Quiero tener un bebé — capítulo 14
H A R M I O N EEsa mañana, Severus se reía en la mesa de profesores o más bien, sonreía, mientras Harry veía a Hermione con abatimiento y la escuchaba hablar de su nuevo oficio como oficinista. Para Snape, Dumbledore parecía demasiado relajado con el asunto de los bebés que andaban por la escuela y sus alrededores. Incluso Minerva, que parecía no haber reprendido a nadie como él lo había hecho. Por haber estado teniendo sexo y por calenturientos. Pero bueno, no podía hacer nada más. Tenía que ejercer su trabajo como profesor, así estuviera solo en el asunto. Se encaminó hacia Harry, que se daba golpes en la mesa del comedor, en la cabeza. Con la madera de la misma. Colocó una mano sobre su hombro y lo obligó a sentarse derecho y a dejar de actuar como un estúpido. Harry alzó la mirada y Snape sonrió maliciosamente. — No me diga. Granger quiere que su hijo tenga un hermanito o hermanita. Harry negó con la cabeza y lo miró, deprimido. — No quiero trabajar en una oficina. No creo que tenga madera para eso. Quiero luchar, quiero vencer a Voldemort. Snape no contestó, mientras Harry tomaba la cuchara llena de puré y trataba de ahogarse con ella. Severus se la quitó de las manos y mirándolo de mala gana, sostuvo su brazo y lo obligó a levantarse de la mesa. — Le enseñaré otra cosa, venga de una buena vez. Harry se preguntó, qué le había ocurrido a Snape que actuaba de forma "benevolente". ¿Se habría golpeado con algo o Peeves le había arrojado algo encima? Caminó detrás de él, de forma torpe y con ligero vacile. No estaba seguro de qué se trataba. Quizá Hermione lo esperaba dentro del despacho de Snape, con un enorme rodillo y dispuesta a golpearle muy fuerte en la cabeza. Por mal padre de su "hija", que ni siquiera recordaba haber concebido. O que Hermione estuviera embarazada. Y a su edad, seguro se habría ido hacia atrás con el peso de su vientre. Empezaba a pensar en tonterías, cuando Snape le dijo que entrara en la oscuridad de sus mazmorras. Entró entonces y alzó la mirada. Se sentó donde se sentaba siempre y suspiró pesadamente. El ambiente allí resultaba ser muy denso. Como si sus pulmones perdieran aire en cada bocanada en busca de respirar. — Potter...a una madre, a una mujer que es madre de hecho, no puede decirle que no. Usted siempre está en "desventaja". Ella siempre le recordará qué hizo, todo lo que padeció con el bebé y usted que no hizo más que divertirse y mirar, tendrá que ayudar. Cooperar con los planes que ella tenga en su cabeza. Aunque no dudo que Hermione Granger sea independiente y más inteligente que usted, parece que no quiere vivir con su bebé sola. ¿Acaso le había dicho bruto? Lo miró con rostro de pocos amigos y Snape parpadeó divertido. Suspiró lentamente, mientras jugaba con una pluma entre sus manos. ¿Por qué siempre Snape se burlaba de sus desgracias y no se acongojaba? Por dios, era Snape. — Le recomiendo que acate lo que Granger le pide, hasta que encuentre una forma de desligarse de su "contrato" adquirido irresponsablemente y apropósito. Y por como yo lo veo, parece que pasarán años antes de que pueda hacerlo. Ella parece determinada a conseguir que usted se haga responsable de la niña. Harry despegó los labios. — Sea accidente o no. Estaba frustrado en la silla del profesor Snape. No era justo que tuviera que pasar por ello. Hermione ya había hecho los contactos y empezaba a trabajar el lunes en la mañana. ¡Con anuencia de los profesores! ¿Quién carajo aprobaba algo así? Inspiró, cuando Snape miraba la nota que Hermione le había pasado por escrito, sobre el trabajo que Harry tendría que hacer y cuántas horas le iba a tomar. No la había visto. ¿Cuándo la había recibido, que ya la tenía? Lo puso nervioso enseguida. — Oficinista en el ministerio. Me gusta la idea. Se sintió burlado. — Recuerde, no sea imbécil. No se deje pisar pero tampoco abuse de sus privilegio. ¿Sabe qué cosa es imperdonable y de mal gusto? Harry negó con la cabeza. — Que haga llorar a una mujer. O a una adolescente. — Pero ¡Hermione me hará llorar a mí! Severus lo miró de mala gana. ¿Cómo era posible que dijera semejante estupidez? Inspiró una vez más y enrollando un pergamino viejo, le dio en la cabeza con él. — ¡Sea un hombre y afronte sus consecuencias, señor Potter! No sea ridículo o de lo contrario hará, que me provoca, que lo repruebe en mi materia durante todo el año. ¿Queda claro? Sea un hombre y afronte la responsabilidad que ahora carga sobre sus hombros. Es de bebés, llorar por algo que usted conocía perfectamente. Y hablo de las consecuencias. Como fuera. Él no lo había hecho. Ella había aparecido por obra y gracia de Merlín. No tenía por qué hacerse responsable. Y no se haría.