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Historia 64310 — capítulo 5

Capítulo 5. La Selección

Al llegar a Hogwarts, Jamie sentía como las ansias la devoraban. Harry y Ron estaban a su lado, mirando a todos los chicos que tenían alrededor. La noche estaba comiéndose el lugar, y Jamie sólo podía temblar debajo de su túnica.

—¡Los de primero síganme! ¡Los de primero por aquí! —una voz grave los llamaba. Un hombre muy alto, casi como un gigante, sostenía una lámpara. Harry y Ron la empujaron hasta allá. El gigante se fijo en ellos—. Hola Harry, ¿todo bien?

Jamie se sorprendió al ver que Harry era amigo de alguien tan grande. Jamás había visto a un hombre tan alto.

—Vengan, síganme —y entonces, todos los de primer año lo comenzaron a seguir, muy entusiasmado. El gigante les decía que tuvieran cuidado, hasta que llegaron frente a un gran lago. Y al fondo de lago, un castillo iluminado. Todos alrededor de Jamie exclamaron un gran: ¡Oh! La vista del castillo y el lago eran fantásticos.

—¡Sólo cuatro por bote! —Hagrid gritó y rápidamente vio como todos se subían a los botes. Ella se sentó con Harry, Ron y la chica, Hermione Granger. Los cuatro miraban el bote, el lago y Hogwarts.

Harry había perdido su mirada en el inmenso castillo, y Ron hacia lo mismo. Parecía como un hechizo, su forma y como se alzaba. Jamie aún no creía que estaba por ingresar al colegio Hogwarts, donde sus padres habían estado, donde sus tíos y toda su familia había estado.

—¡Bajen las cabezas! —al acercarse a un peñasco, todos bajaron la cabeza. Jamie sonreía, encantada, lentamente se acercaron a una cortina de hiedra.

Dejaron de ver el castillo al atravesar el peñasco, y ahora iban por un túnel oscuro. Todos a su alrededor hablaban en susurros, inclusive Ron y Harry. Hermione, que estaba junto a ella, parecía tranquila, aunque si notaba un temblor en sus manos. Probablemente era la emoción.

Hagrid les señaló unas rocas y todos se levantaron, para comenzar a subir por las piedras en dirección a unas escaleras. Tanto ella como Hermione fueron cuidadosas pero rápidas en su bir. Ya todos estaban frente a una puerta, cuando Jamie y Hermione los alcanzaron.

—¡Eh tú! ¡El de ahí! ¿Es este tu sapo? —Hagrid estaba vigilando los botes y a la gente que bajaba de ellos. Neville se lanzó hacía el sapo—. ¿Están todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?

Hagrid alzó un puño enorme, como del tamaño de una tapa de basura y llamó tres veces, contra la puerta de roble. La puerta se abrió inmediatamente y de ahí salió una profesora bajita, con gesto severo y que tenía el cabello amarrado en un rígido moño. La profesora se fijo en Hagrid.

—Profesora McGonagall, los de primero —Hagrid estaba muy tranquilo frente a la profesora. La mujer los miró, con gesto impasible.

—Muchas gracias Hagrid. Yo los llevare desde aquí.

Abrió la gigantesca puerta por completo y los guío por un vestíbulo. Todos estaban atentos por los detalles gigantescos del castillo. Un techo enorme, que develaba unas escaleras de mármol. A Jamie le dio la impresión de que en Hogwarts, todo era enorme. Al caminar por un pasillo pudieron oír, de lado derecho, muchísimas voces. Quizás el resto del colegio estaba ahí, pero contrario a lo que muchos creyeron, McGonagall lo guió a una habitación vacía, donde todos se acomodaron más cerca de lo acostumbrado. Jamie estaba nerviosa.

—Bienvenidos a Hogwarts —habló con voz severa—. El banquete de comienzo de año se celebrara pronto, pero antes de que puedan ocupar sus lugares en el Gran Comedor, deberán ser seleccionados para una de las cuatro casas de Hogwarts. Está casa será como su hogar, sus compañeros su familia; sus logros les darán puntos, pero sus malas elecciones, se los quitarán.

