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Lo único con lo que cuento — capítulo 5
Narcisa permaneció en la cama, el tiempo que consideró prudente. Severus continuaba dormido y la abrazaba en la misma. No parecía ya, haber alguna preocupación que le negara disfrutar de su compañía. Podía incluso pensar, que no necesitaban mudarse. Pero se mentía, puesto que la sombra de su ex esposo, continuaría acechándola. Permaneció quieta, mientras Severus respiraba sobre su nuca. Parecía relajado y ella no era nadie, para apartarlo de su sueño. Aunque en realidad sentía que necesitaba hablar antes de partir. Pero podía esperar. El tiempo que fuera suficiente. — Narcisa...—escuchó en su oído, sintió su aliento cálido— ¿A dónde quieres mudarte? — No lo sé. Podemos ir a cualquier lugar. — ¿Qué te parece, Italia para comenzar? Es un bonito país. — ¿Me llevarás a Italia, Severus? Sintió que suspiraron sobre su hombro y se encogieron de hombros. — Si hasta allí quieres ir, pues entonces iremos. No veo alguna dificultad o problema en llevarte. Se dio la vuelta y hurgó su rostro, pero no estaba lo que creía. No había ni una pizca de indecisión. No. La única con dudas, parecía ser ella. Sonrió y asintió, diciéndose que muchas cosas tenían que cambiar, en ese nuevo estilo de vida que iban a llevar. Sintió una mano sobre su cabello y respiró calmadamente. — Pareces tensa. ¿Ocurre algo que deba saber, Narcisa? Negó con la cabeza, lentamente. — Me acostumbraré, es solo que creí que...estaba presionando mucho. Llevándote a límites que luego, terminarían por arruinarlo todo. Ya había fijado esos términos. — Está bien. A estas alturas, ya esas cosas no importan. El ministerio me detesta, los estudiantes también...puedo vivir en el incógnito, por mucho, mucho tiempo. Me temo que eso es lo que menos me preocupa. — Siempre ha sido así. Incluso con nosotros. Siempre has vivido en tus adentros, Severus. Sonrió ante esa mención, esas palabras. Verdadero. Siempre había preferido vivir en sí mismo. Dolía menos y no tenía que hablar de sus problemas. Pero estaba Narcisa en medio, en ese preciso momento. Ya no podría actuar de esa forma. Reaccionar de esa forma. Ahora tenía a una mujer entre sus brazos, que esperaba escuchar la mayoría del tiempo, algo parecido a un: "Te amo". — Bueno...llévate lo que consideres importante. Conseguir una casa nueva, no será muy difícil, supongo. Sobretodo, por tus gustos. — No solo yo, compré esta casa. A Lucius le gustaban este tipo de cosas, como a mí. Pero ahora que ha muerto. ¿Para qué compartirlo? Tú eres mucho más sencillo. — ¿Tengo que ofenderme? — Al contrario, es un halago. — No te entiendo. — Lo sencillo, duele menos a veces. — Sigue ofendiéndome, esa respuesta— dijo, mientras ladeaba la cabeza hacia la enorme ventana que estaba a un lado de la habitación. Soleado. Así se despertaban las mañanas, ultimadamente. Aunque dentro, solo estaba lloviendo. La mitad de las mañanas. — Creo que me llevaré poco. Un par de vestidos, un par de joyas. No creo que los muebles cuenten. Sería hacer lo mismo, pero en otra casa. — Supongo, sí.— dijo, mientras se ponía de pie y buscaba su camisa— aunque si te gusta el estilo de la decoración. ¿Cómo cambiarla? — Es solo decoración, lo demás podría cambiar. ¿No es así? Digo, los estilos. A Lucius también le gustaba, así que parte de ella, es suya. La tiene... Snape miró a su alrededor y se dijo que no se acostumbraría a no volver a mirar, esas paredes que lo rodeaban. Aunque parte de él, deseaba dejarlas atrás. Se sentía acorralado y comenzaba a creer que la casa conspiraba en su contra, para hacerle padecer las penurias que había vivido, mientras su dueño respiraba. Al terminar de vestirse, Narcisa ya doblaba y guardaba su ropa. Parecía no querer, la mayoría de sus cosas. — Este vestido rojo, es hermoso. — Con él, bailé por última vez. Creo que no podré volver a usarlo, aunque quisiera. Será mejor que lo deje. Draco podrá encontrarle un uso decente. Quizá regalárselo a Astoria. — Ella lo usaría en tu presencia. — En reuniones, donde no estaré. No comentó y caminó hasta la cocina. Miró la despensa y no vislumbró algo que llevarse. Excepto que necesitaba preparar el desayuno. El último, antes de partir. Y el primero, en la nueva Venecia. — ¿Desayunarás?— escuchó que le preguntaron mientras automáticamente, sus brazos se cerraban alrededor de su cintura. — No lo sé. Creo que estoy algo ansiosa. Si quieres tomar algo, puedes servírtelo. No hay problema en... — Narcisa, ya te lo he dicho. Tienes que comer o podrías enfermarte. — Severus... estoy aterrada. ¿Podré dejar de sentirme como una extraña en la vida? ¿Cómo una persona sin rumbo? Nunca supe cuál era nuestro rumbo como familia. Mucho menos ahora, como un individuo. — Tu rumbo... está justamente donde está el mío. Volviendo a comenzar, supongo. No importa las pisadas que demos, mientras valgan la pena. Podemos dar miles de pisadas y nunca haber representado algo en este mundo. Escoge el camino, el que sea, si eso es lo que quieres. — Pero Lucius y tú escogieron el mismo rumbo. Solo que a diferencia de él, tú sobreviviste. Y ese fue un pésimo rumbo. Dieron miles de pasos y fallaron. Touché, con un beso suave.