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Historia 63667 — capítulo 2
Aquella noche, había despertado apesadumbrado. Intranquilo. Una enorme casona vacía, tenía que tener recuerdos malos. Dormía frente a ese enorme árbol de descendencia y su nombre, quemado con un hechizo. Rechazado. Remus había sido su único amigo en todos esos años. El único que quedaba. De no haber existido; seguramente se habría vuelto loco y habría permitido que Snape ganara. Que lo encarcelaran sin contemplaciones. ¡E incluso se imaginó dentro de una celda! ¡Junto a Bellatrix Lestrange! Prefería morir en manos de Snape, que dormir en la misma celda. Se imaginaba de qué cosas sería capaz su prima. Apenas se durmiera, muchas de sus locuras comenzarían. Ella era como un animal nocturno. Depredador. Comenzaría con sus largas uñas, arrastrándose en su pecho. Su larga y fría lengua, alrededor de su cuello, clavándole los dientes como si fuese el pedazo de carne en la cena. Oír su respiración entrecortada en sus oídos, mientras intentaría dormir. Pero nunca lo lograría. Su prima podía ser incesante cuando lo deseaba. Y seguramente aparte de sentir la estela de su lengua sobre su piel, como brasas ardientes, debía sentirse como si una serpiente, recorriera su cuerpo. Terminaría como un juego armable, con una pierna a un lado de él. Con medio torso aplastándolo, solo rozándose. Arriba y abajo, muy exquisita como para dejarse penetrar por alguien como él. Su "castidad", de Voldemort. Su insanía mental... también. Se encontraría atado de pies y cabeza. Vendado y respirando entrecortadamente. Imaginándose las mil y un formas de verse ridículo, atado al dosel de la cama. Sentiría el fulgor de la cera en las velas, cayendo sobre su pecho desnudo. La sensación de cadenas, golpeándose hasta dejar marcas en su piel. Y diría algo similar a: "Espero te hayas divertido con marcar mi piel hasta la saciedad" Ella sonreiría lascivamente y sin mirarlo, daría la respuesta que él ya comenzaba a imaginarse desde un principio. "¿Qué? ¿Y tú no, acaso?" Y lo peor de la circunstancia, era que precisamente él pensaría igual. Permanecería sentado en la cama, luego de que ella terminara con aquel enorme látigo, las cosas que imaginaba, y se miraría los brazos. Las piernas. Se miraría la entrepierna y diría, que lo había disfrutado igual. Y luego sentiría el sabor tóxico de sus labios, su lengua de serpiente entre la suya. El sabor ácido de su boca, apretaría los dientes ante aquellas olas de ácido corrosivo... O tal vez lo disfrutaría. Enterrando sus uñas en sus muslos, ella haría lo mismo. Su larga garra metálica haría un largo camino en su pecho herido, siguiendo una hilera de vellos que se perdían entre sus piernas. Y sin embargo, no lo contemplaría dos veces, lo haría. Lo tomaría a la fuerza, sosteniendo su quijada para que no pudiera acercarse. Para que no pudiera besarla. Para que solo terminara allí, hecho un trapo. Mientras ella se levantaba y se limpiaba las piernas, con una sonrisa sarcástica. Sentir habría sido divertido, pero no podía descuidarse con su primo el perrito. Y como hombre que era, la miraría azorado. — ¿Quieres tocar, Siriusito? ¿Prometes que te portarás bien? O tendré que volver a amarrarte a la cama. No se controlaría. Como el sentido animal que dormía muy dentro de él, solo la tumbaría sobre la cama, en un solo golpe. Se le abalanzaría encima y le enseñaría de sexo. Sería lo más rápido y fuerte que pudiera. Ella no sentía, no era que importaba si era una mujer o no. Mordería piel, pecho, todo lo que encontrara a su alcance y mientras, iría lo más rápido que pudiera. Uno dos y tres, arriba y abajo. Sin seguir un patrón, solo entrar y salir. Hasta el clímax. Hasta que ambos temblaran por la misma razón. Y ella relamería sus labios y lo empujaría contra el dosel. Insaciable terminaría. Hasta que ya no pudiera respirar, hasta que desechara la última gota de sí, dentro de ella. Sí. Así terminaría, de estar dentro de la cárcel con ella. Dando y dando vueltas entre paredes y la fría reja. Y entonces despertó sobresaltado y agradeció que sin embargo, estaba destinado a huir toda su vida, pero al menos libre de ella. De mujeres como ella. Nada aseguraba, estando con ella en un mismo sitio. ¿Es que ella nunca dormía? Tal vez no. Tal vez ella era un animal nocturno, con un líbido muy alto. Imaginó que Voldemort debía estar complacido. Y Rodolphus, mucho más.