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Historia 64044 — capítulo 1
Se quedó en silencio, tratando de dormir. Daba vueltas en la cama, pero no podía quedarse quieto. ¿Cómo, si había salido esa absurda beca? ¿Por qué diantres tenía que estudiar medicina? ¿Por qué diantres tenía que tener un padre como el que tenía? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Maldición...! ¿Por qué? ¿Por qué tenía que haberse enamorado, justo ese tiempo antes de irse? Las horas pasaban y el tiempo no se detenía. Si no hubiera aceptado esa estúpida beca. ¡Pero cómo iba a suponer que ella le diría que lo quería, justo un día antes de irse! Se echó las almohadas sobre la cabeza y trató de no pensar. De dormir. Lo iba a necesitar, al sitio a donde iba. ¡Qué cosas le ocurrían! Amaneció entonces, más rápido de lo que quiso. Había bajado las escaleras y ya su padre estaba en la mesa, leyendo la prensa diaria. Tenía sobre ella, el boleto y un par de sobres. Sus papeles de inscripción. ¿Por qué el boleto no decía: "para Etiopía y sin retorno"? Podría mandar allí a su padre. — Por la cara que traes, parece que un perro te hubiese orinado. Además de que lo hueles.— sentenció, mientras empujaba la bandeja de panes hasta su hijo. Draco lo miró de mala gana, mientras tomaba una rebanada y miraba la parte posterior del periódico. Tenía que haber una avalancha o algo que retrasara los aviones. Algo que no le permitiera salir del país. Nunca. Quizá si mataba a alguien. Sí, eso. — El vuelo es a las nueve en punto. Será mejor termines de vestirte. Además, esos calzones. Puedo ver que te los regala tu abuela. Los osos mimosos. No sé por qué cree que aún tienes cinco años. La mayoría no te han de servir o te quedan apretados... ¿verdad? Draco miró hacia abajo y notó la gran diferencia entre calzones apretados y calzones frescos. Se cubrió con las manos, tomando el vaso de leche sobre la mesa. — Yo no me burlaba de los que te compraba mamá.— dijo, mientras subía las escaleras con una tostada en la boca y el vaso de leche. — Pero tu madre no me hacía desfilarlos en la casa y me apretaba las mejillas diciéndome: "¡Ay qué grande estás. Si parece que era ayer cuando eras un niño. Cuánto has cambiado desde que me fui" — Mi madre no te apretaba las mejillas de la cara, sino las otras. Subió a regañadientes y caminó dentro de su habitación. Sin darse cuenta, tropezó con sus propios zapatos y cayó contra su cama. El vaso de leche había salido por los aires, mientras su padre abría la puerta de la habitación. Se lo había derramado encima. — Espero que esto siga siendo leche— dijo, mientras se secaba el rostro con una mano y se sacudía el saco— afuera están tus decerebrados amigos que no sé por qué insistes en invitar a la casa y no sé sin embargo; por qué yo permito que lo hagas. Caminó hasta su ventana, cuando sus amigos lanzaban gijarros a ella. La abrió y recibió un gran gijarro en su ojo. — ¡Ay! — Justicia divina— dijo su padre, mientras cerraba la puerta de la habitación— ah por cierto, será mejor que quites todos esos afiches de la pared. Quizá rente tu cuarto a una mujer mayor y no creo que quiera ver a mujeres desnudas de playboy. — ¡Viejo! ¡Se suponía que debías estar despierto temprano, para la gran bienvenida! ¡Mira...! Cada uno de sus amigos tenía una camiseta diferente. Se suponía diría "Draco" pero decía: "Arcod" — ¿Arcod? — Oh, espera... ¡Blaise, estás parado donde no es! ¿Es que no puedes dejar de fumar por una maldita vez y hacer las cosas bien? Caminó perezosamente y se detuvo junto a Theodore, la letra "A" de las camisetas. — "¿Arcod"? — ¡Mierda... Seamus. Era solo una "A"! Severus salía de la casa, dispuesto a irse a trabajar. Caminó sin mirarlos, hacia el auto y sin decir nada, abrió la puerta de la cochera. — Buenos días, señor Snape. — Buenos días manada de gorilas. ¿Qué nuevas estupideces se les ocurrirán hoy? Se los advierto. Nada de: "El señor Snape nos sacará de la cárcel, se lo prometemos" Ya no funcionará. Mucho