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Laevite (dramione) — capítulo 2
Gracias a todos quienes me dejaron comentarios. Por problemas de luz y deberes academícos, no me he puesto a responder. Pero prometo que lo voy a hacer. Muchas gracias por todo lo que han hecho.
I N C A E N D I U M******Incendio, fuego*
No podía perder en ese partido. No se trataba como ya había pensado antes, de obtener un premio que bien podía comprar. Se trataba de su orgullo y de humillación. La misma que podía hacerle sentir a Potter, como él ya la había experimentado. En sus memorias, solo tenía hechos tristes y todos tenían que ver con el gran salvador de todos los tiempos. ¿Por qué tenía que ser brutalmente castigado con la sensación de que siempre sería el número dos? ¿De que siempre estaría tras sus zapatos?
Quería aplastarlo, reducirlo a polvo. A la nada misma. Miró a sus alrededores, Slytherin no llevaba la delantera y pese a que no quería aceptarlo; Ronald hacía un buen trabajo como guardameta. Esperaba que su equipo pensara igual que él y sin decirles algo al respecto.
Que hicieran trampa. Que fueran engañosos y un elemento peligroso. Snape lo avalaría y ninguno de los Gryffindors, podría quejarse en su presencia. Eso le gustaba de estar en Slytherin.
Engañaba con el permiso de sus superiores.
Sintió entonces, en sus oídos, el zumbar de la snitch. Estaba cerca y podía casi pensar que estaba a punto de tocarla. Aunque aún no la había visto. Una ráfaga de viento, pasó sobre su cabeza y notó que Harry Potter, había tenido la misma sensación que él. Aceleró el paso entonces y le cortó el vuelo, en los aires. Parecían dos enormes aves, haciendo magistrales piruetas en el cielo raso.
No iba a vencer. No en esa vida ni en otras.
Y mientras surcaba los cielos; podía sentir que estaba cada vez más cerca de la snitch dorada. Estiró uno de sus brazos, créia haber tocado algo con dos de sus dedos. Harry Potter estaba atrás, él iba a vencerlo.
Sucedió. Entonces sucedió algo que lo desconcentró totalmente de su juego. El público había exclamado un enorme gemido y algo había impactado contra un jugador. Ladeó la cabeza y descubrió que se trataba de Ronald Weasley. Una bludger lo había golpeado y lo había tumbado de su escoba. Estaba inconsciente y caía como una vieja hoja. Harry miró rápidamente a su equipo, que simplemente se habían detenido a mirar. Estupefactos.
Luna se había levantado de su asiento, para mirar lo que estaba por suceder. Sus comentarios en el partido, habían dejado de ser graciosos.
Hermione se había levantado de un salto y había dejado caer el libro en las gradas. Corrió escaleras abajo hacia el campo y muy pronto, Lavander la imitó. El profesor Snape y Minerva McGonagall, fueron los primeros en descender hasta el estadio. Podía morir, de continuar cayendo de esa forma.
Todo el estadio en silencio, observó como Snape sacaba su varita y ágilmente, evitaba la caída mortal de Ronald Weasley. Cayó sobre algo blando y rebotó hasta estar boca abajo en el suelo. Todo el equipo de Gryffindor, ya comenzaba su descenso. El partido se había detenido. Aunque seguía escuchando el coro:
"A Weasley vamos a coronar"
Snape fue el primero en inclinarse para verificar el estado de Ron. Cosa que para Harry era bastante grosera. Considerando que había sido su equipo quién lo había derribado. Aún podía observar la mirada socarrona del capitán del equipo. Ni siquiera Snape parecía preocupado.
— Está vivo— dijo lacónicamente, mientras apartaba sus dos largos y amarillos dedos, del cuello de su amigo.
Minerva trataba de contener a ambos equipos, que ya habían comenzado a discutir y a lanzarse insultos, mezclados con maldiciones que ninguno podía entender. Severus Snape había comenzado a levantarse lenatmente y a darse la vuelta para mirarlos. Enseguida, todo cesó.
O casi todo.
— ¡Trataron de asesinar a mi Ro- Ro!— chilló Lavander Brown y Harry se dijo que de Ron estar consciente, pediría que lo mataran con otro par de bludgers desenfrenadas, revoloteando en el cielo.
