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Historia 64236 — capítulo 5

¡Gracias a todos por comentar! Me alegra un montón la buena acogida que está teniendo el fic en Potterfics. Jamás pude imaginarme tener 16 personas en favoritos, casi 200 visitas y 12 comentarios en apenas 5 capítulos :D

Sin más, el nuevo capítulo ;)


Hubo multitud de rumores acerca de la chica Weasley en el colegio. De hecho, salieron de él. ¿Cómo? La hija de Skeeter estaba allí, Longbottom estaba allí, Minerva estaba allí. Y, por descontado, Lupin y la Weasley rubia.Así que no tendría que haberle extrañado encontrarse a los dos tríos famosos en la Sala de Profesores.

El trío de oro. Potter, Weasley y Granger.

El trío de plata. Longbottom, Weasley-Potter y Lovegood-Scamander.

Saludó con una cabezada a Neville, a lo que éste respondió con una sonrisa, dejándoles a todos sorprendidos. Especialmente a Weasley, que le miraba con desprecio.

  • Blaise, no olvides que mañana es -comentó Flitwick.

  • Oh, claro. ¿Cómo no olvidarlo, si has estado repitiéndolo tres semanas? -Bufó, y sacudió la cabeza-. Aceptadlo, Filius y Neville, ¡las serpientes mandamos este año! -Se pasó una mano por el cabello, colocándolo levemente, y se giró tras dejar sus cosas sobre la mesa. Pilló a las tres mujeres mirándole con sorpresa y una muy leve excitación.

  • Las serpientes solo ganan haciendo trampas -masculló Weasley, y entonces se dirigió a Neville-. ¿Qué hace él aquí?

  • Es profesor de Transformaciones.

Hubo un segundo de silencio, y entonces Granger no pudo evitar reírse entre dientes, al igual que Potter y la Weasley que era su mujer.

  • Zabini… ¿¡profesor!? -ese fue Ron, que no se reía, le miraba horrorizado. Él sería el profesor de sus niños si eso era verdad.

  • Tiene que ser una broma. ¿Él profesor? - Hermione se reía tanto que ofendió a Zabini, el cuál entrecerró los ojos, con una pose terriblemente amenazadora.

  • ¿Cómo va a ser él el profesor favorito de Teddy y de James? -La pareja Potter se reía de algo que para ellos no tenía sentido, pero que hizo sonreír ampliamente a Blaise, el cuál hinchó el pecho durante unos segundos, antes de percatarse de lo absurdo de la situación.

  • Dado que no lo creen posible, vengan conmigo a una clase. Oh, por supuesto, deben transformarse. Deseo dar clase de transformaciones, no de Historia. Para eso está Binns -lo dijo esperando, deseando, aceptando… que no vendrían.

Cuál fue su sorpresa cuando se encontró sentado de la mesa, esperando a la clase de séptimo -la cual, por cierto, llegaba tarde-con cuatro personas transformadas en muebles a su espalda. Las voces de los muchachos le alertaron de su llegada, y entrecerró los ojos cuando entraron todos juntos, en estampida.

  • Llegan tarde. Mañana quiero una redacción de 24 líneas de pergamino sobre… esta mesa -enarcó una ceja ante las muecas de sorpresa que tenían todos, y sonrío levemente-. Sentaos. Ya.

Repasó con la mirada a todos sus alumnos y comprobó que faltaba uno. Contó mentalmente mientras ellos sacaban todos los útiles que solían utilizar en completo silencio, no querían sumar más líneas a una redacción absurda.

1 Slytherin. 2 Gryffindors. 2 Hufflepuffs. 2 Ravenclaws.

Faltaba una de las dos chicas de Ravenclaw. Bufó y se levantó, de golpe. Todos le miraban expectantes, casi emocionados, por conocer más de ese mundo que les fue negado desde 5º.

  • Bien, veamos. Supongo que todos sabemos lo sucedido en el Baile de Navidad. Lo cual me ha creado un par de problemas. Pero eso a vosotros os da tanto o más igual que a mí. Así que hoy vamos a ver cómo transformar cosas en comida -y antes de la pregunta que se había convertido en una necesidad más de la clase, interrumpió-. Y sí, Slytherin, nos sirve para hacer algo fuera del colegio.

Las risas de todos, incluida la del chico, no se hicieron esperar. Y, Zabini, mientras daba la clase, no podía dejar de imaginarse un par de veces los ojos sorprendidos, no solo de Granger, también de los Potter. Y los refunfuños de Weasley.

Agradeció el final de la clase, porque esa lección era un coñazo. Detuvo a Lupin, que quería huir ya afuera de la clase. El resto lo desconocía, pero no él.

  • ¿Cómo va todo con ella, Lupin?

  • Oh, bien -estaba un poco incómodo, pero feliz-. Es algo incómodo, porque tenemos a sus primos por aquí y no dejan de revolotear a nuestro alrededor -suspiró, y se sentó junto a él en la mesa.

  • Te tengo una sorpresa -señaló hacia atrás con la varita y todos volvieron a la normalidad, agradeciendo poder moverse.

  • ¡Harry, Ginny! -Les fue a abrazar, corriendo, con una sonrisa.

  • Os dejo solos, Lupin. Y no lo olvides, quiero la llave el domingo por la mañana. Nadie puede sospechar, así que hacedlo bien -guiñó un ojo y se marchó, dejando a todos con la palabra en la boca.

No necesitaba su confirmación de que hacía bien su trabajo, porque sabía que era así. Pero le gustaba comprobar que podía dejar sin palabras incluso a la sabelotodo de Granger.

Ahora solo le quedaba averiguar porque la otra Ravenclaw no había acudido a su clase. Si no estaban las dos, no podía averiguar cuál era.

Y lo haría. Por supuesto que sí. Miraría sus cuellos y lo sabría, entonces podría afirmar con seguridad ser uno de los pocos que conocían quién era la chica Weasley.