Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← A la Fuerza · de

A la Fuerza — capítulo 4

Capitulo 4

—¿Tienes alguna idea por la que estás aquí, Granger?— preguntó Draco repentinamente con sus ojos clavados en ella.

—No — le respondió ella.

—Estás aquí para convertirte en mi esposa.

Los ojos de la castaña se abrieron desmesuradamente mientras sentía que su corazón comenzaba a latirle con fuerza. ¿Convertirse en su esposa? No podía ser, ella estaba casada con Ron, ella era la señora Weasley. Ella amaba a su esposo, no podía dejarlo.

—Estas loco. No voy a dejar a Ron. No puedes obligarme. Él es mi marido.

Draco la lanzó sobre la cama de la habitación y se puso sobre ella.

—Vas a hacer lo que yo te diga, Granger, de lo contrario las consecuencias para tu familia van a ser desastrosas.

—¿Qué quieres de mí?— Hermione lo miraba con terror. La estaba lastimando los brazos, ya que los tenía atados a la espalda y él estaba sobre ella.

—Vas a firmar el divorcio, vas a abandonar a tu familia y te vas a quedar aquí conmigo.

—No me pidas esto, por favor. No me obligues a renunciar a mis hijos.

—No tienes otra alternativa.— Draco se levanto de encima de ella y la ayudó a levantarse.

—¿Por qué me haces esto, Draco?

—Me juré a mí mismo que algún día me vengaría por todo el daño que me hiciste y ahora ha llegado el momento.

—Pero de esto hace más de veinte años, ¿por qué ahora? Tu rehiciste tu vida con Astoria y yo seguí con la mía, nuestros caminos se separaron hace años, no entiendo porque estás haciendo esto.

—Nuestros caminos se volvieron a unir el día en que mi esposa murió. Ella era la única que me alejaba de ti, la amaba incluso más de lo que te amo a ti, pero ella ahora no está y ahora tengo la oportunidad de retenerte a mi lado y hacerte mía para siempre.

—Ya es demasiado tarde para esto, Malfoy. Mi vida la he dedicado a Ron y a mis hijos y no voy a renunciar a ellos.

—Entonces has firmado su sentencia de muerte. Creo que no te has dado cuenta de tu situación, Sangre Sucia. Estás en mis manos, puedo hacer contigo lo que se me dé la gana. ¿Y aún así te atreves a hablarme como lo haces?

Hermione lo miró temerosa.

—¿Qué es lo que quieres que haga exactamente?

Draco sonrió. Ella parecía comprender todo a la perfección mucho antes de que él se lo explicara. No podía esperar menos.

—Lo que quiero es muy simple.— dijo mientras caminaba lentamente hacia ella, sin despegar ni un segundo sus ojos grises de ella. - Quiero que de ahora en adelante, tu cuerpo sea único y exclusivamente puesta en mí. Vas a ser mi esposa por el resto de tus días, sin atreverte a traicionarme, ni mucho menos pensar en escapar. Tu vida no tiene por qué ser difícil mientras estés bajo mi protección, que es lo que pienso brindarte si de ahora en adelante cumples todas mis órdenes.

—Haré lo que tú quieras, por favor, no hagas daño a mis hijos ni a Ron.

Draco esbozó una sonrisa perturbadora. La tenía en sus manos, no podía creer lo fácil que había sido. Él se ganaría su confianza, la engañaría, le haría creer que le debía hasta el aire que respiraba para utilizarla a su antojo. Después, solo eliminaría de una vez por todas a ese idiota de Weasley y ella sería suya.

—Esto está mejor, Granger.— le dijo él mientras se acercaba un poco más a ella y se sentaba sobre el colchón a su lado.— Vas a ver como las cosas mejoran poco a poco. Solo tienes que obedecerme y nada les pasará a ellos.

Draco sacó su varita y apuntó a las cuerdas que la sujetaban con firmeza y se las quitó y le acarició el rostro con suavidad. Hermione dejó que lo hiciera, pero por dentro se quería morir, tenía que hacer lo que él le dijese por el bien de su familia. Iba a convertirse en la esposa de un mortífago y abandonaría al hombre que amaba. Gruesas lagrimas empezaron a resbalar por sus mejillas, mientras el rubio se separaba de ella y una sonrisa de triunfo se grababa en su rostro al ver el sufrimiento de ella.

Draco caminó hacia la puerta y en el umbral le dijo:

—Vas a quedarte encerrada aquí por un tiempo, hasta que yo haya hablado con tu querido marido. No hagas ninguna tontería, porque lo vas a lamentar.