"Las cuatro casa son Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Cada casa ha dado notables magos y brujas. En su tiempo libre podrán pasarlo en la sala común de sus casas. Al finalizar el año, la casa con más puntos obtendrá la Copa de la Casa. Espero que cada uno de ustedes sea un orgullo para la casa que les toque.

"La ceremonia comenzará en corto tiempo, frente a todo el colegio. Les sugiero que mientras esperen, se arreglen un poco.

Los ojos agudos de la profesora se fijaron en Neville y su capa, en Ron y su mancha en la nariz, y Harry, nervioso se aplastó el cabello contra el cráneo. Jamie río bajito, cubriéndose la boca.

—Volveré cuando tengamos lista la ceremonia —la profesora hizo ademán de marcharse—. Les pido esperen aquí tranquilos.

Al salir, todos estallaron en palabras. Muchos estaban confusos y no sabían qué hacer. Otros estaban callado, pálidos y nerviosos. Hermione que estaba a su lado, murmuraba varios hechizos, nerviosa.

—¿Cómo se las arreglan para escoger a los alumnos? —preguntó Harry a Ron.

—Creo que es una especie de prueba. Fred dice que duele mucho, pero creo que es una broma.

—No, Harry, es muy sencillo sólo tienes que… —pero fue acallada por un bufido y la aparición de varias personas. Grises y transparentes. Harry la miró a ella primero y después a los fantasmas. Varios niños de atrás habían gritado al verlos.

Los fantasmas parecían discutir, ajenos a todos los niños que los observaban. De pronto, el de gorguera y medias se percató de la presencia de los de primero. Nadie habló.

—¡Alumnos de primero! —gritó el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. ¿Esperando la selección, no? —La mayoría asintió, aunque muchos estaban asustados—. ¡Espero verlos en Hufflepuff! Ya saben, mi antigua casa.

—Vamos —una voz aguda provino de la puerta de entrada—. La Ceremonia está por comenzar.

La profesora McGonagall había vuelto, y los fantasmas, lentamente se fueron atravesando una de las paredes del recinto.

—Formen una hilera —la profesora mantenía la puerta abierta, con su semblante severo—, y síganme.

Todos comenzaron a apretujarse hasta el punto de quedar en una sola fila. Jamie había perdido de vista a Hermione y detrás de ella estaba una chica grande, con gesto tosco y en frente tenía a Neville, seguido de Ron y Harry. Una sensación de vacío atacó a Jamie, que miraba hacía todas partes, nerviosa y ansiosa. No estaba segura de que fuera buena para alguna casa, y la boca se le secó.

Dieron unos pasos más y unas gigantescas puertas de roble se abrieron, la hilera comenzó a entrar a un recinto iluminado por la luz de las velas. Había cuatro mesas, todas alineadas de forma vertical. Muchos alumnos les miraban sonrientes, como si fueran algo tan sorprendente. En las mesas, frente a los estudiantes, había vasos y platos de oro y en la parte superior del Comedor, había una gigantesca mesa, donde estaban sentados los que, Jamie supuso, eran los profesores.

La profesora los guió hasta esa tarima, formándolos en una fila, dándoles la espalda a los profesores y observando al resto de alumnos. Todos los alumnos que estaban sentados, miraban atentamente a los de primer año, cuchicheando entre ellos en algunas ocasiones.

Jamie se seguía sintiendo nerviosa, ansiosa. Y buscando alguna mirada de alivio, miró el techo, pero no había techo.

—Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts —escuchó murmurar a Hermione, que estaba al lado de la chica robusta que la seguía golpeando con sus toscos brazos.

Frente a ellos, la profesora McGonagall colocó un taburete, como un sombrero viejo y raído. Jamie recordó las palabras de su prima, acerca del Sombrero. ¿Así que sólo debía colocarse el sombrero en la cabeza? ¡Aquello parecía tan descabellado! Y sin embargo, parecía mejor a tener que demostrar hechizos. Un alivio la rodeó, pues sabía que no tendría que hacer hechizos de ningún tipo.

De pronto, el sombrero se rasgó y se pudo apreciar una boca. El sombrero comenzó a cantar. Todos se habían quedado callados escuchando aquella canción que hablaba de Hogwarts, de los fundadores y del propósito del sombrero. Jamie estaba encantada con aquel espectáculo.

