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Laevite (dramione) — capítulo 3
Muy bien. Al terminar el capítulo, contesto los comentarios en los dos primeros. Espero que este les guste y gracias por todo. Se les aprecia y quiere ^^. Suerte y se cuidan mucho.
R E N I D E O******Sonrisa, sonreír*
Esa noche, todos dormían literalmente "como perros". Algunos continuaban enfadados con Snape y su desdén por lo que había sucedido en el partido. Hermione permanecía más tiempo dentro de la biblioteca de lo que Harry pudiera creer. Se saltaba las comidas, para irse a leer. Aunque como la conocía, solo trataba de disipar la preocupación de no ver a Ron, despierto.
Comenzaba a sentirse igual que ella, de todos modos. Ladeó la cabeza una vez más, mirando en dirección a el dormitorio de las chicas. Se suponía que Hermione bajaría a cenar, pero continuaba demorándose y no tenía idea de lo que estaba haciendo. Ginny bajó las escaleras y le comentó que ella ya se había ido.
Estaba en la biblioteca una vez más.
Pero seguramente, no estaría por tanto tiempo. El día anterior, solo la había visto una vez en el desayuno y según Ginny, había vuelto muy tarde a la sala común. Parecía tener ojeras y también parecía estar desganada.
Si Ron no regresaba a la normalidad, no sabía que podría pasaría con ella.
La enfermería estaba más concurrida de lo que imaginó. Ronald tenía algunos dolientes, pero Lavander era la única que se quedaba continuamente. Se sentaba a su lado y le susurraba palabras de cariño, mientras él seguía inconsciente.
Pero no pasó mucho tiempo; para que la situación cambiara drásticamente. Mientras estaba parado a un lado, mirándolo, La mano que sostenía Lavander Brown, había comenzado a moverse. Lentamente, su sostén se había hecho más fuerte y la joven chilló de emoción.
— ¡Ro- Ro!— dijo y algunos como Fred y George, caminaron hasta la cama donde Ron estaba recostado.
La señora Promfey trataba de apartarla, para que le permitiera respirar. Ron comenzaba a abrir sus ojos, lentamente. Enfocó su vista a su alrededor, parecía que buscaba algo. Harry se imaginó lo que era.
— ¿Y...Hermione...?
Los presentes no respondieron, pero parecía que Lavander mantenía los labios apretados y seguía sin entender; qué necesitaba él de ella.
— Ella no está, pero estoy aquí. Mi Ro- Ro.
— Hermione...
Eso era como música para los oídos de Ginny, quien había entrado con la intensión de ver a su hermano. Había escuchado que ya había despertado y muy pronto; llegaría a oídos de Slytherin. Corrió en busca de Hermione.
No tardó mucho en llegar.
— Hermione...
Su rostro parecía iluminado, en cuanto lo vio y escuchó su voz en su nombre. Suspiró y se sentó en la silla que amablemente; Fred le quitó a Lavander.
— Ya estoy aquí, Ron. ¿Qué sucede?— dijo y el joven ladeó la cabeza lentamente hacia ella.
— ¿Por qué no habías...venido a verme?
Aquellas palabras desataron un conflicto emocional en Lavander Brown, que soltó un gemido y simplemente comenzó a retroceder. Se dio la vuelta y pensaba salir de la enfermería, cuando se topó con Severus Snape. Miró a los presentes y observó a Hermione, que sostenía la mano de Ron y lo contemplaba con mucha fijeza. Odiaba los dramas cursis, sobre el romance.
— Entonces, despertó. Señor Weasley— dijo y Ron, ladeaba la cabeza con mucho dolor. Snape continuó mirando la dedicación con la que Hermione permanecía sentada allí, observándolo.— y parece que con muchas admiradoras, por su suerte.
Harry no podía contenerse. Tenía que decir algo.
— Esas no son admiradoras, señor— dijo de forma ponzoñosa y Snape se dio la vuelta para mirarlo, ceñudo— esas son personas que lo aprecian y les importa.
Muchos Gryffindors, asintieron con la cabeza y Snape hizo una mueca con la boca, dándose la vuelta y produciendo una ráfaga de aire con su larga túnica negra. Ron cerró los ojos por unos momentos y Hermione se sobresaltó ligeramente.
Para Harry, ese romance con Lavander Brown, era historia del ayer. Sonrió por ese detalle y Ginny también. Snape permaneció dentro de la enfermería, mientras la señora Promfey le daba las últimas indicaciones del estado de Ron. Su equipo tenía que ser duramente sancionado y ni siquiera por la preferencia que les tenía, se podían salvar de ese castigo en cuestión.
