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Historia 63892 — capítulo 1
El expreso de Hogwarts se detuvo con un chirrido en el andén 9 y 3/4. Los gemelos Fred y George Weasley se levantaron, y salieron al andén, seguidos por su amigo Lee Jordan. Vieron que sus hermanos Percy y Charlie bajaban de otro vagón y se les acercaban.
—Bueno, chicos. Espero que no hagáis ninguna travesura de aquí a que nos encontremos con papá y mamá, que estarán al otro lado de la barrera—dijo Percy en tono severo a los gemelos, una vez se hubieron despedido de Lee Jordan.
—Vamos, Perc—dijo Charlie. —En unos pocos segundos, no les da tiempo a hacer travesuras.
—Yo no me fiaría de...—Percy se interrumpió, porque en ese momento se oyó un "plop" dentro de su mochila, y un horrible olor empezó a salir de su interior.
—¡Cielos, Percy!—dijo Fred (¿o era George?) tapándose la nariz y arrugando la frente. —Vaya pedos que te tiras, hermano.
—¿Pero qué decís? Yo no...—se dio la vuelta, y vio que Charlie miraba a su mochila haciendo esfuerzos por contener la risa. Percy se descolgó la mochila, la abrió, y sacó de su interior una bomba fétida recién explotada. Miró con cólera a sus hermanos, que al ver su cara empezaron a reírse desenfrenadamente.
—¡Os cogeré, pequeños granujas!—gritó Percy, echando a correr detrás de los gemelos. Charlie echó a andar detrás de ellos, riéndose por lo bajo. Y así atravesaron la barrera, Percy corriendo detrás de los gemelos, que se reían sin parar, y Charlie andando por detrás, riéndose por lo bajo.
—¿Qué habéis hecho esta vez?—dijo la señora Weasley en tono severo a sus hijos.
—Nada, mamá—mintió Fred, poniendo cara de inocencia.
—¡Me han metido una bomba fétida en la mochila!—dijo Percy acaloradamente.
—No hemos sido nosotros—mintió George, poniendo la misma cara de inocencia de su hermano gemelo.
—Es verdad: la bomba fétida se metió ella solita en su mochila—dijo Fred.
—Seguro que le han hecho un encantamiento Wingardium Leviosa para meterlo en ella—dijo Percy, colérico.
—Hay una manera muy sencilla de comprobarlo—intervino Arthur—Chicos, si tenéis la bondad de darme vuestras varitas por un momento...
Fred y George se miraron ligeramente alarmados, pero obedecieron.
Arthur tomó la varita de Fred, la apuntó con la suya y gritó "Priore Incantato". No había dudas: de la varita de Fred salió un humillo verde que tomó la forma de una bomba fétida que levitaba hasta una mochila que tenía la misma forma que la de Percy.
—¿Algo que decir?—dijo la señora Weasley.
—Esto...¿algo?—dijeron Fred y George, con una sonrisita traviesa.
—¡A CASA! Y esta tarde os quedáis castigados—dijo severamente la señora Weasley, dándoles un empujón a los gemelos para que echaran a andar. Ron, su hermano de ocho años, se les unió, mientras que Ginny, de siete años, iba de la mano de Charlie.
—¿De dónde la habéis conseguido?—preguntó Ron con mucho interés.
—La compramos en Zonko—respondió George.
—¡Pero eso no puede ser! ¡Si Zonko está en Hogsmeade, y vosotros no tenéis permiso!—exclamó Ron, extrañado-
—Nos colamos en el grupo de personas que iban a visitarlo—respondió Fred a Ron.
—Poción multijugos—prosiguió George.
—Nos colamos en el almacén de Snape, y le tomamos prestada un poco—terció Fred.
—Filch nos pilló. Pero no supo que habíamos cogido poción multijugos—dijo George.
—Y el día de la visita, nos hicimos pasar por Charlie y Nymphadora Tonks, una chica de Hufflepuff que es amiga de Charlie—concluyó Fred.
—¡Jo tíos! Vaya pasada—dijo Ron, admirado de la audacia de sus hermanos.
—Ya sabes, hermano...—empezó Fred.
—...Somos Gryffindors—terminó George.
Los Weasley se montaron en su coche (un viejo Ford Anglia) y se dirigieron a la Madriguera. Fred y George no paraban de hablar de sus andanzas, para admiración de Ron y desesperación de Percy. Hablaban de que habían encantado todas las túnicas de Slytherin para que al ponérselas sus dueños la piel les escociera muchísimo; que habían hecho explotar un váter mientras estaba sentado en él Adrian Pucey, otro Slytherin al que detestaban; que habían encantado otro váter para que al tirar de la cadena lo expulsara todo (Arthur hizo una mueca de desaprobación), que habían transformado la mesa de Snape en una mesa de aspecto igual pero hecha de hojaldre (con lo que al poner Snape sus libros en ella se cayeron todos al suelo).
No obstante, hubo una cosa que se callaron: que un día en el despacho de Filch habían birlado un pergamino en blanco pero que estaba marcado como "confiscado por ser peligroso". Habían deducido ipso facto que seguramente ese pergamino tenía escrito algo en él, pero que lo habían ocultado mediante magia, y se habían propuesto durante esas vacaciones averiguar de qué se trataba. Mientras tanto, se habían propuesto hacerle unas buenas travesuras al Pomposo, Pedante, Pretencioso y Presumido Percy, como les gustaba llamarle.