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Quiero tener un bebé — capítulo 15

H A R M I O N EHarry estaba sentado en medio de una larga y enorme oficina, sintiéndose como un tonto. Con un traje que le causaba comezón y con una corbata que le ahogaba y le causaba el más horrendo de los sofocamientos jamás descritos. Trataba de quitársela, pero Hermione no dejaba de golpear su mano para que se quedara quieto. La bebé estaba dormida entre sus brazos y Harry la miraba con el entrecejo fruncido y una expresión de repulsión, que Hermione no aprobaba y negaba con la cabeza dándole golpes con la mano, sobre sus hombros. — Deja de mirarla así, tú tienes la culpa. ¡Pero si no había hecho nada! — Yo no te dije que tuvieras un bebé conmigo. — ¡Pues debiste decirlo antes y yo le habría dicho a mi profesor que...! Guardó silencio, un enviado del ministro se sentaba frente a ellos y los miraba en silencio. Sus pequeños ojos llenos de pliegues conformados por arrugas en la piel, los analizaban con suma cautela. Harry pensaba que gritaría y terminaría hechizándolos en aquel preciso lugar. Pero al contrario. Había hablado tan alto, que lo había dejado aturdido. Y con una enorme sonrisa de oreja a oreja. — ¡Entonces el señor Potter viene a solicitar trabajo. Qué dicha! — Pero si solo soy un "adolescente". ¿Cómo diablos pueden emplearme aquí sin pensar que voy a explotar algo o a matar a alguien? Hermione negaba con la cabeza y el enviado ministerial asentía, ambos parecían entenderse y Harry se sentía estúpido en medio de aquel salón. — Usted entiende. Padre primerizo, actúa como idiota de vez en cuando. Digo, todo el tiempo. No puedo ni evitar que lo haga durante dos minutos. Le pido que se comporte y lo hace peor. Pero díganos, qué opciones pueden ofrecernos para que él trabaje cuanto antes y pueda sustentar a nuestra hija. Harry ladeó la cabeza con pesadez, admirando el enorme pergamino que había aparecido por arte de "magia". Odiaba las letras pequeñas. Siempre lo comprometían y... ¿¡Y si eso era obra de Voldemort!? Claro, tenía que ser. Estaba en una especie de dimensión paralela donde Voldemort los había enloquecido a todos y le hacía creer que era padre, para torturarlo y así asesinarlo más fácilmente.  Eso no tenía sentido. La estupidez se contagiaba y viajaba más rápido de lo que parecía. Negó con la cabeza. Tenía que haber otra razón para ese repentino cambio en su vida. Ella había dicho: "Profesor". Un profesor estaba involucrado en ello y comenzaba a desenmarañarse la cuestión. Mientras pensaba en eso, sentía que algo tocaba su hombro con insistencia. Eran Hermione y una pluma. Parecía necesitar su firma. — Debes firmar aquí y aquí, para que te empleen como secretario del secretario del ministro. ¿Secretario del secretario? Eso no tenía sentido. Respiró y asintió sin pensar mucho. Total, pronto desenterraría el misterio y podría jactarse en el rostro de todos. De que había descubierto la estupidez fraguada en su contra. Y en cuanto firmó, Hermione pareció satisfecha y él, que se encerraba en algún laberinto sin salida. Que normalmente los laberintos solían tener y no el suyo. ¿Qué diablos estaba pensando? Y entonces, Snape pensaba igual que él. Que estaba metido en el guiso y no saldría hasta calcinarse o peor aún... Hasta que Hermione se lo tragara vivo. Que representaba casi lo mismo. — Entonces, ya tiene trabajo. ¿Empieza a qué hora, Potter? — A las siete en punto y termina a las cinco y treinta. Dos días a la semana. ¡Eso va a matarme! Tengo Quiddicth. Sus deberes. No podré con todo. — Bienvenido al mundo real de: "Hola, tengo un bebé y soy un cabeza hueca de nombre Harry James Potter" Harry lo miró de mala gana, mientras Snape sonreía por lo bajo y admiraba una serie de ensayos que había envuelto con una liga. Todos tenían su nombre. Colocó una mano sobre aquel bulto y lo observó con una expresión insondable. — Y espero que sus calificaciones mejoren mucho más que este lote de basura que tengo aquí. Lo golpearía con el, pero podría matarlo y entonces, tendría que escuchar la tediosa voz de la señorita Granger, recriminándome de que dejé a su hija sin su tonto padre. ¿O lo ayudaba o lo insultaba? Con Snape casi nunca se sabía. — ¿Qué diantres voy a hacer? Soy el capitán del equipo. Todos van a odiarme si no asisto a las prácticas y Ginny...¡diablos Ginny! — A estas alturas, su noviecita debe creer que se buscó un partido mejor y ya hasta terminó dándole un hijo. Hija, corrijo. Ya no creo que debería preocuparse por alguien como la señorita Weasley. Debería comenzar a trazar su futuro, ahora que tiene esta responsabilidad. Enfocarse en lo que tiene que hacer. Lo que le corresponde. Harry volvió a dejar caer su cabeza sobre el escritorio. Ahora tenía un trabajo como secretario del secretario. Ordenar papeles viejos, citas, leer interminables memorándums y tomar aburridas notas sobre cosas que no le interesaban. Él quería combatir las fuerzas oscuras, pelear contra los villanos. No quería ocupar una silla y quedarse sentado frente a la acción. — Adivine qué.— Snape había dicho y Harry había alzado la cabeza.— su trasero tendrá forma de silla en cuanto termine su "pasantía". Resultaba triste, pero Snape tenía razón en ello. No tenía otra opción o iba a tener que él, escuchar la horrible y chillona voz de Hermione, cuando se enfadaba. Pronóstico de problema.