Recuerdos del pasado — capítulo 3
Odiaba cuando hacía eso, odiaba que la dejara confundida, que no fuera el estúpido y arrogante Potter. No, él tenía que sacar esa faceta suya, esa faceta que casi nunca dejaba que asomara, la que hacía que lo mirara con otros ojos. Y es que a Lily le creaba dudas esa actitud suya y lo peor era que Snape podía sentirlo, se lo veía en la cara. La pelirroja parecía que llevaba un cartel en la frente que decía "Gracias Potter por hacerme dudar".
Sacudió la cabeza y siguió su camino confundida hacia la biblioteca. Allí, en una mesa amplia y bastante apartada de las demás personas estaba su novio, Severus. Lily soltó su libro un poco más fuerte de lo normal y Snape lo observó receloso. Algo le pasaba a su novia por la cabeza y sabía de quien provenía.
— ¿Qué te ha hecho esta vez? — preguntó la serpiente desganado dejando a un lado su libro ajado y garabateado por todos lados.
Lily no entendía porque le hacía eso a su libro y menos aún porque sólo ese era el que tenía garabateado; su libro de pociones. Olvidó eso y se dispuso a hablar con él.
—Ese Potter…
Severus puso los ojos en blanco y volvió a coger su libro retomando de nuevo la última línea que había leído hasta que la pelirroja lo interrumpió. Se sulfuraba al escuchar de esos labios tan hermosos la palabra "Potter" y es que siempre tenía que salir por algún lado para fastidiarle, estuviera presente o no.
La serpiente no dijo nada, no iba a entrar al trapo, dejaría que Lily despotricara todo lo que quisiera y luego le diría que se olvidara del asunto, como hacía siempre. Pero su pelirroja estaba más extraña de lo normal ya que no se puso a insultarlo como siempre, sino que pasó del tema y se sentó a hacer sus deberes en silencio. La observó durante un tiempo pero ella solo estaba pendiente de sus cosas hasta que le habló de nuevo.
— ¿Qué te pasa a ti, Sev? — preguntó levantando la mirada de su libro y clavando esos ojos verde oliva en los suyos.
Eso hizo que se pusiera nervioso, es que no se acostumbraba a esa mirada tan dulce clavada en él, esa mirada que exclusivamente estaba dedicada a él.
—Nada— contestó secamente y volvió su mirada de nuevo a sus deberes cortando contacto visual con la leona.
Volvieron a quedarse en silencio haciendo la tarea hasta que llegó la hora de la cena. Los dos se levantaron sin decir nada y caminaron hacia el Gran Comedor. Lily lo miraba de vez en cuando, le echaba una pequeña mirada de refilón, pero Severus parecía más interesado en el suelo por el que pasaban sus pies. Al llegar, ambos se miraron un segundo y luego fueron a sentarse a sus respectivas mesas.
Era un poco incómodo estar así a veces, pero la leona sabía que Severus no expresaba sus sentimientos y había que sacarle la información con cuentagotas. Algo le rondaba por la cabeza y era algo que había hecho ella, ya que sabía que su novio le prestaba demasiada atención. Mientras se sentaba lo observó sentarse solo en una esquina de la gran mesa de Slytherin. Sí, le pasaba algo. Aunque no era muy hablador con sus compañeros nunca se sentaba solo, siempre había alguien que le sacaba conversación.
Se resignó a no saberlo, de momento, y se sentó con Frank y Alice, sus mejores amigos.
Cuando terminó la cena quiso hablar con Severus, pero él ya se había ido. Al día siguiente no tendría ninguna clase con los Slytherin así que sólo le quedaba hablar con él por el pasillo o en el Gran Comedor. Se fue a dormir con la cabeza gacha…odiaba no poder hablar con él.
A la mañana siguiente decidió ir a por su novio sin dar rodeos. Lo encontró desayunando junto a otros Slytherin que a ella no le gustaba ni un pelo.
— Tenemos que hablar — había sonado muy dura, pero era la única forma de que Snape se diera cuenta de que quería tener una charla con él.
Como lo esperaba a Snape se le cambió la cara y dejó la tostada que iba llevándose a la boca. Los demás Slytherin miraron a Lily con cara de pocos amigos, como si ella fuera una apestada, pero le daba igual, sólo quería una cosa y era estar con su novio.
