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Historia 64438 — capítulo 3

Dormía o eso trataba. Sudaba frío y se revolvía en la cama, tratando de comprender por qué soñaba con lo mismo, repetidas veces. Ladeó la cabeza hacia su viejo reloj de mesa y se percató de que apenas eran las nueve en punto. No podría dormir, aunque lo deseara.  Ese recuerdo lo perseguiría por siempre. El día de la muerte del esposo de Lily Evans. Solo había podido salvarla, convirtiendo su alma en piedra. Ocultando su cuerpo en el castillo y esperando que un verdadero amor, pudiera regresarla a la vida. Él ya no podía. Él la había tracionado y había invocado el hechizo, sobre ella. La había atrapado en sí misma, esperando que Harry pensara revivirla. Ansiara encontrarse con ella. Pero no podía pedírselo así como así. No. Además podía ocurrir que al revivirla, nada tuviera sentido. Que ella no qusiera verlo y que fuese su fantasma, quien acosara sus noches y sus días. Para siempre. — Lily...— susurró a la nada en su mazmorra. ¿Qué podía hacer, para convencer a Potter de asentir a su petición? ¿Cómo decirle que tenía a su madre, convertida en una estatua y que necesitaba de su sacrificio, para devolverla a su estado natural? Sentía miedo de solo pensarlo. Caminó entonces, por los pasillos. Era hora de cenar, pero no tenía apetito. Ni sueño. Solo tenía deseos de cumplir su palabra. Reunirla con su hijo y desaparecer. — Potter tiene que escucharme. Potter debe saber la verdad y... — Creo que se parece a mi madre— escuchó y se detuvo en el pasillo. Harry habalaba con su amiga, Granger. — ¿Y es una mujer de mármol? — Sí. Snape la guarda detrás de los pasillos, en una especie de jardín. Se nota que nadie lo visita. Las plantas han crecido mucho y sirven como escondite. Hay una fuente en el medio y está lleno de musgo por todas partes. — ¿Cómo sabes eso?— preguntó ella con una expresión de sorpresa y Harry meditó en silencio. ¿Cómo sabía eso? Él ya... ¿Había estado oyendo lo que había dicho, sobre su sangre? ¿Podría haberse vuelto su misión, lo más sencillo posible? ¿Cómo lo convencería de que era su madre y que le debía su sangre, para volver a respirar. Creería que era un asesino y que la había capturado; para hacerla sufrir. Para acabar con ella en cuanto reviviera o entregársela a su señor. Jamás podría hacer algo como eso. Él creía que ella estaba muerta y enterrada. — Estaba pasando por allí y lo oí. Hablaba suavemente, decía palabras dulces y sostuvo su mano de mármol. Hablaba de convencerme de entregar un poco de mi sangre, para traerla a la vida. — Harry, tienes que tener cuidado. Quizá al profesor Snape, no le gustaría que espiaras sus asuntos. — ¿Qué esperabas? Yo no le dije que guardara sus estatuas allí. Además, si es una mujer atrapada, será su culpa y podría estarla lastimando. Podría matarla luego de traerla a la vida. Quizá es un trabajo que Voldemort le encomendó y quiere mi sangre para conseguir algo, a través de ella.  Paranoide, pero no tanto. — Harry por dios. ¿Olvidas que el profesor Snape es un profesor de Hogwarts? No creo que necesite ocultar aquí, sus pertenencias "peligrosas" — Crees muchas cosas y no crees que él es un espía. Qué cosas. Siempre dices porque no ves lo mismo que yo. Él me odia y no desaprovecharía una forma de destruirnos. A todos y a cada uno — Ay Harry, quizá eres tú el que enceguece. ¿Cómo podría pedirlo si...? — ¡Profesor Snape!— dijo Hermione, cuando casi chocaba con él mientras caminaban. ¿Por qué parecía nervioso?