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Historia 63177 — capítulo 3
**Track 3:Mad World(Mundo loco)
Suena el despertador. Hora: 5:30 de la mañana.
Se levanta automáticamente, permitiéndose dar un pequeño bostezo antes de calzar esos mocasines que le aprietan en la punta de los dedos. No se ha dado el tiempo de comprar unos nuevos.
Dos minutos después se está lavando la cara y los dientes. A los diez minutos está instalado en la cocina, tostando pan y preparando café.
Hora: 6:00. Se va a la ducha, tarda quince minutos en estar limpio de pies a cabeza. Le toma otro cuarto de hora vestirse, peinarse y lustrarse los zapatos.
A las 6:31 minutos toma sus llaves, a las 6:32 cierra la reja, y a las 6:35 se sienta en el paradero a esperar el bus que lo llevará al trabajo.
Luego de una hora y veinticinco minutos de viaje, logra llegar al trabajo.Es un día como otro: revisa informes, intenta crear ideas, las que ya no desean fluir de su cabeza, toma café (por lo menos unas cuatro veces al día, y no le quitan el sueño), se restriega los ojos con los nudillos, bosteza un par de veces, intercambia palabras con algún compañero suyo, sigue revisando informes, recibe las llamadas de sus clientes, regaña a la secretaria por traspasarle una llamada de su madre, saca un Candybar de la máquina para suplir el almuerzo que comerá como cena en la noche y pierde el tiempo pensando en un posible fin de semana de inexistente diversión.
A las siete se está marchando, y llega a las nueve por culpa de los coches varados por tanto rato.
21:30, y ya está sentado comiendo un plato de arroz con un bistec encima. A veces lo cambia por fideos con salsa, o ensalada de lechuga con atún. Por eso está gordo y fofo. Pero no cree que el gimnasio le cambie la vida.
22:30 yace en su cama, tratando de dormir, pero parece que el café ha hecho efecto en su cuerpo.
Enciende la televisión y sin querer cae en un canal, de esos que nunca ve.
Y mira.
A las once, Jorge está llorando desconsoladamente. Es que, simplemente, no le encuentra sentido a su vida. Lleva once años soltero, once años arrimado a un trabajo que no le gusta, a una vida aparentemente perfecta, hecha añicos en la realidad. Era un mundo loco, locamente materialista, exitista, arribista, clasista, racista, individualista y corrupto.
Sigue mirando, ve cómo esos pequeños niños no tienen qué comer, dónde dormir. Sus barrigas están repletas de parásitos, sus bracitos y piernas pueden quebrarse en cualquier instante. El sol hace arder sus pieles oscuras. La sed reseca sus gargantas.
Las madres mueren jóvenes por enfermedades que, allí, en el lugar donde está ubicado, son tratables, curables.
Llora durante toda la noche.
Al otro día, no oye el despertador y se queda dormido. Al segundo día, falta porque se le ha dado la gana y se queda investigando en internet. Y, al tercero, está en el aeropuerto, sacando de la máquina su pasaje a África, decidido a anular el tiempo en su vida. Ya no la regirán las horas, sino lo que hace. Está dispuesto a cambiar el mundo. Está dispuesto a encontrar el sentido a su vida.