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Truco o treta. ¡Auxilio me he quedado animal! — capítulo 1

**¤**T E N G O  G A N A S  D E  R A S C A R M E¤ Semana de Halloween. La fiesta más esperada por algunos, más que otros. En silencio, cuatro jóvenes miraban las invitaciones que flotaban por los aires. Hasta sus manos. Un pequeño sarcófago que estiraba una mano cadavérica y otorgaba un pequeño pedazo de pergamino, con lentras que se corrían como la sangre al leerlas. Sirius la miró y la arrugó sin disimulo. ¿Para qué necesitaba ir a una fiesta como esa? Además, no tenía un traje. Aunque no lo necesitaba. A las chicas les encantaba el look natural. El único entusiasmado era Peter. Miraba la invitación con muchas ansias, mientras James lo miraba a él. Parecía una colegiala emocionada, por su primer novio. Que estaba, que se hacía en su ropa interior. — Y como no vamos a ir, todos botaremos las invitaciones. Eso rompió la burbuja de felicidad de su amigo. Con una sonrisa suave, Sirius asentía y ladeaba la cabeza hacia un cesto de basura, en aquel pasillo. Ninguno iba y esa era la órden. Pero Peter no estaba convencido de botar su invitación. Incluso Remus parecía ligeramente emocionado por asistir. Pero sis sus amigos comentaban que no irían, pues no tenía más alternativa. Esa tarde, todo el colegio hablaba de lo mismo y comenzaba a resultar angustiante. En el comedor, en los pasillos y en los entrenamientos. Todos querían asistir y pensaban qué disfraz iban a utilizar. Con una sonrisa suave, Sirius imitaba a una chica cuyo novio, iba a vestirse igual que ella. Para compaginar. Tremenda estupidéz. — Y yo me pondré ropa interior rosa, para compaginar con mi noviecita.— frunció los labios, como si fuera a besar a James y Peter rió estridentemente, en mitad de la clase de transformaciones. Minerva lo miró con un gesto severo y Peter se encogió en su puesto. El resto continuó riendo y la clase había terminado antes de lo normal. — Ya sé de qué me voy a disfrazar.— comentó James con una risa reprimida— me voy a disfrazar de un castigo. De una ficha de castigo y haré que Minerva me firme. Pero lo dirá en mi trasero: "Firme aquí". — No. Yo tengo un disfraz mejor.— objetó Sirius con una mirada cargada de picardía.— Me voy a disfrazar de Quejicus y voy a bañarme en aceite. Gotearé grasa por todas partes. Remus fue el único que no rió. Mientras charlaban al respecto, Lily pasaba por la biblioteca. Con sus amigas. Llevaba entre sus manos, una calabaza y planificaban hacer algo con ella. No sabía qué, puesto que jamás lo había visto. No sabía de las costumbres de Lily. Como siempre, decidió seguirla hasta la biblioteca. Sirius negó con la cabeza y se dijo que tenía que acompañarlo o de lo contrario, terminaría golpeado. Solía suceder eso. — Entonces, mamá me enseñó como hacer el rostro en la calabaza. Es muy divertido, miren. Observó algo que jamás habría creído. Lily cortaba la calabaza de forma bastante graciosa. Le hacía una boca, una nariz y dos ojos. Luego, simplemente metía una vela encendida. Se veía bastante tétrico y sus amigos no tardaron en notarlo. Con una sonrisa suave, a él le pareció brillante. A Sirius; le pareció una estupidéz. — ¿Y qué se supone que haces con eso? ¿Te la comes con la vela adentro? Qué tontería. James hizo un gesto con el dedo para que se callara y pudiera escuchar el resto. Lily inspiró y levantó la vista hacia una ventana que tenía al lado. Le quitaba la visión, una niña pecosa con dos largas trenzas en su cabello. — ¿Irán a la fiesta?— preguntó una de sus amigas, de cabello negro y ojos café. Lily asintió en silencio y las demás rieron. — ¿Tienes una pareja, Lily? — No, Meredith. Pero de todas formas; no la necesito. — ¿De qué te disfrazarás?— preguntó una joven baja, pelirroja como ella, a su lado. Lily suspiró y se miró las manos con cierto desdén. — No lo sé. En mi ciudad, vestirse de mago habría bastado. Aquí, no lo sé. Quizá haga lo mismo. No tenía pensado comprar algo. James suspiró y sostuvo las solapas de la camisa de su compañero. Sirius se sorprendió ante tal arranque de emotividad. Aunque ya imaginaba lo que iba a decirle. — ¡Tenemos que ir a esa bendita fiesta. Por Merlín, cuanto antes! — Pero ¿no habías dicho que...? — Olvida lo que dije antes. Busca las invitaciones. Sirius se vio obligado a registrar cada cesto de basura, hasta encontrar lo que había desecho. Y habían sido muchos pasillos de ello. En cuanto regresó, Remus se cubrió la nariz ante un desagradable olor. Su amigo había estado jugando con la basura. Qué deprimente. Y tan adulto que se suponía que era. Pero bueno, hasta los adultos tenían delirios de bebés. Con una inspiración, sostuvo uno de sus brazos y lo obligó a entrar en el baño. Tenía que bañarse. — ¿Iremos?