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Recuerdos del pasado — capítulo 2

Los cuatro merodeadores llegaron a la entrada de su querido colegio de magia. Venían comentando la última jugarreta que había gastado Peter al tendero de Zonko. Parecía mentira que alguien que trabajara en ese lugar cayera en bromas tan infantiles. Sirius venía alardeando el que más para hacerse notar y James le seguía el juego, a él le gustaba que le miraran y ser el centro de atención.

Peter señaló hacia dos personas que estaban debajo de un árbol, para el ojinegro eran muy conocidos, ese pelo de fuego era inconfundible. Su querida leona estaba allí junto al desgraciado de la serpiente.

— Aún no sé como ha conseguido ese maldito estar con ella — comentó Potter exasperado revolviéndose el pelo justo a tiempo para que dos chicas que pasaban por el lado suspiraran como idiotas.

— ¿Vamos a fastidiarle su momento romántico?— propuso Sirius con una sonrisa pícara en la cara y saludando de forma muy sexy a un grupito de Hufflepuff que clasificaban unas plantas. Rieron tontamente a coro.

Remus rodó los ojos, no comprendía ese afán de sus amigos de fastidiar a Snape, aunque sí que entendía que Severus no era una buena persona y le mosqueaba que Lily estuviera con él. Ella era una buena chica y no se merecía estar con esa sabandija. La serpiente no había hecho nunca nada para que se ganara su confianza, aunque la pelirroja insistía en que era una persona humilde y bondadosa, solo que no lo exteriorizara.

—Mirad, parece que ella no quiere estar más con él— comentó Peter mientras miraba fijamente como Lily se levantaba y se dirigía hacia ellos —. Nosotros somos más interesantes.

Potter y Black rieron ante la ocurrencia de su amigo la rata. Vieron como la pelirroja caminaba hacia ellos pero que se paraba en seco y volvía. Para decepción de James ella le plantó un beso a la sabandija en todos los labios. Odió ese momento con toda su alma. Había rondado a la chica durante más de un mes y al final acababa saliendo con la serpiente. Muchas chicas estaban dispuestas a estar con él y se había encaprichado por la que no podía conseguir.

Sirius posó su mano en el hombro de su hermano y le apretó suavemente transmitiéndole apoyo. Sabía que James no estaba encaprichado con la pelirroja sino que estaba enamorado. Su hermano había dejado claro que no quería problemas con Lily por lo que su diversión terminaba, ya no podían fastidiar a Quejicus como antes, pero cuando Evans no estaba delante era otro cantar.

—Hola chicos.

Lily había llegado con una sonrisa angelical en su rostro. James echó un vistazo hacia el árbol y allí estaba la serpiente observando con ojos ávidos cada movimiento de su leona. James agarró por la cintura a Lily y la atrajo hacia sí.

—Hola Evans— saludó coquetamente mientras Lily le sonreía incómoda. A ella le gustaba estar allí pero cuando el pelinegro empezaba a ser de esa manera ella se exasperaba.

James aprovechó para regalar a Snape un gesto muy feo con la mano con el mismo brazo que había rodeado a la chica. La serpiente se levantó enfadado y se fue del lugar sin que Lily se diera cuenta.

— ¿A dónde vais?— preguntó la pelirroja.

—Íbamos a la sala común. ¿Nos acompañas?— Remus con su típica galantería podría conquistar a cualquier chica y ella no entendía como es que aún no tenía novia.

—Sí, voy con ustedes— Volteó para decir adiós con la mano, pero la desilusión apareció en su rostro cuando vio que Severus no estaba.

Recorrieron el pasillo entre bromas, por eso le gustaba a Lily estar con ellos. Eran tan divertidos, que el tiempo se le pasaba volando. Tenía miles de conversaciones con ellos porque cada uno era un mundo: Remus su seriedad innata, Peter su dulzura escondida, Sirius su galantería y James… bueno, cuando no la intentaba rondar era un auténtico encanto.

