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Laevite (dramione) — capítulo 1

A aquella persona que espera por esto, para mañana por la mañana. Creo que no lo habría escrito nunca, de no tener un buen motivo. Y bueno, me has dado ya suficientes de ellos.

Para quién se puede convertir en algo más que eso...

I G N I T U S******Ignición, flama y calor*No comprendía el significado del libro que estaba leyendo, bajo la ténue luz de la biblioteca. Estaba cansado, se frotaba los ojos ante el sueño y tenía deseos de dejarse vencer. No pensaba con claridad y necesitaba entregar ese ensayo al día siguiente. A primera hora o de lo contrario, Severus Snape estallaría en críticas y en adjetivos, en su contra.                Guardó silencio en su cabeza, no se concentraba y no podía prestar atención a las letras. Ya estaban bailando entre las líneas, a esas horas de la madrugada. Estaba solo en aquella mesa, no había nadie más un domingo a las doce en punto. Pero tenía que escribir aquel ensayo, aunque no necesitara estudiar, aunque su futuro estuviera asegurado.                  Tenía que escribirlo para continuar acorde a su papel, en aquella escuela. Nadie podía enterarse de la verdad. Aunque a esas alturas, poco comenzaba a importar la verdad. En ese momento; otras circunstancias salían a la luz de sus pensamientos.                Sonrió por un par de minutos y se dijo que se trataba de una estupidéz, el estar ansioso precisamente por todo aquello que había comenzado a pensar durante sus vacaciones de invierno. Pero aún para él, aquellos pensamientos continuaban siendo un gran enigma.                         Habría podido decir que estaba comenzando a enloquecer, puesto que tenía para ese entonces, un deber muy importante. Una tarea muy importante que llevar a cabo y había espacio para la insanía mental. Podía contemplar eso, en el preciso momento en el que su nombre brotó de sus labios, una noche de sueños álgidos y un par de tragedias.                      Su plan podía irse en un terrible fracaso y allí estaba, teniendo ese sueño una y otra vez. Soñaba con sus delgadas manos y su rostro herido. Tenía una terrible cortada en uno de sus pómulos y en ese preciso momento, trataba de sostenerse de algo. Y estaba él para esa tarea.                      ¿Acaso predecía su futuro? ¿Acaso así resultaría todo? Tenía que obedecer al maestro, no debía tener espacio en su vida para pensamientos como ese. Ni cercanos. No tenía siquiera un espacio para su madre y sus lágrimas. Tenía que hacerlo y hacerlo bien. Tenía que forjar su temple. Forjar su máscara y suplantar la realidad. Olvidarse de ella y no tomar objeto de locura.                         Aunque le resultaba imposible no creerse loco, de solo imaginar el gran salto que estaba por dar. La fama, la gloria. Iba a ser un gran héroe entre los suyos y por fin- pensó al colocar aquellos libros en su repisa correspondiente- iba a demostrar las agallas de las cuales estaba hecho y todos dudaban de su existir.                     Encendió su varita y con paso firme, caminó por los vacíos pasillos del castillo. Aún los estudiantes dormían y como prefecto; no resultaba complicado violentarse las normas y hacer lo que se le viniera en gana. Había estado haciendo eso desde que había llegado, basándose en sus influencias. Basándose en el poder que tenía su apellido para generar presencia y debilitar a sus oponentes.                    Y aún así, habían tres que se empeñaban en malograr su perfecta vida. Habría sido el rey, el príncipe. El conde, de la escuela. Pero no. No contaba con ellos tres. No contaba con sus inumerables logros y con su atractivo: "espíritu por salvar al mundo.          Tenían tanta bondad de la cual él, claro, carecía enormemente. Pero era claro que la bondad no los iba a llevar a ninguna parte. El dinero, el poder, eso movía al mundo. Por más bondad que éste recibiera, las cosas no iban a cambiar. Siempre tenían un mismo emblema. El más contra el menos. Así había sido desde tiempos remotos y no cambiaría.       Se detuvo en el vestíbulo, oía pasos. Se trataba seguramente, del resto de sus "compañeros" prefectos. No le gustaba socializar. No necesitaba a nadie. El mundo se conquistaba en solo. Los ayudantes solo estorbaban o terminaban traicionándote.         Pronto tendría que deshacerse de Crabble y de Goyle. Si era que la guerra no se deshacía de ellos primero. Así, todo era muy sobrevalorado. Los muggles acusaban al demonio de asesinar a los inocentes, pero ellos mataban animales para comérselos. Casaban a las mujeres contra su voluntad y promovían la exclavitud para trabajar las tierras y generar dividendos. Había sido construido el mundo, utilizando al que menos tenía para dar y oprimiendo el que no quería ofrecer.          En el mundo todos criticaban al que tenía dinero, al que lucía bien y al que tenía buena mano para el poder. ¿Quienes? Aquellos que no poseeían nada de esas cualidades. Ninguna de ellas. No era amigo de la historia, pero acervaba que le favorecía en muchos puntos que intentaba hacerle ver precisamente, a ellos tres en particular.        Terminó su recorrido, ahogando un bostezo. Sus párpados pesaban y sus pies se arrastraban en aquellas escaleras de piedra. Estaba exhausto y tenía su mente llena de fórmulas químicas y de ingredientes para mezclar en clase. Necesitaba descansar, concentrarse. Al día siguiente; habría un importantísimo partido contra Gryffindor.           Ya estaba cansado de  perder.