— Peter era el único al que le emocionaba ese comentario. Remus estaba confundido.  ¿No se suponía que no asistirían a ese tonto baile? — ¿Qué te hizo cambiar de parecer, James? — ¡Lily!— gritó Sirius desde el baño. Abrió la puerta y caminó desnudo por la habitación. Remus se cubrió los ojos con una mano y negó con la cabeza— ¿Qué haces Moony? Cómo si no me conocieras ya. — No quiero conocerte profundamente. — ¿Y de qué nos disfrazaremos?— preguntó Peter, que parecía no caber en sí de la emoción. Inspiró y trató de no hiperventilar. — Eso ya lo pensé. ¡Seremos nuestras transformaciones animagas! Sirius ladeó la cabeza para mirar a James y se dijo que esa era una mala idea. Quejicus ya sabía su secreto y bueno, terminarían en un buen castigo. — ¿Estás loco? Además, Remus no tiene una. Eso solo nos traerá problemas. — Ponemos el traje y bueno, que nuestra peil haga lo demás. — Yo no me voy a andar por allí, siendo un perro. Será mejor que te idees otra cosa. Quiero ver a mis admiradoras. — Ya lo verán. En cuanto salieron, sí. Tenían apariencia de animales. Las orejas y la cola. Lucían bastante aceptables, aunque el disfraz no convencía a muchos. Bastante simple en su confección. — Listo. Ustedes paseen si quieren, yo buscaré a Lily y trataré de bailar con ella. — Y ella tratará de decirte que no. Siempre es lo mismo cuando vas  a pedírselo. James negó con la cabeza y con una sonrisa, se alisó el cabello y trató de congeniar con los que dentro estaban. Siempre ocurría. Una vez que entraba, era el alma de la fiesta. Y eso molestaba a algunos. A personas como Snape, por ejemplo. Cuya vida se dedicaba a atraparlos. A enjuiciarlos y a hacerles la vida imposible. Eso conseguía de vez en cuando. — ¡Hola, Lily!— dijo, con una voz gruesa y Lily lo miró reprimiendo una risa— ¿Cómo está la noche? — ¿Y qué se supone que eres? ¿Un reno? Lindas astas, supongo. — Sí, algo así. Debería serlo para navidad. ¿No crees? Pero Lily no se rió con su chiste. Ella solía ser un público duro, aunque sus amigas eran más fáciles de encantar. Pero bueno... a él solo le importaba Evans. El resto podía encontrarse a otro chico del cual enamorarse. Inspiró y sonrió, pero nada cortaba el hielo en el que estaban sumidos. — ¿Quieres bailar? — Ni en sueños. Además, Snape estaba por allí. Quizá baile con él, sí. — ¿Y de qué se ha disfrazado? Ah es cierto que él, es un disfraz ambulante. — Muy gracioso. Pero no. Ya es hora de bailar. ¡Severus! Pero Snape; estaba muy ocupado. Estaba parado junto a la jarra de ponche y planificaba verter algo en ella. Introdujo una de sus manos en su otra manga y cuidadosamente, sustrajo una pequeña botella con un corcho. Un líquido púrpura, viscoso. Iba a resultar divertido. — ¡Severus! ¿Qué estás haciendo? A prisa, tomó la pequeña botella y vertió su contenido dentro de la jarra de ponche y revolvió lo más rápido que pudo. Lily se acercaba y James la seguía. Cuidadosamente guardó la botella en uno de los bolsillos de su túnica y se cruzó de brazos. Con una mirada inocente. — Ah, aquí estás. Buscando ponche. Buena idea, muero de sed. Y tú, James...piérdete. No quiero verte. — Deberías probar el ponche, Potter. James arqueó una de las cejas y lo miró con un gesto de curiosidad. ¿Por qué decía algo así? ¿Es que había echado su grasa sobre el ponche? Inspiró y miró a Lily, que se servía un gran vaso de ello. Pero el rostro de Snape parecía un poema. — Lily, no deberías beber eso. Una enorme calabaza Lily, miró a Snape con un gesto de curiosidad. Igual al de James. — ¿Por qué? — Porque ellos podrían haberle puesto algo. — Acabamos de llegar. Lily se encogió de hombros y se bebió el ponche hasta saciar su sed. James comenzaba a hacer lo mismo. Media reunión lo hacía y Snape. Bueno, un pequeño error de cálculos. Mientras pensaba en ello, James había comenzado a rascarse la cabeza. Curiosamente, sus astas se sentían más pesadas de lo normal. Y Lily... ella. ¿Era idea suya o comenzaba a verse naranja? Esperaba que solo fuera una especie de mareo o visión borrosa. Snape. Bueno él; ya no tenía más alternativa.