menos en retenes por violación a menores. Eso va contigo, Blaise Zabini. Por una razón que no comprendía muy bien, su amigo utilizaba camisas más pequeñas que él y sus enormes pectorales, relucían a la vista. Siempre hablaba de sexo y pensaba en chicas. Theodore, era el miembro geek de su grupo. Adoraba los videojuegos y nunca había besado a una chica. Solo a su novia Padma, una chica sims virtual. El resto de sus amigos, no eran menos desadaptados que ellos dos. Seamus tenía una paranoia con creerse un espía y siempre husmeaba en los baños de chicas y en las duchas. Por eso, él se consideraba el más normal de todos ellos. Y el único al que en verdad, se le podía relacionar con alguien. Años y años viviendo con la vecina de al lado. Ambos se odiaban, ambos no podían verse porque simplemente se gritaban insultos desde la ventana. Si hasta su padre creía que era gay, puesto que ella era una chica hermosa. Se conocían desde niños. Hermione Granger. Y desde un tiempo hasta esos días, habían comenzado a descubrir, que se gustaban mutuamente. — Súbete ya, Draco. Tenemos que llegar al aereopuerto. Temo ya que se te contagie la estupidéz de estos tarados. Caminó con resignación hacia el auto y miró a sus compañeros. Caminaban uno por uno hacia él y traían algo entre sus manos. — Ten, Draco.— dijo Theodore con un suspiro— quiero que te quedes con mi guitarra de Guitar Heroe. Es la de edición especial. ¿Recuerdas? El juego original que viene en un enorme empaque dorado que de ser mi novia... Blaise lo imitó, juntando sus manos junto a su rostro y brincando como una niña. — Le haría el amor hasta cansarme...— culminó, apartándose. — ¿Para qué va a querer eso, si no le das el XBOX? — ¡No. Mi juego no! ¡Es mío, solo mío. El juego es mío, solo mío! Blaise negó con la cabeza, empujándolo con una mano y deteniéndose frente a él. Traía algo envuelto en plástico. Muy bien conservado. — Toma. Es mi colección de revistas playboy. Las que ya miré mil veces. Planifico tener unas nuevas, así que puedes quedarte con ellas. — Gracias...supongo. — ¡Draco! — Te vamos a extrañar, viejo...¡escríbenos si conoces a una chica candente y te estrenas por fin! Dicen que en Canadá hay lindas extranjeras... Snape negó con la cabeza tomó los "regalos" de las manos de Draco. Los arrojó a la cajuela y apoyó sobre sus hombros, sus manos, guiándolo hacia el auto. Cerró la puerta con violencia y se subió también. Comenzó a retroceder, mientras sus amigos movían sus manos en señal de despedida. Draco los miró por el retrovisor. Le habría gustado despedirse de ella, pero habría sido pésimo para las fuerzas que había estado reuniendo para convencerse de que tenía que irse. — Si llego a enterarme de que te has acostado con una chica en Canadá, te enviaré a un reformatorio. ¿Queda claro? — Como quieras. De todas formas no creo que pueda. — No me digas que en realidad sí eres gay y salías con uno de tus tontos amigos. ¿Es que ese vecindario no puede ser normal? — Sólo déjame en la puerta B y vete. Se detuvieron frente a las puertas del aereopuerto y Draco suspiró en silencio. Ladeó la cabeza hacia el auto. ¿Y si simplemente luego de que su padre se fuera, tomaba un taxi y regresaba a casa? Viviría como hermitaño en la casa de alguno de sus amigos y luego, podría pedir la mano de Hermione. Huír hasta la frontera y vivir como hermitaño en un bosque. En dado caso, solo viviría como hermitaño. — Espero tengas todo en regla. Recuérdalo. Quiero que regreses como un médico. Y nada de fraternidades ni fiestas. No quiero que me lleguen reportes de un hijo desadaptado. Bastante tengo con tus amigos desadaptados. Asintió en silencio y lo miró cerrar el vidrio del auto. Ya sabía qué iba a hacer en cuanto llegara. No escribirle a su padre y hacer una carta de defunción. Murió dentro del vuelo. Ahogado con una aceituna de uno de esos sandwiches desagradables que servían como comida de avión. Tembló de pensarlo. ¡Cómo odiaba esa comida de avión, barata! — Bien, Canadá...allí vamos.