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Historia 64044 — capítulo 3

Draco había estado hablando con Hermione, por más de media hora. Con una sonrisa que no lograba quitar de su rostro, caminaba por las calles. Hermione había estado diciendo que lo amaba y que lo esperaría. A no ser que escuchara mal, ella parecía muy segura de lo que decía. Quizá la podía llamar desde la posada y tener sexo telefónico. Eso sería lindo. Severus despertó con la increíble sensación de humildad paternal, para con su hijo. Ladeó la cabeza hacia el teléfono y lo tomó con una inspiración suave. Llamarlo a ver qué tal había estado su viaje. — Supongo que ya desempacaste— dijo al teléfono y Draco suspiró pesadamente— nada de regresar porque te reprobaron. Hermione no se va a ir de aquí. Ella va a estudiar arquitectura y ya entendí por qué cortabas el césped de su madre. — Bien sí, me descubriste. Seguro dejarás de pensar que soy un gay maricón. — Ella es muy bonita, seguro otros pensarán como tú. — ¿Disfrutas torturándome? ¿No es así? — No. Te hago caer en la realidad.— dijo Snape con suavidad— así que estudia y... no regreses hasta que te gradúes. Draco colgó el teléfono de mala gana y miró a su alrededor. Esa sería su vida, por mucho...mucho tiempo. Suspiró y tomó el teléfono una vez más. Quizá algo de sexo telefónico, lo podía animar. Convencer a Hermione de que fantaseara con él esa noche. Y funcionó, un poco bizarro. — Hija ¿Por qué tienes el teléfono entre las piernas?— preguntó su madre, al abrir la puerta de la habitación y mirarla en ropa interior.— No me digas... — ¡Se me cayó! Se cayó, mamá. — ¿Es tu madre? No permitas que lo tome y que...¿lo huela? O que me conteste. Mi padre me matará. — ¿Hablas con alguien, Hermione? — No...claro que no. — Cuelga el teléfono... o mejor, cuelgo yo.

— No me digas que estabas... ¡Oh Hermione. No volveré a tocar esa cosa! ¡Ay que desinfectarla! Por dios y la vírgen.

Hermione inspiró, mientras su madre tomó el teléfono.

— ¿Quién es el pervertido que está al otro lado? ¡Conteste!