La enfermera, había pedido que todos salieran del lugar. Hermione permanecía sentada junto a él, mientras Ron descansaba. Se había inclinado ligeramente, para correr las cortinas y evitar la incidencia de luz en su rostro. Sonrió suavemente y tímidamente, alzó una mano para acariciar su frente. Ron se movió en la cama y continuó con los ojos cerrados. Parecía no caber en sí, de la felicidad.
— Hermione...
— ¿Qué sucede, Ron?
— Gracias...por quitármela de encima.
Reprimió una sonrisa y asintió, mientras Ron abría sus ojos para mirarla. Suspiró en silencio y se inclinó ligeramente, una vez más.
Pero no había tanta privacidad como ella creía que sería. Aún tenían que verlo, algunas personas. Sobretodo; alguien como Draco Malfoy.
Confirmar que estuviera vivo o muerto. Solo por el mero placer, en realidad, de disfrutar de su dolor.
Pero lo que encontró; fue todo menos eso. Hermione estaba sentada junto a él y mientras sostenía una de sus manos, estaba recibiendo seguramente, su primer beso. ¡Qué desconsideración, simplemente no tener en cuenta que otros pudiesen verlos! Pero eso terminó de confirmar que su sueño no era real. Tenía razón sobre la opinión de Harry Potter.
Él no estaba hecho para amarla, pero aún así...no dejaba de recordarla. Se había entrometido en sus pensamientos de forma violenta y en lo que cerraba los ojos, ya había visto su brazo, sosteniéndose de uno de los suyos y rogándole su ayuda.
Pero... ¿ella pidiéndole por su ayuda? ¿Su clemencia? Esa insanía mental no podía ser cierta siquiera. Porque...
Ya lo veía. Ellos dos estaban destinados a estar juntos. Ese era el orden de los hechos y parecían quedar inalterables.
E igual, sentía que algo sobresalía de su interior. Partes de sí que no conocía. Partes de sí que lo llevaban a leer absurdos libros, para comprender su amor por la lectura. Su pasión al arte escrito.
Pero ese libro tenía un final tan obvio.
Esa tarde; las cosas parecían haber mejorado y las tensiones se habían liberado. La tarde libre se había dado, cuando Dumbledore había ido a visitar a Ron y había decidido que lo mejor era dejar descansar a los estudiantes. Un viernes libre; siempre resultaba algo placentero. Hermione había dejado la enfermería, cuando tenía que irse a cenar y cuando ya la enfermera, esperaba que lo dejaran dormir. Aunque para Harry, parecía que Ron solo quería ponerse al día con ellos.
Draco pasó muchas veces, junto a Hermione. En la biblioteca, ella había comenzado a leer sobre las guerras cívicas muggles y él estaba sentado a pocos metros, tratando de realizar un ensayo que Snape había "mandado" como asignación. Pansy estaba sentada a un lado y comenzaba a leer las líneas del libro, de forma lenta y pausada para que Draco copiara la información necesaria.
Aunque él, hacía todo menos eso.
— Draco. ¿A quién miras con tanta insistencia?— preguntó Pansy, cuando por enésima vez, no prestara atención al dictado que estaba realizando.
Leer era lo que más le gustaba. ¿Cómo tenía espacio para pensar en alguien como Ronald Weasley? Inspiró y ladeó la cabeza hacia ella, que esperaba una respuesta de su parte.
— No miro a nadie, Pansy. Necesito aire e iré a caminar.
Pansy despegó los labios, con una sonrisa.
— No. No te necesito para caminar— dijo con hastío— yo tengo mis propias piernas y sé moverme solo.
Dejó a Pansy con cara de estar dolida y caminó a través de las distintas secciones de la biblioteca. Con una respiración profunda, miró los libros que Hermione estaba leyendo, en el estante.
Tomó uno de ellos y contempló la portada.
Sangre sucia. Muggle hasta más no poder... y...
— No sabía que te interesaba este tipo de lectura, Malfoy— escuchó y ladeó la cabeza hacia un lado. Hermione estaba a pocos centímetros, buscando otro libro con su dedo.
Al menos ella había hablado primero. Eso era una fortuna para él.
— No, no me gustan. Me pregunto cómo ardería este libro en nuestra chimenea.
— No puedes quemarlos. Es material de la institución y si lo haces.