Snape no pudo evitar sonreír de forma sarcástica, ante el silencio prolongado de Gryffindor y las risas del equipo Slytherin.
— Tranquila señorita Brown, su "Ro-Ro" sobrevivirá. Aunque de ser él, agradecería enormemente... el estar inconsciente por un par de días.
Lavander compuso un rostro de no comprender la insinuación, pero Harry y el equipo entendió aquella ironía, de inmediato. Al mirar los rostros de odio en sus compañeros, Lavander se sonrojó y se encogió entre los presentes.
Hermione acababa de llegar, cuando Harry pensaba que la situación no podía ponerse mucho peor de lo que ya era. pasó entre los jugadores de ambos equipos y jadeó con fuerza, se notaba que había estado corriendo y su aliento formaba halos en el aire. Bajó la vista hacia el inconsciente cuerpo de Ron y se quedó allí, como si la hubieran petrificado.
— ¡Aléjate de mi novio, fisgona de biblioteca!— chilló Lavander, cuando Hermione pretendía acercarse al muchacho y tomar una de sus manos. Desistió de inmediato y retrocedió sin alzar la cabeza de lo que estaba mirando. El rostro de Ron.
Harry estaba seguro que ni siquiera Ronald, habría dicho algo tan ofensivo como eso. Hermione había despegado los labios y estaba dispuesta a replicar, pero ante tantos presentes, simplemente volvió a desistir. Sus ojos se llenaron de lágrimas y pronto había salido corriendo, en dirección a la salida del campo.
El equipo no podía estar más molesto con Lavander Brown. Y Slytherin reía, mientras Snape negaba con la cabeza. Ladeó la misma, mirando a Harry y se aseguró de que sólo él, pudiera oírlo hablar.
— Es una lástima, me temo. Weasley se está llevando a todas las chicas. ¡Debes estar destrozado, Potter!— al escuchar esas palabras, Harry sintió una descarga de puro odio en su médula espinal y el resto de su cuerpo.
El equipo no dejó de reírse, aunque Minerva los hubiera visto de forma amenazante. Negó con la cabeza y le pidió a Lavander que se apartara, aunque ella insistía en sostener su mano, mientras el equipo levantaba a Ron del suelo. A Harry no se le escapó; que su cabeza seguía borboteando sangre. Miró a lo lejos y Snape charlaba tranquilamente, con el capitán del equipo de Slytherin.
De haber pasado a mayores, quizá Severus Snape no le encontraría la gracia al asunto. Mientras meditaba, Draco continuaba parado junto a él. Sonreía como si estuviera mirando un gran botín de doblones de oro.
— Casi como si se tratara de ti, pero con Weasley. Él fue quien terminó con su rostro hundido en el pasto. Se lo advertí, Potter. Se lo advertí.
— Sigue sonriendo, que la suerte no te durará mucho. Malfoy.
Draco hizo una mueca de desdén característica de su persona y con un suspiro, se cruzó de brazos.
— Anda, ve y consuela a Granger. Debe estar destrozada— dijo y Harry había sido el que sonreía en ese preciso momento.
— ¿Por qué no vas tú y la consuelas, Malfoy? Sé que te mueres por ir tras ella y decirle que Ronald Weasley, no es más que un pequeño insecto. Un gusano.
¿Insistía? Todo aquel que lo conociera, tenía que saber que a él no le gustaría nunca, una persona como ella. Una sangre sucia.
¿O podría ser más que solo un prejuicio? ¿Que solo un conjunto de palabras, usados para herirla? ¿Con eso protegía sus verdaderos sentimientos?
¡Dios! Comenzaba a sentirse tan estúpido, como Ronald Weasley con su noviecita.
— Si yo fuese a consolarla, quizá le recordaría que Weasley sí es un insecto. Nada más que eso. ¿Es que aún no te has dado cuenta del juego, Potter? Ella es una sangre sucia y jamás me llegaría a los talones. Ni siquiera con los años. Ni con el tiempo. Ella seguirá siendo lo que ya es. Una asquerosa sangre sucia.
Luchó por no golpearlo, aunque tuvo que admitir que la idea le resultava encantadora.
