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Las debilidades de un Gryffindor — capítulo 2
Umbridge se acercó hasta donde estaba Snape para darle algunas indicaciones, mientras que el hombre oía sin atención, mirando a la joven. Umbridge pudo notar que este no le prestaba atención.
— ¿Acaso me está escuchando?- preguntó irritada.
— La escucho Umbridge, pero no oigo nada nuevo en lo que me dice. Sé lo que tengo que hacer- dijo con cierta malicia.
— Bien, usted debe cuidar la seguridad de la señorita Granger y espero por su propio bien, haga su trabajo. No soy la única que aún tiene sospechas de usted.
El hombre dio la media vuelta como de costumbre. Dejando a la mujer con las palabras en la boca. Caminó hasta donde Hermione permanecía estática y la tomó salvajemente del brazo. Hermione apenas reaccionó, estaba sumida en la culpa que le provocaba no haber delatado a aquel hombre. Pero tenía fuertes intenciones para no delatarlo, en verdad las tenía.
Caminaron por los pasillos del ministerio mientras los ahí presentes, murmuraban a su paso.
— Ella defiende al asesino de Potter- alcanzó a oír.
Eso la entristecía lo suficiente para perder noción de por donde caminaba, pero volvió en sí para encontrarse al lado de quien fuera su profesor de pociones. Era incómodo y molesto el silencio del camino, ambos tenían preguntas que hacer al otro, pero tendrían que responderse primero las que ellos mismos tenían para sí.
¿Por qué no lo dijiste?
Caminaron un poco más, dieron la vuelta a la esquina pasando por estrechos callejones solitarios en los que sus cuerpos se acercaban al otro naturalmente. Snape miraba constantemente hacia todos lados y Hermione tan solo le seguía los pasos sin darse cuenta.
- — Llegamos— dijo Snape, interrumpiendo sus pensamientos.
El ministerio de magia había decidido que la mejor seguridad que la joven tendría, seria no solo al lado de Snape que había estado en el momento del asesinato e incluso habría podido protegerla, si no que además seria más seguro cuidar de ella teniéndola cerca. Y qué mejor que la casa del profesor para ello.
Abrió de golpe la puerta entrando él primero y apuntando con la varita para iluminar la oscura casa llena de polvo por todos lados y con escasos muebles. Uno o dos libreros llenos de pastas atractivas que daban color a la sala y tan sólo un sillón. Un sólo sillón.
Hermione por su parte, miraba interesada todo cuanto había ahí. Prestaba atención a los detalles, intentando descifrar en dónde estaba.
— Esta es mi casa. Según Umbridge, es el lugar más seguro para usted hasta que avancen las investigaciones.— dijo Snape al notar la inquietud de la joven.
Ella quiso decir tantas cosas, pero tan solo atinó a mirarlo con cierto odio. Pero finalmente ¿Contra quién era el odio? ¿Contra ella por no declarar o contra el?
Snape noto el silencio, pero tampoco intentó hacer nada. Con un ademán, le indicó que podía sentarse ella en el sofá. Hermione no dijo nada una vez más, y era que, ¿Qué era lo que podía decir en esa situación tan nueva? Dio la vuelta para sentarse. Pero era tanto su odio y el enojo que sentía, que las piernas le temblaban y cerraba los puños para contenerse. Pero no pudo más.
— ¿Como es que puede estar tan tranquilo?— dijo molesta.
— Del mismo modo en que usted puede estar en silencio—respondió
La manera en que respondió aquel hombre, no pudo más que molestarla, se acercó más hasta él y le apuntó con su varita.
— ¿Por qué sigue tan tranquilo? Debería matarle en este mismo momento.
— No lo harás, no podría. No me delatastó antes- hizo una pausa cuando la mano de Hermione se fingía mas firme y dispuesta a actuar— porque usted me tiene miedo.
Hermione tembló ligeramente, ante aquellas palabras y respiró agitadamente.
¿Tenerle miedo? ¿Por qué le tendría miedo a una persona como él?
Quizá porque él era capaz de matarla. Como había hecho con su amigo.
Que seguía muerto y ella, estaba mirando al rostro de su asesino. Lo había perdonado de una forma tan triste.
—Yo no le temo en lo más mínimo, profesor Snape.
—Pero no quisite…
—Porque le tengo lástima y cuando uno le tiene lástima a alguien, solo permite que se pudra en su rabia. En su tristeza y en su dolor.
—Sabias palabras para una niña que apenas se ha graduado y que ya no tiene defensores. No deberías hablar con tanta seguridad, estando frente a alguien que tiene más años que tú en el negocio.
Hermione se mordió el labio y se dijo, que los problemas recién comenzarían y ya estaba arrepintiéndose de no haberle delatado en medio de aquel salón, en el que se habían congregado.
— Ahora tiene que obedecerme, señorita Granger. Pues, yo soy su guardaespaldas y usted, solo hará lo que yo digo. ¿Qué otra opción tiene?