Al terminar, todo el comedor estalló en aplausos y ovaciones. Y el Sombrero se inclinó hacia las cuatro mesas, de una forma tan pomposa que a Jamie le dio risa.

—¡Entonces sólo hay que ponerse el sombrero! —Ron le hablaba a Harry. Jamie asomó la cabeza para observarlos—. Voy a matar a Fred.

Jamie pudo ver alivio reflejado en el semblante de Harry, y cuando sus miradas se cruzaron, se sonrieron tranquilamente. Jamie les había querido decir eso desde el principio. La profesora McGonagall se puso delante de ellos, con un gran pergamino y habló:

—Cuando les llame, deberán sentarse en el taburete y colocarse el sombrero, para que los seleccione —fijo su mirada en el pergamino—: ¡Abbott, Hannah!

Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila y se colocó el sombrero, que le cubrió hasta los ojos. Se sentó y hubo un momento de pausa.

—¡Hufflepuff! —grito el sombrero

La mesa de la derecha estalló en vivos aplausos y ovaciones. Jamie reconoció a su prima entre el mar de amarillo.

—¡Bones, Susan!

—¡Hufflepuff!

—Boot, Terry!

—¡Ravenclaw!

—¡Black, Jamie! —Jamie sintió que su corazón se deshacía en su pecho. Salió de la fila, con decisión hasta el taburete. Tomó el sombrero y se lo colocó en la cabeza. Se sentó en el taburete y nerviosa espero algo.

—Una Black… interesante —escuchó una voz susurrarle al oído. Comenzó a sentir las palmas de las manos húmedas—. Veo valor, veo destreza. Creo saber a qué casa perteneces.

Hubo un instante de silencio y el atronador grito:

—¡Gryffindor!

Se quitó el sombrero, mareada, mientras la mesa de la izquierda, la más alejada, estallaba en vítores hacía ella. Miró a Harry y Ron y corrió en dirección a la mesa. Todos la saludaron amistosamente, y el fantasma de la gorguera la felicitó de igual manera.

La chica que había estado a su lado, Milicent Bulstrode fue elegida Slytherin, y la mesa esmeralda estalló en aplausos. Y entonces llegó la segunda Gryffindor: Lavender. Se sentó a su lado, muy contenta y entusiasmada.

La Ceremonia transcurría rápidamente. Algunos tardaban un rato en ser elegidos, como Seamus Finnigan, que estuvo casi un minuto entero sentado ahí, hasta que lo declararon Gryffindor. Luego llegó Hermione Granger, la cual había corrido hacía el sombrero, muy nerviosa, y finalmente fue elegida Gryffindor. Se sentó frente a ella, mientras el resto de Gryffindors la saludaban.

Su sorpresa fue enorme al ver que Neville era escogido Gryffindor, pero lo felicitó cuando lo vio. El chico estaba ruborizado y nervioso, pero muy contento por la elección. Después vino Malfoy, y su deseo se concedió, el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó Slytherin. El chico caminó con paso orgulloso hasta la mesa de la extrema derecha, que no dejaba de aplaudir la llegada de Malfoy.

Quedaban pocos alumnos, y Lavender charlaba con Jamie, preguntándole por sus padres. Ella se limitó a decir que su madre había fallecido y que su padre trabajaba mucho. A Lavender pareció darle pena eso, pero siguió hablando. Hubo silencio y de pronto escuchó claramente el nombre de Harry. Se giró para verlo.

Todos hablaban alrededor, preguntando si era el verdadero Harry Potter. Muchos exclamaban incrédulos que era imposible, pero se quedaron callados, esperando saber a qué casa iría. Paso un minuto largo, ansioso y tenso. De pronto el sombrero grito: ¡Gryffindor! Y todos los Gryffindor se levantaron, con un rugido llenó de entusiasmo. Dos chicos, gemelos, gritaban: ¡Tenemos a Potter, tenemos a Potter! Harry se sentó del lado contrario de Jamie y ella le alzó los pulgares. Él le correspondió la sonrisa y miró hacía la mesa alta. Jamie lo imitó, Hagrid, el gigante alzaba sus pulgares en señal de aprobación.