Hermione se quedó sola en la habitación y escuchó como Draco la encerraba mediante magia. Estaba atrapada y solo podía esperar su muerte. Se dejó caer sobre la cama y dejó que el llanto la dominara por completo. No podía creer lo que le estaba pasando, quería que fuese una pesadilla y que al despertar se encontrase en brazos de Ron.

Había olvidado por completo la aventura que había mantenido con el Slytherin. No recordaba por que se había liado con Draco Malfoy estando ella saliendo con Ron. ¿Qué había pasado para que terminaran juntos? Recordó su último año en Hogwarts. Harry y Ron habían decidido no acabar sus estudios. Harry porque le habían dado un empleo como auror en el Ministerio y Ron había cogido el relevo de su hermano Fred, que había fallecido en la Batalla de Hogwarts, al frente de la tienda de artículos de broma Sortilegios Weasley.

Ella había sido la única que había decidido acabar su formación y seguir con sus estudios. Ese año la habían nombrado Premio Anual junto con Draco Malfoy. No había entendido porque se lo habían otorgado a un ex -mortífago, pero así era y tuvo que aguantarse, no sin antes quejarse de ello a la profesora McGonagall.

La relación de ambos resulta ser de lo más cordial. Él ha cambiado. Sigue siendo arrogante y presumido, pero su actitud hacia los Sangre Sucia ya no es la misma, es más tolerante y eso le gustó. La convivencia en la torre de los Premios Anuales era normal. Casi no coincidían, ya que ella se pasaba la mayor parte del tiempo en la biblioteca estudiando y él se dedicaba al Quidditch y a hacer los deberes en la torre, para cuando la castaña regresaba allí, él ya dormía.

El primer trimestre transcurrió rápidamente y poco antes de Navidad, la directora les comunicó que se celebraría el Baile de Navidad y que los Premios Anuales debían asistir como pareja de baile. Por una parte Hermione se alegró de que así fuese, ya que no tenía ganas de buscar pareja, pero por otra, ser la pareja de Draco Malfoy la ponía muy nerviosa. Hacía unos días lo había sorprendido observándola en la biblioteca y cuando ella lo había mirado él le había sonreído. El corazón de la castaña había dado un vuelco y había sentido como si mil mariposas aleteasen en su estómago.

El día del baile llegó y mientras se arreglaba en su cuarto no podía quitarse de la cabeza al Slytherin con el que compartía la torre. A la hora acordada ella bajó hasta el vestíbulo y allí se encontró con Draco, vestido con una espléndida túnica de gala en color negro. Llevaba el cabello echado hacia atrás y le sonreía seductoramente, mientras ella se le acercaba con la cara sonrojada.

Como era tradición, los Prefectos y los Premios Anuales abrieron el baile. A medida que la noche avanzaba, la castaña iba sintiendo como la atracción y el deseo aumentaban entre ella y Draco. Sin darse cuenta se encontró en los oscuros jardines, de la mano del rubio, para terminar en su cama. Había sido la noche más maravillosa de su vida y daba gracias que ya no era virgen, porque no sabría como explicárselo a Ron, aunque esa noche no pensó en el pelirrojo ni un solo momento. Solo estaban ella y Draco.

Desde ese día, los encuentros clandestinos entre ellos se sucedieron durante todo el segundo trimestre, pero los remordimientos y el malestar al pensar en lo que le estaba haciendo a Ron no la dejaban tranquila. Poco antes de las vacaciones de Pascua, ella decidió terminar con la relación y él no se lo tomó demasiado bien.

Cuando terminaron el colegio, ella pensó que ya no tendría que cruzarse con las ardientes miradas del Slytherin, pero se equivocó. Ella entró a trabajar en el Ministerio de Magia, en el Departamento de Regulación yControl de Criaturas Mágicas, para mejorar las condiciones laborales de los Elfos Domésticos. Y poco tiempo después Draco Malfoy ingresó en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Se veían diariamente, pero ella intentó ignorarlo cada vez que se cruzaban por los pasillos.

Recordaba que en un par de ocasiones Draco se las había ingeniado para encontrarse a solas con ella e intentar seducirla de nuevo, pero siempre había alguien que la sacaba del aprieto, y daba gracias a Merlín por ello. No quería ni pensar en lo que podría haber pasado si los dos llegaban a liarse de nuevo. Al cabo de unos meses, en el Profeta sale el anuncio del compromiso matrimonial de Draco Malfoy y Astoria Greengrass, la chica que trabajaba en el mismo departamento que el Slytherin.

La última vez que sabe algo de Draco, es en la boda de Harry y Ginny, donde él acude con su prometida. La pareja se muestra muy enamorada y ella se siente aliviada de que al fin hubiese encontrado a una persona que lo amase de verdad. desde ese día no sabe nada más de él, solo cosas puntuales. Como por ejemplo que lo ascendieron a Consejero del Ministro de Magia y que se había casado con Astoria.

