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Historia 63177 — capítulo 4
Gracias a Baru que comenta mis capítulos, la única lectora prácticamente, jajaj. Saludos a los demás.
**Track 4:Bad Romance(Falso Romance)
La fotografía número seiscientos fue añadida con cola a la colección de la pared. Apenas se lograba distinguir el color morado de ésta por tan tupida que estaba.
No eran fotos artísticas de paisajes, personas cruzando la calle, bandas de música o famosos. Sino que, en todas, se repetía la misma cara ovalada, los mismos ojos marrones, el mismo cuerpo atlético. No era nadie más que Joseph Lawrence, un hombre cualquiera para muchos, especial para pocos y único para una sola persona.
Marla sonrió al ver la fotografía nueva. Como siempre, el se veía tan atractivo, contento, aunque no mirara precisamente a la cámara. En realidad, observaba de reojo a su novia. A su nueva novia, con la que llevaba más de tres años. Para ella, Marla, seguía siendo la nueva, la allegada, la sustituta.
Ante ese pensamiento, la expresión de felicidad se borró de su pálido rostro. Se sintió mal.
Se fue a uno de sus cajones y lo abrió. Lo que tenía allí adentro parecía una cocina de bruja de cuento: pelo, uñas, condones usados guardados en una bolsa al vacío. Incluso había dientes de niño y ropa remendada y sucia que aún conservaba un dejo de olor a sudor mezclado con desodorante. No hace mucho había hecho esa nueva adquisición de la lavandería donde iba Joseph.
Joseph había sido su novio por seis hermosos meses, los cuales habían acabado en una horrible discusión. Marla había quedado destrozada como un muñeco de papel cortado en trocitos, pero aún no podía olvidarlo. Él giraba alrededor de ella como si fuera un planeta entorno al sol. La pelea se había originado por sus celos. Joseph era fanático de los bolos y el futbol americano, y reservaba los fines de semana para eso. Marla era una fiera cuando le dejaba sola y no podía soportarlo. Debían estar juntos, siempre. Sin embargo, ella había respetado la decisión, dejándolo en paz.
Suspiró con dramatismo: no quería utilizar magia negra para atraerlo nuevamente. Tenía que ser algo sincero, debía reconquistarlo, no atarlo a ella… No iba a conseguir nada con ello. Además, eso eran tesoros para ella, objetos intocables.
Tal vez si lo invitaba y hablaban, en una romántica cena, podría nacer algo. Si era amable…
Llamó. No tenía nada que perder.
Joseph contestó el celular casi de inmediato. Por el tono de sorpresa, Marla adivinó que su número ya no estaba registrado allí. Pero eso no le hizo retroceder.
Después de una amable explicación, diciéndole que quería hablar de negocios con él ―Joseph pareció desconfiado―, aceptó a cenar con ella a las 8, pero que tratarían sólo temas reservados al trabajo. Ella, mintiendo, aceptó.
El joven se presentó puntual y se mostró frío con ella al entrar al departamento. Marla, por su parte, no dejó de ser amable y le invitó a sentarse.
―¿Me esperas? ―inquirió ―Necesito ir al baño ―comunicó pensando en el plan dos. Necesitaba seducirlo de algún modo, ¿no?
―Adelante ―respondió Joseph con sequedad.
Marla corrió a la pieza ―dentro de ella estaba el baño―, cerró la puerta y luego fue al baño donde tenía listo lo que iba a utilizar: ropa interior roja y negra, una bata de seda ceñida, perfume… Por si acaso volvería a lavarse sus partes íntimas… Simplemente debía entregar el mensaje directamente.
Iba a tomar el jabón cuando oyó el inconfundible ruido de la puerta abrirse. Fue casi imperceptible, pero ella se dio cuenta.
Se asustó. Miró a todos lados, confundida y tomó una rasuradora mal afilada.Despacio abrió la puerta del baño y observó: Joseph estaba de espaldas a ella, observando con la boca abierta la pared llena de imágenes de él mismo.
Marla comenzó a acercarse con lentitud, pero él se volteó para mirarla.
―¿Qué es esto? ―preguntó con la voz temblorosa.
―Eres tú. Es lo que demuestra cuánto te amo ―respondió con los ojos claros muy abiertos.
Joseph se mordió el labio.
―Estás loca. Completamente loca. Llamaré a la policía, haré que me den una orden de alejamiento… ―se giró y avanzó hasta la puerta.
Antes que consiguiera llegar más lejos, Marla se había lanzado contra él para cortarle el cuello, sacando un grito gutural de su boca.
Joseph resistió el impacto y, de la nada, sacó un arma de su chaqueta. Sin pensarlo dos veces cuando ella volvió a arremeter contra él, disparó directo al estómago.
Marla quedó sin aliento. Lo observó directamente a los ojos, antes de caer.
Al otro día comenzaron los policías la investigación y descubrieron las psicopáticas posesiones de Marla, impresionando incluso a los detectives.
Joseph no pudo dormir bien en días. Casi habría preferido morir él: no dejaba de tener pesadillas con ella, y temía que le llevara al suicidio.
Besos y abrazos.