— ¡Bah! No me sueltes la cartilla de reglas, que no me interesa. Solo estaba pensando qué haré con ellos, cuando el ministerio tome esta mugrosa escuela y gobierne.
Hermione sonrió como si hubiese dicho el chiste más gracioso que jamás hubiera oído. Draco la miró con cierta curiosidad.
— Draco Malfoy. Leer es un arte. Quizá leer te ayude a centrar tus prioridades. A darle una utilidad a tu vida. Además de culturizarte de muchas cosas, te ayudará a tener tu propia visión de la humanidad.
Ya la tenía. Pobres, ricos, personas con poder.
Y él.
— ¿Leer? ¿Para qué quedarnos sentados y mirar un par de hojas, cuando podemos escribirlas nosotros mismos?— confesó, volviendo a colocar el libro en la estantería— me temo te has quedado en una época distinta, Granger.
— Al contrario. Tú ni siquiera has evolucionado.
Palabras hirientes que no habrían tenido efecto, de no haber considerado la posibilidad de que en realidad sus sueños...
Podrían volverse algo tangible.
— Lamento tener que discrepar contigo, pero la lectura solo te vuelve estacionario. La guerra, la acción, es lo que cuenta justo ahora. No el procedimiento, sino como llegues a la meta. A y B en puntos, serán lo mismo.
Hermione no contestó. Algo similar le había dicho Harry y en parte podía resultar cierto. Ella no sabía del combate, sino lo que había leído en sus libros. Nunca había experimentado algo tan real, como él. Ante su silencio, Draco volvió a sonreír socarronamente y ella suspiró silenciosamente.
Leer también capacitaba. Aunque ninguno de los dos lo creyera positivo o real.
— Lamento tener que interrumpir este educativo intercambio de opiniones, pero yo sí tengo cosas productivas que hacer, Malfoy.
Se dijo que Hermione siempre tenía indirectas y ezcusas, para tomar un camino fácil. El camino de la huida. Asintió en silencio, siquiera necesitaba perder el tiempo con insultos y quejas al respecto.
— Sangre sucia una vez, sangre sucia siempre.
— He oído tantas veces esa expresión; que siento que ya no me causa ningún problema. No me altera en lo más mínimo. Las palabras pierden efecto cuando ni siquiera la persona que las dice, se cree su significado.
Pero él, sí lo creía. ¿O no? En realidad...¿qué creía?
— Me temo que aún no me conoces muy bien. Y tantos años que hemos pasado ya. Me recuerda a Potter.
— Al contrario. Tú no nos conoces y por eso nos temes.
Pudo haberse reído, de no tener que escuchar la molesta voz de Madame Pince, pidiéndole que guardara silencio. Caminó nuevamente hasta su mesa y Pansy continuaba allí, mirándolo con un gesto de curiosidad.
Irrespetuosa. Pero tenía que enseñarle algunos modales. Eso pensó cuando se sentó en su lugar y miró sus deberes de pociones.
Sí. Quizá leer un poco no le iba a lastimar lo suficiente.
— ¿Dónde estabas, Draco?— Preguntó Pansy con curiosidad y él sonrió con mucha naturalidad.
— Estaba mirando libros, Pansy. Eso.
Ella dudó por unos minutos y continuó mirándolo con curiosidad. Que ella supiera, Draco no leía como estaba afirmando. Siquiera hacía los deberes. Snape no solía tomar eso en cuenta.
— ¿Mirando libros, Draco?
— Sí. Mirando teorías. A veces hay que conocer diversas formas de pensar, para entender a otros. ¿No es cierto, Pansy?
No supo qué contestar al respecto y tuvo que afirmar con la cabeza.
Hermione era una lectura que le causaba curiosidad. Y sin embargo, trataba de no asquerase antes de comenzar con el prólogo. Quizá si le dedicaba algo de tiempo, iba a descubrir cosas que jamás había visto. Mero placer, mera diversión personal y nada más. Tampoco tenía interés sentimental.
O creía no tenerlo.
Y Hermione se levantó, la miró pasar. Tomó algunos libros y notó que entre sus brazos, había uno sobre quiddicth. Ese no era para ella, ese era para Weasley. Bueno, al menos de algo le iba a servir. Así fuera de su mucama y le leyera libros, mientras él descansaba de una muerte que seguro le tocaba. Se había salvado, pura suerte. Snape de por medio. Pero esperaba que aún así, la suerte no se diera por partida doble.
No podían seguir existiendo en su perfecta utopía; personas como ellos dos. Y aún así, no encontraba la valentía para hacérselos saber.
Solo lo pensaba.