— Te lo he advertido, Malfoy. De no ser tú quien le diga la verdad, iré yo mismo. Y no va a resultar placentero. ¿O es que temes que ella te rechace? ¿Que niegue tu amor?
Draco arqueó una ceja y simplemente comenzó su recorrido hacia los vestidores. Harry se quedó allí, parado y mirando a su alrededor. Solo estaba seguro de dos cosas por ese curso y ese día.
Draco Malfoy no decía la verdad y que terminara pensando en Hermione, resultaba aberrante en muchos sentidos. Pero por más chantaje que disfrutara realizar, no permitiría una relación ilógica como esa.
Además que de ocurrir, el colegio podría derrumbarse. Sobretodo Snape, cuya idea del perfecto niño rubio y aplicado, estaba por caer como el mismo Ron en ese día tan fatídico.
Disfrutaba amenazarlo con la idea de acusarlo con Hermione. Eso le otorgaba una especie de placer, al picarlo con ese remordimiento de consciencia.
En el castillo, la situación para Hermione no mejoraba tampoco. Había terminado en el baño, llorando y no quería salir de allí. Ni Padma ni Parvati, podían sacarla y para cuando él llegó hasta el comedor, todo parecía una tragedia griega.
— ¡Trata de pedirle que salga, Harry! Sé que ella te va a escuchar.— pidió Ginny a su lado y Harry se dijo si podría entrar en el baño de chicas y pedir algo como eso. Ante la insistencia, tuvo que acceder.
Padma estaba allí. Se quejaba de la actitud de Lavander y la llamaba "Cursi y majadera" Por lo que Harry podía ver a través de la puerta entre abierta, acariciaba el hombro de Hermione con gentileza y le susurraba palabras que no podía escuchar. Hermione asentía con la cabeza y mantenía la misma entre sus brazos, con sus piernas juntas y cerca de su pecho.
— Hermione ¿estás bien? Soy yo, Harry— dijo, fuera de aquel cubículo. No obtuvo respuesta por unos minutos, pero lo que vio fue una mota castaña que brincaba hasta sus brazos.
— Dime que Ron está bien, Harry.— imploró y él sintió que se quedaría sin circulación, en su cuello. Comenzaba a apretar de una forma un tanto dolorosa.
— No lo sé, pero podríamos ir a verlo. Juntos.
Negó con la cabeza, secándose las lágrimas y sonriendo con cierta ironía. Solía verla de esa forma, cuando se iba a dirigir hacia Lavander o hacia su romance con su amigo. El cual, era claro, no aprobaba.
— No. No quiero encontrármela allí. Ha sido suficiente por hoy.
— ¡Pero ustedes dos son amigos, desde hace mucho antes!— Intervino Padma y Harry tuvo que darle la razón. Hermione los miró, mientras cada uno afirmaba lo mismo. No debían dejar de serlo, porque ella se interpusiera en su relación.
— Es lo que he estado tratando de decirte, toda la semana. Hermione— confirmó Harry y ella accedió, a regañadientes. En realidad, solo se trataba de preocupación por su amigo.
O amor. Ambas se podrían confundir para otros, pero para él resultaban evidentes.
La enfermería estaba conmocionada. Lavander no dejaba de discutir con Poppy, porque la enfermera consideraba que no resultaba beneficioso que se quedara tanto tiempo junto al muchacho. El resto del equipo, comenzaba a hartarse de su actitud y detrás de ella, Fred fingía ahorcarla.
— ¡Es mi novio. Apártense!
— Es mi hermano.— rugió Ginny con rabia y Lavander la miró por unos minutos, antes de levantarse de la silla a regañadientes.
Con una sonrisa maliciosa, Ginny ladeó la cabeza hacia Hermione y le dijo:
Siéntate.
— ¿¡Qué hace ella aquí dentro!?
— Es su amiga y tiene tanto derecho como tú, de verlo.— dijo Ginny y Lavander soltó un bufido.
— ¿Pero de qué estás hablando? ¡Hace días que ni siquiera se dirigen la palabra. No hace otra cosa que molestar a mi Ro- Ro y ponerlo de mal humor!
