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Soy Remus J Lupin y soy alérgico a la poción matalobos — capítulo 2
Albus siempre se enteraba. Resultaba igual, casi siempre. Tenía una especie de sexto sentido para esas cosas; que no le gustaba en lo más mínimo. Pero de igual forma, necesitaba de su "experta opinión". Y ese día, u opinaban o Remus podía morir en un santiamén. — No sé...¿¡qué vamos a hacer, señor director!? El profesor Lupin no se ve nada bien y creo que ha empeorado, conforme han pasado los minutos. Claro que había empeorado, pensó Snape. Si tuviera un paro respiratorio, sería mucha ya su suerte. Lo miró con un gesto dubitativo y se preparó para sacar sus conclusiones. Miró a Albus, mientras Minerva en cambio, se sentaba junto a Remus y lo miraba con un gesto de tristeza. — Bien. Supongo que ya Severus, analizó la situación y tiene algo en mente. Querido Severus, ¿cuál crees que haya sido la causa de este incidente? ¿Querido Severus? Bueno, un par de cosas de costumbre. De rutina. ¿Ser increíblemente molesto podría incluírse en ellas? — Remus es alérgico a la poción matalobos y ha asestado un golpe en su como jamás vi antes. Sintetizar el agente alergénico, me tomaría mucho tiempo. Y podría formular una cura, pero también me tomaría tiempo. Aunque es lo único que podemos hacer. Sin embargo, no podría administrársela justamente ahora. El caso es muy avanzado. Tendría que dársela a beber en su época de juventud y evitar el surgimiento del agente alérgico... y eso sería... — Muy posible, sí— dijo Albus y en verdad, no sabía por qué se molestaba en preocuparse. Así era Hogwarts. Podías ir y venir en el tiempo, crear una paradoja y seguir viviendo felizmente. Ladeó la cabeza hacia Remus y lo miró. Estaba cambiando de tonalidad. En vez de ser una uva; terminaría siendo una enorme manzana roja. Brillante. Sin duda; escogía un mal día para sentirse mal. — Y cómo...según tú, vamos a hacer eso— dijo Snape con una voz suave y cargada de sarcasmo. Albus sonrió y caminó hasta detenerse junto a Minerva. Él sabía como. Claro que lo sabía. ¿Por qué hacía preguntas idiotas? — Si la respuesta es viajar al pasado, pues eso tenemos que hacer. Deberías ir tú, puesto que tú prepararás el antídoto para curarlo. Negó con la cabeza. Varias veces. — Yo debo estar aquí, por si el plan no resulta. Tendremos que atenderlo y mantenerlo con vida. O de lo contrario, el esfuerzo sería inútil. Si muere ahora, sabes muy bien que no habrá pasado al que devolverse— objetó y Albus asintió en silencio. Bajó la vista hacia Minerva y le sonrió con suavidad. Siempre le sonreía a Minerva. Pero él no se metía en sus asuntos. Aunque Albus, adoraba meterse en los suyos. — ¿Todavía conservas el giratiempo?— le preguntó y ella asintió en silencio. Sí. ¿Cómo olvidar ese pequeño artefacto con el que Potter y compañía; había arruinado su sueño de encarcelar a Sirius Black y verlo morir? Hizo una especie de gesto con el rostro, de desdén, al oír tal mención. Y seguro, además, sería Harry Potter quién viajaría en el tiempo y espacio, para ser el héroe. Una vez más. Esperaba estarse equivocando. No lo soportaría. Demasiada gloria para una vida entera. Suspiró y miró al director, mientras pensaba en silencio. — ¿Cuánto tardarías en fabricar el antídoto? — Tendría que separar la poción y determinar qué causó la alergia. Pero en Lupin no podría probarlo. Lo mataría. — Considero que deberías intentarlo. Quizá puedas descubrir, qué ingrediente causa la alergia, por separado y luego controlar la reacción que pueda tener a ello. — Lo haces sonar muy sencillo. — No tenemos más alternativa. Odiaba su psicología inversa. Asintió a regañadientes y con paso firme, caminó hacia su despacho y miró el libro de recetas de pociones. Nunca entendería el por qué si era alérgico; no lo había dicho antes. Lupin...siempre, Lupin. Se detuvo en su laboratorio privado de pociones y se preguntó cómo sintetizaría el agente alegénico, sin tomar mucho tiempo. Fue entonces cuando se dijo que cada uno de los infredientes por separado; tendría que dárselos a probar. Adoraba no estar en su postura. Con un suspiro suave, caminó con una gran cantidad de frascos diferentes. Su composición meticulosa, no era solo mezclar y esperar. Requería más que eso. Y por amor a Merlín, esperaba detectarlo rápido. Se sentó junto a Remus y lo miró por unos minutos. Eran pocos los frascos para la poción. El resto eran pociones curativas. Iba a necesitar muchas, por si lo mataba en el proceso. — Bien, Lupin...abre la boca y no te quejes.