— Er...número equivocado...operadora en funcionamiento... Su madre se dio la vuelta y la miró. Hermione negó con la cabeza, mientras tomaba su pijama y se cubría con ella. ¿Acaso esa no era la voz de Draco? ¿El hijo de Snape? No podía ser. Si tan recto que se veía. Su padre se veía muy recto. Muy tranquilo. — ¡Draco. Por amor a dios! — ¡Mamá... déjanos ya! ¡Tú no lo entenderías! — No quiero que llames a Hermione a no ser que sea algo importante. Y por importante digo, OTRA cosa. ¿Queda claro, Draco? Su padre iba a enojarse. Y así fue. Por meses el número de Hermione, estuvo bloqueado de su línea. No podía acceder a ella, pero sí a sus amigos. — No, no tiene novia ni novio. Está esperándote. — ¡No dejen que nadie se acerque a Hermione o voy a matarlos a todos ustedes, uno a uno. Y por sobre todas las cosas, no hablen con mi padre. No me han visto, me morí, no existo.! Muchos pretendientes, pasaron a la puerta de Hermione y todos ellos, eran frustrados por el equipo "Draco". O "Arcod". Pero Hermione seguía soltera. Las navidades, siguió soltera. — ¡Muchas gracias por el pavo, señor Snape! ¿Su hijo viene de visita, estas navidades? Hermione miró a Snape, esperanzada. Sin embargo Severus, negó con la cabeza y ella se desilusionó. — Está bien, Hermione. Puedes llamarlo si quieres, adelante. ¡Pero nada de sexo por teléfono! Su padre aún no superaba aquello y le había gritado durante dos horas. Y lo mismo, pero con otras palabras. Si llegaba a enterarse de que se había estado acostando con alguien o algo, iba a matarlo él mismo. O quizá enviarlo a un reformatorio. Quizá si le enviaba mensajes sexuales a Hermione, ellos no se enterarían. Por cámara web no resultaba tan sencillo. Aquella bendita posada, no tenía acceso inalámbrico a internet. Parecía que vivía en una enorme montaña. En un mapa, aparecería su cabaña y una flecha en el medio de la nada, diciendo: "Usted está aquí". "Ningún lugar: población...O personas" "Un idiota calenturiento". — No importa, Draco. Tendremos suficiente tiempo, cuando vuelvas. Ya solo queda un año, un año solamente. En un año podía pasar cualquier cosa. Y las clases se volvían cada vez más aburridas... — Margaret... ¿por qué tienes el teléfono entre las piernas?— dijo, mientras estaban en la iglesia de la facultad, escuchando el sermón diario.— Te están llamando...¿no piensas contestar? — Amo cuando mamá llama— dijo ella con un rostro de felicidad, como si atravesara un gran orgasmo— no deja de vibrar. Negó con la cabeza y eso le recordó su secundaria. Todos eran igual de idiotas, que solo pensaban en sexo. — ¡Ah...se acabó! Quizá pueda repicar y colgar, para que me vuelva a llamar. ¡Es tan divertido! Las calificaciones siempre subían, pero Hermione... ¿cómo estaba ella? Necesitaba saberlo, casi a diario. — Te estoy diciendo que mañana no voy a estar, tengo una cita muy importante— replicó Snape, mirando hacia el sofá. Sentada allí, estaba una mujer. — ¿Cita de qué, papá? Si tú nunca sales de casa. Pareces un enorme murciélago. — Pues esta vez, voy a salir. Cosas de trabajo y no voy a estar. Así que nadie podría recoger esa encomienda. — ¡Es importante! Si no envías esos papeles, no podrán certificarme y no podré salir de esta porquería. Miró a la mujer y sonrió con suavidad. — Mejor así. Te hará bien otro año de vacaciones, mientras yo me ocupo de ciertas cuestiones que debo... — ¡Oh vamos! Solo es un maldito sobre que está en mi cómoda, la primera gaveta. Su padre asintió con ligera molestia y colgó el teléfono. La mujer se levantó del sofá y lo miró con una expresión de curiosidad. — ¿Qué sucede, Severus? — Es Draco, quiere que le envíe unos papeles que necesita para poderse graduar de la beca. ¿Podrías esperar mientras los encuentro? Sé que... Guardó silencio, cuando sintió un dedo sobre sus labios. ¡Oh, hubiese tenido un orgamo...gracias a eso! — Sólo ve, todo está bien. Además, es tu hijo y nuestros hijos siempre estarán primero. ¿O no? ¿Ya se lo dijiste? Digo...lo que hay entre...o habrá. — No. ¿Se lo dijiste tú a tu hija? — Estoy en eso... Severus. ¿Quién lo diría? Un poco de té y pasteles, hacen una gran amistad. — Quizá eso fue lo que mi hijo hizo, pero sin la parte de los pasteles. Solo el té. Draco moriría de no recibir aquellos papeles y en cuanto los encontró, decidió que enviarlos era lo mejor. De todas formas, el correo quedaba justamente a dónde iba. Solo quería joderlo un poco. Asustarlo. Al recibirlos, había sido como si hubiera tocado el cielo y hubiese descendido en el mismo momento. Hermione estaba ya tan cerca. — Tenemos que explicarle a nuestros hijos. Aunque me siento mal por Hermione, que está muy interesada en... — Pues será mejor que se acostumbren, porque dudo haya marcha atrás. ¿O sí?— dijo, mientras la mujer sonreía y sostenía su mano en la mesa. — No. Creo que no. Tú solo, yo estando sola... algo tenía que pasar ¿no es así? Sí. Algo... y pasaba. — ¡VIEJO! El padre de Draco...sale con... ¡Oh no...!— gritó Seamus, mientras utilizaba sus enormes binoculares. Lo habían estado siguiendo, toda la bendita semana. Algo sospechoso se traía entre manos. — Draco va a lamentar eso— dijo Blaise, con una sonrisa suave.