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Historia 64438 — capítulo 4
Hermione miró a Snape con sorpresa, pero el profesor no se había fijado en ella precisamente. No, se estaba fijando en Harry Potter y en su mirada rabiosa. Siempre era igual. ¿Cómo le iba a pedir semejante cosa? Un poco de su sangre. — Potter. ¿Podemos hablar? ¿A solas? Eso sonaba bastante mal. Hermione asintió, colocando una mano sobre el hombro de su amigo y con una sonrisa, despidiéndose del joven muchacho de gafas y negro cabello. Harry caminó detrás de Snape, tratando de seguirle el paso. ¿Qué era aquello tan importante, que tenía que revivir? — El motivo por el que necesito conversar contigo, Potter, es bastante sencillo por lo demás. Necesito su ayuda y por mucho que deteste decirlo, usted es el único que podría realizar esta tarea. Allí venía el momento donde le diría que necesitaba su sangre. Que necesitaba sacrificarse. — No lo haré. No haré nada que tenga que ver con revivir algo o matar a alguien.— se le escapó y Snape lo miró con sorpresa. ¿Había dicho algo al respecto? Pero Harry ya estaba en conocimiento y a la defensiva. Severus sonrió suavemente y llamó a su calma. Que tenía que atender el asunto con su mejor disponibilidad o no funcionaría. — Yo no voy a asesinar a nadie. Pero si voy a traer a alguien a la vida. Precisamente, Potter. — Pues no lo hará con mi sangre.— le comentó Harry, con un tono de voz agresivo. Severus continuó. — ¿Todavía no te das cuenta de quién es, verdad? Porque si sabes todo eso, asumo que ya la viste. Ya sabes dónde está. No podía mentir, tuvo que asentir y Severus sonrió suavemente. Con una inspiración profunda, se preparó para decirlo. Tenía que hacerlo alguna vez. ¿Por qué no? — Es su madre, Potter. La mujer que está convertida en una estatua sólida, es su madre. Harry lo miró con sorpresa. Bromeaba. Tenía que estar bromeando. Aquella mujer no era su madre. ¡No podía ser su madre! — Ella no es mi madre. Es parecida, pero... Snape no dijo nada más. Tampoco esperaba que él le creyera una sola de sus palabras, en cuanto lo dijera. Con una sonrisa suave, continuó caminando hacia el mismo lugar. Hacia la misma fuente que había visto antes. En la misma que había estado Snape antes. Se detuvieron justo a la estatua y Snape, colocó una mano sobre uno de sus hombros. Harry apenas alzó la mirada. — Mírala bien, Potter. Detalladamente. ¿Parece que miento? — De usted puedo esperar cualquier cosa. — ¿Y entonces por qué no lo comprueba? ¿Por qué no coloca un poco de su sangre en la poción y lo comprueba? Harry miró detalladamente, a la figura que en sí, era idéntica a su madre. Negó con la cabeza, varias veces y Snape volvió a respirar. ¿Cómo lo consegiría? ¿Obligarlo? Lo torturaría entonces con palabras. — ¿Acaso no quiere saber qué es lo que su madre, tienen para decirle? ¿Poder tocarla? ¿Abrazarla? Piénselo, Potter. Piénselo muy bien. Ya tiene quince años, en este estado. No durará mucho. Eso más bien era para sí mismo. Harry lo miró por unos minutos y meditó. ¿Podía ser ella, su madre? ¿Podría conocerla, luego de tantos años? Estaba encerrado. En una trampa sin salidad. — ¿Dónde está la pócima, profesor Snape? Severus sonrió, triunfante. Aquella noche, podría volver a verla. Podría decir tantas cosas. — Está dentro de mi despacho. Ya está lista, solo falta su sangre. Quedan tres días para que se pudra. Harry asintió en silencio y Snape caminó de regreso a su despacho, junto a su estudiante, por supuesto. Con una nueva sonrisa sobre sus labios, le mostró el pequeño tubo de ensayo y un pequeño pedazo de vidrio. — Solo un poco. Tampoco necesito que te desangres, Potter. Harry miró el vidrio. Aún podía tratarse de una trampa, de un engaño. Inspiró y colocó la punta sobre su palma, cuidadosamente. Hizo un pequeño corte y apretó su piel, para que cayeran unas cuantas gotas, sobre aquella pócima. La misma, hizo una pequeña explosión y terminó del mismo color que su propia sangre. Severus la tomó y la selló cuidadosamente. Algo de él, parecía distinto, fuera de sí y su personaje. Harry no se preocupó por avergiuarlo, su corazón estaba apertrechado entre sentimientos distintos. Estrecho. Regresaron al mismo lugar y el profesor de pociones, destapó el pequeño tubo de ensayo, dejando caer dos gotas sobre las manos de su madre. Dos sobre sus labios y una más sobre su frente. Por un momento, nada ocurrió. Por un momento, Harry se sintió estúpido. Mirando caer las gotas de sangre, mientras se deslizaban por el cuerpo de mármol de la que parecía ser su madre. Y por un momento lo habría pensado, de no haber sido porque la misma había comenzado a moverse. Como si la tierra temblara. Se rompía en miles de pedazos que caían muy cerca de sí. Tuvo que cubrirse el rostro, cuando cantidades anormales de polvo, brotaban de aquella estatua de tamaño real. Luego de que dejó de escuchar los trozos de mármol y las piedrecillas, comenzó a quitar las manos de su rostro. Estaban tan blancas como cualquier fantasma que hubiera visto antes. Pero frente a él estaba otra cosa. Una mujer, de pie, con los ojos abiertos y observando a su alrededor. Esos ojos verdes. Era su madre. — ¡Evans!— soltó Snape de pronto y Harry ladeó la cabeza hacia su profesor de pociones. ¿Qué le había hecho a su madre? Pero incluso, antes de saberlo, notó que el cuerpo de su madre se iba hacia un lado. El mismo lado donde su profesor, estaba parado. Cayó como un peso muerto, mientras Snape trataba de sostenerla. ¿Estaba muerta? Hola chicus. Les tengo que contestar. Espero que les guste este capítulo y les mando muchos saludos y besos. Se les quiere mucho. Gracias por todo =D.