Ella había seguido adelante con su vida, junto a Ron. Habían tenido a Rose y a Hugo y era la mujer más feliz del mundo junto a su familia. Pero ahora esa felicidad se había visto truncada por un maldito mortífago que la quería solo para él. Estaba segura que no podía esperar nada bueno de todo esto. Temía por sus hijos, pero por el que más temía era por Ron. Sabía que él era capaz de cualquier cosa para liberarla y si Harry decidía unirse a la búsqueda, la guerra empezaría de nuevo. No quería que le pasase nada a Ron, lo amaba demasiado y no se perdonaría nunca que lo matasen por ella.

En el piso de abajo, Draco entraba en la biblioteca y allí encontró a la mayoría de sus hombres. Las largas piernas de Pansy Parkinson destacaban sobre un sofá de cuero negro, mientras ella tenía la cabeza recostada sobre las piernas de un mortífago de pelo rubio rojizo lo tenía hatado en una cinta de cuero y las finas hebras doradas le caían sobre uno de sus hombros, destacando sobre la túnica de mortífago. Se llamaba Jericó Barrows y era un mago muy poderoso, un genio en Maldiciones y a la vez un rico comerciante Irlandés, descendiente de una de las familias más antiguas de su país. No era extraño que Pansy se viese atraída por él, teniendo la cartera tanto o más llena que los Malfoy. Estaba contento por ella, se lo merecía.

Al lado de una de las ventanas, que estaban abiertas, estaba Blaise Zabini, su mano derecha. Se acercó hacia donde estaba el moreno y se situó a su lado.

—¿Cómo ha ido con ella allí arriba?— preguntó Blaise sin apartar la vista del exterior.

—Más facil de lo que me esperaba. Demasiado fácil, diría yo.— Draco observó el descuidado jardín y pensó que tendría que contratar a algunos sirvientes para que arreglasen el lugar, si pensaba pasar una temporada en la casa— mañana voy a hablar con el pobretón de Weasley, pero antes tengo que averiguar si ella le contó alguna vez de lo nuestro a su querido marido. Si no es así, va a ser muy facil que él acepte lo que se le viene encima.

—¿Vas a dejarlo vivo?

—¿Tú que crees, Blaise? Claro que no, voy a jugar con ella, la voy a hundir y después será mas facil reconquistarla.

—¿Y si no se deja?

—Entonces voy a empezar con sus hijos, y esto nunca falla.

—A veces me das miedo, Draco, y creo que la locura se ha apoderado de ti.

—Tenemos que planearlo muy bien, amigo mío. Ron Weasley va a sufrir hasta el último momento de su existencia. Va a saber que su esposa no es la persona que piensa que es, y se lo vamos a demostrar.

—¿Quieres que lo averigüe yo? Puedo usar la Legeremancia con ella, será más rápido que si lo haces tú.

Draco lo miró intensamente no le hacía gracia que otro hombre se acercase a ella, pero sabía que tenía razón. Si empezaba a indagar en la mente de Hermione, se enteraría de cosas que le resultarían dolorosas, cosas que habría vivido con Ron Weasley y podía llegar a perder el control.

—Ve ahora. Ella está en mi antigua habitación. Tienes todo el tiempo que necesites, mientras tanto yo voy a ir a ver a mi madre, hace ucho tiempo que no la visito.— El rubio abandonó la habitación y se dirigió hacia el exterior para desaparecerse hacia la casa de su madre, en Londres.

Blaise Zabini observó cómo su mejor amigo se marchaba de la mansión, hacía muchos años que se conocían y hacía mucho tiempo que no lo veía tan animado. Últimamente, se había pasado los días encerrado en su estudio y dando ordenes desde su casa a sus hombres. Del trabajo iba directamente a la casa y viceversa, había estado empezando a preocuparlo, pero hacía cosa de un mes había resurgido de sus cenizas y había empezado a trazar el plan del secuestro de Hermione Weasley.

Él sabía lo que había pasado con la castaña en el colegio, era uno de los pocos en los que el Príncipe de Slytherin había confiado. Fue él el que tuvo que soportarlo noche tras noche llorando como un niño por la chica que lo había traicionado, y también fue él el que le presentó a Astoria. Estuvo muy contento cuando su amigo reaccionó y decidió olvidarse de Hermione, ya había sufrido suficiente.

Subió las escaleras lentamente, pensando en la pesada tarea que le esperaba, para sonsacarle la información a la castaña. Quitó el hechizo a la puerta y entró en la habitación lentamente. Encontró a Hermione tumbada en la cama, con el rostro enterrado en las almohadas y temblando.

