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Las debilidades de un Gryffindor — capítulo 4

Snape dio media vuelta sin decir más. Eso habría sido mucho para la pequeña Hermione, porque así la seguía viendo él. Como una pequeña. Y más ahora que estaba graduada, que había perdido a su amigo Potter y que se encontraba allí junto a el, en su casa.

Hermione  apenas dio un paso y la madera rechinó. Sin duda ese lugar habría estado inhabitado quizá por años. No encontraba alguna lámpara que sirviera para alumbrarla y encendió su varita, para encontrarse con algo peor que toda la casa.

-¡Por Merlín! Como pretende que pueda dormir aquí adentro- exclamó con sorpresa.

Era un cuarto obscuro y reducido que parecía había sido utilizado en su tiempo de vida útil como algún estudio y ahora era tan sólo una bodega. En el fondo del cuarto; había una pequeña cama la cual estaba tapizada por una cómoda lisa de color negro, para variar. Que a diferencia del cuarto estaba limpia. La cama parecía recién hecha y cálida. Del otro lado del cuarto había un sin fin de libros y una mesilla de madera bastante antigua junto a una silla, pero Hermione desistió de su curiosidad y ladeo la cabeza hacia la cama.

Una vez más tenía razón Snape. Ella estaba muy cansada, necesitaba descansar. Solamente atino a tirarse y quedar encogida dentro de la cama. Sus ojos se cerraron, tenía tantas cosas en que pensar que ni siquiera podía contemplar la idea de dormir un poco.

Pero eso le preocuparía después, ahora tenia que dormir.

Y en esa casa sucia e inmensa, se oía un silencio que le llenaba el cuerpo. El asesino de su amigo acercándose. Snape desafiante con su varita, quería matarla y no dudaría en hacerlo, tenía que aprovechar y terminar con la única testigo. De una vez por todas.

El cuerpo de Hermione tembló al verlo en la puerta con su varita apuntándole, acercándose cada vez mas con esa cara dura y tenebrosa, se recogió entre sus sábanas, pero el se acerco más. Hermione  sudaba, sabía que ese sería su fin, que debió haberlo delatado antes en aquella sala, que hubiera sido preferible vivir con la culpa de haber matado a un hombre que el no haber vivido. Porque ahora ella estaba con ese  nuevo menester: el de vivir. Una vida fuera de Hogwarts, una vida real fuera de casa. Una vida sola y nueva sin nadie más ahora que Severus Snape.

Él la miro entonces, con un poco de piedad, sin decir nada. Visto que sus gestos lo decían todo. Él quería limpiar su propia culpa y olvidar que había asesinado a Potter… pero ahí estaba Hermione… aún.

Sus labios se despegaron para lanza las peores palabras… ese era el fin.

-Avada…

Un grito ahogó el silencio de la sala donde se encontraba, despertó… todo había sido un mal sueño…¡Por fortuna!

Sudaba en frío y no podía volver en sí. Había sido la peor pesadilla de su vida, el peor de sus temores, lo que más le aterraba. Snape asesinándola.

Suspiró para relajarse, pero parecía aun muy nerviosa. Sus piernas no le respondían y temblaba en la oscuridad.

Escuchó un golpe en la puerta, que la estremeció ¿Y si sus "sueños" se hacían realidad? Había aparecido, el rostro pálido de su profesor, iluminado por la luz de su varita.

-¿Pero qué demonios le ocurre, Granger?- arrojó mientras se acercaba hasta su cama.

-Discúlpeme.. señor… no era mi intención despertarlo- dijo agitada- tuve una horrible pesadilla.

Snape la miro, iluminándose con la sonrisa más sarcástica y soltó una carcajada.

-¡Ja! Ya veo que es lo que pasa, no solo tengo que cuidar de Granger y defenderla de un asesino ficticio si no que también debo de velar por sus sueños y asistirla en las noches.

Hermione lo miró con odio y fue entonces hasta que reaccionó. Quizá tenía razón. Una vez más. Ella aún tenía muchos miedos y era lo menos a esperarse estando dentro de la misma casa que un asesino. Un asesino inhumano.

Por un momento inclinó la cabeza sin decir nada, quizá era lo mejor, quizá así él se iría y entendería lo que es obvio pero era suficiente. Él la había humillado tantas veces que no tendría porque permitirle una vez más.

Levanto la mirada y replicó.

-No hay necesidad profesor, puedo sobreponerme a las cosas más fácilmente.

¿Qué quiso decir con eso? ¿Qué el no podía?

Esas palabras lo trastocaron. Era verdad, finalmente el no había logrado nunca superar su odio ya sea a Sirius, Lupin, Harry o todos en Hogwarts hasta incluso ella, que en especial se había convertido en la pesadilla de Gryffindor.

-Sus palabras me conmueven Granger, tal parece que ha aprendido bien los valores de Gryffindor.

-Y veo que usted jamás corregirá los suyos.

Snape ladeó la cabeza con hastío. Seguir aquella conversación a media noche, que solo le molestaba. No era algo que realmente le interesara.

-Veo que está bien, pensé que escaparía de no soportar la culpa, de no delatarme.

Hermione era sensata, era irritante incluso para ella seguir con eso. La visita de Snape la había alejado de sus preocupaciones. Podría dormir relativamente en paz.

Bajó de nuevo hasta su cama y se cubrió el cuerpo con las sábanas.

-Puede retirarse, puede ir a planear la manera de fastidiarme el día de mañana.

Snape comprendió y no dijo nada más. Por primera vez algo le remordía la conciencia. Quizá ella tenía razón. El estaba en deuda con ella finalmente. Ella no lo había delatado; prácticamente le había salvado la vida. Con un gesto de odio, dio a entender:

La sabelotodo tenía razón. También ella.

-Disculpe... entonces- dijo para sí mismo, entre sus mismos labios, con un susurro forzado, mientras salía de la sala y sellaba el librero.

¿Disculpar? ¿Había oído bien?