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Truco o treta. ¡Auxilio me he quedado animal! — capítulo 2
**¤**S O Y U N A E N O R M E C A L A B A Z A¤ Lily comenzaba a sentirse extraña, cuando James se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Su disfraz se había vuelto real y en verdad era una enorme calabaza redonda con la mitad de su cuerpo abierto en lo que era el rostro de aquel disfraz. Alzó las manos y sintió sus cuernos, adheridos a su cabeza. Ladeó la misma hacia Sirius y estaba el suelo, echado en cuatro patas. ¿Por qué todos estaban dentro de sus disfraces? Dumbledore había decidido disfrazarse de su equipo de quidditch favorito y Minerva tenía un enorme sombrero, que en realidad pesaba más que su cabeza. Todos estaban sumidos en sus disfraces. Y Snape se estaba librando de ello, porque no había tomado el... ¡Ponche! Tenía que ser aquella bebida que él revolvía antes de que ellos se acercaran. Resultaba ya bastante sospechoso, como para no pensar en él. Y mientras pensaba en eso, recordó de qué iba a disfrazarse Peter. Ya Sirius perseguía a la rata y trataba de morderla. Y luego... ¡Remus! — ¡Soy una enorme calabaza!— chilló Lily con desespero. Snape inspiró y trató de pedirle que se calmara. ¿Y cómo iba a pedirle a una calabaza ambulante, que se calmara? Tenía que ser idiota para decirle a Lily, que todo iba a estar bien. Tenía que revertir lo que acababa de hacer. Aunque resultaba gracioso que Sirius se comiera sus propias pulgas y tratara de tragarse a Peter, vivo. Y que Remus Lupin... ¡Oh! Si Remus se transformaba en su disfraz, esperaba que no fuese un licántropo. Iba a meterse en serios problemas, si James el ciervo, lo delataba con Albus Dumbledore. Podían descubrir que la bebida había sido adulterada. Y él; era el único que sabía de pociones. Más que el resto de sus amigos. Pasó junto a Narcisa que se había disfrazado como una mujer de antaño y en verdad, sí que lo parecía. Además de que Lucius, tenía un disfráz que hacía juego con ella. Resultaba bastante perturbador en algunos casos. Había quién se puso una sábana en el cuerpo para simular ser un fantasma y ahora era tan incorpóreo como el Barón Sanguinario. No estaba nada bien, el hecho de tener que pagar por una pequeña broma, que se había vuelto a lo macro. Al salir, notó que James tenía problemas para controlar a su amigo el licántropo. Usaba una silla para detenerlo; pero éste ya había mordido la mitad del respaldo. — Ayúdame. Tú creaste esto y tú me ayudarás a detenerlo. Snape ladeó la cabeza y se dijo que no tenía más solución que ayudarlo. Porque no solo iban a salir lastimados los estudiantes, sino también él. Podría moderlo, comérselo. De cualquier cosa podría morir, teniendo a un licántropo en medio del vestíbulo. Además; ya comenzaba a oír los gritos de los estudiantes cuyos disfraces no les impedían hablar y podían mirar lo que estaba sucediendo. Un enorme lobo estaba parado con sus enormes fauces, frente al vestíbulo. Eso no era nada bueno y bien... Toda su culpa. Tomó otra silla y trataban de empujarlo hacia las afueras del castillo. Mientras, Lily trataba de que las hormigas no vieran lo deliciosa que era ella y se subieran a su cuerpo anaranjado y enorme. Y algunos animales como Sirius, que tenían hambre. Incluso Peter, que trataba de mordisquearla. — ¡Esto es una pesadilla!— le escuchó James y suspiró en silencio. ¿Cómo la liberaría de ese horrible maleficio? Terminaría viendo a Lily en trozos, en vez de verla como la Lily Evans que recordaba. Y todo por culpa del inútil que tenía a un lado. Se preguntó si podía lanzárselo a Lupin para que se lo comiera. No. Tenía que ser una buena persona y respetar su vida. Aunque fuera asquerosa e inecesaria. — Creo que vas a tener que pensar cómo te sales de esta, quejicus. Y cómo curas al resto de los que están afectados. O de lo contrario, le diré a Remus que eres un delicioso trozo de carne y tendrá que comerte. Algo se le tenía que ocurrir o de lo contrario... conocía a James y sabía que lo haría. Así eran ellos. Crueles.