Blaise volvió a cerrar la puerta y silenció la habitación, no quería que los demás oyesen los gritos de la mujer, no tenían por que saber que estaba pasando. Se acercó a la cama y la tocó en el hombro. Hermione levantó la cabeza y comprobó que ella estaba llorando, iba a ser una tarea agotadora, una mente dolorida y agotada era o peor para una sesión de Legeremancia.

—Bueno, Sangre Sucia, vamos a tener una especie de conversación, tu y yo. Pero para esto voy a tener que atarte a la cama, no quiero problemas.

Hermione, se incorporó de golpe, por un momento pensó que era Draco que había vuelto, pero ese hombre no era él y le acababa de decir que la iba a atar a la cama. Se levantó de allí de un salto y corrió hacia la puerta, pero la encontró cerrada, no tenía escapatoria, estaba atrapada con aquel hombre. Lo miró llena de terror, se estaba acercando a ella con una sonrisa en los labios, y en tan solo unos pasos estuvo sobre ella.

La cogió por un brazo y la arrastró de nuevo hacia la cama. Hermione trató de luchar, pero él era mucho más fuerte que ella. Lo intentó patear y golpear con los puños, pero él parecía divertirse con eso. Con un movimiento rápido la tuvo sobre la cama y la ató con unas cuerdas mágicas a la cabecera. Hermione estaba aterrada, sabía de lo que eran capaces esos monstruos, podían hacer con ella lo que les viniese en gana y si decidía torturarla o violarla, lo harían sin miramientos.

Blaise la observó, estaba temblando de pies a cabeza y lo miraba con pavor.

—¿Qué te piensas, que te voy a violarla o algo peor? No, solo voy a leer tu mente, encanto. Draco no me lo perdonaría.— él sacó su varita y se sentó al lado de ella, sobre la cama.— Vamos a empezar, solo espero que no pongas demasiada resistencia, de lo contrario va a ser muy doloroso. ¡Legeremans!

Un torrente de imágenes acudieron a su mente, imágenes confusas, borrosas, que a medida que entraba más en la mente de Hermione se iban desvaneciendo.

—No te resistas, Hermione, solo quiero información.

La castaña sentía como si su cabeza se perforara. Nunca había experimentado la legeremancia, solo había leído sobre ella. Cuando salió de Hogwarts había probado la carrera de auror, pero la dejó a los pocos meses. No le gustó, las pruebas a las que se tenían que someter eran horrorosas y se decantó por defender los derechos de los elfos. No llegó a la parte de la legeremancia. Notaba como él diseccionaba la información de su cerebro y la seleccionaba meticulosamente. Sabía que si dejaba la mente en blanco le sería difícil encontrar lo que estaba buscando, pero cuando lo consiguió un dolor atroz la paralizó. Era como si ardiese por dentro, como si la cortasen en mil pedazos.

Blaise se encontró con la mente en blanco de ella. "Así que has decidido no colaborar", pensó. " No me dejas otra opción". Mentalmente invocó la maldición cruciatus y ella empezó a gritar de dolor.

—Tienes que colaborar, Hermione, solo así acabaremos antes.

El moreno le quitó la maldición y volvió a arremeter contra su mente, quería llegar hasta la época de después de Hogwarts, para saber si Ron Weasley sabía nada de Draco y ella. Las imágenes iban pasando y también los años. Iba desde el presente hacia atrás. Tenía que comprobar cada segundo de la vida de ella, no podía fallarle a su mejor amigo y jefe.

Hermione tardó varios minutos en recuperarse de la maldición, casi no se acordaba de cómo se sentía uno cuando le lanzaban un cruccio, hacía demasiados años de ello. No entendía por que le hacían esto, solo tenían que pedírselo o darle un poco de veritaserium. Intentó bloquearle la mente de nuevo, pero él la disuadió con una temible mirada de advertencia.

—No lo vuelvas a hacer, no quiero lastimarte, solo déjate hacer, solo es cuestión de minutos.

Y así fue, en tan solo cinco minutos llegó hasta la epoca de Hogwarts y no había encontrado nada. Ella no le había contado a su marido que se había liado con Malfoy, eso le iba a encantar a Draco.

—Me ha gustado tu colaboración. Ahora sé lo que Draco se temía, va a estar muy satisfecho.— Blaise se levantñó de la cama y se encaminó hacia la puerta— Voy a liberarte, no hagas ninguna tontería.— con un rápido movimiento de varita le quitó las cuerdas y abrió la puerta pero la voz de la castaña lo paró.

—¿Quién eres?

—¿No me has reconocido? Pues sí que debo de haber cambiado. Blaise Zabini, para servirte, preciosa. Draco no tardará en llegar. — sin decirle nada más cerró la puerta y se marchó, encerrándola de nuevo mediante magia.