Los ojos grisáceos de Jamie se perdieron en los profesores. Pudo ver a un hombre con turbante, que temblaba. ¡Lo había visto en el Caldero Chorreante! Jamás pensó que sería profesor. Y en medio, el más alto y llamativo era Dumbledore, que le sonrió a Harry y al darse cuenta de Jamie, asintió con la cabeza. Ella sólo se sonrojo, mirando de nuevo a la pequeña fila de alumnos.

Sólo quedaban tres alumnos: Turpin, Lisa, que fue a Ravenclaw, Ron y otro chico. Al llegar el turno de Ron, notó el color verdoso que había adquirido su pecosa piel. Un segundo después de que le colocaron el sombrero, el sombrero lo declaró un Gryffindor. Tan ella como Harry apaludieron más fuerte que los demás, hasta que llegó Ron, desplomándose al lado de Harry. Un chico pelirrojo, que supuso sería su hermano, lo felicitó de forma pomposa.

El último chico fue a Slytherin y la McGonagall retiró el taburete con el sombrero. Ahora el Gran Comedor era un hervidero de voces, y al ver el plato se dio cuenta de que tenía hambre. Su estomago rugió.

Hubo otro silencio, un silencio expectante y se giró para ver a Albus Dumbledore, que se había levantado, con sus largos brazos extendidos, como deseando abarcar a todos. Como si fueran sus nietos.

—¡Bienvenidos! —exclamó—. ¡Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts! Antes quisiera decir algunas palabras, antes de nuestro delicioso banquete. Y aquí están: ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!

El Gran Comedor estalló, una vez más, en aplausos y vítores. Jamie estaba muy sorprendida, e intercambio una mirada curiosa con Harry.

—¿Está un poquito loco, no? —preguntó de forma tímida al hermano de Ron.

—¿Loco? —dijo el chico con frivolidad—. ¡Es el mejor mago del mundo! ¿Papas, Harry?

Jamie parpadeó. ¿De dónde había salido toda esa comida? Jamie no tardó mucho en servirse aquel exquisito banquete. En casa de su tía, eso sólo se preparaba cuando iban amigos o gente importante. ¡Eso era un verdadero manjar!

—Por cierto —habló el chico pelirrojo, mirando a Jamie, que terminaba de servirse papas—, mi nombre es Percy Weasley, Prefecto.

—Muchos gusto Percy, ¿eres hermano de Ron? —Percy asintió, con una sonrisa bastante pomposa—. Soy Jamie Black, aunque creo lo sabes.

—En efecto, ¿eres amiga de Ron, no es así? —Jamie asintió. Ron los miró.

—¿De qué hablan? —tenía la boca llena y Jamie rió. Percy frunció el ceño—. ¿Qué?

—Nada Ron. ¿Me podrías pasar esa salsa de arándano, por favor? —Ron se apuro a pasársela, mientras todos comían. Jamie vio que Harry había atiborrado su plato con un poco de todo. Iba a hacer un comentario, pero una voz le ganó.

—Eso tiene muy buen aspecto —dijo con tristeza el fantasma de la gola, observando a Harry cortar su filete.

—¿No puede…? —preguntó Harry, preocupado.

—No he comido desde hace unos cuatrocientos años —dijo el fantasma—. No lo necesito, pero no deja de tener un aspecto exquisito.

—Es una pena —murmuró Jamie. ¡Qué horror ser un fantasma y no poder comer!

—No se preocupe señorita —sonrió, complacido por la atención—. ¡Oh, qué incorrecto! Mi nombre es Sir Nicholas de Mimsy-Porpimgton, a sus servicios. Soy el fantasma de la casa Gryffindor.

—¡Yo lo conozco! —Ron exclamó, contento—. ¡Usted es Nick Casi-Decapitado! Mi hermano Fred me ha hablado de usted.

—Preferiría ser llamado Sir Nicholas de Mimsy… —per fue interrumpido por Seamus, el chico de cabello color arena que estaba sentado al lado de Lavender.

—¿Cómo se puede estar Casi-Decapitado? —el fantasma, que sentía que su conversación se había arruinado, se molesto, adquiriendo un tono plata muy fuerte en sus mejillas, le pareció que se había sonrojado.

