← Historia 63667 · de
Historia 63667 — capítulo 3
Inspiró, no tenía escapatoria. Un fuerte brazo sostenía su cuerpo y no podía moverse. Aprisionaban sus labios, para que no gritara y no podía mirar nada puesto que la persona que la capturaba, tenía una máscara. Un mortífago. ¿Destino peor que ese? Trató de morderlo, pero no servía. Tenía un alto umbral de dolor. Presintió que simplemente terminaría muerta. ¿Para qué preocuparse? No tenía varita. No tenía defensas ni armas que usar. Estaba desprotegida. Y una fuerte mano, ascendía a travéz de su abdómen. Una fuerte mano la empujaba al suelo, sobre sus rodillas. Habilidosos dedos, ya habían desecho los botones de su camisa de diario y su falda amenazaba por resbalar de sus piernas. Desprotegida incluso de la ropa. Trató de suplicar, pero eso no serviría. No con un mortífago en su presencia. Y escuchó una "casi" risa malévola. Como en las viejas películas. Levantarse no era una opción, puesto que recibió un golpe en uno de sus muslos y cayó al suelo. Nuevamente. — De allí no te vas a mover. Podría decir de quién era aquella voz, si la máscara lo permitiera. Pero bien...ver para creer. O para entender. — Por favor... no me haga daño. No me mate. — ¿Matarte? ¿Para qué querría matarte? Ladeó la cabeza cuando escuchó el ruido de pesadas telas, cayendo al suelo y admirando el cuerpo que tenía a un lado. Blanco, ligeramente escuálido. Conocía a varios así. no que pudiera decir, haber visto desnudos. Sintió que una de sus manos, alzaba su cabeza y la obligaba a mirar, en silencio. Sonrojada, con la camisa entre abierta y los senos expuestos. El sujetador ya había sido historia desde que aquella persona le había arrancado la camisa de diario. Haló sus cabellos hasta acomodarla en una postura placentera. Sobre sus piernas aún, bien abiertas. Una delgada cantidad de vello en su vientre terso e imaginó lo mismo, en su entrepierna. Volvió a sonreír, cuando sus dedos pellizcaban su pecho con paciencia. Pese a doler, para él no. Para él era divertido, allí...arrodillarse junto a ella y susurrarle palabras sucias. Palabras que solo lograban exaltarlo más. — Y vas a gritar. A Gemir por mí. No contestó. Sintió que la sostenían por los brazos y la sentaban sobre sus piernas. Sintió la embestidura de pronto y supo por qué. La pasión desenfrenada ya había comenzado. Lamía su oreja, mientras iba y venía. Lo más fuerte que pudiera. Que lo sintiera. Que gritara por él, que estaba dentro. Salir y entrar, desesperante la sensación que se conformaba en su vientre. Como un vaivén. — Basta...duele... — Tú te encargaste de hacérmelo sentir primero. Ahora haste cargo de él. Y no termina sino hasta que termine. Era muy difícil como para soportarlo. Muy doloroso. Era muy fuerte. No le permitía respirar. Ardía de las miles de formas y trataba de no echarse a llorar, mientras pellizacaban sus senos con dedos y dientes. ¿Cuánto tiempo más? Dolorosa la espera y pronto alcanzaría el climáx. Terminaría perdiéndose entre esos fuertes brazos y temblando contra un cuerpo desconocido. La liberó y muy pronto, sintió el éxtasis correr. Marcarla completamente. Piernas, suelo. Y por supuesto, las manos de su captor. — ¡Aún no acabo. No termines sin mí! Soltó un gemido, en cuanto volvió a sentir que la sostenían de un brazo y volvía a comenzar. — Por favor, ya basta...voy a... — ¿Vas a qué? Lo sintió muy pronto y sonrió, mirando su rostro cargado de vergüenza. — Un niño, sabe contener sus deseos de ir al baño. No puedo creer que una joven como tú, no pueda. No contestó, una vez más. Su voz se encontraba gimiendo fuertemente, mientras la presión subía. Los movimientos se convertían en el descontrol y la sensación tomaba un color. La llama se turnaba azul. Violeta. Estaba por extinguirse. Y terminó. Con un grito ahogado. Sostuvieron su cabeza con violencia y le dieron vuelta, para que sus ojos se encontraran con la máscara brillante, tras la negra túnica. Podía ser cualquiera. Podía ser incluso, Snape. — Muy bien... Y la besaron, aunque trató de oponerse. De resistirse. Fue imposible. Aquel hombre la besó y mordió su labio inferior hasta hacerlo sangrar. Esa era su marca. La máscara que jamás vería un rostro a través de ella.