Cuando Severus se levantó ella lo tomó de la mano y se lo llevó fuera del Gran Comedor, hacia el vestíbulo. Lily no solía hacer ese tipo de cosas, no mostraba muy a menudo su amor, solamente cuando estaban solo, porque sabía que a su novio eso no le gustaba. Pero esta vez él no replicó, se dejó llevar de la mano de su ángel hacia donde ella quisiera.
Llegados al vestíbulo comenzó a hablar.
—Sev, ¿qué te pasa? Ayer no me lo quisiste decir y no voy a estar en vela sin saberlo.
—Lily, lo único que me pasaba ayer era el tema de siempre: Potter. No sé qué hacer para que te deje en paz, pero tampoco puedo decir nada porque tú eres su amiga…
Snape paró de hablar, estaba diciendo demasiado. Él no quería que estuviera con Potter, pero no la iba a obligar, eso ni pensarlo. Miró hacia otro lado intentando quitarle importancia a la cosa.
Lily sonrió, tomó la cara de Severus en sus manos y le plantó un beso muy dulce en los labios. El pelinegro no sabía qué hacer, siempre se quedaba como en stand by cuando ella hacía eso. Se quedó allí, quieto, disfrutando de su aroma y su sabor. Hasta que escuchó la risa de Black y Potter salir del Gran Comedor y quiso empezar a actuar. Tomó a Lily por la cintura e intensificó el beso, tanto que les faltaba la respiración, pero parecía que a la pelirroja no le importaba, ya que dejó la cara de Severus para colgarse de su cuello.
—Pero qué asco — gritó alguien por el pasillo y Lily se separó de Snape. Le faltaba el aire y respiraba muy rápido. Miró a quien dijo esa frase y como no allí se encontraba el grupito de cuatro. Black era la mente ingeniosa detrás de esa frase y hacia como quien se metía los dedos en la boca para vomitar. Peter le reía la gracia, Remus miraba hacia otro lado y Potter… Potter estaba allí con la mandíbula desencajada y la cara muy colorada por la ira. Sus ojos irradiaban autentica furia.
Lily sintió un poco de remordimientos y no sabía por qué. Por otro lado, Severus mostraba una ancha y feliz sonrisa en su rostro, se notaba bastante irónico y sarcástico al ver la cara de bobo de Potter. Se sentía poderoso y su jugarreta había acabado en final feliz, para él claro.
— ¿Cómo se os ocurre hacer eso aquí en medio? ¿Habéis pensado en la salud mental de los presentes?
Potter acababa de abrir la boca para decir unas palabras más que hirientes. Severus fue a replicar pero Lily lo cayó de inmediato con una mirada gélida.
—Mira Potter, nosotros hacemos lo que queremos, cuando queremos y no tenemos por qué darte explicaciones a ti y a tus amiguitos.
Snape sonreía, le encantaba cuando Lily se ponía en su contra.
— ¿Tú tienes que hablar por Quejicus? ¿Él no puede defenderse? Vaya Quejicus, nunca llegué a pensar que tu pequeña novia tuviera que sacarte de los entuertos.
—Déjanos en paz, imbécil.
Lily volvió a tomar a Severus de la mano y se lo llevó con fuerza del lugar hacia los jardines. Iba hecha una furia, en ese momento sí que tenía aspecto de una autentica leona. Snape iba bastante fastidiado por las últimas palabras de Potter, pero se le iba pasando, el solo recuerdo de estar con Lily besándose era demasiado para él.
—Maldito sea, ¡que idiota! No puede ser más imbécil.
La pelirroja comenzó a caminar de arriba abajo haciendo aspavientos con las manos. Estaba fuera de sí.
Severus la tomó de los hombros y la atrajo hacia sí. Estaban abrazados debajo de un gran árbol. Lily comenzó a respirar más tranquila y pasó sus brazos por la cintura de su novio. Se quedaron un rato así hasta que sonó la campana del inicio de las clases. Se separaron a regañadientes y se sonrieron. Estaban más tranquilos. Aunque viniera alguien a destrozar su felicidad, ésta era más fuerte que cualquier cosa, al igual que su amistad.
Corrieron hacia sus respectivas clases pero antes de separarse Snape la llamó.
— ¿Quieres ir conmigo este fin de semana a Hogsmeade?
— Claro que sí — contestó radiante su pelirroja mientras le decía adiós con la mano.
Severus se dirigió a su clase muy feliz, más feliz de lo que nunca hubiera estado. Ese día estaba saliendo redondo: había besado de nuevo a su chica, la había abrazado y dejado a Potter con cara de bobo y encima, ese fin de semana, quería que fuera algo muy especial, algo que su leona no olvidara en su vida.