo otra vez a ver si te atreves.

Ella se acerco más a mi, su rostro a milímetros del mió, no me había fijado en sus ojos, son hermosos, ámbar.

-Bo- ba- li- cón- me dijo pronunciando más cada silaba, me enfade y le di una torta, ella se toco la cabeza adolorida y se separo.

-Auch…eres malo Voldy Bobalicón- dijo y me sonrió alegre.

¡No tiene respeto de su vida!

-Pero que tarde es- Nami mira su reloj de pulsera y se levanta, cojee la bandeja- tengo que trabajar, nos vemos mas tarde, descansa- y salio corriendo por la puerta.

La habitación era solitaria sin Nami; me levante lentamente, aun me sentía débil, Salí de la habitación, observe el largo pasillo, ninguna foto.

Entre en el baño, me observe al espejo: mi pelo castaño oscuro mi ojo izquierdo y mis ojos rojos como la sangre eran muy visibles.

¿Como puede mirarme a los ojos sin tener miedo?

Unos toque en la puerta me hicieron reaccionar, era ella.

-¡Voldy cabeza dura, te he dicho que no te levantaras!- me grito enfadada.

Menee a cabeza, negando, esta niña quiere morir muy joven, de pronto me fije en su atuendo, estaba llena de ¿barro?

-Estas llena…- pero ella me interrumpió.

-¡A la cama!

Como puede ser que una niña de 8 años pueda mandarme, a mi, al poderoso Lord Voldemort, el gran mago tenebroso de los tiempos.

Seguí el pasillo hasta llegar a la habitación, Nami me perseguía, me vigilaba.

-¿Ahora me dirás porque estas llena de barro?- le pregunte ya metido en la cama. Ella estaba en la puerta, con una mirada asesina.

-No- y cerro la puerta dando un portazo.

-Que carácter- dije para mis adentros.

La puerta se abrió un poco y se asomo la cabeza de la pequeña Nami, su mirada era fulminante y terrorífica, tanto que me dio miedo, ¡MIEDO! ¡A MI!

-¿As dicho algo?- me pregunto. Un escalofrió recorrió mi cuerpo, negué rápidamente con la cabeza, como puede asustarme tanto… sin tomar en cuenta su cara sadiaca llena de maldad pura.

Cerró la puerta.

-Uff- suspire de alivio.

Nota para mi cerebro, no enfadarla.

Con ese pensamiento me quede dormido otra vez.