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Quiero tener un bebé — capítulo 16

H A R M I O N EEl muchacho había apenas encontrado fuerzas para subir las escaleras, estaba increíblemente exhausto y no podía ni con el peso de su alma. Fuera cual fuera. Se dejó caer en la cama y suspiró, dejándose absorber por las sábanas y las almohadas. La confortable colcha de la que esta estaba hecha. Hermione iba a matarlo pronto, pero le había dado una pista importantísima. Un profesor estaba involucrado en aquella locura y entonces, todo tenía sentido. Era por ello que ningún otro maestro, se asombraba de ver tantos bebés al mismo tiempo, excepto Snape. Estaba confabulado. Con esas ideas se quedó dormido. Se lo explicaría a Snape por la mañana, pero mientras tanto... Tenía que dormir. Y al amanecer, un movimiento en su cama, comenzaba a despertarlo. ¡Tenía tanto sueño y quería dormir! ¿Quién era el imbécil que movía su cama y no le dejaba dormir en paz? Dejó de quejarse mentalmente, cuando una mano movió uno de sus hombros, de forma violenta. Eso había terminado de sobresaltarlo. Buscó en la cómoda, por sus gafas. Podía ver una cabeza flotando, no podía vislumbrar el resto del cuerpo. Sus ojos estaban enrojecidos y la visión nublada. Se frotó los mismos con una mano, mientras se ponía las gafas. Se trataba de Ron y no tenía buena cara. Bien, no la tenía desde que había descubierto que Hermione y él tenían un hijo. No desde que creía que ellos dos formaban una pareja a sus espaldas y se lo habían estado ocultando durante años, permitiendo su mejor amigo, que él se ilusionara en vano. Era tan obvio, resultaba serlo, que Ron estaba enamorado de Hermione. Aunque lo negara mil veces, durante todo el día. Como fuera, lo llamaba para otra cosa. Una nota de Minerva, escrita con lo que parecía ser una letra apresurada. Se había quedado dormido y se había saltado su clase. En cuanto había preguntado por él, Ron había aceptado ir y verificar si estaba vivo. Se levantó de un salto y parecía que las malas noticias, continuarían llegando. Hermione estaba en el piso inferior, mirándolo con enojo en su semblante. Cargaba a la pequeña, mientras lo seguía con la mirada. Al Harry bajar las escaleras, ella había suspirado y la vena que apenas se notaba en su joven sien, tuvo un aspecto muy extraño en cuanto ella frunció el ceño. — ¡Esto es el colmo, Potter! Faltar a clases. ¿Qué demonios estás pensando? Necesitas estudiar para mejorar tu educación y así ser un individuo mucho más productivo para la familia, ascender puestos. — ¡No me habría quedado dormido, de no haber trabajado tanto! — ¡Acostúmbrate! Harry fue quien, en ese preciso momento, la observó cargado de ira en su rostro. Como un choque eléctrico, fluyendo a través de todo su cuerpo. ¡Se sentía capaz de acometer cualquier locura, con tal de acabar con aquella en la que vivía! A la fuerza. — ¡Tantas letras y estúpidos memorándums! Jamás en mi vida creí que moriría si leía otra palabra más. ¡Creo que si veo un libro, tomaré mi varita y me suicidaré! Hermione pensaba replicar, pero aquella bebé o muñeco, lo que fuera, había comenzado a llorar de forma escandalosa y muchos niños habían comenzado a taparse los oídos y a mirar a Hermione, mientras ella acunaba a la criatura, entre sus brazos. — ¡Mira lo que tu gritería y tus quejas, han hecho! ¡La hiciste llorar! — ¿Y por qué he sido yo y no has sido tú? Por ejemplo. Estás loca si  crees que me tragaré ese cuento de que hemos tenido una hija de la nada. ¡Ni siquiera pudimos culminar el llamado acto sexual! Y ahora mismo iré con Snape y resolveré este problema y todo lo que ha traído como consecuencia. Hermione suspiró, mirándolo de mala gana mientras Harry cruzaba el vestíbulo hasta el retrato. Cerró los ojos y negó con la cabeza. — Atrévete a poner un pie fuera y juro que vas a lamentarlo, Harry Potter. Harry no dijo nada y susurró la contraseña. El retrato se apartó, mientras Hermione permanecía quieta y en su lugar. Con los ojos cerrados y un dedo apuntándolo. Pero él no se detendría. Si un profesor había propiciado aquello, estaba cerca de alcanzar la verdad y deshacer toda aquella loca historia en el que lo habían sumido. — ¡Harry Potter! Pero el muchacho ya se había marchado, escaleras abajo y como un rayo. Y mientras que Severus Snape tenía pensado ir a almorzar, haciéndose a la idea de que tendría que soportar las desagradables palabras y la cháchara insulsa de Albus Dumbledore, Harry lo había interceptado, con una mano en la pared, respirando agitadamente. Como si hubiera corrido un maratón. — ¡Un profesor tiene la culpa! ¡Y tiene que ayudarme a encontrarlo, profesor Snape! Así detendríamos esta locura y no habrían más niñas, teniendo hijos con otros posibles prospectos que podrían estar en peligro también. ¿Un profesor? ¿Podía el señor tenebroso, estar involucrado? ¿Y para qué? Para Severus Snape, parecía que Harry había tenido una mala noche de sueño. Eso era todo. — ¿No será, Potter, que ha estado durmiendo mal? No me extrañaría, con todos esos pañales, trabajo y llantos de bebé. — Lo digo enserio, señor. ¡Hermione me lo dijo ayer mientras estábamos en la oficina del secretario en el ministerio! "De haberlo sabido, le habría dicho a mi profesor que..." Severus parpadeó ligeramente, apenas un movimiento perceptible. — ¿Y con qué fin, un profesor de Hogwarts haría algo así, Potter? Harry suspiró, negando con la cabeza y encogiéndose de hombros. — ¿Y me pregunta a mí, señor? No lo sé. Solo estoy en medio de esto ¡y ni siquiera esperaba tener hijos! No a esta edad y menos con Hermione Granger. Quizá Potter tenía razón y era mejor investigar qué sucedía.