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Quiero tener un bebé — capítulo 7

H A R M I O N EHermione continuaba repasando los posibles trabajos, mientras Harry paseaba por el huerto de Hagrid, recogiendo flores para su encuentro pasional, con Hermione. Ella pasó varias veces a su lado y Harry trataba de esconder las flores en su camisa. Se veía un poco extraño. Olía dulce y su vientre estaba abultado. Algunas chicas lo miraron con cierta curiosidad, cuando soltaba pétalos en el suelo. Sonrieron y decidieron seguirlo a través de un pasillo. Le costó perderlas sin generar sospechas en Hermione. Al terminar el segundo periodo de clases y el almuerzo, él apenas había comido un poco de guisantes y pavo. Subió las escaleras de un salto y miró que todo estuviese preparado. Le había mentido a sus compañeros. Que habían ratas en la sala común y Filch iba a limpiarlo. Nadie quería ver a Filch. Aunque la mayoría quería ver cómo sacaba a las ratas. Harry negó y confirmó que usaría un veneno muy tóxico. Que estaría libre en unas horas. Todos acordaron terminar en el comedor, jugando algo o leyendo. Bien. Todo estaba listo. Faltaba convencer a Hermione. Aunque como la conocía, ella podía ir sola y entonces él podía sorprenderla. Había dispuesto velas y flores, aromas diferentes y apagado toda luz en la sala común. Como decía una tonta revista de sexo, dentro de un libro. Seguro un estudiante la había dejado allí para encontrarla nuevamente. Snape lo mataría de encontrar eso. Entonces, Hermione subió las escaleras hacia la torre. Ya tenía toda la información que necesitaba. Solo una cosa le faltaba. Charlar con Harry sobre los trabajos que debía tomar, para mantener al bebé. Miró a su alrededor y se dijo que necesitaban abrir las cortinas. Con una inspiración suave, comenzó a caminar, pero resbaló torpemente. ¿Por qué estaba todo apagado y oscuro? Comenzaba a causarle preocupación, pero decidió continuar. Subió las escaleras hacia la habitación de las chicas y caminó hacia su cama. Soltó el libro sobre ella y escuchó que algo se cayó de la misma. Alzó la mirada y descubrió a Harry Potter frente a ella y una gran cantidad de pétalos por doquier. Velas y aromatizantes. ¿Qué ocurría dentro? — Hermione... — Harry... ¿qué es esto? ¿Qué haces? — Es la mejor forma de hacer el bebé. Bueno, la única y además... si quieres que sea una niña... — ¿De qué estás hablando? Ya ella... ¡un momento! ¿Has estado leyendo esas tontas revistas cursis de cómo conquistar mujeres? ¿Por qué? Harry no contestó y rodeó la cama, para acercarse a ella. Hermione lo miró con rabia y luego, a la revista. Esas cosas de pervertidos. Harry no era de esa forma. No era... ¿o sí? — Bueno... por algo debemos empezar. — ¡Ya te dije que el bebé está...! Pero no continuó con sus palabras, sintió algo cálido sobre sus labios y guardó silencio. Soltó el resto de las cosas que traía entre sus manos. Harry Potter la estaba besando y ella... Ella no estaba haciendo nada para detenerlo. Porque ni se podía mover de donde estaba. Mucho menos, cuando dos manos la rodearon suavemente y sintió que estaba en el mayor de los problemas, habidos y por haber. Estaba sumida en la habitación. Perdida por los aromas y las luces de las velas. Pero aparte de eso, sabía lo que Harry quería hacer. — Harry...basta...por favor...—murmuró entre sus labios— hay algo que tengo que decirte y necesito...que escuches. — Luego...— le dijeron y observó como los lentes de su amigo, resbalaban a través de su ropa y terminaban en el suelo. ¿Por qué pasaban esas cosas? — Harry... — Ahora...no, Hermione...la revista dice que los problemas, se tratan después...hay que olvidar las complicaciones. — Pero si yo no... Hermione respiró agitadamente, apenas podía, con el beso que estaba recibiendo. Harry la soltó por un minuto, que no duró mucho. Había escogido realizar aquel recorrido, que supuso toda mujer, esperaba. Cuello y manos. Y descubrió que el punto débil de su amiga, era eso precisamente. El cuello. Sonrió ligeramente y apartó las cosas de la cama.  Ay dios que eso estaba muy mal. — Harry...detente ya— dijo, pero sus quejas perdían volumen y perdían fuerza. Lo miró, mientras echaba su suéter a un lado y procedía a quitarse el suyo— alguien podría...¡demonios! — No vendrá nadie...les dije que se fueran... ¿Cómo luchar con tal lógica? Cayó sobre la cama llena de pétalos y miró a Harry, mientras tenía la camisa entre abierta y comenzaba a abrir los botones de su blusa. ¡Vaya qué decisión tenía consigo! — Harry...— dijo, no pudo evitar sonrojarse— yo no estoy... — Segura, ya lo sé. Me lo has dejado entrever, muchas veces en estos días. Pero está bien, yo tampoco. — ¡Harry yo soy virgen! — Y yo también...Hermione... Miró su camisa de diario, que resbalaba a través de la cama y su falda estaba por sentir el peso de la gravedad. Harry admiró a su amiga, en la cama. Ella era una joven hermosa. — Entonces... ¿cómo lo prefieres? — ¿Cómo que "cómo lo prefieron"? ¡Te volviste loco....! Pero no dijo nada más, sintió que acariciaban uno de sus senos, con una mano. Inconscientemente, se mordió el labio superior y juntó las piernas. Sí...así lo decía el libro. ¡Estaba bien! ¡Muy muy bien!