—Así —tiró de su cabeza, mostrando que todavía estaba unido por unos cuantos tendones. Jamie apartó la mirada a su comida. Había sido algo tan desagradable. El fantasma tosió y ella decidió voltear, nuevamente. Parecía haber recuperado su ánimo y dijo—: ¡Así que nuevos Gryffindors! Espero este año ganen muchos puntos, pues Slytherin lleva ya seis años ganando la copa de la casa. ¡El Barón Sanguinario se ha vuelto insoportable! Él es el fantasma de Slytherin —señaló con la cabeza a un fantasma con rostro severo y con manchas plateadas en la ropa. Parecía sangre.

El Barón estaba al lado de Malfoy, que parecía no disfrutar de aquella compañía tan sombría. Jamie sonrió.

—¿Por qué está lleno de sangre? —Seamus miró a Sir Nick.

—Nunca se lo he preguntado —contestó con delicadeza el fantasma.

Siguieron comiendo, y cuando desapareció toda la comida, aparecieron los postres. Jamie tomó su favorito: arroz con leche, aunque también pico de la mayoría de los postres. ¡Todo era tan exquisito! La comida tenía sabores tan deliciosos, se sentía llena pero no quería dejar aquellas delicias.

Jamie le estaba dando una probada a una tarta de zarzamora cuando la conversación se centro en las familias. Dirigió sus ojos a Seamus.

—Yo soy mitad y mitad —confesó muy entusiasmado Seamus—. Mi madre es bruja y mi padre muggle. Mamá no le dijo a mí padre que era bruja hasta que se casaron, papá se llevó una desagradable sorpresa.

Todos rieron. Jamie alzó una ceja, prestando atención.

—¿Y tú Neville? —Ron lo ánimo.

—Mi abuelo me crió y ella es bruja —Neville estaba algo colorado—, pero la familia pensó que yo era todo un muggle. Mi tío abuelo Algie se empeñaba en hacerme pruebas para que demostrara magia. Un día me tomó de los tobillos, y me soltó desde el techo de la casa, por error. ¡Fue un alivio que comenzará a rebotar caminó abajo! Mi abuela lloró de la emoción cuando se enteró que iría a Hogwarts.

—¿Qué hay de ti Jamie? —Seamus era el que había preguntado. Ella se ruborizó levemente.

—Bueno, mis padres eran brujos. Mi madre era hija de muggles y mi padre —se quedó callada. ¡La promesa! —, era de una familia de magos de bajo perfil

Todos parecieron satisfechos con esa respuesta y siguieron hablando. A su lado escuchó a Hermione hablando con Percy sobre las clases. Ignoró la conversación. Siguió comiendo, cuando escuchó a Harry gritar bajo. Lo miró preocupada.

—¿Qué paso? —le preguntó. Ron lo miraba nervioso.

—N-nada —le dirigió una sonrisa nerviosa. Jamie se mordió el labio—. ¿Quién está hablando con el profesor Quirrell? —preguntó Harry a Percy, Jamie dirigió la mirada hacía el hombre de turbante purpura. A su lado, un hombre de cabello largo, negro y grasiento, con una nariz ganchuda, charlaba con desagrado al del turbante. Los ojos oscuros del de negro se fijaron en ella, con desagrado.

—¿Ya conocías al profesor Quirrell? No es raro que parezca tan nervioso. El que está a su lado es el profesor Snape. Su materia es Pociones, y es un hombre un tanto desagradable. Sin embargo él quiere el puesto de Quirrell, ya sabes: Defensa Contra Las Artes Oscuras.

—¿Y por qué no le dan el puesto? —preguntó Jamie, aparatando la mirada de Snape. Percy sólo se encogió de hombros.

Finalmente desaparecieron los postres, y cuando todos estaban satisfechos, Dumbledore se levantó.

—Antes que nada, me gustaría hacer unos anuncios —Jamie, que había estado hablando con Seamus acerca de quidditch, se quedó callada mirando al director—. Los de primer año deben recordar que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos deberían recordarlo —los ojos de Dumbledore de fijaron en un par de gemelos. Jamie reconoció a uno de ellos.

—El señor Filch, el celador, me ha pedido que les recuerdo que está prohibido usar magia en los pasillos y en los recreos. Las pruebas de quidditch se realizaran las segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la profesora Hooch.

"Y por último, pero no menos importante, quiero recordarles que este año, el pasillo del tercer piso, de lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.