— ¡Tú no podrías saberlo, puesto que no prestas atención sino a besarte con él!— rugió Harry cuando ya su actitud comenzaba a alterar sus nervios.
— Tú eres el mejor amigo de mi novio y la defiendes. ¡Se supone que deberías estar de su lado!
— Harry no está en el lado de nadie, niñita cursi— dijo Hermione y el resto guardó silencio— Y será mejor que te calles o despertarás a Ron y él necesita descansar.
— ¿Crees que no sé lo que necesita?
Harry estuvo a punto de decir que no precisamente a ella, pero creyó que eso hubiera desatado la tercera guerra mundial. Aunque por más que quiso, Lavander no pudo apartar a Hermione de la silla y había estado quejándose en la puerta, charlando con sus amigas. Se preguntaron cómo la soportaban.
Una hora más tarde, Snape había subido hasta la enfermería, para verificar el estado de Ron. Harry asumió que simplemente lo hacía, para evitar acusaciones en su contra de desconsiderado y poco preocupado por los estudiantes. No se le veía realmente preocupado y en cuanto la enfermera le comentaba el estado del paciente en cuestión, solo movía la cabeza de vez en cuando y lo contemplaba en silencio. Parecía que la presencia de tantos espectadores, arruinaba sus aspiraciones de lanzar sandeces.
Y Draco precisamente, pasaba por el mismo lugar. Tenía que ir con Minerva, en representación de su equipo. Iban a resultar duramente sancionados y los partidos iban a suspenderse hasta que Ron diera signos de vida o que al menos, pudiera recuperarse. Para ella, había sido un golpe deliberado y nada fortuito. Aunque medio equipo de Slytherin se quejara, la medida ya había sido tomada.
Precisamente mientras esperaba por el jefe de su casa, tuvo la oportunidad de vislumbrar a Hermione.
— ¡Mírenla, desviviéndose por ese gusano de quinta! Ese maldito y asqueroso gusano— se dijo y su mente; dejó de pensar de inmediato.
¿Estaba él pensando o quejándose de lo que alguien como Hermione, sentía por Ronald Weasley? ¿Se estaba poniendo en su lugar? Porque, Hermione sostenía su mano y lo miraba con un suspiro de preocupación. Sin que nadie la mirara, apartaba los cabellos de su rostro y continuaba sentada a su lado, paciente. Esperando por verlo reaccionar.
Le recordaba tanto a esos sueños que había tenido, esas noches anteriores de delirio. Porque seguro deliraba. Seguro nada de lo que había visto, tenía una comparación en la realidad. Resultaba imposible.
Él la odiaba. Ella lo odiaba.
Imposible.
— ¿Nervioso, Malfoy?
— ¿Por qué habría de estarlo, Potter?
— Porque quizá, Ron te está ganando terreno. Míralos. Su rostro de preocupación ¿qué te dice?
— Que seres asquerosos como ellos dos, merecen estar juntos. Permanecer juntos.
— El amor es una cosa extraña ¿no lo crees, Malfoy? Llega y te enamoras de la persona equivocada y en las circunstancias equivocadas. Y lo peor de todo ello, es que por más que luchas en contra, el sentimiento permanece.
¿Cuál era su punto?
— Eso tendría sentido, si yo amara a Granger.
— Tú y yo sabemos, que mirarla más de la cuenta porque la odias, no tiene sentido.
Él solo quería despertar de esa pesadilla. Solo había soñado que...
No importaba en realidad. No iba a ceder a sus chantajes.
— ¿Por qué no vas y le dices que la amo, Potter? Anda, si tanto esperas a que se lo confiese. Ayúdame con ello.
— No. De todas formas, no lo resistirás lo suficiente y en cuanto menos te lo esperes, estarás suplicándome para que te ayude a conquistarla. Pero en ese momento, solo los verás juntos. Felices. Y sentirás que te retuerces de ira.
¿Quién podía decir, que Potter ya estaba tan loco como una vieja cabra?
— Pasarán muchas lunas, antes de que algo así suceda. Eso quisiera verlo.
— Y yo también. El amor es una enfermedad que es muy difícil de curar y drena sangre en cada latido que da tu corazón. No lo soportarás mucho.