— como si pudiera hablar de algo. Estaba tan inconsciente, como Neville luego de subirse a una escoba. Si se caía, claro. — Probaremos con el ingrediente número uno. Nada. Ni siquiera al tercero. ¿Qué tan complicado podía ser, encontrarlo? Ya comenzaba a fastidiarse. CUatro, cinco. Ninguno causaba mayor reacción en el cuerpo de Remus Lupin. Ni cosquillas. — ¿Le habrás agregado algo a la poción, Lupin?— dijo, con un gesto de desdén. Solo quedaba uno. Un líquido poco viscoso y de color ambar. Llamativo. Se acomodó en la silla y se preparó para saltar, en caso de emergencia. Ladeó la cabeza hacia sus pociones curativas y se dijo que necesitaba toda la ayuda que Merlín, Circe y todos aquellos que lo miraran, le pudiesen brindar. Despegó los labios de su contraparte y dejó caer un par de gotas en su boca. Esperó pacientemente. Y sí. En poco tiempo lo observó convulsionar en la cama. Enrojecerse de tal forma y enrollar su lengua, que a la enfermera le había tomado tiempo en acomodar. Bien, tenía una idea. Era hora de trabajar. Controlar su ataque le llevó un par de horas. La respiración apenas se escuchaba y parecía un paciente potencial a ser enterrado. En realidad, no le veía mayor futuro. No más de unos pocos minutos, claro. — Severus... ¿ya has dado con algo?— Albus entraba en su despacho y lo miraba con curiosidad. Había escuchado que la condición de Remus había empeorado, para luego haber sido de vuelto a la normalidad. Su profesor sin duda, tuvo que haber hecho algún progreso. — Sí. Encontré algo y trabajo en ello. Pero no es una poción sencilla. Estará lista en un par de horas. Imagino que para ese entonces; habrás encontrado a la persona que viajará al pasado para entregársela. — Tengo mis teorías. Nada concreto. Se dijo que se arrepentiría de preguntar. — ¿Cuáles? — ¿Qué tal, Hermione Granger? Minerva me comentó que ella ya usó el reloj y está familiarizada con el giratiempo. Ella podría ir, dársela y luego regresar sin ningún problema. Seguía sonando muy sencillo para ser cierto. Pero al menos no era Harry Potter. Estaba de acuerdo en eso. — Como quieras. ¿Le informaste ya? — Estamos en eso. Hermione estaba sentada en la sala común, junto a Ron y a Ginny, cuando un niño de primer año entró corriendo. Se detuvo para tomar aire, sosteniéndose los costados. Estaba completamente rojo. — ¿Hay alguna Hermione Granger, por aquí?— preguntó y Hermione alzó la mano desde una butaca alta, mientras leía a la luz de la chimenea. — ¿Cuántas Hermione podrían haber? — La profesora Minerva McGonagall, quiere verte de inmediato. Dice que es urgente. Hermione miró a Ginny. Ella se encogió de hombros y se levantó, para caminar hacia las habitaciones de las chicas. ¿Qué había hecho mal? O quizá ¿qué había hecho mal alguien? Se levantó con un suspiro hondo y asintiendo, caminó junto al niño. Fuera del retrato. Al llegar, las noticias no parecían nada alentadoras. — ¿Viajar en el tiempo? — Sí— dijo la profesora, acomodándose las gafas y con una mirada severa— es de suma importancia. La vida del profesor Remus Lupin; está en juego. — ¿Qué le ocurrió?— bramó, levantándose. Nerviosa. Minerva negó con la cabeza y le pidió que volviera a su asiento. Eso hizo ella, en silencio. — Tuvo una reacción alérgica a la poción matalobos. Una muy seria y necesita de tu ayuda. El profesor Snape está precisamente ahora, preparando el antídoto que tú deberás llevarle a su yo en el pasado, para evitar que esto pase. Piensa: ¿Qué podría ocurrir si el profesor ya no pudiera beberla? Sería un licántropo peligroso. — ¡Oh no! ¡Ayudaré en lo que pueda!