Cuando llegaron a la sala común consiguieron unos asientos cerca de las ventanas. En el sofá se sentaron James, Lily y Remus y en dos sillas Peter y Sirius. Los merodeadores le contaron a la pelirroja la que habían armado en Hogsmeade.

—…y cuando ve la moneda que tenía en la mano, se me quedó mirando con cara de "chico, te has metido en un problema"— comentaba Peter muy animado mientras los demás reían—. Lo bueno que tiene el señor de Zonko es que sabe como somos. Al final nunca tenemos problemas con él ni nos acusa con los profesores.

Pasaron la tarde entre risas. Ese domingo estaba siendo un total desaprovecho ya que no habían estudiado nada, al menos algunos merodeadores.

— ¡Eh, Sirius! Creo que por allí te reclaman— recalcó James mientras guiaba con la mirada a Black hacia una chica morena con una trenza larga que lanzaba miraditas en su dirección.

— Señores, señorita, debo irme. El deber de galán me llama.

Todos le dejaron ir, sabían que aunque no dieran su consentimiento él se iría igualmente.

— Si nos disculpáis a nosotros también—dijo de pronto Remus tomando a Colagusano por el brazo levantándolo del asiento—. Quedé en que le enseñaría la poción de hoy a Peter.

— ¡Verdad! ¡Ya no me acordaba!

— Vamos, Peter—. Los dos se fueron del lugar despidiéndose con la mano.

La leona siguió con la mirada a Remus. Lo mataría. Sabía que no tenía que enseñarle nada a Peter y este mentía muy bien. Había quedado perfecta la mentira si Peter no se estuviera frotando las manos rápidamente antes de irse. Ahora tendría que lidiar con James y eso la ponía nerviosa. Ella había elegido a Severus pero eso parecía que le daba igual al pelinegro.

— ¿Estás bien?—. Esas palabras la sacaron de sus pensamientos y miró directamente a los ojos de James. Él la estaba taladrando con la mirada.

— Sí… claro. Sí, estoy bien. — contestó un poco confusa e incomoda por la mirada de él.

— No me estoy refiriendo que estés bien físicamente, que si estás bien con Quejicus.

— No lo llames así, Potter. Él es mi novio y ¡claro que estoy bien!— contestó alzando la voz más de lo debido. Eso hizo que algunas miradas se clavaran en ellos.

James pasó olímpicamente de las miradas de su compañero y siguió inquiriéndole cosas.

—Evans, no dejes que te haga daño. Quiero que sepas — el pelinegro cogió tiernamente las manos de la leona entre las suyas— que si te hiciera daño aquí tienes un hombro en el que llorar.

Lily se quedó muda, nunca antes había visto en James esa faceta tan protectora. Le gusto, no pudo negarlo, la única razón por la que rechazó al pelinegro fue porque era demasiado impulsivo y empalagoso. Aunque había una razón más: ella no soportaba que él se creyera el centro del mundo.

Ya estuvo pensando los pros y contras de salir con James y Severus, y la serpiente ganó por goleada. Una vez que estuvo con él pensó si realmente ganó porque lo merecía o porque conocía poco a James y ahora, en ese momento, le estaba demostrando que en realidad no lo conocía.

—Pues…, gracias Potter. Nunca había pensado que me dijera algo así.

La leona seguía teniendo las manos entrelazadas con las de James, ahora no se sentía incomoda, es más, dentro de su corazón notaba una calidez como si su corazón estuviera echo de magma y se estuviera escapando.

— Será porque nunca te he demostrado al verdadero James.

El león comenzaba a coquetear de nuevo con ella. Lily retiró sus manos delicadamente y le preguntó divertida:

— ¡Ah!, que no he conocido al verdadero James, y… ¿Cuándo tendré el placer de conocerlo?

—Cuando la damisela desee.

James besó delicadamente la mano de la pelirroja y se fue del lugar dejándola totalmente confusa.