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Las debilidades de un Gryffindor — capítulo 5
Hermione despertó aquella mañana nublada, con la sensación de que había dormido mal. De que estaba durmiendo en una especie de castillo, de una prisión. Un extraño aroma provenía del piso inferior. Considerando que estaba tras una trampilla, detrás de un librero, con unas pequeñas escaleras. Bajó lentamente y se preguntó, cómo se abría ese dichoso librero. Bueno, quizá si le daba unos suaves toques. Si le daba un golpe con un pie.
Pero no se abría. Y Snape que estaba en la cocina, escuchó un golpeteo tras las paredes. Sonrió sardónicamente, imaginándose lo que estaba sucediendo. Claro, Hermione tratando de salir del librero. Qué tonta era. Qué poco inteligente se había vuelto ya, con todo lo sucedido. Alzó la mirada a un viejo libro en cuanto llegó allí y lo movió suavemente. El librero cedió sin queja alguna y la dejó salir.
Se fue hacia adelante, de forma estrepitosa. Severus continuó sonriendo ligeramente, mientras devolvía el libro a su lugar y se limpiaba uno de sus dedos. En verdad necesitaba limpiar un poco.
— Buenos días, señorita Granger. Su desayuno está servido desde hace un tiempo. Imaginé que algún día se despertaría. Subí varias veces, pero creo que no tuvo sentido. Comprenda, estas no son unas vacaciones.
— No. Unas vacaciones no se compararían con algo como esto. Esto es más bien; una prisión. Una cárcel.
Snape ignoró el comentario y mucho peor, le pareció un halago. Regresó a sus labores, a la cocina. Ella caminó detrás de él y miró el desayuno. Al menos lucía comestible. Sonrió con ironía, al imaginarse a Snape tratando de envenenarla. Seguramente eso sería lo primero que haría, si se sentía amenazado por ella. Capaz de denunciarlo, de regresarlo a prisión, él podría asesinarla. Él solo pensaba en sí mismo.
— Será mejor se lo coma o terminará más frío de lo que ya seguro está. Le recomiendo que acabe pronto, porque tenemos muchas cosas que hacer.
Hermione se había llevado el tenedor a la boca y antes de masticar, pensaba preguntar "qué", pero Snape se le adelantaba y suspiraba en silencio.
— El funeral de Potter. ¿Lo recuerda?
Claro, el funeral de su amigo. Aquel donde su asesino iba a estar presidiendo y su cómplice, osea ella, escuchando y viendo. No podía sentirse peor, ya por el solo hecho de no haberle delatado frente al ministerio. Lentamente, continuó con el desayuno, esperando que alguno de esos huevos y ese cereal, estuviera caduco.
Al terminar el desayuno, se dio cuenta de que Snape sostenía una gran cantidad de papeles, entre sus manos. Se preguntó qué era todo eso, pero su mirada curiosa, le dio la idea de que Hermione la "sabelotodo" querría averiguar.
— Documentos sobre Potter. Su cámara en Gringotts, su "testamento" y todo eso.
— ¿Harry dejó un testamento? ¿Cómo? Usted lo mató antes de haberle dado tiempo siquiera, de escribir sus memorias.
— Estas memorias, no las escribió Harry Potter. Señorita Granger— dijo Snape con cierta indiferencia y Hermione parpadeó sorprendida. ¿Realmente, hablaba enserio? No podía usar su muerte para sus beneficios ¿o sí?
Antes de contestarse, lo miró caminar hacia la puerta y abrir una de las cortinas para mirar en dirección a la calle. Con una sonrisa suave, se dio la vuelta y Hermione por instinto, sostuvo su varita entre sus manos.
— Andando. Tenemos mucho que hacer.
Hermione no dijo nada y no tuvo otra opción que asentir. No podía defenderse contra una persona mágicamente, mucho más apta que ella en algunos términos. Como por ejemplo, en combate.
Aunque podía dar pelea. En el ministerio ya se lo había demostrado a Bellatrix. Y no le temía a Snape. No más de un poco.
Estaba furiosa por su mejor amigo. Por su amigo que acababa de morir.
— ¿A dónde vamos?
— No sea tonta. Sabe a dónde vamos.
Nunca antes, había estado en un funeral mágico. Era lógico que preguntara. Snape soltó un gruñido, incómodo.
— Lo sabrá cuando llegue. Ahora, camine y manténgase cerca de mí.— Severus sustrajo un viejo pedazo de papel— diga esta dirección en voz alta. Usted ya, imagino, tiene conocimientos de apariciones y no necesita que tome su mano ni algo de ese estilo. ¿No es así?
Asintió con incomodidad y Snape hizo lo mismo. Asentir. Extendió el trozo de papel, viejo y amarillento.
¿Por qué si Harry Potter había muerto recientemente, lo conservaba tanto tiempo? Curioso.
— Lista o no, tenemos que irnos ya.
No podía imaginar qué iba a suceder en ese preciso momento.