Se tumbó sobre la cama y trató de acallar a su bulliciosa mente, para finalmente irse a dormir. Pansy dormía a un lado y parecía que no despertaría nunca. Al otro lado, Zabinni roncaba ruidosamente y tenía un pie fuera de su cama. Miró al resto y se preguntó qué harían de saber la verdad. De saber que él no era el Draco que creían ver. Que era más que el hijo de Lucius Malfoy, el magnate ministerial. Tenía que aceptar que aunque ya supieran que su padre había sido mortífago, eran muy tontos como para notar que él seguiría sus pasos. Sólo los más allegados lo veían. Y de ellos eran los primeros que se deshacería, al finalizar su tarea. Porque, no los iba a necesitar luego. No cuando ya estuvieran en el poder. Solo eran recursos. Piezas y recuerdos.

No quería siquiera, acordarse de Pansy Parkinson y sus creencias sobre su futuro a su lado. ¿Amar? Era precisamente que esos sueños que había estado teniendo, tenían que acabarse. Pero no, precisamente no sobre ella. Estaba soñando con otra persona. Con otra chica. Con otra "mujer". 

Porque ya para él, ella era precisamente eso:

Una mujer.

Y una mujer de la cuál no debía siquiera imaginarse a su lado. O incluso, soñar con ella. Mirarla. No debía hablarle. No merecía oír su voz. No estaba cansado de llamarla de esa forma tan despectiva y estaba seguro de que ella estaba cansada de oírlo. Y aún así, todo los tiempos posibles, le recordaba que era eso para él.

Sangre sucia.

Una asquerosa y poco deseable, sangre sucia.

Y en cuanto se convenció de ello, su mente guardó silencio y pronto se quedó dormida. En supresión. No volvió a soñar con ello.

Más bien; volvió a soñar con el partido que no podía perder. No se trataba de interés por ganarse una bendita copa de oro, que su padre podía comprar. Se trataba de humillar a Potter. De dejarlo en las gradas, sin aliento, sin respiración. Que admirara su poderío, mientras podía pisar sus manos o hacerlo caer de la escoba.

Quería jugar tan sucio como le fuera posible y sabía que incluso, el profesor Snape, lo aprobaría.

No cabía la posibilidad de equivocarse.

Y esa mañana, despertó somnoliento. Pese a haber dormido por muchas horas, sintió que los pensamientos habían estado jugando en su subconsciente y en su contra. Muchas veces solía suceder. Despertaba apretando los dientes. Su mandíbula estaba entumecida y le tomó tiempo, devolverla a su estatus original. 

Pansy sonrió en cuanto posó sus ojos sobre ella, en el comedor. Esperaba encontrar su estatus quo con él, pero insistía en negársele. Siempre se sentaba en puestos diferentes, aunque ella siempre conseguía llegar hasta él. Ese día, el desayuno estaba animado y las dos mesas restantes, vitoreaban a Gryffindor.

Era común que el resto, los odiara. Pero eso no les preocupaba en lo más mínimo. Les hacía gracia ver aquel derroche de espíritu y emotividad, digno de una gran cantidad de muggles y de sangre sucias.

De eso abundaban. Sobretodo ella, que trataba de tapar sus oídos ante los incesantes gritos y continuar su lectura. El Quiddicth no era su deporte favorito, pero donde estuviera ella, siempre terminaba apoyándolos. ¡Odiaba tanto su actitud de lamebotas! Era toda una mierda.

Y por ello, luchaba contra sus hormonas infantiles. Que se empeñaban en pensar en ella y la delicia que debía ser, verla en calzones. Como si no pudiera imaginar ya de por sí; qué tipo de calzones utilizaría. Algodón, ni siquiera sujetador. Acostumbradores. Era tan tonta.

Y se le acaban los insultos, como el apetito. Pero apesar de eso, antes de soñar con ella, había cometido un error que lo llevó a ello. Había estado, en el pasado, mirándola más de la cuenta. Había incluso estando sentado, pasado horas en la biblioteca, solo para verla pasar las páginas. Humedecerse un dedo y mirarla pasarlas, distraidamente y sin darse cuenta del mundo entero. A veces leía, pero no lograba captar que veía ella en aquellos libros que le resultaban tan preciados. Él los odiaba, no podía leer sin aburrise.

Pero así era ella.

— ¿Listo para que te pateemos el trasero?— escuchó a un lado y ladeó la cabeza en silencio.

Claro. El simplón de Weasley.

— Las comadrejas se esconden en sus hoyos, Weasley. Mira bien la cancha, hay varios hoyos en ellas.

— ¿Te crees muy listo, solo porque tu padre compró tu puesto en el equipo? ¿Hoy te sientes con suerte, Malfoy?