Tanto Jamie como Harry tuvieron un amago de sonrisa, que se apagó al ver la seriedad en los rostros de los demás.

—¿Lo decía enserio? —murmuraron a Percy.

—Eso creo —Percy parecía ofuscado—. Dumbledore rara vez dice el motivo por el cual no debemos acercarnos a lugares. El Bosque Prohibido, por ejemplo, está lleno de criaturas peligrosas, todos lo saben, pero aun así. ¡Era algo que debió habernos dicho!

—¡Y ahora, antes de irnos a dormir, cantaremos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore. Jamie notó que algunas sonrisas de los profesores eran forzadas.

Dumbledore agitó su varita y apareció la letra de una canción. Dumbledore les dijo que podían usar la tonada que quisieron y entonces, con un movimiento de varita, todos comenzaron a cantar.

Jamie no sabía qué hacer no cómo cantar. Así que siguió el ritmo fúnebre de los gemelos. Se reía, no podía negarlo, mientras cantaba y cuando finalmente terminó, tanto ella como los gemelos fueron los últimos. Se fijo en ellos, y uno de ellos le sonrió, divertido.

—¡Ah, la música! —Dumbledore se enjuagó algunas lágrimas—. ¡Una magia más grande de la que hacemos aquí! Bueno, a la cama. Salgan al trote.

Percy, que era el prefecto, los condujo hacía la salida, mientras salían los Slytherin, los Ravenclaw, los Hufflepuff y por último ellos. Cada fila de alumnos se dirigía a distintos lugares. Jamie sentía que le pesaban los pies del cansancio.

Subieron por unas largas escaleras que cambiaban de lugar, Percy les dijo que el castillo se movía constantemente y que era muy fácil perderse por este motivo. Caminaron por algunos pasillos, muchos bostezaban cansados, y Jamie, que estaba entre Ron y Harry se preguntaba cuándo llegarían, hasta que se detuvieron súbitamente.

Jamie alzó la vista y vio unos bastones flotando y como estos caían sobre Percy. Suprimió una risita.

—Peeves —susurró Percy a los de primer año—. Es un duende, lo que en las películas llaman poltergeist. —Alzó la voz—: Peeves, aparece.

Omo respuesta se escuchó un ruido fuerte y grosero, como quien desinfla un globo.

—¿Quieres que vaya por el Barón Sanguinario?

Un chasquido un hombrecito de ojos oscuros y perversos y una boca ancha se apareció, flotando en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastiones.

—¡Ooh! —dijo con una voz aguda y molesta— ¡Los horribles novatos! ¡Qué divertido!

Se lanzó contra ellos y se agacharon rápidamente.

—¡Largo Peeves, o le llamaré al Barón Sanguinario! —eso fue suficiente, pues el hombrecito saco la lengua y desapareció, pero antes, le arrojó a Neville un bastón en la cabeza—. Deben ser cuidadosos con Peeves, sólo el Barón Sanguinario lo puede controlar, no respeta a nadie más.

Al final del pasillo había un retrato, en donde se encontraba una mujer gorda, con un vestido de seda rosa.

—¿Santo y seña? —preguntó.

—Caput draconis —dijo Percy y el retrato se balanceó hacía adelante u dejó ver un agujero redondo en la pared. Todos se amontonaron para pasar, y al cruzar, vieron la Sala Común de Gryffindor.

Era un lugar amplio, con sillas, mesas, sofás… un lugar muy cómodo y grande. Pero Jamie estaba tan somnolienta que no podía pensar muy bien. Sólo quería dormir. Percy condujo a las mujeres hasta unas escaleras de caracol, y señaló que arriba estaba su dormitorio.

Jamie, Lavender, Parvati, Hermione y una chica más, subieron por las escaleras, con sueño.

—Me preguntó si nuestras cosas ya estarán allá —al abrir la puerta, la respuesta llegó. Frente a cada cama estaban los baúles y pertenecías de todas. Nox, la lechuza de Jamie, abrió un ojo, pero no hizo más.

Las cinco chicas se cambiaron de ropa, se dieron las buenas noches y se acostaron a dormir. Mañana sería un gran día. Jamie se sentía tan contenta, pues estaba en la casa de su padre.