Sonrió ligeramente y se miró la palma de la mano, en silencio. El resto de sus compañeros ya se había levantado y estaban dispuestos a pelear. Pansy y Hermione ya habían comenzado a discutir.

— Entonces una cabeza llena de aire con el cabello tal cuál los desechos de Buckbeack luego de comer las calabazas en el huerto de Hagrid, piensa que puede ganarme.

La sola mención de BuckBeack ya sonaba irritante. Recordaba Harry, cuando estuvo a punto de ser sacrificado por su culpa. El resto guardó silencio, mientras Ron apretaba los labios y se había quedado sin insultos.

— !Pues tú eres un...!— alcanzó a balbucear y Draco ladeó la cabeza, luego de haber comenzado a caminar hacia el pastillo.

— He visto desechos mucho más apetitosos que tú, Weasley. Y te vamos a dejar en el terreno, como al resto de tu equipo de segunda.

Pansy echó una última mirada fría hacia Hermione y Ginny, mientras corría detrás de él, como idiota. Harry sonrió por unos minutos y se dijo que Draco comenzaba a quedarse sin comentarios inteligentes. 

Antes siquiera de emprender su camino, ya Lavander Brown se les había unido a la caminata y había estado quejándose todo el recorrido, sobre la actitud de Draco y lo que haría de tener a Pansy cerca. Comenzaba a molestar a Ronald, quien fingió que tenía un calambre y había comenzado a caminar más lento para alejarse de ella.

El campo como Harry esperaba, ya estaba lo suficientemente abarrotado como para escuchar las voces ensordecedoras. La euforia podía sentirse y el equipo estaba más que determinado a vencer. Harry inspiró, mientras Ron tarataba de safar uno de sus brazos del angustiante sostén de Lavander. Como se imaginaba, Hermione ya los había dejado solos y había aceptado, renuente, a acompañarlos mientras Lavander estaba caminando junto a ellos. 

No era un misterio para él; que a ella le interesaba su amigo y si Ron no lo veía, podía perderla. Pero parecía que eso no le preocupaba mucho. No dejaban de discutir. El día anterior habían discutido sobre la cocción de las patatas en la cena. 

Buscaban una forma de hablarse, así fuera para discutir. Ya estaba comenzando a irritar a Harry, puesto que sus descansos o sus prácticas de Quiddicth, Ron o las usaba para besarse con Lavander ó para quejarse de Hermione y su actitud egoista. Mientras decía, es claro:

"Yo no me quejé cuando ella besaba a Krum. ¿Por qué ella se queja?"

No se lo iba a explicar.

— Vamos— murmuró, halándole el uniforme. Ron fingió que Harry estaba muy molesto y Lavander se enfadó con él. Poco le importaba. En cuanto entraron en los vestidores, Ron agradeció con un suspiro liberador, que lo hubiera sacado de aquella situación embarazosa.

Aunque Dean no dejaba de reírse, incluso Ginny no dejaba de reíse al respecto. Los miró con rabai y se dirigió a los vestidores, en silencio.

Harry fue el primero en salir, no tenía nada que meditar con su vestidor. En cuanto estaba por reunir al resto de su equipo, notó que la mirada de Malfoy volvía a estar encima de Hermione. Ella había abierto un libro y se había sentado al final de las gradas, parecía desinteresada. Pero Harry sabía que en cada partido que Ron saliera a jugar, ella estaría mirándolo. Y muy angustiada.

— ¿Buscas a alguien, Draco?— dijo, desde su escoba y el joven inspiró lentamente. Llamando a su serenidad.

— Busco dónde voy a enterrar tu cara, cuando termine el juego— señaló la grada de Hufflepuff, con una sonrisa— allí, en esa esquina.

— No sabes mentir, Draco Malfoy. Por fortuna, aún te delatas de una forma tan sencilla.

Esa maldita voz. Esos malditos chistes. Tenía que acabar con él. Pero antes...

— ¿Qué ocurre con Granger? ¿Le duele que su "Ro- Ro" esté con "Lav-Lav" Aunque la comprendo. Weasley suele tener el cerebro de una canica. No diferencia...

¿Qué había dicho?

— ¿No diferencia qué, Malfoy? ¿Acaso acabas de insinuar algo que creo...?

— ¡No digas sandeces, Potter! ¿Yo? ¿Pensando que Hermione Granger es una chica hermosa? Ya se te subió el aire al cerebro.

Caminó hacia los vestidores de Slytherin, el partido estaba por comenzar. Harry suspiró en su escoba y descendió hasta pisar el suelo y caminar detrás de él. Sus pasos hacían eco en el húmedo césped, pero Draco no se volvería. No seguiría sus juegos tontos.

Se detuvo en los vestidores, sabía que él no podría entrar allí. Se disponía a cerrar la puerta; cuando una mano evitó toda posibilidad de lograrlo.

Qué persistente su molestia. Como un mosquito zumbador e incómodo.

— Malfoy, Malfoy. Si no le dices tú mismo a Hermione, que te gusta... lo voy a hacer yo mismo.

Como si cupiera esa posibilidad; en esa vida y en otras.